05/04/2020 BARCELONA

Brasil, aspiraciones y limitaciones de un líder

Debilidades en el plano social, vecinos que no quieren oír hablar de la palabra “líder”, corrupción política, una herencia integracionista liberal… Si Brasil juega bien sus cartas, esto no supondrá un límite a su liderazgo regional y a sus pretensiones globales.

Puntos clave de la explicación

· Este artículo pretende analizar la posición de Brasil en el Cono Sur y en el mundo; su política exterior y su política regional así como los límites a ejercer un liderazgo real y responsable.

· Brasil tiene capacidades económicas y comerciales, poblacionales y militares. Sin embargo, la desigualdad, la corrupción y la mejora del Estado de Derecho son asignaturas pendientes.

· Todavía le queda camino por recorrer al gigante sudamericano. Trabajar por y para una integración regional que a la vez le sirva de plataforma internacional es su reto.

La nueva etapa de Dilma

Dilma Rouseff supone una continuidad en lo político. Deberá seguir los planes trazados hasta ahora por el anterior presidente, Lula. Veamos pues, qué Brasil recoge la nueva presidenta y cuáles son los objetivos en materia de política regional y exterior. Por un lado observamos la estrategia brasileña de reformar el multilateralismo mediante su actuación en Naciones Unidas o en el grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Por otro lado, la integración sudamericana aparece como una prioridad. El desarrollo económico de Brasilia le está permitiendo convertirse en el motor sudamericano, lo cual podría traducirse en unas mejores condiciones para impulsar un proceso de integración regional. Conciliar estos dos objetivos y a los actores implicados no parece una meta fácil. ¿Debería Brasilia asociarse a otros países emergentes, o profundizar la integración regional sudamericana?

El gigante sudamericano tiene claro que logra mejorar su inserción internacional en la medida en que puede presentarse a sí mismo como un líder regional. Sin embargo, parece que las élites brasileñas no han asumido que el país necesita a sus vecinos sudamericanos para la consecución de sus objetivos globales, lo cual implica hacer mayores concesiones en materia política y financiera, así como la aceptación de reglas comunes. Esto conlleva a que la estrategia regional de Brasil no acabe de definirse.

Los intereses de Brasil en la región son variados, crecientes e involucran a actores diversos: la región absorbe alrededor del 20% de sus exportaciones y es un destino importante para las inversiones de empresas y las manufacturas (principalmente para el sector industrial de tecnología media). Asimismo, tanto la integración energética como la problemática ambiental son necesidades crecientes.

Sin embargo, la actuación comercial de Brasil en la región ha tenido un éxito parcial; ha querido ampliar el Mercosur como base para los acuerdos con los países sudamericanos en lugar de profundizarlo y consolidarlo. Una nueva etapa se abre con Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas).

La Unión de Naciones Sudamericanas

Unasur es un proyecto de vocación política que, desde 2004, tiene como meta administrar y potenciar la diversidad cultural y política, los recursos naturales y aumentar la cooperación y la participación empresarial y de la sociedad civil. El proyecto parece alzarse como el más relevante, pero su diseño y evolución muestran que en muchos aspectos no se han alcanzado aún los consensos necesarios para su viabilidad a largo plazo. Del mismo modo, el elevado perfil político y la diplomacia de cumbres que lo caracteriza constituye un obstáculo más.

La cuestión nacional, una urgencia

Si el futuro de la integración en Sudamérica dependiese del liderazgo de Brasil, cabe preguntarse si éste tiene las capacidades, la voluntad y el proyecto adecuado para ejercerlo eficazmente.

Brasil es la mayor potencia militar de América del Sur (en número de tropas y en gasto militar). Su potencialdemográfico y geográfico le posiciona en el cuarto puesto mundial con una posición estratégica en la subregión, fronteriza con todos los países (salvo Chile). La esperanza de vida al nacer es de 73 años (en datos de 2008), un índice todavía bajo si se compara con Cuba, Chile, México o Argentina.

En lo referente a la capacidad socioeconómica, Brasil es la décima economía más grande del mundo y representa más de un tercio del PIB regional. El crecimiento económico hasta 2008 se ha situado en niveles en torno al 4 y 5 %. Su éxito al salir de la crisis le sitúa en el líder regional (con un crecimiento del PIB cerca del 9 % en 2010). Es necesario remarcar, no obstante, que el crecimiento de Brasil es menor al de sus socios India y China en los BRIC. El volumen comercial le sitúa entre los 25 primeros países del mundo y dispone de importantes recursos naturales y energéticos.

En lo que atañe a las instituciones democráticas, éstas son estables y Brasil no ha vivido crisis institucionales o gubernamentales graves. La estabilidad descansa en las características de su sistema político federal con amplias competencias para los Estados y en consecuencia, basado en la negociación y la división de poderes.

Hasta aquí, podríamos afirmar que Brasil cumple con los criterios cuantitativos para ser el líder regional. No obstante, una batería de problemas domésticos se alza como obstáculo a su liderazgo.

Los principales problemas estructurales de la economía brasileña son la elevada deuda pública, la alta participación de las materias primas en los productos de exportación y una carga tributaria desequilibrada.

