29/05/2020 BARCELONA

¿Es posible el Castrismo sin Fidel?

A sus ochenta y seis años, con una mala salud de hierro y cuatro años después de haber delegado las riendas del país en su hermano pequeño Raúl, Fidel Castro sigue siendo el hombre más poderoso de Cuba. Sin embargo, cabe preguntarse si Cuba seguirá bajo el régimen comunista tras su muerte o bien su proyecto revolucionario morirá con él.

A sus ochenta y seis años, con una mala salud de hierro y cuatro años después de haber delegado las riendas del país en su hermano pequeño Raúl, Fidel Castro sigue siendo el hombre más poderoso de Cuba. Sin embargo, teniendo en cuenta sus breves perspectivas vitales, cabe preguntarse si Cuba seguirá bajo el régimen comunista tras su muerte o bien su proyecto revolucionario morirá con él.

El dueño absoluto de Cuba

No hay en la Historia de Cuba ningún personaje que haya acumulado más poder que Fidel Castro Ruz (1926). Ni siquiera los Capitanes Generales de época colonial detentaron tanto poder. Durante los últimos veinte años del gobierno español en la Perla de las Antillas existió pluralidad de partidos políticos y los gobernadores de la isla tenían que seguir las directrices que les llegaban desde el Gobierno de Madrid.

Fidel Castro, hijo de emigrante gallego, figura máxima de la Revolución que lleva más de medio siglo dirigiendo al país, fue simultáneamente Presidente (1976-2008), Primer Ministro (1959-2008) y Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba (1961-2011). La dirección de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) recayó en su inseparable hermano menor, Raúl (1931). Todo el poder quedaba en casa.

El poder de Fidel Castro no ha emanado del ejercicio de estos cargos, sino que éstos le fueron otorgados por su indiscutible papel como líder absoluto de la Revolución Cubana. Ésta contó con iconos mundialmente conocidos como el ‘Che’ Guevara o Camilo Cienfuegos, y ya institucionalizada tuvo Presidentes de la República, como el efímero Manuel Urrutia Lleó (de enero a julio de 1959) y el más duradero Osvaldo Dorticós Torrado (1959-1976); no obstante, desde el asalto al Cuartel Moncada del 26 de julio de 1953, Fidel, el entonces joven abogado hijo del terrateniente, se convirtió en el líder indiscutible, posición que sigue manteniendo incluso después de haber delegado el ejercicio del poder a su hermano menor en 2006.

El Comandante, que con anterioridad a 1961 negó hasta la saciedad el ser comunista, implantó un sistema apoyado en dos pilares ideológicos: el pensamiento de José Martí y el marxismo-leninismo. El primero le proporcionaba los principios de independencia total de Cuba (léase, respecto a los Estados Unidos) y de justicia social, el segundo un modelo político-económico y un aparato de organización, represión y control de la sociedad. Las promesas de reinstaurar la Constitución democrática de 1940 y de celebrar elecciones libres pronto quedaron en el olvido.

Fidel se presenta como la encarnación de ambas ideas rectoras, que tienen en las Fuerzas Armadas Revolucionarias y en un eficaz aparato represor los garantes de la continuidad de la ortodoxia ideológica en la isla. Desde 1959, ideas y fusiles han sido compañeros inseparables en Cuba.

La gerontocracia cubana

Fruto de un notable deterioro de su salud, en julio de 2006 transfirió temporalmente la jefatura de Estado, de Gobierno y la secretaría primera del Partido Comunista de Cuba a Raúl. Menos de dos años después renunciaría oficialmente a los mismos. Entre dar un relevo generacional u optar por la vieja guardia del régimen, Fidel optó por lo segundo. Baste ver las edades de las principales autoridades del Estado: Raúl Castro, jefe de Estado, de Gobierno y Secretario Primero del partido, 81;  José Ramón Machado Ventura, vicepresidente primero en los tres cargos, 82; Ricardo Alarcón de Quesada, Presidente de la Asamblea Nacional, 75; Ramiro Valdés Menéndez, Vicepresidente del Consejo de Estado, 80; José Fernández Álvarez, Vicepresidente del Consejo de Ministros, 89; Leopoldo Cintra Frías, Ministro de las FAR, 71; Abelardo Colomé Ibarra, Ministro del Interior, 73.

Los ministros más jóvenes son Bruno Rodríguez Parrilla (Asuntos Exteriores), de 54 años de edad, y Esther Reus González (Justicia), de 50. En total la media de edad del Consejo de Ministros es de 67 años. Como se puede apreciar, el Estado cubano se halla en manos de adeptos del régimen de primera hora, con perspectivas vitales poco halagüeñas y poco partidarios de la apertura del régimen. La defenestración política en 2009 del entonces joven ministro de exteriores Felipe Pérez Roque, por unas declaraciones que ponían en duda la eficacia de algunas políticas del Gobierno, seguramente no sirvió de estímulo para dar el relevo a las nuevas generaciones. A pesar de algunos pronunciamientos al respecto en discursos oficiales, la juventud sigue estando apartada del poder efectivo en Cuba.

