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Source: www.thesaudavoice.com

La violencia sexual como arma de guerra  afecta principalmente a las mujeres, sin embargo, cada vez más, también a los hombres. Las grandes organizaciones de ayuda internacional han tardado años en comenzar a desarrollar mecanismos eficaces de ayuda a los hombres y niños víctimas de violaciones sexuales en situación de conflicto armado. Gracias a la presión de algunas organizaciones no gubernamentales y de la difusión de estas violaciones en los medios de comunicación este año 2012 se ha conseguido que agencias como ACNUR (Agencia de la ONU para los Refugiados) comiencen a dar pasos hacia una mejor y más eficaz respuesta ante esta problemática.

La violencia sexual bajo conflicto perpetrada contra hombres

Según muestran los datos, la violación sexual masculina sucede en casi todos los conflictos en los que se produce violencia sexual. Sin embargo las cifras y la información al respecto todavía no son claras, debido a la falta de estudios al respecto, al silencio sistemático de la víctimas y a la tardía actuación de la agencias de ayuda internacional.

De acuerdo al estudio de la profesora Lara Stemple, Violaciones masculinas y Derechos Humanos, la violencia sexual contra hombres en contexto de conflicto ha sido documentada en muchas ocasiones como esporádica, y otras como sistematizada, es decir, como arma de guerra. A día de hoy se han reportado casos en: El Salvador, Chile, Guatemala, Argentina, Grecia, Irlanda del Norte, Chechenia, Turquía, la antigua Yugoslavia, Sri Lanka, Irak-Kuwait, Liberia, Sierra Leona, Kenia, Sudán, Burundi, Uganda, Ruanda, la República Democrática del Congo, Zimbabue y Sudáfrica.

El problema es muy común, especialmente en el África Oriental”, sentencia la profesora; “en esta área del planeta las estadísticas muestran que los porcentajes estimados de hombres (32%) y mujeres (42%) que han sufrido violencia sexual bajo conflicto son muy similares y, sin embargo la tasa de mujeres (30%) que denuncian esta violación es notablemente más alta que la de hombres (22%) que reportan haber sufrido estos abusos”.

Formas y dinámicas: ¿qué mueve a los perpetradores?

Las particulares formas de violencia sexual masculina pueden ir desde la violación tradicional, la esterilización forzada, la castración y la transmisión del SIDA, a la masturbación y la violencia genital.

Raramente la violencia sexual contra hombres (y mujeres) sucede por una sola razón. En general sucede por un cúmulo de razones que dependen del tipo de conflicto, del tipo de objetivo (comunidad, civil, soldado) etc. ¿Pero cuáles son las dinámicas que mueven a los perpetradores a cometer estos crímenes contra los hombres?

Al igual que sucede en el caso de la violencia sexual contra las mujeres, el poder y la dominación son motivos presentes en la violencia sexual perpetrada contra hombres. En contexto de conflicto cuando el desconcierto social, y la reconfiguración de poderes está en juego, estas dinámicas cobran todavía más fuerza. De hecho, en algunas culturas la virilidad y el honor son características que definen a las familias y las comunidades: de igual manera que violar a una mujer puede llegar a considerarse un deshonor para su familia, que un hombre sea violentado sexualmente o torturado, implica su pérdida de masculinidad y capacidad de defensa personal o de su familia. En ese sentido, poder y dominación están vinculados a la masculinidad y se manifiestan en forma de emasculación: pérdida de los atributos masculinos.

La “feminización del individuo” y su “homosexualización”. Durante una violación sexual, el perpetrador nunca se identifica con una tendencia homosexual, a través de su posición abusiva y dominante mantiene su masculinidad intacta a la vez que avergüenza y deshonra a la víctima. De esta manera, sin importar el género de la víctima o del perpetrador, la característica de la masculinidad (del poder) se atribuye al perpetrador y “feminiza” a la víctima, a quien somete. Además, estas prácticas implican en muchas ocasiones la violación forzada de una víctima a otra. El hecho de que alguna de las víctimas pueda sufrir una erección en el acto no sólo les hace cuestionarse su sexualidad sino que es visto ante la comunidad como un tinte de homosexualidad imperdonable.

¿Por qué es un arma de guerra tan extendida?

En primer lugar, su éxito radica en la capacidad de exterminar al enemigo. En muchos conflictos la violencia sexual contra los hombres se centra en la castración o mutilación de los órganos genitales a fin de desproveer a los hombres de su capacidad de tener hijos y de extender así los miembros de “su comunidad, su etnia, su religión”. De hecho muchos de los supervivientes de estas violaciones viven con secuelas físicas y psicológicas que les impiden o les hacen muy difícil mantener relaciones sexuales.

