04/08/2020 BARCELONA

El (irrelevante) papel de las sanciones a Corea del Norte

42 días después de que Corea del Norte lanzara el cohete de largo alcance Unha-3, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptó el pasado día 23 de enero y por unanimidad, la Resolución 2087. Una más de una larga lista.

The desire of one power for absolute

security means the absolute insecurity

of all the others H. Kissinger 

Una Resolución más

42 días después de que Corea del Norte lanzara el cohete de largo alcance Unha-3, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptó el pasado día 23 de enero y por unanimidad, la Resolución 2087. Esta resolución se añade a la larguísima lista de sanciones internacionales que acumula el país asiático en el último par de décadas. Tan sólo desde 2006, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha realizado seis resoluciones con el objetivo de sancionar a Corea del Norte, salen prácticamente a una por año.

En la misma línea que las anteriores, la Resolución 2087 tiene por objeto aislar todavía más al régimen de Pyongyang con el objetivo de acabar con sus ambiciones nucleares y generar un marco que permita una vigilancia más estricta a su programa armamentístico. De forma muy resumida, la 2087 invita a la dinastía comunista a desarmarse mediante la eliminación de sus misiles balísticos, armas e instalaciones nucleares. Además, los miembros del Consejo reconfirman las sanciones implementadas en resoluciones anteriores, y añaden en su lista negra 6 organizaciones y 4 personas, directamente relacionadas con el último lanzamiento del cohete norcoreano.

Pero al igual que después de las anteriores sanciones, Corea del Norte seguirá en su línea y ya ha anunciado nuevos test nucleares para este año. Uno se puede preguntar, por qué a pesar de las sanciones, no se desencalla el conflicto.

Un conflicto abierto

Durante las últimas décadas, la comunidad internacional en general y los Estados Unidos en particular han intentado negociar un desmantelamiento del programa nuclear norcoreano que sea integral, verificable e irreversible. El programa nuclear de la República Popular Democrática de Corea incluye el desarrollo de armamento nuclear, como los misiles balísticos Tapeodong-1 y 2, los BM-25 o el polémico cohete de largo alcance Unha-3, además de la exportación de su propia tecnología a otros países como Pakistan, Cuba o Irán. Desde verano de 2006, Corea del Norte posee ojivas nucleares y está calculado que, a un ritmo de dos por año, ya han fabricado alrededor de una docena. Las negociaciones para una desnuclearización han pasado por periodos de progreso, crisis y estancamiento, dejando al país asiático a día de hoy como un reto a los tratados de no proliferación nuclear que debe ser abordado.

La realidad es que la República Popular se encuentra virtualmente aislada del resto del mundo occidental desde su fundación y que esto no ha hecho más que agravarse después de la caída del bloque soviético y la evolución política que ha sufrido su país vecino e histórico aliado, China. A día de hoy, y a diferencia de Irán, la repercusión de las sanciones internacionales tiene un papel muy diluido ya que un nuevo embargo internacional no cambia de forma sustancial una estructura socioeconómica prácticamente independiente de por sí. En todo caso, este tipo de acciones polarizan todavía más la actitud de la nación contra todos los actores internacionales y justifica su carrera armamentística a toda costa. Es un país que se siente permanentemente amenazado y que, en consecuencia, ha desarrollado misiles balísticos que, con mayor o menor puntería, pueden alcanzar cualquier objetivo en un radio de 6000 km. Sólo con sus misiles Taepodong, Corea del Norte ya podría desencadenar conflictos de incalculable magnitud a escala planetaria.

Las alternativas

Aunque algunos analistas nucleares ‘optimistas’ afirman que la comunidad internacional debería adoptar una actitud de laissez-faire en relación a los programas nucleares de Corea del Norte y otros países, los argumentos para una política activa en contra la amenaza nuclear parecen más convincentes. El análisis de las políticas domésticas revela que la estructura de las organizaciones y burocracias de los propios estados funcionan siguiendo su lógica interna, conduciendo, a menudo, a tomar decisiones en la esfera internacional que no responden necesariamente a los intereses de la nación si no a sus intereses particulares.

