11/08/2020 BARCELONA

Boko Haram archivos | United Explanations

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"A las mujeres que regresan después de ser capturadas por Boko Haram las llaman 'annoba' (cuya traducción sería “epidemia” o “plaga”) o 'esposas de Boko Haram'." Después de sufrir violaciones, vejaciones y malos tratos por parte del grupo terrorista que ya ha cometido miles de asesinatos y ha provocado una crisis de 1'2 millones de desplazados en Nigeria, las mujeres secuestradas por Boko Haram todavía se enfrentan a la estigmatización y repudio social una vez son liberadas. Por suerte, hay iniciativas que combaten el fenómeno.


Rut Turch25/05/2016
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El índice Global Terrorism Index 2015 sitúa a tres países africanos (Nigeria, Somalia y Libia) en su top 10 de estados donde el terrorismo tiene más impacto. En referencia al terrorismo yihadista, el foco internacional está puesto en Oriente Próximo y raramente, solo en casos puntuales, se fija en la incidencia de este fenómeno en el continente africano. Durante mucho tiempo, se creía que la probabilidad de que el yihadismo arraigara en África subsahariana era muy pequeña, ya que en esta parte del continente se práctica el sufismo, una rama del islam no ortodoxa, de forma más mística y que se centra en la espiritualidad del individuo. No obstante, actualmente, el yihadismo es un fenómeno en expansión en esta zona.

Boko Haram [Fuente: WikimediaCommons]
Boko Haram [Fuente: WikimediaCommons]

Las principales bandas terroristas de este área del mundo son: Boko Haram, originaria de Nigeria; Al-Shabab de Somalia; y Al-Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), creada en Argelia. Además de actuar en sus países originarios, estos grupos han extendido su área de actuación a otros países.

Aparte de estas organizaciones, en la República Democrática del Congo, desde hace un par de años, un grupo yihadista, Muslim Defense International, está cogiendo fuerza y está incrementado su actividad en las regiones del noreste del país.

AQMI en el Oeste de África

Al-Qaeda del Magreb Islámico tiene presencia y ha actuado tradicionalmente en el Sahel (zona de transición entre el desierto del Sahara y la sabana sudanesa), concretamente en Argelia, Mali, Mauritania, Níger y Chad. En los primeros meses de este año, AQMI ha perpetrado ataques en dos países que no son su objetivo habitual: Burkina Faso y Costa de Marfil. Según los analistas, estos atentados fueron llevados a cabo para marcar perfil y presencia ante su rival, el Estado Islámico, entre otros motivos.

El Departamento de Estado de los EE.UU. asegura que AQMI ha respondido a la presión militar cambiando sus tácticas hacia unas más asimétricas. La banda terrorista ha incrementado los ataques de alto perfil contra los denominados “soft targets” (zonas donde los civiles se concentran en gran número), como sería el caso de los atentados en hoteles y resorts en Burkina Faso y Costa de Marfil.

Según algunos analistas, un posible nuevo objetivo podría ser Senegal ya que es un aliado pro-Occidente, especialmente de Francia y Estados Unidos. En enero de este año, las autoridades senegalesas arrestaron a 500 personas en una operación antiterrorista.

Además, cabe mencionar la aparición de una nueva franquicia de AQMI, Macina Liberation Front, en las regiones centrales y sureñas de Mali a principios de 2015. Este grupo terrorista fue el autor del atentado en el hotel Radisson Blu de Bamako en noviembre de 2015.

Boko Haram y la Cuenca del Lago Chad

Los combatientes de Boko Haram se vieron obligados a abandonar sus bases originarias en las regiones del norte de Nigeria por la ofensiva del ejército nigeriano. Desde mediados del 2015, los terroristas se encuentran arrinconados en la Cuenca del Lago Chad. Esta región engloba parte de cuatro países: Nigeria, Camerún, Chad y Níger. Por consiguiente, actualmente, los cuatro países ribereños son atemorizados por la violencia de este grupo terrorista. Atacan aldeas, ejecutan a personas, roban ganado; y secuestran a mujeres y niñas, que más tarde las utilizan como bombas humanas o como esclavas sexuales.

Padres lloran a sus víctims en Chibok [Fuente: Wikimedia]
Padres lloran a sus víctims en Chibok [Fuente: Wikimedia]

Además, Boko Haram se aprovecha del alto nivel de paro juvenil de la zona para reclutar combatientes. Muchos jóvenes en Camerún y Chad se han unido a la banda yihadista por la promesa de recibir un sueldo.

El año pasado, los cuatro países afectados y Benin reactivaron una fuerza conjunta, Multinational Joint Task Force, para combatir a Boko Haram. Según el historiador nigeriano, Max Siollun, los éxitos militares han cambiado la amenaza de Boko Haram pero no la han eliminado. Siollun añade que la banda terrorista se ha convertido en un grupo de “bandidos bien organizados”.

