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Rusia emergente. Rusia decadente

¿Es Rusia una potencia regional o global?

Es complicado describir cuál es la situación exacta de la Rusia actual en la arena internacional. Su inclusión en el grupo de países llamados BRICS tiene mucho que ver en que se conceptualice frecuentemente a la Rusia de Putin como un país emergente. Sin embargo, tanto sus capacidades militares como su importancia geopolítica en el mundo han disminuido considerablemente con respecto a la época soviética, si bien es cierto que con la llegada de Putin, el país ha vuelto a ocupar una posición destacable en el panorama internacional.

En este artículo nos preguntaremos si la Federación Rusa es ahora mismo una potencia emergente o decadente y si el alcance de su influencia internacional se ejerce en el ámbito regional o global. Para ello, vamos a repasar la situación actual de Rusia a través de tres dimensiones: política, económica y militar.

La narrativa del resurgir de Rusia

Putin ha sabido construir hábilmente un discurso ultranacionalista que ha calado profundamente en la sociedad rusa, y que es una de las principales razones del amplio respaldo político del que disfruta desde hace años. La desastrosa década posterior a la desintegración de la Unión Soviética puso el listón muy bajo, y Putin se supo erigir como el salvador de la patria rusa que devolvería el poder e influencia internacional de la que disfrutaban en la época soviética como gran contrapeso del poder estadounidense. La descontrolada liberalización en los 90 de sectores claves para su economía trajo consigo corrupción, miseria y desigualdad. La bajada a los infiernos tuvo su guinda en la humillante derrota sufrida en la guerra de Chechenia. La sociedad rusa no podía borrar de su cabeza la imagen de Yeltsin obligado por Zelimkhan Yandarbiyev, enviado a Moscú del líder checheno Maskhadov, a cambiarse de silla durante las negociaciones del tratado de paz tras su derrota en 1997 (ver vídeo abajo), o las bochornosas escenas del líder ruso visiblemente alcoholizado en numerosos actos públicos.

Teniendo en cuenta estos precedentes, en su llegada al poder en 2000, Putin se propuso como meta la recuperación económica y la reparación del herido orgullo ruso. Y este último punto ha sido un factor clave de lo que conoce como en “consenso Putin”, fomentando el nacionalismo y la idea de recuperar el “Russkiy Mir” (el mundo ruso) en el interior del país, combinado con intervenciones políticas y militares en el exterior (como en los recientes casos de Ucrania y Siria) que buscan expandir su influencia más allá de las propias fronteras. La necesaria recuperación económica ha sido otra de las claves del liderazgo de Putin, un crecimiento económico que fue impulsado por la subida del precio del crudo a partir del 2000.

Se conoce con el nombre de “consenso Putin” a un número de pilares que han afianzado en el poder a Vladimir Putin: democracia soberana (un ambivalente término utilizado por el Kremlin para describir su sistema político), crecimiento económico, control de las instituciones fuertes del país (KGB, GRU, FSB, SVR, etc.) y la afirmación del nacionalismo ruso.

En paralelo a esta estrategia, Putin ha invertido sus esfuerzos en acaparar los medios de comunicación del país y en acallar a disidentes y rivales políticos a cualquier precio. Este control, a pesar de las duras consecuencias sociales que provoca (ausencia de cultura democrática, vulneración sistemática de derechos humanos, monopolio de los medios de información, etc.), ha afianzado el liderazgo de Putin en el tiempo y le ha proporcionado un respaldo político lo suficientemente sólido entre el pueblo ruso para mantenerse en el poder hasta la fecha. Sin embargo, una sociedad civil reprimida, los altos niveles de corrupción todavía existentes, el riesgo de una debacle militar -como ocurrió en Chechenia- que ponga en peligro su narrativa nacionalista, y sobre todo, el deterioro de la situación económica pueden hacer temblar estos pilares que hasta poco parecían totalmente sólidos.

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El precio del petróleo lo puede echar todo a perder

Rusia ha disfrutado de más de una década de crecimiento económico sostenido (en el año 2000 su PIB era de 260 mil millones de dólares, en 2008 de 1,6 billones y en 2013 de más de 2 billones) y de un incremento considerable del salario medio (de 2.200 rublos en 2000 se pasó a 17.300 en 2008), en buena parte gracias la subida del precio del petróleo a partir de 2001. Como se puede ver en el gráfico, la salud económica rusa ha estado muy ligada al precio del barril durante las últimas décadas.

