13/07/2020 BARCELONA

La eterna inestabilidad política del Congo

Las últimas elecciones democráticas han vuelto a demostrar lo que viene siendo una constante en la historia de este país centro-africano. La incapacidad, por muy diversos motivos, de afianzar una verdadera democracia

El pasado 28 de noviembre se celebraron en la República Democrática del Congo las segundas elecciones libres y multipartidistas desde la independencia de Bélgica en 1960. El 9 de diciembre la Comisión Electoral Nacional Independiente (CENI) proclamó vencedor al actual presidente Joseph Kabila con un porcentaje de voto del 48,95%, es decir, aproximadamente 9 millones de personas le dieron su confianza para seguir en el poder.

Hasta aquí los datos oficiales reflejados por la Comisión del Estado encargada de garantizar unas elecciones creíbles. El problema surge cuando estos datos no coinciden con los publicados por diversos organismos internacionales de observación o, en algunos casos, son inconcebibles debido a su exageración.

De hecho, según la página web de Al Jazeera, el Centro Carter ha publicado un comunicado donde aporta pruebas que ponen en duda la fiabilidad del CENI. En él se informa de un 99% de participación en zonas rurales del país, históricamente cercanas a Kabila, donde prácticamente todas las papeletas eran suyas. Paradójicamente en otras zonas del país, con mayoría opositora, se han perdido votos. Para mayor sorpresa, esas zonas con tal alta participación son las menos desarrolladas del país, tanto en comunicación, como en alfabetización.

El resultado de todo esto ha sido que tanto Kabila, como su opositor Etienne Tshisekedi, se han proclamado vencedores de las elecciones y como consecuencia se han producido disturbios, sobre todo en la capital, Kinshasa, que han dejado varios muertos.

Un poco de contexto histórico

Morning in Mugunga camp. Julien Harneis

Evidentemente este caso no es la excepción en la historia de este país. La corrupción, tanto política como económica, ha estado presente desde que se independizara de la metrópoli en 1960. Y la culpa, como en la totalidad de países donde se producen estos comportamientos es de la pobreza, la falta de educación y en el caso africano, también de una brutal colonización, llevada al extremo en el reparto del terreno, sin tener en cuenta la demografía particularísima del continente.

El caso del Congo es un reflejo de lo ocurrido en todo el continente. Un zona con más de 300 tribus convertido de la noche a la mañana (Conferencia de Berlín de 1885), en un único Estado perteneciente, no ya a un país europeo, si no a un señor belga que nunca había estado, ni nunca estuvo después en África.

Las cosas no fueron del todo mal (hablando única y exclusivamente desde el punto de vista de la unidad del país) mientras lo gobernó Leopoldo II de Bélgica y después el propio estado belga. Una  fuerte represión, una pobre educación basada en la sumisión, encargada a diversas iglesias cristianas y una pobreza endémica lo mantuvieron todo en orden. Era un control paternalista. Los blancos piensan, los negros obedecen. Mientras todo seguía así, todo estuvo atado y bien atado.

La Segunda Guerra Mundial trastocó un poco los planes. El Congo Belga proporcionó combatientes que incluso consiguieron victorias en el norte de África. Y esto cambió el chip de los africanos. Veían que ellos habían luchado al lado de blancos, contra otros blancos. Que el mundo no se dividía entre el blanco superior y el negro inferior. Que luchaban de igual a igual. Y claro, esto provocó una demanda de derechos en toda África que, evidentemente llegó al Congo.

La ola de independencia que sacudió África a finales de los años 50 y principios de los 60 pilló a todas las madre-patria descolocadas.  Los más, huyeron despavoridos ante las crisis violentas que se avecinaban. En el caso de Bélgica, con gran pesar y gracias a la presión de las Naciones Unidas, en el 1959 se convocaron unas elecciones generales que ganó Patrice Lumumba al frente del Movimiento Nacional Congoleño y que supusieron la independencia para el país centro-africano. Esto significaba libertad, pero también responsabilidad.

Puntos clave:

-La República Democrática del Congo cuenta ahora mismo con dos líderes que se proclaman presidentes por aclamación popular.

-Parece evidente el fraude electoral, diversas pruebas lo demuestran.

-Este país ha sufrido de inestabilidad política desde que se creó, donde las armas han sido el método más eficaz para llegar al poder.

-Además soporta el endémico problema africano, el olvido.

Conclusión

Listening to the visitors. Julien Harneis

Es importante saber de dónde viene un país. Y lo que ha pasado estos días hay que contextualizarlo. Estamos hablando de un país con apenas 50 años  de vida, un país donde la democracia ‘real’ (entendida como democracia occidental) apenas ha tenido cabida. Un país formado por más de 300 ‘estados’ diferentes antes de la llegada del hombre blanco. Un país que ha sido gobernado con mano de hierro por el dictador Mobutu durante 32 años y que después ha vivido el conflicto armado con más muertos desde la II Guerra Mundial.

Así ha llegado la República Democrática del Congo a nuestros días. Con un presidente que lleva desde 2001 como máxima autoridad del estado y que llegó al poder sucediendo a su padre después de que éste muriera asesinado en los últimos coletazos de la Guerra Mundial Africana.

Con esta historia a cuestas, con una pobreza endémica, que conlleva una educación de muy poco nivel y con la diversidad de gente que pueblan la nación, no es nada sorprendente lo que está pasando. Los niños de la dictadura y los jóvenes de la guerra son los que lo tienen que sacar adelante y es evidente que, como ocurre en toda África, no lo van a conseguir solos.

Las causas están claras. Las soluciones, no tanto. Lo que está claro es que ni el silencio ni el olvido ayudan.

Estos son los grandes problemas de África: el silencio y el olvido.

Ésta es una explicación-opinón sin ánimo de lucro

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Luis Torroba

Madrid, España. Soy licenciado en Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos I y tengo un Postgrado de locución en Radio y TV por la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Me gusta todo tipo de periodismo, esencial para democratizar la sociedad en la que vivimos, pero sobre todo me apasionan los grandes reportajes, los que consiguen unir la literatura con la realidad. También soy un 'loco' del fútbol. Email: [email protected] Twitter: @luismadrid1985


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