La mejora de los resultados económicos no ha llegado a todos los segmentos de la población. En Brasil existen 30 millones de pobres, si bien es cierto que el número de personas que vive por debajo de la línea de la pobreza está disminuyendo a un ritmo acelerado: cae un 10 % al año. Aun así, con dicho nivel de pobreza, el país no puede presentarse como modelo para afrontar una de las causas más importantes de la fragilidad del Estado en América Latina: la pobreza y la exclusión social. Ello es consecuencia, entre otras cosas, de un sistema educativo público desequilibrado, servicios sociales deficientes así como grandes diferencias regionales en términos poblacionales y de desarrollo económico entre un sur desarrollado y un noreste con indicadores menos alentadores.

La mejora del país en el ámbito social significa que las políticas estatales pueden ser efectivas, citando como ejemplos la Bolsa Familia, o el aumento del salario mínimo del sector más desfavorecido de la población.

En el ámbito de la seguridad, sus principales problemas son la violencia política y la criminalidad, una policía que comete abusos que atentan a los Derechos Humanos, unas condiciones en las prisiones denigrantes y que alimentan la espiral de violencia y un Estado incapaz de controlar las redes de economía criminal, principalmente el narcotráfico.

Según el Banco Mundial, Brasil suspende en la lucha contra la violencia, la corrupción, y en el Estado de Derecho, destacando a la justicia, caracterizada por ser lenta, corrupta e ineficiente. Asimismo, la heterogeneidad del gobierno tiene como resultado la creación de alianzas con partidos que no comparten posiciones, causa de la ambigüedad que caracteriza los impactos de su política. Esto, junto con la fragmentación de partidos y la alta fluctuación en las afiliaciones políticas, contribuye a la dificultad de imponer reformas importantes.

La política exterior se enfrenta, pues, con el obstáculo de la necesidad de resolver los problemas domésticos como prioridad. Esto implica que las dificultades estructurales internas limitan pero no impiden su liderazgo, pues cuenta con la capacidad material y estabilidad interna necesarias.

El continente americano

El tradicional rival de Brasil en Sudamérica ha sido Argentina, y en el conjunto de la región, México. Pero ambos países han perdido peso en la región dejando un nuevo espacio de actuación a Hugo Chávez. Desde hace unos años, Caracas hace uso de sus ingresos derivados del petróleo y de su proyecto político para ganar influencia y ofuscar el liderazgo brasileño.

En términos hemisféricos, Estados Unidos valora el papel moderador de Brasil, especialmente frente a iniciativas venezolanas. En general, el país es percibido como un socio norteamericano a pesar de algunas divergencias en el campo comercial. La presencia estadounidense en la región; ya sea en el ámbito de la seguridad o en el comercial, debilita la cohesión interna de la integración de América del Sur, pues implica compromisos extrarregionales que en ocasiones resultan contradictorios. Principalmente, existe un vínculo estratégico entre Colombia y Estados Unidos que es difícilmente compatible con una mayor integración regional.

Bien es cierto que, a pesar de esta importante presencia, Washington está perdiendo peso en la región ya que su política exterior ha priorizado temas como la guerra contra el terrorismo, la lucha contra la proliferación nuclear (¿selectiva?) o la crisis financiera mundial. Esto amplía el espacio de autonomía de la región. Y es aquí donde Brasil tiene un mayor margen de actuación.

Las ansias de “despegar”

Brasil ha adquirido algo parecido a un estatus de actor con veto y ha convencido a muchos de sus interlocutores de que el país tiene que ser parte de cualquier régimen comercial, global y estable, tanto por razones de legitimidad política como por lógica económica.

La posición de liderazgo de Brasil ha generado recelos y desconfianzas entre sus vecinos, que, consecuentemente, no apoyan a Brasil en sus pretensiones de carácter global, destacando su apuesta por el asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Las controversias dentro de la región se ven alimentadas por la alta participación de Brasil en misiones de Naciones Unidas, su liderazgo en el G-20 en el marco de la Organización Mundial del Comercio así como por su pertenencia a los BRIC e IBSA (India, Brasil y Sudáfrica).

El impulso de Brasil en la integración regional ha logrado avances en el plano económico, político y de seguridad. Una región unida y estable, bajo su liderazgo, supone una plataforma para su inserción internacional. No obstante, el gigante sudamericano no debe olvidar sus limitaciones y los costes del liderazgo. Estaremos atentos a cómo maneja sus fichas tanto en el tablero regional como en el mundial.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

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Marta Pérez

Vive en Barcelona, donde estudia un Posgrado en migraciones contemporáneas. Licenciada en Economía, se especializó con un Máster en Relaciones Internacionales – Políticas y programas de Desarrollo. Ha trabajado en consultorías de España y Londres en gestión y evaluación de proyectos europeos durante 4 años. Además ha realizado voluntariados con refugiados en Londres, con la British Red Cross y otras ONGs. Interesada en migraciones, asilo y la protección de los más vulnerables. Le gusta la buena comida, viajar y aprender, siempre.


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