07/04/2020 BARCELONA

Ciberguerra, Internet y Relaciones Internacionales en el siglo XXI

En el siglo XXI, la capacidad que pequeños países tienen de adquirir un poder militar comparable al de superpotencias como EEUU, es casi nula. Sin embargo, la sociedad de la información está modificando las lógicas del campo de batalla y otorgando un creciente valor a la información como activo estratégico de un Estado.

En el film de 1959, “The Mouse That Roared” se narra, de forma absurda e hilarante, la instauración de un nuevo orden internacional, que garantiza la paz mundial y que es liderado por el más diminuto país del mundo. En plena guerra fría, el Ducado de Fenwick, es un pequeño Estado ficticio de no más de 25 kilómetros cuadrados y una básica economía agrícola. Es regido por una desactualizada monarquía medieval y sus fuerzas armadas se componen de un Mariscal, tres soldados y veinte expertos arqueros. No obstante, logra imponerse sobre todas las superpotencias mundiales. ¿Cómo adquiere este poder? Por casualidad. ¿Cómo lo ejerce? Mediante la disuasión.

Agobiados por su eventual bancarrota, este pequeño Estado decide declarar la guerra a EEUU, con el preciso objeto de perderla y así, financiar su recuperación económica, con las indemnizaciones por su derrota. Sin embargo, a consecuencia de una serie de absurdas coincidencias, el Ducado de Fenwick, adquiere el arma nuclear más sofisticada y poderosa del mundo: La “bomba Q”. De pronto, sin quererlo y ni planearlo, el país más pequeño y débil del mundo se transforma en la mayor superpotencia mundial.

En el siglo XXI, la capacidad que pequeños países tienen de adquirir un poder militar comparable al de superpotencias como EEUU, es casi nula. Sin embargo, la sociedad de la información parece estar modificando las lógicas del campo de batalla y otorgando un creciente valor a la información como activo estratégico de un Estado. Poseer el mayor portaviones del mundo, es una cosa; tener el control de los sistemas informáticos que lo gobiernan, es otra. Esta distinción permite admitir, que un pequeño Estado, con un ejército de un Mariscal, tres soldados y veinte expertos informáticos, logre adquirir si bien no el mayor poder del mundo, un poder amenazante, haciendo click en un mouse.

En Mayo de 2007, Estonia, un pequeño Estado del Norte de Europa, sufrió un ataque informático que bloqueó por varias horas los sitios web de órganos y servicios públicos, entes financieros y medios de comunicación. No se produjeron daños a la propiedad tangible ni a las personas, pero la pérdida de confianza en la seguridad que tales instituciones ofrecían influyó inmediata y negativamente en la bolsa internacional. Si bien la ejecución del ataque pudo haber sido efectuada por civiles, según expertos, el ataque supuso al menos la coordinación de recursos por parte de Rusia.

En julio de 2011, la firma consultora Booz Allen Hamilton, uno de los más importantes contratistas de seguridad informática del Ministerio de Defensa de EEUU sufrió, irónicamente, un ataque informático. Esta irrupción implicó el robo de información sensible y 90.000 contraseñas de e-mail. El rastreo del ataque, sugirió de forma no concluyente, que servidores ubicados en China habrían estado involucrados en la operación.

La OTAN identifica la ciberguerra en su nuevo Concepto Estratégico de Seguridad

El Concepto Estratégico de la OTAN aprobado en la Cumbre de Lisboa el pasado noviembre de 2010, los ciberataques se consideraron uno de los principales riesgos. En el llamado Informe Solana de diciembre de 2008, a los cinco años de la aprobación de la Política Europea de Seguridad y Defensa (PESD) de la Unión Europea, también se consideró necesario incluir esta amenaza entre las principales a tener en cuenta.

En Agosto de 2011, Mitsubishi Heavy Industries, el mayor contratista de defensa de Japón fue víctima de un ataque informático que significó la pérdida de información clasificada sobre submarinos, misiles y plantas nucleares. El rastreo del origen de los ataques, permitió comprobar la localización de los servidores involucrados en el asalto informático, pero la atribución de responsabilidad por ciberataques es un puzle jurídico cuyas piezas aún no logran encajar pacíficamente.

En la película The Mouse That Roared, el pequeño Ducado de Fenwick, utiliza su incontrastable poder con el objeto de garantizar la paz en el mundo. Por supuesto, esta es sólo una comedia sarcástica. Lamentablemente, las Relaciones Internacionales, admiten con frecuencia dramas y tragedias.

La ciberguerra, el ciberespionage y en general, la revolución de las comunicaciones, son fenómenos que modelarán las relaciones internacionales en el siglo XXI. La información y la tecnología dejaron de ser elementos exclusivos del arsenal bélico del Estado. Hoy son herramientas cotidianas de la sociedad civil. La Primavera Árabe y los ataques informáticos citados en este artículo son temprana evidencia de ello.

Así como la adquisición de la “Bomba Q”, permitió al insignificante Ducado de Fenwick, alzar su voz y participar directamente en el contexto internacional, la Internet y las tecnologías de la información, comenzaron ya ha aumentar el poder con que los individuos pueden actuar e influir directamente en dicho contexto.

Ésta es una explicación sin fines de lucro

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Victor Luke


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