13/08/2020 BARCELONA

La lucha por medir la economía sumergida

La economía sumergida está a la vista de todos. Sin embargo, precisar su tamaño es muy complicado, aunque es esencial para estimar su impacto sobre los impuestos, la renta media o el desempleo de la población.

La economía sumergida está a la vista de todos. Sabemos que hay alquileres que no se declaran, obras que no se facturan, jornaleros empleados con un apretón de manos, y falsos autónomos en oficinas por todo el país. Todos sabemos que una parte de la actividad económica ocurre de espaldas a la legalidad y los impuestos, como un submarino que huye del radar.

Sin embargo, precisar el tamaño de la economía sumergida es muy complicado: la gente no registra sus acuerdos informales, ni lleva una contabilidad pública de los impuestos que deja sin pagar. Podemos medir las irregularidades que detectan las autoridades, pero eso sirve de muy poco porque nunca acabamos de saber si se detectan muchas porque son frecuentes o porque se persiguen bien.

Estas dificultades han dado lugar a toda una literatura, sobre la que hablaremos luego, pero antes veamos algunos datos.

La economía sumergida alrededor del mundo

El gráfico muestra el tamaño estimado de la economía sumergida para los 34 países de la OECD. Los datos provienen del trabajo de Elguin y Oztunali (2012) y se han obtenido a partir de un modelo matemático.

Elaboración: Kiko Llaneras – Politikon

  • La economía sumergida para estos países tiene un tamaño que equivale a entre el 10% y el 30% del de la economía oficial.
  • En la OECD la economía sumergida equivale al 18% de la oficial, mientras que en España se va hasta el 22% (ambas cifras de 2009).
  • La posición de España (12 de 34) es más o menos la que uno esperaría. Cerca de Portugal, no lejos de Bélgica, y bastante mejor que Grecia e Italia.

Una ventaja de los estimados de Elguin y Oztunali es que los obtienen sin necesidad de datos sofisticados y gracias a eso han podido construir series que se remontan hasta los años cincuenta.

A continuación tenéis las series que estiman para los 34 países de la OECD, con España destacado. (Tengo que agradecer a los autores que me enviasen el detalle de estos datos cuando se los pedí.)

Elaboración: Kiko Llaneras - Politikon
Elaboración: Kiko Llaneras – Politikon

  • Según estas estimaciones, en España la economía sumergida se ha reducido a la mitad desde 1950, pasando del 45% al 22%. Se redujo mucho antes de los setenta y más lentamente a partir de ahí.
  • La economía sumergida tiende a reducirse en todos los países que hoy forman la OECD. Además se observa una fuerte convergencia en torno al 20%. En algunos países la reducción fue enorme, como en Corea, Turquía, Grecia o España.

¿Qué ha ocurrido durante la crisis?

El trabajo de  Elguin y Oztunali solo ofrece datos de 2009 y no nos dice nada sobre el impacto de la crisis. Pero pensemos. Por un lado es probable es que la economía informal sufriese también la recesión, reduciendo su actividad en cifras absolutas. Sin embargo, a menudo se dice que un efecto de la crisis es «hundir» actividad económica —por ejemplo, cuando un autónomo se da de baja y continua trabajando sin declararlo—. Por otro lado, como la burbuja se asoció al dinero negro, es plausible que la economía sumergida se redujese al explotar la burbuja. En definitiva, hay mecanismos contrapuestos y no sabemos a ciencia cierta cuál de ellos habrá dominado.

Afortunadamente tenemos algunos datos. Un informe de Gestha observó un crecimiento de la economía sumergida del 1,1% entre 2009 y 2013, mientras que un informe académico que suele usarse como referencia no observó cambios en el mismo periodo (Schneider III). Quizás la economía sumergida ha crecido con la crisis, pero parece que no mucho.

¿Son fiables estás cifras?

Como dije al principio, medir la economía sumergida es complicado y todas las estimaciones deben interpretarse como grano grueso. Algunas estimaciones se basan en encuestas o entrevistas —con los problemas obvios—, otras veces usan métodos econométricos (modelos MIMIC) o medidas indirectas como proxy (por ejemplo comparar cifras de empleo registrado y empleo declarado, o el PIB oficial con el consumo de electricidad o la circulación de billetes). Tenéis detalles sobre las alternativas en este artículo de Antonio Cabrales. En su caso, Elguin y Oztunali usan un modelo de equilibrio general con dos sectores (economía oficial y sumergida), lo ajustan de acuerdo con variables observables, y una vez calibrado lo usan para estimar el tamaño (inobservable) de la economía sumergida.

Mi impresión —no especialmente valiosa—, es que es un trabajo serio y que sus estimados sus útiles para comparar entre países y a lo largo del tiempo. Además, las cifras que resultan están en consonancia con otros trabajos. Schneider (I,II) da cifras parejas: economías sumergidas del 27-30% para Grecia e Italia, 20-24% para España, Bélgica y Portugal, 18-23% para Suecia y Dinamarca, y en torno al 10% para EEUU, Suiza o Japón.

¿Por qué importa medir la economía sumergida?

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J.R.Mora en Gurusblog

La economía sumergida es un fenómeno poco conocido: todavía no está claro si es mayor en países ricos o pobres, no sabemos la intensidad con que los impuestos la hacen aflorar, ni si la corrupción y la economía sumergida son complementarias o más bien sustitutas una de otra.

Averiguar estas y otras cosas importa por varias razones.

La primera es conocer la relación entre la economía sumergida y los impuestos (y cotizaciones). Las subidas de impuestos empujan a gente a la economía sumergida —esto lo sabemos—, erosionando las bases imponibles, hasta el punto de que pueden reducir la recaudación. Esto no ocurre siempre, pero puede ocurrir. Por eso medir cómo evoluciona la economía sumergida es útil. Especialmente en un país que, como el nuestro, lucha por recortar su déficit. Lo que sabemos sugiere que quizás no será fácil conseguir a la vez (a) una mayor recaudación vía más impuestos y (b) perseguir la economía sumergida con intensidad, porque al hacer lo primero estaremos induciendo lo segundo.

Otra razón, si cabe más importante, es que mientras desconozcamos cómo evoluciona el tamaño de la economía sumergida nuestras estadísticas serán incompletas y nos enviarán señales confusas: la renta media o el nivel de desempleo serán malos indicadores de la realidad de un país… y por tanto guiarán mal nuestras políticas públicas. ¿Cómo vamos a tomar las decisiones correctas si no sabemos qué está ocurriendo? Además, mientras la economía sumergida sea una caja negra, tendremos que escuchar voces que quitan hierro a las estadísticas oficiales —26% de paro, millones de hogares sin ingresos— a golpe de percepciones inmedibles sobre el papel de la familia o el trabajo informal.

Artículo originalmente publicado por Kiko Llaneras en Politikon.

Foto de portada: Economía sumergida vía Juanjo R Flickr.

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