09/12/2022 MÉXICO

Los Dioses y sus fronteras
Cartel de protesta contra FORTEX en Berlín [Photo: henning Flickr Account]

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La situación fronteriza de Grecia con Turquía por parte de la Agencia Europea de Fronteras movilizó, en el 2010, a una fuerza sin precedentes de más de 200 agentes en la zona. Dos años más tarde, la política de endurecimiento fronterizo podría acabar afectando a países miembro, con el cierre fronterizo absoluto de UK a hipotéticos refugiados griegos o de otras zonas en colapso económico.

La separación artificial del territorio y su protección contra ‘los otros’ está en el código genético del continente europeo como entidad política desde el principio de su tiempo. Uno de los regalos que Zeus entregó a Europa (en la mitología helena, una princesa libanesa que el dios griego secuestró y violó reiteradamente), fue un autómata de bronce que precisamente protegía la isla de Creta de inmigrantes clandestinos, arrojándoles piedras y/o abrasándoles con su cuerpo de metal incandescente.

Ya fuera del tiempo mitológico, durante el 2010 de nuestra era la Agencia Europea de Fronteras (FRONTEX) desplegó en el lado griego de los límites con Turquía un dispositivo sin precedentes de más de 200 especialistas del grupo de Fuerzas Fronterizas de Reacción Rápida, (RABIT por sus siglas en inglés). El autómata de bronce moderno se activaba otra vez para parar la oleada de migrantes (de 3.500 durante el 2009 a más de 31.000 en el 2010) que trataban de sortear las líneas europeas que marcan donde empiezan occidente y sus promesas. La Comisión Europea alertaba del peligro que suponía no regular el flujo migratorio excepcional que se estaba dando en la prefectura de Evros, en Grecia. Se argumentó que el asunto no era un problema griego, sino europeo, así que Grecia, alimentada por su conflicto histórico con Turquía, aceptó las condiciones que se escribieron en Bruselas.

Pese a la crisis de deuda que arrastraba el país, era el miembro de la UE con mayor gasto militar en relación al PIB y el tercero del mundo después de China y la India. Alemania, seguida de Francia, era y sigue siendo su principal suministrador de armas.

El primer rescate de Grecia se aprobó pocos meses antes y el plan de ajustes que llevaba consigo tenía que solucionar la crisis griega rápidamente, o, por lo menos, servir de cirugía de emergencia para aislar de forma eficaz la impredecibilidad económica del país. Así que era lógico mirar hacia fuera del baluarte europeo para buscar al inmigrante clandestino que amenazara el European way of life y se fortaleció el operativo de control fronterizo en la zona adyacente a Turquía.

Pero las lagunas legales abundan en la Agencia Europea de Fronteras y han sido denunciadas repetidas veces por Amnistía Internacional y por Human Rights Watch, entre otras entidades. Por vulnerar el derecho de petición de asilo a inmigrantes, por actuar de manera ilegal fuera de las fronteras de la UE y por aplicar el protocolo de expulsión sin proveer de ningún derecho migratorio a los afectados. Pese a ello, la agencia nunca fue cuestionada por ningún órgano oficial de ningún país miembro, tampoco Grecia. La alternativa, según el ejecutivo, era la debilitación de Europa como entidad política.

Pero algo sucedió con los veleidosos caprichos de los dioses de nuestro tiempo: se inundaron los compartimentos estancos de Grecia y los ciudadanos que ponían en peligro la integridad económica y política de la UE ya no estaban en la frontera griega con Turquía, ni en un Centro de Internamiento de Extranjeros en algún lugar del norte de África, ni tan siquiera en los éxodos masivos que derivaron de las revueltas árabes a lo largo del 2011 y el 2012. El peligro fronterizo de Europa era la Europa misma, la Europa mediterránea, menos europea que otras zonas. Una Europa que no respondía al tratamiento de quimioterapia neoliberal para su saneamiento económico.

Los ciudadanos descubrieron horrorizados que a los mercados no les basta nunca ningún tratamiento: por abrasivo que fuera, nunca era suficiente. Y las promesas de libre circulación de los ciudadanos europeos se relativizaron. En julio de 2012 David Cameron amenazaba, en caso de euro-colapso, con el cierre absoluto de sus fronteras a los hipotéticos refugiados griegos y de otros países en fallida económica, pasando por alto sus obligaciones como integrante de la UE. Lo que empezó con una pequeña modificación en el acuerdo de Schengen para frenar los flujos migratorios de los países en conflicto del norte de África hacía la Europa interior, abrió las puertas de lo que sería la violación de todo el ideario de la libre circulación de personas dentro de los estados miembro.


La Europa de las dos velocidades se convertía rápidamente en una tierra que estrechaba sus fronteras expulsando a los que se quedaban fuera de la rueda económica. Bruscamente, el gigante de bronce se giraba hacia los griegos, y España, Portugal e Italia se preguntaron con temor hacía donde mirarían la próxima vez los ojos metálicos que dibujan las fronteras.

Preocuparse de los futuros refugiados que no puedan cruzar las fronteras de Europa es también preocuparse por los que no pueden hacerlo ahora. La crisis económica es también un mensaje hacia el futuro que nos espera si la política se convierte en la gestión de las finanzas y se olvida de las personas que la nutren.

 Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Oriol Esteve

Barcelona, España. Soy licenciado en Humanidades y máster en Estudios Comparados de Literatura, Arte y Pensamiento. Estudiante de Doctorado e investigador en el CIAP, Universidad Pompeu Fabra. He trabajado como editor y redactor para distintos medios y Universidades, y formo parte del grupo de Refugio y Asilo de Amnistía Internacional Catalunya. Me interesa la política internacional y la historia y la cultura australiana. Email: oriolestevec@gmail.com


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