El ejército nigeriano lanzó el mes pasado el programa Operation Save Corridor dirigido a los combatientes de Boko Haram que se han rendido. Un equipo de psicólogos del comportamiento está trabajando en la desradicalización y la rehabilitación de estos militantes arrepentidos.

Al-Shabab en el Este de África

Aunque Al-Shabab perdió gran parte de su territorio entre 2011 y 2012, continúa controlando muchas zonas rurales en diferentes regiones de Somalia (Juba, Bay, Shabelle y Bakol). Asimismo, la banda terrorista está incrementando su presencia en las zonas del norte de Somalia, concretamente en las montañas de Golis y las áreas urbanas de Puntlandia.

Además de sus actividades en Somalia, Al-Shabab ha efectuado diversos atentados en Kenia, Uganda, Yibuti y Etiopía. Estos países están en el punto de mira del grupo yihadista porque integran la AMISOM, la misión de paz de la Unión Africana en Somalia.

De los países mencionados anteriormente, Kenia es el que ha sufrido más ataques porque cuenta con milicias autóctonas afiliadas a Al-Shabaab. Entre estas, la más destacada es Al-Hirija, que perpetró el atentado del centro comercial Westgate en Nairobi.

Además, Al-Shabab ha penetrado y expandido su actividad en el zona nordeste de Kenia, aprovechando la marginación política y el subdesarrollo que la región sufre desde hace décadas.

Muslim Defense International en la RD del Congo

Muslim Defense International (MDI), antes conocido como Alliance of Democratic Forces, es una banda yihadista originaria de Uganda pero que actualmente actúa en la región North Kivu, al noreste de la República Democrática del Congo. Este grupo se formó en los años 90 con el objetivo de derrocar el gobierno de Uganda y reemplazarlo por un estado fundamentalista islámico. Obligados a abandonar el país, MDI se reubicó en North Kivu.

A pesar de que ya hace años que MDI emprende ataques violentos contra los cristianos de la región, desde hace un par de años se ha reorganizado y ha intensificado su actividad. Según el World Watch Monitor, el MDI ha masacrado aldeas, ha secuestrado a niños y hombres y los ha forzado a convertirse en militantes del grupo. También ha secuestrado a mujeres para utilizarlas como esclavas sexuales.

En una carta conjunta, los obispos de la Provincia de Bukavu (en el este de la RD del Congo) denunciaron la existencia de un “clima de genocidio” y la pasividad del estado y la comunidad internacional.

Una respuesta integral para acabar con el yihadismo

Secuestrados en un autobús por Boko Haram [Fuente: WikimediaCommons]
Secuestrados en un autobús por Boko Haram [Fuente: WikimediaCommons]

El analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos, Jesús Díez Alcalde, asegura que aunque la solución militar y policial es de vital importancia, estas no conseguirán acabar con las causas que de una forma alarmante dotan a los extremistas islámicos de una gran capacidad de captación, radicalización y financiación. Hasta el momento, las respuestas se han centrado demasiado en medidas represivas en materia de seguridad para eliminar estos grupos.

Según Díez Alcalde, también es necesario mejorar la gobernabilidad, la seguridad y el desarrollo estatal de los países afectados. Para conseguir estas mejoras el analista propone siete medidas: implantar o regenerar sistemas democráticos; fortalecer las instituciones estatales, sobre todo el sistema judicial; generar fuerzas de seguridad y policiales bien dimensionadas; ejercer una administración efectiva y controlar las fronteras estatales; promover el diálogo político con todas las partes del conflicto; fomentar políticas socio-económicas que reduzcan la desigualdad; y luchar contra la corrupción, el crimen organizado y el radicalismo religioso.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.


Victoria Silva22/01/2015
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Tras la campaña mediática del secuestro de las más de 200 niñas de Chibok, todo el mundo supo quién era Boko Haram. Ocho meses después, como suele ocurrir en este nuestro mundo, nos olvidamos de ellos. Pero en Nigeria su presencia se nota constantemente, no sólo en el norte del país -su feudo- sino en ciudades como Lagos y Abuja, con atentados que dejan numerosas víctimas.

Echando un vistazo al Nigeria Security Tracker del Council on Foreign Relations (CFR) podemos observar que entre mayo y diciembre de 2014, después del fin de la campaña mediática por el secuestro de las niñas, se han producido un total de 2.539 fallecidos. Más de una cuarta parte de los muertos totales provocados por Boko Haram desde su paso a la violencia armada se ha producido en apenas ocho meses. ¿Quién ha informado de todas estas muertes y qué se está haciendo para evitarlas?

¿Qué está haciendo el gobierno nigeriano?