Comparación entre el PIB ruso y el precio del petróleo.

Comparación entre el PIB ruso y el precio del petróleo.


En líneas generales, la exportación de hidrocarburos supone de media entre un 50 y un 70% de su PIB anual y aproximadamente entre un 40 y un 50% de los recursos del estado. Pese a disfrutar de más de una década de bonanza, Rusia no ha sabido diversificar su economía y por tanto sigue siendo extremadamente dependiente del petróleo y por tanto, vulnerable a la volatilidad de sus precios. Es por ello que la bajada del precio del barril los últimos años, especialmente acentuada en 2009 y 2015, tiene y seguirá teniendo un efecto muy negativo en las arcas del Kremlin.

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Porcentaje del PIB ruso con respecto al año anterior (1999-2014). Vía Wikipedia.


La falta de diversificación de su economía tiene su reflejo en la escasa inversión en infraestructuras. Por poner un ejemplo, actualmente el 70% de los puertos rusos y el 80% de sus aeropuertos tienen una gran necesidad de reformas o renovación.

Las sanciones económicas impuestas por la UE a Rusia producto de la invasión de la península de Crimea también han supuesto un duro varapalo para las cuentas del Kremlin. No sólo representan un problema a la hora de exportar petróleo o gas, sino también a la hora de importar componentes tecnológicos claves para la extracción de hidrocarburos o para modernizar su ejército. El FMI estima que el impacto negativo de las sanciones en la economía rusa puede rondar los 9 puntos del PIB.

Las dificultades económicas no acaban ahí: los rusos no son tan productivos como podrían serlo. Por cada hora de trabajo, el trabajador medio ruso contribuyó en 25,90 dólares al PIB. El trabajador griego promedio aporta 36,20 dólares por hora de trabajo. Y Grecia no es un país a la vanguardia de la productividad. El promedio de los trabajadores de Estados Unidos es de 67,40 a la hora.

Además, se estima que la corrupción endémica cuesta a la economía rusa entre 300 y 500 mil millones de dólares cada año. En 2015, Freedom House puntuó al país con un 6,75 en su escala de corrupción en la que 7 es la calificación “más corrupta”.

Por si esto fuera poco, cientos de miles de profesionales con formación universitaria están dejando el país por falta de oportunidades. Entre 2012 y 2013, más de 300.000 personas abandonaron Rusia en busca de unas condiciones económicas más favorables.

De todos estos datos, lo más preocupante es la negación por parte de la ciudadanía rusa de estos problemas tan acuciantes. Mientras que un 73% de los rusos no están contentos con el estado de su economía, el apoyo a la gestión de Putin ronda el 70%. ¿Cómo es esto posible? El control del Kremlin de los medios de comunicación rusos tiene mucho que ver. El 90% de los rusos se informan a través de canales de comunicación controlados por el gobierno, donde se repite una y otra vez el discurso de “Rusia contra Occidente”. En este contexto, es fácil culpar de las dificultades económicas del país a agentes externos con intereses opuestos a la patria rusa. Y este discurso, parece que ha calado entre la ciudadanía.

Importantes capacidades militares herencia de la URSS en declive

Aquí es donde Rusia juega en la liga de los grandes. Sin duda es una de las principales potencias militares del mundo (concretamente la segunda en capacidad militar tras Estados Unidos y por encima de China, según el informe Global FirePower). A pesar de esto, ni sus capacidades militares son lo que eran ni son las que Putin quiere hacernos creer. Es en este punto donde vemos más claramente que Rusia es una potencia regional pero ya no es una potencia global.

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Putin da un discurso en la inauguración de un parque de temática militar para fomentar el sentido patriótico (Efe)


El despliegue militar de Rusia en Ucrania o Siria tiene mucho de alarde, tanto de cara al exterior (en línea con la imagen de superpotencia que pretende exportar Putin) como al interior (para reforzar esa narrativa doméstica de éxito nacional que encubre sus carencias políticas y económicas).

