¿Qué argumentos morales desaconsejan la intervención militar en Siria (y en cualquier territorio)?

Christiaan Triebert

Una vez más –una desgraciada vez más– he (y supongo que hemos) tenido que sentir cómo se nos erizaba la piel pegados y pegadas al televisor, radio o dispositivo móvil de cualquier tipo al recibir la noticia de lo sucedido en París el pasado 13 de noviembre de 2015. Sentimos miedo. Eso es –casi seguramente– lo primero que uno siente, lo quel es lógico puesto que es ese precisamente el objetivo del terrorismo. Pero también sentimos tristeza, desolación, impotencia y rabia; y, consecuentemente, ganas de revancha. Pero la revancha nunca es la solución y, en este caso, posiblemente lo sea menos. ¿Por qué?

Analizando el debate surgido a raíz, principalmente, de los atentados de París –otros parecen no tener tanta importancia-, podemos observar cómo una parte de la opinión pública y de los grupos de analistas políticos entiende que el pacifismo no es la respuesta a esta crisis: que hay que intervenir militarmente en Siria (es importante señalar que hay respuestas de todo tipo). En este sentido, este sector de la población europea parece estar manifestando que «poner la otra mejilla» en ocasiones como ésta no sirve. Así, esa ideología cristiana que subyace al desarrollo de la civilización occidental hasta que el sistema económico y de valores capitalista lo impregnó todo, ya no es válida, y menos para este problema concreto. La ética protestante y el “espíritu” del capitalismo, de un clásico como Max Weber, puede dar claves en torno a esta afirmación. Sin dudarlo, el titular sería éste: “La emoción gana la batalla a la moral”.

Viñeta bombardeos [Fuente: anónimo vía Twitter]

Viñeta bombardeos [Fuente: anónimo vía Twitter]

Es normal que el dolor ciegue y anule la moral. Un ejemplo muy claro de esto nos lo da la conversación media producida a raíz de los atentados. La percepción es que existe un objetivo común –la paz y seguridad de la Unión Europea– pero diferencias en los medios empleados para alcanzarla. Es más, hay una mayoría que, visto desde el primer plano, parece estar coincidiendo en algo: si alguien atentara contra sus familias como está sucediendo fruto de los ataques terroristas, atentarían ellos/as mismos/as contra la vida de los responsables sin dudarlo.

En este sentido, es muy sugerente este extracto de un artículo de El Español titulado ¿Bombardear Siria acabará con el Estado Islámico?: «“El bombardeo no es una solución, es una respuesta quizás emocional a una opinión pública en shock por los atentados. Si puede hacer daño a los yihadistas, muy bien, pero el problema es tan profundo que necesita una respuesta dentro del suelo europeo frente a la amenaza que viene de nativos de nuestros países”, dice Jean-François Daguzan, director adjunto de la Fundación para la Investigación Estratégica de París». Puedo no suscribir (o sí) del todo el mensaje, pero es una opinión a tener en cuenta.

Es posible que este tipo de respuesta –la emocional, impulsiva y hasta demagógica–, tanto en el ámbito individual como estatal, sea la respuesta más fácil de comprender, pero parece claro que, en términos jurídicos, es contraria a la legislación y que, por tanto, debe tener consecuencias. Si así es, ¿no son también incorrectas este tipo de respuestas cuando provienen de estados?

¿Por qué la respuesta militar contra el Daesh (ISIS) es errónea?

Hay varios motivos de carácter moral, jurídico y estratégico perfectamente válidos para responder a esta pregunta. A lo largo de varios artículos iremos aportando respuestas –esperamos que– complementarias entre ellas para dotar de una argumentación ética, jurídica y estratégica frente a las intervenciones militares que actualmente se están produciendo. En este artículo nos centraremos en los argumentos de carácter moral.

Daesh [Foto: VOA vía Wikimedia Commons]

Podríamos enarbolar la bandera de la moral y de esos supuestos valores superiores de la supuesta “avanzada civilización occidental”. Podríamos decir que el «ojo por ojo, diente por diente» hace tiempo que, salvo la práctica de dudosa calidad ética que supone la pena de muerte, fue algo que rechazamos de manera casi unánime en los países de la OCDE de manera progresiva, pero definitiva. En esa línea, sería posible y hasta recomendable hacer un llamamiento a la cordura y advertir de que los riesgos de que existan víctimas inocentes, las mal llamadas víctimas colaterales, es enorme. Un ejemplo de ello es el siguiente titular en 20 Minutos del 23 de noviembre de 2015: “Al menos 3.952 muertos por los bombardeos de coalición internacional en Siria”. Por último, pero no menos importante, otro impactante titular resume lo descabellado de la situación que estamos permitiendo: “El número de civiles muertos por los bombardeos rusos en Siria es superior al número de terroristas fallecidos”.

Volviendo al dilema moral: ¿acaso no es suficiente castigo para las poblaciones residentes de las zonas bombardeadas el haber sido conquistadas y sometidas por una organización terrorista? ¿No es esto suficiente? ¿Además han de ser víctimas de los ataques dirigidos hacia sus captores?

Existen serias dudas de la capacidad de la coalición internacional para conocer con precisión la posición de los y las terroristas, y, además, de estar convencidos de la inexistencia de riesgo para civiles como consecuencias de sus ataques. Sin duda, atacar a sabiendas de estos altísimos riesgos demostrados por los titulares señalados más arriba no parece que sea una posición éticamente defendible.

Si nos ponemos en el lugar de la población secuestrada, sometida y masacrada por esta organización terrorista, quiero pensar que su esperanza de seguir vivos no depende de bombardeos extranjeros sobre su posición. De ser así, es comprensible la desesperanza. De ser así, Europa debe comprender que para estas personas huir no es sólo una opción, sino la opción, y que para la Unión Europea el socorro no es una opción, sino toda una obligación.

Esta es una opinión sin ánimo de lucro



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