31/05/2020 BARCELONA

Botswana, ¿es la caza el mayor seguro de la fauna?

Tras el “accidente” del Rey en Botswana, volvió a resurgir el debate sobre la caza legal, tanto en el propio país, necesitado del turismo, como en el resto del mundo. En última instancia, ¿ayuda este polémico deporte a proteger los ecosistemas y a los animales que los habitan?

Mitos sobre la caza

Para muchos ciudadanos, la caza, sea menor o mayor, furtiva o legal (mediante licencias de armas y permisos de actividad) resulta un deporte anacrónico e incluso aristocrático. Se trata de matar o capturar un animal y, habitualmente, posar para la foto posterior en algo que fácilmente se asemeja a un ritual de hombría y vanidad. El principal objetivo, sin embargo, no suele ser comer; si acaso el control poblacional, como por ejemplo pasa en España con los conejos que ya no cuentan con depredadores naturales. Así, para algunos se trata de disfrutar de una práctica que se entiende divertida; disparar un arma en un entorno natural a menudo privilegiado.

El ecologismo (no confundir con la ecología) ha situado desde hace mucho tiempo esta práctica en su, nunca mejor dicho, punto de mira. Los defensores de los animales quieren preservar los derechos de los mismos, así como la continuidad de las especies y sus hábitats naturales. El conflicto interno entre los grupos ecologistas y sus distintas posturas (proteccionistas, veganas, políticas, etc…), surge cuando se plantea un dilema: ¿y si resulta que los cotos de caza, ayudan a preservar los animales y sus ecosistemas?

Un coto de caza suele ser un entorno protegido, privado y relativamente extenso. Gracias a dicha función (la caza durante su correspondiente temporada), compatible a su vez con otras como el pastoreo o cultivos, se preserva una extensión de terreno natural para la fauna. Por lo general conservar vírgenes estos ecosistemas no resulta lucrativo, a diferencia de alternativas más conocidas como la agricultura intensiva o la recalificación para edificar.

Hay una imagen (acertada) que se suele tener de un Parque Natural como un entorno sagrado e inalterable, y en dicha imagen para muchos ciudadanos es impensable que entre el deporte de la caza. A pesar de las licencias que se toman algunos periodistas en sus afirmaciones, algunos espacios (públicos) protegidos en España y otros países europeos, sí permiten, bajo ciertas condiciones y siempre con guías, la caza. Suelen ser prácticas puntuales y escogiendo habitualmente ejemplares de edad avanzada, seleccionados por los guardias forestales. De nuevo, y en contra de la creencia popular, simplemente por puro interés económico, los supervisores y propietarios son los primeros interesados en controlar y estimular las especies y ecosistemas autóctonos, pues de otro modo, no habría temporada de caza al año siguiente.

Visto desde el espacio, el gigantesco oasis que provoca el río Okavango desembocando en el desierto de Kalahari, Botswana. Autor: Wikimedia Commons

Botswana y los safaris

Botswana es un país tranquilo, caluroso y medianamente estable del sur de África, escasamente poblado y sin mar, pero donde desemboca el río Okavango. Este río forma el conocido y gigantesco delta, un vergel incomparable para los animales salvajes. Como otros países de la región, el Sida es una lacra y la exportación mineral (diamantes) es su principal fuente económica, siendo del orden de un 40% de las recaudaciones estatales. Motivo por el cual se plantea como objetivo inmediato la diversificación económica del país, aprovechando las oportunidades que se abren a Botswana, considerando su estabilidad económica e incremento del turismo. El delta del Okavango convierte de inmediato el país, junto con Tanzania o Kenia, en uno de los lugares predilectos para el avistamiento de animales y safaris.

La imagen de la caza

En abril del 2012, S.M. el Rey Juan Carlos, se rompió la cadera en Botswana tras tropezar con un escalón. En los periódicos del día después publicaban en portada una imagen de archivo, del monarca junto a un elefante abatido en compañía de Jeff Rann, el propietario y guía de una conocida compañía de caza mayor en Botswana. La mala imagen pública de la noticia residía en, por un lado, un viaje opulento del monarca en plena crisis económica de España, aun siendo invitado al safari por un hombre de negocios sirio, y por otro lado, el hecho de que viajase para disparar a un animal en peligro de extinción.

Un habitual go-to de la prensa en cuestiones verdes, es Theo Oberhuder, coordinador de campañas de Ecologistas en Acción, quien declara que “el elefante es una especie emblemática para la conservación de especies amenazadas. Es cierto que en algunos países es necesario controlar sus poblaciones, pero la caza comercial no sirve para ello. Permitir la caza de elefantes en una zona supone incentivar el interés por cazar esa especie, que globalmente está en peligro de extinción”. Cuando Oberhuder habla de controlar las poblaciones, se entiende a que se refiere a minar el número de las mismas en caso de exceso. Efectivamente la caza no sirve para ello, pues en Botswana sólo se autorizan a abatir 400 ejemplares cada año, un 0’25% de su población. Cuando hay exceso de población, como ha sido el caso en 2012 con más de 150.000 ejemplares, el gobierno del país indicaba que estos elefantes destruían árboles vitales para otras especies. También cuestionable es su comentario referido a “incentivar la caza”, pues sólo la tasa por abatir un elefante o un león ronda 30.000 dólares, según la FAO, una cifra al alcance de muy pocos bolsillos, incluso entre los entusiastas de la caza. Cazar un elefante botswano con Jeff Rann supone gastarse más de 60.000 dólares, según sus tarifas. Aunque la ONG ecologista Adena-WWF, retirase al Rey su cargo de presidente de honor, declarando que los elefantes pierden su hábitat natural y están en peligro por culpa de la caza furtiva (más que nunca por el auge del comercio chino de marfil), lo cierto es que en compañías de safaris como la de Jeff Rann, suponen exactamente lo contrario de la caza furtiva de elefantes. “Aunque esta clase de caza esté regulada y sea legal, muchos miembros lo consideran incompatible con la posición de patrón honorario de una organización que protege el medio ambiente”, declaraba WWF, dando a entender qué opinan de la relación entre la caza y la protección del medio ambiente.