La respuesta por parte del gobierno de Goodluck Jonathan no ha sido muy adecuada. Tratan a Boko Haram como un simple grupo terrorista desconectado del ambiente en el que opera, que ha sido el que lo ha engendrado. Las fuerzas gubernamentales llevan a cabo tácticas de represión, mediante la matanza indiscriminada de supuestos miembros de la organización y de muchas personas que simplemente se encontraban en el sitio equivocado en el momento equivocado. Estas muertes de civiles inocentes por parte de las fuerzas gubernamentales parecen haber dado a Boko Haram cierto apoyo de la población, aunque esto no sea realmente así. Para Kate Meagher, a pesar de cierta simpatía que pudiese existir entre la población musulmana y la organización (por su postura crítica respecto a las élites del norte), el paso a la violencia armada ha hecho que ésta se pierda. Según datos del Pew Research Global Attitudes Project, el 80% de los musulmanes nigerianos tiene una visión desfavorable de Boko Haram.

Además, las tácticas militares empleadas para luchar contra la raíz del problema son contraproducentes. Los abusos que cometen las fuerzas gubernamentales, como el arresto de las familias de miembros de la organización, la destrucción de sus casas y las detenciones y asesinatos aleatorios de hombres jóvenes han dinamitado la posible cooperación de la población, y han exacerbado los sentimientos de rabia respecto al Estado. La formación de las Civilian Joint Task Force (CJTF) en Maiduguri, capital del estado de Borno, han supuesto un esfuerzo por parte de la población civil para cooperar en la detención de miembros de Boko Haram y entregarlos a las autoridades para protegerse de los abusos de los militares. Esto ha tenido un enorme coste humano en la población y ha demostrado la incapacidad del gobierno no sólo para proteger a la población del grupo terrorista, sino de sus propias fuerzas del orden.

Desde el gobierno incluso se afirma que Boko Haram ha conseguido penetrar el estamento militar. Esto se afirma debido a la existencia de casos en los que puertas abiertas o la ausencia de las patrullas de vigilancia facilitaron la realización de atentados contra las fuerzas de seguridad. Además, el gran número de armas en poder Boko Haram procedentes del Estado da que pensar sobre estas posibles conexiones. Y no sólo eso, en ocasiones en las que ambos bandos se encuentran, las tropas gubernamentales desaparecen ante la presencia de los terroristas. Por todo ello, el papel del ejército y del gobierno está en entredicho tanto por los nigerianos como por la comunidad internacional.

¿Y la comunidad internacional?

La respuesta internacional a Boko Haram ha consistido, principalmente, en incluir a la organización en las listas de organizaciones terroristas. Estados Unidos y Reino Unido lo hicieron en 2013, mientras que Naciones Unidas designó a la organización como una filial de al-Qaeda en 2014. No se cree, por parte de las agencias de inteligencia de distintos países occidentales, que Boko Haram tenga lazos tangibles con el terrorismo internacional. Sin embargo, el hecho de que sean incluidos en estas listas de organizaciones terroristas provoca que sus miembros y sus finanzas puedan ser perseguidos criminalmente. Reino Unido ha investigado posibles conexiones de la organización entre el más de millón de nigerianos que residen en el país sin hallar nada que afirme que la organización haya desembarcado en Europa.

Sin embargo, Goodluck Jonathan ha utilizado esta dimensión internacional de la organización para explicar las dificultades del gobierno nigeriano para terminar con la misma. Desde los países occidentales se ponen en duda que estas dificultades se deban a esta supuesta dimensión global de Boko Haram y, más bien, las atribuyen a las tácticas políticas y militares empleadas por el gobierno nigeriano, que en lugar de atacar la raíz del problema lo único que hacen es exacerbarlo.

Un camión en Nigeria promueve el hashtag #BringBackOurGirls, creado para crear conciencia sobre el secuestro de más de 200 niñas.

Tras el secuestro de las más de 200 niñas de Chibok, numerosos países ofrecieron su ayuda al gobierno nigeriano para luchar contra el grupo terrorista. Sin embargo, el gobierno ha dejado pasar estas ofertas en cooperación militar y de inteligencia, sin tener en cuenta que no se encuentra en posición de rechazar ninguna ayuda y menos de este carácter. Para los gobiernos occidentales es difícil involucrarse más allá de la cooperación técnica y material, puesto que la manera en la que están llevando a cabo la lucha contra la organización el ejército nigeriano y sus constantes violaciones de derechos humanos -no sólo contra los militantes, sino contra la propia población civil- imposibilitan una implicación en el terreno, cuyo único efecto serían predisponer aún más en contra a una población musulmana que ya sospecha de Occidente. En este sentido, Estados Unidos ha colaborado con entrenamiento militar y en labores de vigilancia mediante el uso de drones. Sin embargo, la negativa de Nigeria a aceptar los requisitos de rendición de cuentas y transparencia fiscal le ha privado de recibir ayuda militar por parte de Estados Unidos durante todo este tiempo. Además, la enmienda Leahy prohíbe el entrenamiento militar estadounidense de unidades extranjeras que violen los derechos humanos con impunidad. Por tanto, el presupuesto destinado por Estados Unidos en ayuda militar a Nigeria para el año 2015 asciende únicamente a 700,000 dólares, cifra claramente insuficiente.

