05/12/2020 BARCELONA

¿Cómo han reaccionado las potencias emergentes a la primavera árabe?

El mundo en 2011 es evidentemente más multipolar que hace 10 o 20 años. Un grupo de países se va consolidando como potencias emergentes dispuestas a jugar un rol más relevante en el escenario internacional. La cuestión fundamental es: ¿cómo estos actores han reaccionado a los acontecimentos de la "primavera árabe"?

¿Cómo han reaccionado las potencias emergentes a la Primavera árabe?

En la última década, un grupo de países han pasado a reinvidicar un rol más importante en el escenario internacional. Entre las potencias que son generalmente descritas como “emergentes” están China, India, Rusia, Brasil, Sudáfrica y Turquía. El reconocimiento de estos países hasta ahora se ha expresado sobre todo en relación a temas económicos. El ascenso económico de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China), que ya suponen el 17% del PIB global, el derrumbe del G8 y la ascención del G20 son las evidencias más concretas de un orden internacional en el cual estos países son relevantes.

Los recientes acontecimientos han testeado la actuación y la influencia de Estados Unidos, el innegable gran “player” externo en la política de Oriente Medio. Estos sucesos han puesto de relieve, además,  la fragmentación de los países europeos y han puesto en evidencia claros errores cometidos en sus relaciones con el Norte de África, cuyos ejemplos máximos son la conexión entre altos funcionarios del gobierno francés y el gobierno de Mubarak o los tratados firmados entre Berlusconi y Gadaffi. El hecho de que no se hayan producido claras manifestaciones en contra de los Estados Unidos o de Israel es un ejemplo claro de la complejidad y de la nueva dinámica creada por las protestas y los consecuentes cambios de régimen (Túnez y Egipto), o de la guerra civil (Líbia). La reacción de Estados Unidos, sin duda, ha sido más tímida y cautelosa con respecto a la que hubiera tenido lugar pocos años atrás.

Abdurrahman Mohamed Shalgham, Representante permanente de Libia en el Consejo de Seguridad. Photo: UN Photo/Evan Schneider

La Primavera árabe es, por tanto, un rico contexto para el análisis del rol de las potencias emergentes en la política internacional actual. Sobre todo al principio, las potencias emergentes han mantenido un perfil de actividad bastante bajo en los episodios tunecino y egípcio. Se podría decir que éstos no están muy habituados a dar su opinión en relación al tipo de gobierno que deberían tener otros países. Los principios de no interferencia a la soberanía y la no intervención son preceptos básicos que han moldeado su inserción internacional en las últimas décadas. Por este motivo, a pesar de que muchos simpatizan con el carácter endógeno de las revoluciones que han tenido lugar las reacciones han sido tímidas a la hora de apoyar a los “rebeldes”.

El pasado mes de marzo, y de manera coordinada con Alemania, los BRIC se abstuvieron en la votación de la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU que aprovó la zona de exclusión aérea en Líbia. El día 14 de Abril, en la última cumbre de los jefes de estado de los BRIC, grupo que recientemente ha pasado a llamarse BRICS -con la inclusíon de Sudáfrica- los países han reiterado su preocupación por el uso de la fuerza y han llamado al diálogo y a una solución negociada entre las partes.

A pesar de no estar tan involucrados en la región como los Estados Unidos –con su ayuda económica permamente al régimen de Mubarak- o sin tener vínculos tan cercanos a Ben Ali como el gobierno francés, las potencias emergentes matenían importantes relaciones así como una serie de intereses políticos y económicos en el Norte de África.

En efecto, se ha podido observar una mayor convergencia en cuanto a la posición de los BRICS en relación a la situación en Líbia, aunque la posición frente a la “primavera árabe” en general refleja posturas bien distintas. Veámoslas.

B – Brasil

A lo largo de la Primavera árabe, Brasil se ha encontrado en un contexto de transición presidencial. La Primavera árabe ha servido a Dilma Rouseff para diferenciarse de su antecesor en temas de política exterior, lo que todavía no significa una ruptura con la orientación anterior, con una postura bastante clara a favor de la democracia y del respecto de los derechos humanos. Varias empresas brasileñas, sobre todo las del sector de la construcción que operaban en Líbia, se han visto afectadas negativamente por los acontecimientos. Desde 2005, Brasil se había acercado a los países árabes para promover el establecimento de una Cumbre Sudamérica – Países Árabes y ha mantenido contacto directo con muchos de los gobiernos que ahora se ven condenados en las protestas.