En cualquier caso, aplicando políticas de laissez-faire o no, parece altamente improbable que Corea del Norte pase al ataque por el momento puesto que una actitud agresiva no sería ventajosa para nadie. Si decidiesen utilizar su arsenal nuclear contra su vecino del sur o contra los Estados Unidos, estos últimos la borrarían, literalmente, del mapa. A pesar de tener armamento nuclear y el cuarto mayor ejército del mundo (el primero en número de soldados si se tienen en cuenta los reservistas) su escasa docena de cabezas nucleares no puede comprarse con las cerca de 8.000 bombas atómicas y tecnología militar de las que dispone Washington. Por otro lado, Corea del Norte puede dormir relativamente tranquila, puesto que nadie va a atacarla. La comunidad internacional prefiere esperar expectante la deriva del moribundo régimen comunista esperando que este colapse por su propio peso. Es una estrategia mucho más barata que la de empezar una guerra de consecuencias imprevisibles contra un enemigo inferior pero con un alto poder destructivo. Por otro lado, nadie sabe qué podría pasar si el país eventualmente colapsase. La teoría de juegos demuestra que las personas están inclinadas a tomar decisiones más arriesgadas en situaciones comprometidas y esto implica que la cúpula norcoreana podría lanzar un eventual ataque como medida desesperada.

Con tal de tratar con Corea del Norte y desencallar el conflicto, estrategias de corte suave deben ser adoptadas. Las políticas duras del tipo aislamiento o ataque, sólo radicalizan más al país asiático mientras que una actitud de laissez-faire es altamente irresponsable a la espera de la evolución del país. Por el contrario, políticas en contra de la demonización del régimen asiático pueden ser útiles a la hora de integrar Pyongyang en la comunidad internacional. Una Corea del Norte integrada al sistema internacional puede conducir al país a reconsiderar su permanente estado de excepción y la necesidad de seguir con su carrera armamentística a expensas del bienestar de su población.

Una solución blanda

El insistente comportamiento de Corea del Norte indica que el régimen de Pyongyang hará todo lo posible con tal de sobreponerse a los vetos internacionales y continuar con su proliferación nuclear y el desarrollo de misiles de largo alcance. Es una reacción totalmente racional a pesar de que algunos intenten argumentar lo contrario. Las sanciones sólo sirven para incrementar la percepción de amenaza que representa el resto del mundo para el país. A causa de su aislamiento político y económico, el régimen seguirá siendo capaz de continuar con sus políticas a expensas de lo que la comunidad internacional piense de ella. Llevar a Corea del Norte a un paradigma más interconectado, permitiendo, entre otras cosas, que se beneficie del comercio internacional, parece ser una forma efectiva de cambiar la situación a mejor. No es la única forma de abordar el conflicto, pero las otras estrategias pueden detonar reacciones adversas demasiado caras de asumir para el mundo. La asistencia al desarrollo económico implicaría la modernización del país, y esta lo ligaría a la red de interdependencia en la que los otros países operan. Corea del Norte es un poder militar que vive de forma cuasi independiente y en permanente tensión con el resto del mundo. Su realidad doméstica y su capacidad nuclear la convierten en un agente  imprevisible a largo plazo. Mostrar los beneficios de formar parte del sistema internacional sin darles motivos por los cuales desconfiar, conduciría en última instancia a la pacificación del país y la región.

Los pasos para institucionalizar el proceso de paz están todavía por dar. Los obstáculos, mostrados en los acercamientos hechos hasta ahora, existen y no puede esperarse un cambio de forma inmediata. Por esto, se ha de esperar un largo proceso de negociación ya que la construcción de la paz requiere tiempo y sinergias. Con tal de conseguir una solución definitiva, la coordinación de los poderos regionales y globales es esencial. Corea no necesita ser demonizada por el resto del mundo sino conectarse a él.

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4 comments

  • lili escudero

    05/03/2013 at

    excelente artículo!

    Reply

    • Marc

      10/03/2013 at

      🙂 gracias!

      Reply

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