28/06/2022 MÉXICO
Bárbara Ojeda25/05/202210min15410

¿En qué pensamos cuando hablamos de ciudades con perspectiva de género?


En nuestras sociedades, las ciudades son uno de los ámbitos en los que se perpetúan los roles de género y la división del trabajo según el género. En ese sentido, las ciudades son diseñadas y organizadas sin tener en cuenta que las formas en que las mujeres habitan, se mueven y trabajan en ellas. De manera que no son iguales que las de los hombres. Así, es hora de poner en discusión la producción socioespacial de nuestras ciudades actuales creadas por y para los hombres.

Las ciudades, al ser construidas pensando solamente en un usuario “masculino”, restringen el acceso de las mujeres al desarrollo económico y social. Al momento de construir ciudades no se suele tener en cuenta las necesidades de las mujeres. Esto se debe a que el entorno urbano está pensado a partir de las actividades relacionadas con la producción y el mercado de trabajo, tradicionalmente destinada a los hombres, dejando de lado las necesidades específicas de las mujeres que realizan tareas de “reproducción”; como el cuidado de niños y adultos mayores, las tareas del hogar, etc. Esto lleva a que, por un lado, se infravaloren las tareas reproductivas que tienen un rol central para el desarrollo de la economía de un país, y por otro, se perpetúen las desigualdades de género a gran escala.

Una mirada micro

Un ejemplo claro de estas desigualdades que se dan en el entramado urbano se puede encontrar en el uso del transporte público y los patrones de movilidad. En América Latina y el Caribe más del 50% de los usuarios de transporte públicos son mujeres, pero la mayoría de los sistemas de transporte público de la región no tienen en cuenta las necesidades de ellas. Las mujeres no hacen los mismos recorridos que los hombres, sus patrones de viajes no suelen ser uniformes debido a que muchas veces deben combinar sus recorridos a sus trabajos con las compras diarias, con viajes a las escuelas o guardería en caso de tener niños a su cargo, con desplazamientos a centros médicos, etc. Por eso, es necesario que se creen facilidades para transitar con cochecitos y se agreguen más paradas o combinaciones de rutas para que las mujeres no tengan que realizar extensos recorridos de un lugar al otro en calles poco concurridas.

Fotografía [Pixabay]

Problemas anexos contra la seguridad de las mujeres

Por otro lado, otro aspecto central al que se deben enfrentar las mujeres en las ciudades es la violencia de género en espacios públicos y la falta de seguridad. Es una realidad que las mujeres sufren de acoso sexual en mayor medida que los hombres, lo que deriva en que no puedan moverse en el espacio público de la misma manera que los varones. Por ejemplo, en México más del 65% de las mujeres que utiliza transporte público ha sufrido acoso sexual durante un viaje, y el 68% de las mujeres en Quito, Ecuador, manifiestan haber experimentado acoso sexual en espacios públicos.

En favor de construir ciudades más seguras e igualitarias se debe poner más iluminación en las calles, especialmente en los espacios peatonales y en las paradas del transporte público. Además, políticas dirigidas a sancionar el acoso sexual en los espacios urbanos son centrales. Esto lo ilustra el caso de la ciudad de Quito, donde se implementó el programa “Bájale al acoso”, que tiene como objetivo disminuir el acoso sexual en medios de transporte público y mejorar la respuesta en casos de violencia de género. De hecho, la efectividad de esta medida se puede ver reflejada en una disminución del acoso sexual en el ámbito del transporte en la ciudad de Quito.


Retrato de una joven mujer con una leyenda pintada en la frente en la que se lee: “No es no”, mientras participa junto a miles de personas (principalmente mujeres), en una manifestación por las calles de Madrid el domingo 25 de noviembre de 2018, durante la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en Madrid (España). [Fotografía: Hugo Ortuño Suárez]

Por último, no solamente es necesario que se diseñen ciudades pensando en las necesidades de las mujeres, sino que las mismas deben ser creadas y planificadas por mujeres. El sector de la construcción y la planificación es llevado a cabo mayormente por hombres en toda América Latina y el Caribe. Por ejemplo, en Argentina solamente el 4% de las personas que se dedican a la construcción son mujeres. Si queremos crear ciudades que tengan en cuenta el uso que hacen de los espacios públicos las mujeres, se las debe incluir en los debates, en los procesos de diseño y en la toma de decisiones al momento de pensar la construcción de nuestros espacios urbanos. Entonces, es central que las voces de las mujeres sean escuchadas con las sugerencias que tengan para aportar como ciudadanas y como trabajadoras de la construcción y arquitectas para que sus experiencias cotidianas y necesidades sean tomadas en consideración en el diseño de intervenciones urbanas y políticas públicas.

Conclusión

En fin, las mujeres y los hombres asumen diferentes tareas y responsabilidades derivadas de la división sexual del trabajo y de los roles de género impuestos, lo cual se plasma en la relación que cada uno tiene con el entorno. Sin embargo, esto es dejado de lado poniendo atención solamente a la esfera del trabajo, cuando la realidad es que las tareas reproductivas y de cuidado, tradicionalmente asignadas a las mujeres, no solamente se dan en la esfera privada, sino que también se extienden al ámbito público. Así, en las ciudades se terminan reproduciendo patrones socioespaciales que perpetúan los roles de género al favorecer las actividades productivas en detrimento de las actividades reproductivas. Esto lleva a que haya una desvalorización e invisibilización de las tareas reproductivas y de cuidado llevadas a cabo por mujeres. Aquí, la perspectiva de género en el urbanismo y en la planificación de las ciudades pone de relieve que las mujeres son agentes de derechos y, en relación con eso, pone el foco en la incorporación de las mujeres, con sus experiencias y vivencias cotidianas en los espacios urbanos, en los procesos participativos de diagnóstico, transformación y evaluación de políticas urbanísticas más inclusivas e igualitarias.

Esta es una explicación sin fines de lucro.

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Bárbara Ojeda


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