El claro apoyo a las renvindicaciones de los opositores en Túnez y Egipto tiene que ver también con la historia vital de la nueva presidenta (ella misma fue parte de la resistencia en contra de un gobierno autoritario), y con su estrategia de realinear posiciones en la política exterior brasileña, algo que ya había sido anticipado con la elavación del tono crítico hacia al regimén de Irán. En cuanto al posicionamiento respecto a la intervención externa en Líbia Brasil muestra más alineada con el principio tradicional de “no intervención” que en las declaraciones de apoyo a los rebeldes y al cambio de régimen en las primeras fases de la Primavera árabe.

R – Rusia

Rusia es unos de los países que ha tenido una reacción más comedida frente a lo que ha sucedido en Túnez y Egipto.

Frente a la caída de Mubarak, el ministro de exteriores ruso claramente ha sido más contundente al expresar su deseo por una “restauración de la estabilidad” que al manifestar otras cuestiones como la importancia de la democracia o las consecuencias para las libertades de los pueblo que han sufrido las revueltas. Los críticos afirman que Rusia ha adoptado un tono demasiado moderado porque tanto Putin como Medvedev siempre han hecho referencia a la importancia de la estabilidad y a sus relaciones económicas con Egipto cuando Mubarak ocupaba la presidencia. Rusia, así como China, se ha resistido hasta el último minuto a la “zona de exclusión aérea” en Líbia, propuesta por el Reino Unido, Francia y los Estados Unidos. Su posición converge a la de los BRICS al criticar las caracterísiticas de la intervención así como a sus consecuencias.

I – India

Al igual que Brasil, India tiene una tradición de política exterior no intervencionista, algo que se remonta a la independencia del país y a su participación en el Movimiento de Países No Alineados. El primer ministro Singh ha saludado el hecho de que la transición haya sido relativamente pacífica en Túnez y Egipto. India incluso se ha dispuesto a ayudar en los respectivos procesos electorales. Respecto a Líbia, India, al abstenerse de la votación de la Resolución 1973, ha criticado muy prontamente la falta de claridad de las caracterísiticas de la intervención, algo que se ha confirmado en las últimas semanas. Algunos analistas han criticado esta postura de India poco tiempo después del apoyo estadunidense a la ambición índia por una silla en el Consejo de Seguridad. La posición del gobierno índio también se interpreta como una respuesta a las críticas de su acercamiento con los Estados Unidos, evidenciado por los cables de Wikileaks y por la divulgación de una serie de escándalos de corrupción relacionados con el Congress Party. La abstención india en el Consejo de Seguridad serviría para volver a ganar el terreno perdido, así como legitimidad por parte del gobierno.

C – China

Li Baodong, Representante permanente de China en el Consejo de Seguridad. Photo: UN Photo/Devra Berkowitz

La manera como China ha reaccionado a la Primavera árabe tiene mucho que ver con las características de su propio sistema político. Sus preocupaciones internas le han mantenido muy atenta a los cambios, manifestándose en acciones de bloqueo en Internet. La búsqueda de la palabra “Egipto” estuvo bloqueada en Weibo, el equivalente popular a Twitter, durante todo el período de protestas en la Plaza Tahir. El concepto “estabilidad” ha ocupado un rol central en el lenguaje del régimen chino estos días, así como la necesidad de buscar soluciones internas a las revueltas. Respecto a Libia, China no ha utilizado su poder de veto en contra de la Resolución 1973, la cuál ha posibilitado la legitimidad de la intervención, aunque únicamente tras duras negociaciones con el resto de miembros del Consejo de Seguridad.

S – Sudáfrica

El gobierno de Sudáfrica ha tenido un rol ambivalente frente a los acontecimientos en el norte de su continente. El gobierno de Sudáfrica no se ha querido poner en evidencia frente a los otros miembros de la Unión Africana (UA) cuando se trataban los temas de las protestas en Túnez y Egipto, con cuyos gobiernos Sudáfrica ha sido bastante cercana, sobretodo con Egipto.

La presidencia rotativa de la UA, que ocupa Guinea Ecuatorial -cuyo presidente Teodoro Obiang Ngeuma lleva 26 años en el poder- ha contribuido a que la UA no se haya manifestado frente a los conflictos de Túnez y Egipto.