 Sí es de destacar el papel de los países de la región en intentar una solución pacífica al conflicto. El presidente de Chad, Idris Déby, consiguió reunir a ambos bandos en Ndjamena desde el pasado mes de agosto. Estas negociaciones tuvieron como resultado la liberación de 27 rehenes. Boko Haram preocupa no sólo a las autoridades nigerianas, sino también a las de Chad, Níger, Malí, Camerún, y la posible conexión con los islamistas radicales en Libia. Mientras que Chad se ha mostrado muy implicado en el problema, con el envío de numerosas tropas para la Multilateral Joint Task Force (MJTF), Camerún, vecino inmediato y que cuenta con numerosa población musulmana en su zona norte, limítrofe con el norte de Nigeria, ha estado más dubitativo a la hora de cooperar en la lucha contra el grupo terrorista. Sin embargo, el ataque a objetivos dentro de su territorio ha hecho que esta cooperación aumente, especialmente la vigilancia de las zonas fronterizas, si bien no han aportado tropas a la MJTF. Por su parte, el gobierno nigerino también coopera con el permiso de alojamiento de drones en su territorio. Para estos países es muy preocupante que se establezcan lazos con los grupos terroristas que operan en el Sahel, tanto en Malí como en Libia.

Algunas propuestas para luchar contra Boko Haram

Para Kate Meagher, son cuatro las áreas principales que se deben tener en cuenta a la hora de luchar contra Boko Haram desde el ámbito internacional. En muchas de ellas coincide con las recomendaciones de John Campbell, por ello, las voy agrupar como sigue:

  1. Aumentar la voluntad política del gobierno nigeriano de acabar con el problema de Boko Haram, mediante la presión diplomática. Hay que pensar en la estabilidad del país y no en cálculos electoralistas. Además, sería conveniente la creación de foros de diálogo entre las distintas divisiones sociales. Por otro lado, los gobiernos occidentales no deben callarse antes las violaciones de derechos humanos perpetrado por las autoridades nigerianas, puesto que repercute negativamente en el trabajo de los activistas de derechos humanos nigerianos. Es necesaria la presión para que las elecciones de 2015 sean justas y limpias. Respecto a Estados Unidos, Campbell recomienda el establecimiento de un consulado de ese país en Kano, la retirada de visados a personas acusadas de delitos financieros y corrupción, y presionar para una renovación de la cultura militar y policial del país, que deje de equipararse en su comportamiento al de los terroristas contra los que luchan.
  2. Apoyo a las fuerzas de seguridad y doctrina de No hacer daño”. La intervención extranjera debe darse de acuerdo a la opinión de los nigerianos y teniendo en cuenta las sensibilidades religiosas de la población. Por ello es preferible el apoyo en otros aspectos, como el entrenamiento en derechos humanos, que revertiría en un aumento de la efectividad y la mejora de la cooperación ciudadana. Asimismo, es necesaria la asistencia en inteligencia y  dotar de equipo apropiado a los efectivos de seguridad para aumentar la efectividad y la moral de las tropas.
  3. Mejorar las condiciones de vida de la población. Hay que reconocer que el problema no es sólo de fundamentalismo islámico, sino de desigualdades económicas y sociales. Mejorando las condiciones de vida se termina con los focos de reclutamiento. Deben realizarse programas diferenciados para cada uno de los distintos sectores sociales, tanto de la población menos educada y centrada en el sector agrario como aquellos con estudios que no tienen salidas profesionales.
  4. Apoyo a las víctimas. La ayuda a las víctimas contribuye a reconstruir legitimidad del estado y evitar los resentimientos que pueden provocar el aumento del alistamiento y de la violencia. También es necesario prestar asistencia humanitaria a los desplazados y refugiados en los países vecinos y acometer la reconstrucción de las infraestructuras.

Por su parte, Patrick Smith hace énfasis en no regionalizar el conflicto y tratarlo dentro del marco nigeriano, abordando las causas locales que han sido el detonante del surgimiento de Boko Haram. Todas las recomendaciones anteriores van en ese sentido. Si bien el peligro que supone la posible conexión con grupos yihadistas y terroristas que operan en el Sahel implica la necesidad de contar con la cooperación de los países de la región, no se debe perder de vista que las causas locales son fundamentales y requieren de solución para evitar esa posible extensión del problema.

Foto de portada: Boko Haram secuestra 20 niñas más en Borno [Fuente: bisconworld.org]

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