“Es una falsedad que cazar elefantes sea una carnicería. Sugerirlo es mostrar ignorancia”, señala un portavoz de la Botswana Wildlife Management Association, una organización que promueve la conservación de la vida salvaje (pero que también está claramente a favor de la caza). “Matar ganado y cerdos en un matadero es mucho más estresante para los animales y aun así, los occidentales lo aceptan fácilmente”, explica el portavoz.

Los safaris con el paso del tiempo han relegado la caza a una actividad secundaria y cara dentro de los mismos, y se ha puesto de moda lo que viene a llamarse “safari fotográfico” o “avistamiento”, que incluye a familias enteras o simples turistas que sólo desean realizar un avistamiento de animales. Es menos engorroso en cuestión de permisos, va con guías igualmente cualificados por espacios naturales, y se ajusta más a un turista occidental “concienciado”, que no está especialmente interesado en la caza.

A continuación se señalan algunas de las posturas de debate en cuanto a la caza legal en Botswana.

A favor:

  • La protección, estímulo y control de las especies frente a la caza furtiva y sobreexplotación, por puro interés económico de safaris, resorts turísticos, ganaderos y tribus locales.
  • Teóricamente, una mejora de las condiciones económicas de los habitantes de las regiones.
  • Incremento del turismo, lo que obliga al país a ofertar un clima de estabilidad y seguridad, tanto para los visitantes como para sí mismos.

En contra:

  • Entornos poco accesibles para “intrusos” sin recursos económicos, lo que en la práctica resultaría en una forma de privatizar el espacio natural.
  • En palabras de un representante político de Equo, la popularización de la caza incrementaría el número de cazadores, así como de piezas abatidas.
  • Siempre está presente el riesgo de que la corrupción sobreexplote las reservas.
  • Los derechos de los animales abatidos por deporte.

El futuro

Caravana de turistas “fotográficos”, en el Parque Nacional de Chobe, al norte de Botswana, probablemente el hábitat con mayor concentración de elefantes del mundo. Autor: Wikimedia Commomns

En noviembre de 2012 el gobierno botswano declaró a través de su Ministerio de Medio Ambiente que se prohibiría la caza de elefantes en el territorio nacional a partir de 2014. Este cambio de actitud ha sido recibido en el país con cierta sorpresa. Las comunidades locales de bosquimanos que dependen de la caza para sobrevivir han protestado, aunque el Ministerio ha hablado de “permisos especiales” y moratorias. En cambio, ha declarado que zonas habilitadas para la caza,pasarán a ser “áreas fotográficas”, y no ha dado respuesta a aquellos conservacionistas que ven un peligro de erosión por parte de las poblaciones paquidermas en los bancos de los ríos, ni cómo va a reaccionar la floreciente industria turística del país, con resorts ya abiertamente comprometidos con el conservacionismo.

El mensaje de fondo, que también persiguen organizaciones como International Fund for Animal Welfare, es prohibir la actividad de la caza, esperando quizá que en el futuro sea más rentable el avistamiento de animales en vez de este deporte, como ya sucede según ellos con las ballenas.

En cambio, Larry Patterson, veterinario jefe de EWB (Elefantes Sin Fronteras) en Botswana, declara contundente que prohibir la caza, a favor del turismo “fotográfico”, podría ser devastador para los ecosistemas. Argumentaba que el impacto de la caza es sensiblemente menor que el de otros turistas. “Aunque la mayoría de los ecologistas clamen ser medioambientalmente comprometidos y educados, raramente entienden de las consecuencias de sus visitas y del impacto de sus actividades diarias (tales como viajes en botes, todoterrenos y aviones)”.

Los cuantiosos fondos que unos pocos dejan en las tasas de la caza, deberán incrementarse con más cantidad de turistas, que implica más hoteles, vehículos y traslados. “Bien administrada la caza no va en detrimento de la población animal. Esto es absolutamente cierto. Las evidencias están bien documentadas”. Patterson atribuye el crecimiento de la fauna a la industria de la caza legal. El experto, además, se aventuraba en señalar que debía incrementarse considerablemente el número de ranchos privados en Botswana, muy inferior en número a los de Namibia y Sudáfrica. “Las emociones humanas dictan que la mayoría de la gente es incapaz de disociar la ética contra la caza, del conservacionismo”.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

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John Galt

Alicante, España. Arquitecto e inversor. A ello hay que añadir una lista de intereses demasiado larga.


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