Sudáfrica se ha mostrado a favor de la deposición de Mubarak. Su presidente Jacob Zuma ha respaldado la decisión de Mubarak de dejar el poder y le ha agradecido: “ha pensado como un líder”. Su baja popularidad y la difícil situación económica que atraviesa el país también han contribuido a que Sudáfrica no intente jugar todas sus cartas políticas a favor de la democracia en el norte del continente. Entretanto, en relación a Líbia su la posición ha sido más firme. Ha conseguido que la exclusión de Líbia del Consejo de Derechos Humanos se aprovara por unanimidad por los países africanos. Y en el Consejo de Seguridad, Sudáfrica ha votado a favor de la zona de exclusión aérea.

T – Turquía

Turquía es otro país que, a pesar de no ser miembro del BRICS, se podría clasificar como un actor emergente que ha jugado un rol especialmente relevante en las últimas semanas. La Primavera árabe le ha servido a Turquía para replantearse su política exterior así como sus ambiciones como potencia regional. En especial en Egipto, el “modelo turco” de democracia y el hecho de que gobierne AKP, un partido islamista moderado, han servido de inspiración a varios de los grupos presentes en las protestas responsables por la caída de las dictaduras. Turquía ha apoyado claramente a la oposición egípcia.

Turquía en las últimas semanas ha desempeñado un rol importante al intentar contener algunos de los intentos más militaristas de la OTAN en Líbia. Al ser miembro de la OTAN, a diferencia de los otros países emergentes, Turquía ha sido capaz de influir desde dentro la operación. Aunque en un primer momento Turquía había condenado la acción militar externa, al igual que los demás países emergentes, al temer que se tratara de algo parecido a la invasión de Irak. Finalmente los aliados han convencido a los turcos a participar en la coalición internacional y con ello ha cambiado sus postura en relación a la intervención.

La complejidad de la situación tiene también que ver con los intereses económicos turcos en Líbia, así como con la cordial relación entre sus jefes de estado. Una curiosidad simbólica es que Erdogan, el primer ministro turco, haya recibido procedente de Gaddafi el premio de “derechos humanos” el pasado mes de diciembre. Entretanto, a pesar de las contradiciones inherentes, la participación de Turquía en la invasión es importante para la OTAN, como una vía para legitimarla. También lo es para Turquía en su afán de mantener sus relaciones con los Estados Unidos y Europa, y al mismo tiempo defender su credibilidad como país modelo.

Conclusiones

Mientras que en los conflictos de Túnez y Egipto la política interna y externa de los países emergentes se alejaba de cualquier tipo de alineamiento, lo sucedido en Líbia en las últimas semanas ha servido para que las potencias emergentes lleven a cabo intentos de diferenciarse en relación con las políticas adoptadas por los países europeos (sobre todo Francia y el Reino Unido) y los Estados Unidos. La intervención de la coalición internacional y el uso de la fuerza ha posibilitado el acercamiento de las posiciones entre los BRICS. Mientras, sus diferencias se plasman claramente sobre todo en la importancia que le atribuyen a la democracia y al respecto de los derechos humanos. Precisamente, muchas de estas dinámicas serán claves para comprender los próximos episodios de la política internacional.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

Referencias

1-  Russia Watches Turmoil in Egypt With Unease, Rianovosti, 2 de Enero de 2011. http://en.rian.ru/world/20110201/162406528.html

2- From Tahrir to Tiananmen, Foreign Policy, 1 de Febrero de 2011.

http://www.foreignpolicy.com/articles/2011/02/01/from_tahrir_to_tiananmen

3- All Over the Place, The Economist, 24 de Marzo de 2011.

http://www.economist.com/node/18447027?story_id=18447027

4- Nation Roots for Peaceful Transition in Egypt, All Africa, 17 de Febrero de 2011.

http://allafrica.com/stories/201102170563.html

5- What is Turkey’s position on Libya?, World Bullenting, 12 de Abril de 2011.

http://www.worldbulletin.net/?aType=haber&ArticleID=72425

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Manoel Gehrke Ryff Moreira

Licenciado en Economía por la Universidade Federal do Rio Grande do Sul (UFRGS). Master en Relaciones Internacionales en el IBEI y Master en Economía por la Università Bocconi. Especialidades: Economía Política del Desarrollo, Econometría Aplicada y Política Comparada.


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