10/07/2020 BARCELONA

Benjamin Netanyahu archivos | United Explanations

Bernat Miquel26/12/2014
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13min42180

Durante un discurso político en 1996, Yasser Arafat afirmó, refiriéndose a Palestina: “Tenemos la intención de eliminar el estado de Israel y establecer un estado palestino puro. Vamos a hacer la vida insoportable para los judíos a través de una guerra psicológica.” Éstas palabras podrían parecer irónicas si un líder palestino las pronunciara a día de hoy, en un momento en el que la autonomía del estado palestino es mínima y que tiene que enfrentarse a diario a un estado israelí que parece inclinarse cada vez más al conservadurismo derechista.

Prueba de ello es la reciente propuesta del gobierno de Netanyahu de la denominada “ley judía”, una norma que pretende reformar la Ley Básica de Israel -el equivalente a una Constitución- y definir el país como un “estado-nación judío”. Sin embargo, ¿qué ha traído a Netanyahu sugerir dicho cambio de estatus este noviembre? ¿Hay algo más detrás de este gesto simbólico?

El escenario político

No es un momento fácil para la política israelí. Con la configuración de la legislatura actual, vigente desde principios del 2013, el Likud -partido de Netanyahu, de ideología de centro-derecha- consiguió formar un gobierno de coalición con otras tres formaciones, dos de las cuales de ideología más centrista. Gobernar el país con esta coalición nunca ha sido sencillo. Gran parte de la culpa la tiene Netanyahu, que nunca cumplió a la totalidad con las promesas que hizo a los partidos centristas a cambio de su apoyo en el gobierno, como la reanudación de las conversaciones de paz con Palestina o las implementación de reformas económicas para solventar la crisis inmobiliaria del país.

Policía israelí prohíbe el paso a la mezquita de Al-Aqsa en octubre. Vía twitter.
Policía israelí prohíbe el paso a la mezquita de Al-Aqsa en octubre. Vía twitter.

Otro importante factor de la progresiva debilitación del gobierno de Netanyahu ha sido la escalada de la violencia de este verano entre israelíes y palestinos, que supuso un golpe de efecto a la crisis social y política del país: la polarización entre ambas partes se acentuó, y las políticas represivas del gobierno de Netanyahu contra el pueblo palestino aumentaron considerablemente, incluyendo el cierre a finales de octubre de la Explanada de las Mezquitas, uno de los más simbólicos lugares de rezo para los Musulmanes.

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Es a partir de este tipo de medidas cuando la crisis entre el primer ministro israelí y sus socios de gobierno –nada de acuerdo con las políticas cada vez más conservadoras de Netanyahu- se empieza a evidenciar fuertemente.

Sin embargo, la gota que colmó el vaso fue la propuesta de ley que Netanyahu presentó en este pasado noviembre, que pretende enfatizar el carácter judío del Estado de Israel a través de la exclusión de las minorías religiosas del país. La gravedad de la crisis en la que se encontraba el gobierno hizo que dicha propuesta de ley fuera solamente la gota que colmaba el vaso para la disolución del gobierno, en ningún caso la única razón de la crisis entre Netanyahu y sus aliados en el mando de la política israelí. Por lo tanto, es más que probable que cuando el premier israelí anunciara la propuesta de ley ya hubiera renunciado a seguir gobernando con sus socios de gobierno en esta legislatura, y estuviera ya pensando en una contexto preelectoral. De hecho, en la misma conferencia de prensa que anunció la propuesta de ley, Netanyahu pidió explícitamente el voto para su partido a los votantes de centroderecha y derecha en unas hipotéticas elecciones. Diez días después, el portavoz del Gobierno anunciaba elecciones anticipadas para el próximo marzo.

Por lo tanto, todo hace pensar que el anuncio de la norma que pretendía reformar la Ley Básica de Israel no se enmarcaba en un contexto de gobernabilidad, sino que fue una declaración de intenciones para su siguiente programa electoral.

La propuesta de ley

Ben Gurión proclama el Estado de Israel, en un museo de Tel Aviv. Vía Wikipedia.
Ben Gurión proclama el Estado de Israel, en un museo de Tel Aviv. Vía Wikipedia.

La mayor parte de la propuesta de ley no difiere mucho de la Declaración de Independencia de Israel de 1948: establece que Israel es el estado para el pueblo judío, se garantiza los derechos individuales de todos los ciudadanos a través de un sistema democrático y se establece al hebreo como lengua nacional. Sin embargo, la gran diferencia entre la Declaración y la propuesta de Netanyahu –redactado por la extrema derecha- radica en la exclusión de las minorías religiosas, especialmente de los Musulmanes, ya que el texto no explicita la igualdad entre los ciudadanos de Israel, y elimina el árabe como idioma co-oficial en un Estado donde residen casi un millón y medio de ciudadanos de origen árabe.

La reacción ciudadana

Como era de esperar, la reacción de la comunidad Palestina residente en Israel ha sido de absoluto rechazo a la propuesta de ley. Como apuntó el presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas, “los palestinos nunca reconoceremos el carácter judío del estado de Israel”. Varias voces de la sociedad civil palestina tienen una visión que va más allá de la marginación del pueblo palestino. Este es el caso de activistas como Ghada Karmi, quien afirmó en su cuenta de Twitter que el texto propuesto por Netanyahu “hace de Israel un estado apartheid oficialmente”. Así pues, lo que consigue Netanyahu con este texto es distanciarse –aún más si cabe- de los ciudadanos israelíes de origen no judío. Este hecho puede ser extremadamente peligroso, especialmente en una sociedad en que el 25% de ciudadanos no son judíos, y que cuenta con altos niveles de violencia física, cultural y estructural.

La propuesta de ley, no obstante, tampoco parece haber convencido, en general, a la opinión pública de la comunidad judía israelí. Según me cuenta Tal, un estudiante judío de Tel Aviv, en la mayoría de casos la ley decepciona entre la población. “El rechazo a la ley es particularmente notoria entre la comunidad de estudiantes, donde ninguno de mis compañeros (ni los de derechas) entiende la necesidad de una ley como esta en un tiempo como este”. Además, los medios de comunicación de más repercusión en Israel se han manifestado explícitamente en contra: “Los socios de gobierno de Netanyahu que se opusieron a su texto recibieron un gran apoyo de la mayoría de medios”, afirmaba Tal.

¿Y ahora qué?

Los próximos meses de política en Israel se prevén altamente complicados y complejos. Por un lado, los partidos se preparan por un proceso electoral cuyo resultado es incierto. De este se subyacen dos posibles grandes escenarios: uno, el de la continuidad, que consolidaría al poder al nuevo Netanyahu, más conservador que nunca. El otro, el del cambio, en el que una coalición de partidos de centro y centroizquierda propondría un gobierno más integrador y progresista.

Por otro lado, Israel se debate entre la consolidación de los derechos democráticos de su ciudadanía y la discriminación religiosa. Mientras que los poderes occidentales esperan que Israel consolide su sistema democrático, éste no acaba de afianzarse en el país debido a la renuncia indefinida de los gobiernos israelíes –en mayor o menor medida- de no tratar a sus conciudadanos por igual, independientemente de la religión que profesen. Es como si a un coche antiguo le pusiéramos un chasis nuevo: por muy bonito y moderno que pudiera parecer, el coche nunca iría con la precisión, la velocidad o la determinación que uno desearía.

Foto de portadaPoster de campaña de Netanyahu, por zeevveez (Jerusalem). Vía Wikipedia.

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