Rusia hereda buena parte de su potencia militar de la Unión Soviética, pero ha sido incapaz de modernizar su ejército y actualmente se enfrenta a dos serios problemas:

  • Una importante disminución de su alcance operacional en las últimas décadas. Actualmente Rusia tiene un acceso limitado al Atlántico y al Índico, con las limitaciones que esto conlleva a la hora de ejercer su influencia militar a nivel global. Desde los 90 su red de bases internacionales ha disminuido notablemente: han cerrado bases en Cuba, Vietnam, Azerbaiyán, Georgia y Uzbekistán. A día de hoy se mantienen las de Armenia, Bielorrusia, Georgia, Kazajstán, Kirguistán, Moldavia, Siria, Tayikistán y Ucrania, principalmente países pertenecientes al CIS (Commonwealth of Independent States). Tampoco ayudan las progresivas ampliaciones de la OTAN, a la que Rusia no pertenece y percibe frecuentemente como una amenaza, y que contribuye a su relativo aislamiento militar. Los esfuerzos de expansión militar de Rusia se están centrando en el Ártico, donde su presencia se ha multiplicado en los últimos años. Una región de creciente importancia geopolítica por sus recursos naturales y por la posibilidad de abrir nuevas vías comerciales para el transporte marítimo y el turismo.
Países en los que Rusia posee bases militares propias. Vía Wikipedia.

Países en los que Rusia posee bases militares propias. Vía Wikipedia.


  • Considerable impacto negativo de los malos resultados económicos en sus capacidades militares. En contraste con los últimos 16 años, en los que el presupuesto en Defensa se multiplicó por 14, las nuevas circunstancias económicas han provocado que mantener este nivel de gasto militar sea insostenible. Rusia está gastando en capacidades militares mucho más de lo que se puede permitir. Por ejemplo, en el primer trimestre de 2015, los gastos militares supusieron el 9% del PIB trimestral, el doble de lo planeado. Como resultado, Moscú gastó más de la mitad de su presupuesto militar anual en el primer trimestre de 2015. Aun así, el esfuerzo económico es mucho mayor que el de su mayor competidor militar, EEUU. En 2014, EEUU gastó 610 millones de dólares en defensa (aproximadamente el 3,4 % de su PIB) mientras que Moscú invirtió 84,5 millones de dólares en su ejército durante el mismo período (4,2% de su PIB). Es cuestión de tiempo que las consecuencias de la crisis económica se empiecen a notar en los presupuestos militares, si es que no lo ha hecho ya. Esto conlleva una serie de incertidumbres en materia de seguridad para Rusia: ¿cómo se financiarán las operaciones en el Ártico y la planeada reapertura de bases en Cuba y Vietnam? ¿Cómo financiará la necesaria modernización de buena parte de su armamento? Por otro lado, las sanciones de la UE tienen un efecto nefasto para la importación de componentes de guerra necesarios para contrarrestar su falta de alcance operacional: Ucrania era un exportador clave de motores para su flota de alta mar.

Rusia: un poder regional en decadencia a tener muy en cuenta

En conclusión, todo lo expuesto anteriormente nos hace pensar que el alcance de la influencia de Rusia a nivel internacional se produce de manera efectiva en el ámbito regional más que global a día de hoy. Y que las capacidades tanto económicas como defensivas del gigante ruso han pasado ya su momento cumbre y presentan una inercia descendente.

Independientemente de las atrevidas declaraciones del Kremlin y de la inteligente cobertura de los medios de comunicación, los planes de Rusia para resurgir como actor global enfrentan importantes limitaciones en áreas cruciales tales como la robustez de su economía o el alcance operacional de su ejército. En tales circunstancias, las políticas internacionales del Kremlin no son resultado del respaldo de un ejército fuerte y una economía eficaz, sino que está más dirigido a proyectar una imagen de fortaleza hacia el exterior y el interior de sus fronteras. Sólo en la región del Ártico la capacidad militar rusa parece ser suficiente para garantizar e incluso extender su poder regional. No parece probable que Rusia se convierta en un poder global en un futuro próximo, sin embargo, sigue siendo una potencia a tener muy en cuenta, sobre todo en lo que respecta a tres ámbitos de oportunidad a nivel regional:

  1. El espacio post-soviético: la Federación Rusa está rodeada por un cinturón de países relativamente débiles sobre los que ejerce una importante influencia.
  2. La Unión Europea: donde intenta explotar las tensiones norte-sur, puesto que la unanimidad es crucial en el ámbito de la seguridad europea.
  3. Oriente Medio: intentando formar un bloque de países chiíes (Siria, Irán e Irak) que sirva como contrapeso en la región al extremismo suní.
  4. China: pese que los dos países han tenido unas relaciones diplomáticas turbulentas, las circunstancias económicas y geopolíticas actuales facilitan un mayor acercamiento.

Esta es una explicación-opinión sin ánimo de lucro


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