Además, en muchos casos estas violaciones se producen delante de las familias y comunidades. Los perpetradores buscan así comunicar y reivindicar su poder sobre ellos, y la vulnerabilidad de sus hombres que han fallado como “protectores de la comunidad”. De esta manera, humillan y desapoderan a la comunidad a través de la dominación de sus miembros masculinos.

Una problemática común pero ignorada

El problema de la violencia sexual perpetrada contra hombres supone un doble tabú que esconden las víctimas, estigmatizadas por su contexto social; y que durante años han silenciado las agencias de ayuda internacional incapaces de desarrollar los mecanismos legales internacionales adecuados para proteger a estas víctimas.

Además, esta problemática sólo se había puesto de manifiesto en los medios de comunicación en contadas ocasiones, una de ellas por ejemplo cuando se destapó las humillaciones sexuales que recibían prisioneros iraquís (Abu Ghraib) a manos de soldados norteamericanos.

Las víctimas no hablan: el estigma

Muchas de las víctimas masculinas de esta violencia sexual sufren una combinación de confusión, vergüenza, miedo, culpabilidad y sobre todo estigma. Especialmente en tiempos de guerra cuando los estereotipos del rol del hombre como “protector” se intensifican, un hombre debe ser capaz de defenderse de los ataques, y en caso de ser atacado, debe de ser capaz de lidiar con ello en silencio. No hay lugar para “victimización” o “emasculación” (castración moral o física).

“En África al hombre no le está permitido ser vulnerable”, comenta Salome Atim, oficial de género del Proyecto Ley y Refugiados (RLP por sus siglas en inglés), de la Universidad Makerere. “El hombre ha de ser masculino, fuerte. Nunca debes llorar o mostrar tus sentimientos. El hombre debe ser el cabeza de familia y proveer a ésta. Cuando éste no es capaz de cumplir con estos estándares, la sociedad percibe que hay algo que va mal en él”. Las mujeres que descubren que sus maridos han sido violados les abandonan en la mayoría de los casos, “si él ha sido violado, ¿cómo va a protegerme? Aducen. Fuente aquí.

Además, teniendo en cuenta que en 38 de las 53, en el caso de las naciones africanas, la homosexualidad está penada como un crimen, el miedo es atroz. Esta mezcla de factores convierte estos sucesos en un profundo tabú social y en problema hasta ahora desgraciadamente subestimado.

La legislación Internacional

Lara Stemple, ponía de manifiesto en numerosos artículos la falta de mecanismos internacionales en materia de Derechos Humanos orientada a luchar contra la violencia sexual perpetrada contra hombres y niños; al no haberse reconocido un concepto de “violencia sexual neutro” en el lenguaje legal internacional. La profesora destacaba la necesidad desarrollar una clasificación precisa de este tipo de abusos, no sólo para darles voz a las víctimas sino también para acabar con los estereotipos mujer-víctima, hombre-perpetrador e invulnerable.

Las agencias internacionales han tardado años en reaccionar

 © Refugee Law Project, Makerere UniversityLargo tiempo tardarónlas grandes agencias de ayuda internacional en reaccionar ante esta problemática, incluso cuando en 2010 se llegó a considerar quela cifra de violaciones de hombres bajo conflicto era tan alta que casi alcanza las tasas de violación femenina. Hasta entonces, el sistema manifestaba estar preparado para lidiar con las necesidades de los refugiados víctimas de violencia sexual sin importar el género.

Algunas ONGs con hombres víctimas de esta violencia, denunciaron durante años que debido a la falta de entrenamiento y preparación específica para tratar esta problemática, ni tan solo médicos y trabajadores de agencias de ayuda internacional habían sido capaces en muchas ocasiones de percibir los signos de violencia sexual en hombres. De hecho incluso la castración se había llegado a etiquetar hasta entonces como “mutilación” en lugar de como violencia sexual en los informes de muchas organizaciones no gubernamentales.

De hecho gracias al trabajo de RLP, organización que denunció el problema a través del documental “Gender Against Men” en 2010, y más tarde, gracias al artículo de Will Storr en The Observer en 2011; esta problemática hacerse visible y entrar al debate en diversos medios de comunicación escritos y televisados.

Una vez el debate cobró importancia, grandes agencias muy implicadas en situaciones de conflicto como ACNUR decidió revisar las definiciones acerca de la violencia sexual bajo conflicto y se comprometió a llevar a cabo entrenamientos y metodologías especializadas para tratar con hombres y chicos víctimas de violencia sexual a fin de mejorar su eficiencia operacional y hacer ver a los socios-estados, la necesidad de hacer frente y prevenir esta problemática.

Para ello a mediados de este mismo año 2012, salió a la luz una guía para ONU redactada por Chris Dolan de RLP, titulada “Trabajando con hombres y chicos supervivientes de violencia sexual y de género en desplazamientos forzados”, que ACNUR se ha comprometido a tener en cuenta e implementar en sus futuras actuaciones.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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