Tímidas aperturas

En un timorato intento por imitar el modelo chino y vietnamita, el régimen castrista se ha decidido a introducir algunas aperturas, concretamente en lo económico y en la libre circulación de ciudadanos cubanos. La política, por ahora, sigue anclada en el pasado. Todos los caminos de expresión y participación para la disidencia siguen cerrados. Para más inri, la muerte de Osvaldo Payá hace unos meses, cuya verdadera naturaleza se escapa a los objetivos de este breve artículo, ha dejado huérfano al principal movimiento democrático cubano, el Movimiento Cristiano de Liberación.

Debido a una mezcla de ineficacia, sobredimensión y falta de recursos, el Estado decretó el despido de medio millón de funcionarios. Para dar salida laboral a estas personas, ha aparecido la figura del trabajador cuentapropista (autónomo). Desde hace poco tiempo los cubanos pueden abrir pequeños negocios al margen del Estado. Sin embargo, la obtención de la licencia necesaria se puede ver enormemente dificultada por tener vínculos con la disidencia política, por no ser miembro del Partido Comunista o simplemente por ser considerado como individuo no afecto por los omnipresentes Comités de Defensa de la Revolución (CDR).

Otra de las medidas más comentadas es la liberalización en la entrada y salida de ciudadanos cubanos del país. Se flexibilizan los requisitos para su obtención, pero no su precio, que ronda los 150 €, una cifra inalcanzable para el cubano medio. El sueldo medio de un profesional ronda entre los 12 y los 20 €. Probablemente el Gobierno espera que ese importe vaya a cargo de los familiares que puedan vivir fuera de la isla, principalmente en Miami. Hay que decir que la concesión del permiso de salida tampoco escapa a la cerrazón política. Así, la bloguera Yoani Sánchez, colaboradora de EL PAÍS y destacada disidente interior, ha visto denegadas sus peticiones de salida del país en reiteradas ocasiones. Sin embargo, ella misma asegura que esta apertura simboliza el principio del fin del castrismo.

¿Quién tiene la llave del cambio?

Al margen de este tímido aperturismo, Fidel Castro sigue desempeñando el papel de líder moral y encarnación de la Revolución. Desde su venerada posición, representa como nadie el pasado de un proyecto al que no parece augurarle un gran futuro. Si le concedemos importancia a los símbolos, Fidel representa el desmoronamiento de un régimen que vive de glorias pasadas pero que poco tiene que ofrecer al futuro. Sus apariciones prácticamente se limitan a la presentación de sus voluminosísimas memorias –sus escritos no desmerecen a su proverbial locuacidad, el pasado mes de febrero– y a actos como la conmemoración del cincuenta aniversario de la Crisis de los Misiles el pasado mes de octubre. Por otra parte, sus diarias reflexiones en el diario GRANMA no aparecen desde el pasado día 20 de junio.

El “hecho biológico”, como denomina el oficialismo cubano a la inevitable muerte de Fidel Castro, es un desenlace que no puede tardar muchos años en llegar, como es lógico. El de su hermano Raúl, tampoco. La desaparición de ambas figuras en un lapso de tiempo no muy espaciado, supondrá un golpe mortal a un régimen que lleva resistiendo agónicamente el devenir de los tiempos desde hace dos décadas.

La llave del cambio, sin embargo, parece residir en la actitud que puedan tomar las Fuerzas Armadas. Verdadera creación de Raúl Castro, las FAR son el gran soporte del régimen. Los uniformados ocupan lugares destacados en los principales órganos de poder político del Estado, y ejercen una posición de control indiscutido en sectores de gran importancia económica para el país, como el turismo. El hecho de que el turismo capitalista ayude a financiar en buena medida los proyectos de un régimen marxista, y la destacada participación de los militares en ello, no debe pasar desapercibido. En un contexto hipotético sin los hermanos Castro, con una disidencia interna cada vez más visible y numerosa y un poderosísimo lobby cubano anticastrista en Florida, puede convencer a las FAR de la necesidad de asociar apertura económica a cambio político. Al fin y al cabo, como admitió Fidel Castro en una entrevista a The Atlantic hace dos años, el sistema cubano no funciona ni para Cuba.

 Ésta es una explicación-opinión sin ánimo de lucro.

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Historicus


2 comments

  • Fabio

    06/04/2013 at

    este articulo, a excepaciòn de algunas reflexiones, està realmente muy malo y con la intenciòn de juzgar màs que analizar. Aunque es normal cuando se habla de cuba

    Reply

    • Fernando

      22/04/2013 at

      Hola Fabio. Te agradecería comentaras en qué puntos no estás de acuerdo, para poder abrir un debate enriquecedor. Saluti e grazie per i tuoi commenti.

      Reply

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