11/08/2020 BARCELONA

Gadafi y los líderes europeos: ¿Falta de memoria o business as usual?

Gadafi ha reaccionado a las protestas que han tenido lugar en Libia con una represión sin precedentes que está llevando al país al borde de una guerra civil. Sus antiguos aliados europeos se miran extrañados ante la actitud de su ayer compañero de negocios, ahora convertido en un criminal de guerra: ¿quién podía haberse esperado que Gadafi hiciese algo así?

De excluido a invitado de honor y actor repudiado

El último capítulo de la ola de revoluciones en el mundo árabe ha tenido como protagonista el Estado libio. El pasado 15 de febrero estalló una revuelta popular en Bengasi, al este del país, inspirada en las revoluciones de Túnez y Egipto, y que está llevando al país al borde de una guerra civil.

Durante las décadas de 1970 y 1980, Libia llevó a cabo una agresiva política exterior que incluía la financiación de grupos terroristas y rebeldes de todo el planeta. Esta actitud convirtió a Libia en un auténtico “Estado paria”, sancionado por la ONU y excluido de la sociedad internacional. No obstante, en los últimos años, la atracción que ejercen los hidrocarburos y la inversión libia, así como la contención del terrorismo islamista y la inmigración ilegal, han hecho de Libia un aliado fundamental de los países de la Unión Europea.

Las declaraciones de Muammar Al-Gadafi durante los últimos días, en las que afirma que quiere morir como un mártir y que luchará “hasta la última mujer y el último niño”, han puesto los pelos de punta a la comunidad internacional. Las informaciones que llegan desde Libia confirman la existencia de un desastre humanitario de grandes proporciones, con miles de refugiados que se agolpan en las fronteras y múltiples atrocidades perpetradas por las fuerzas de seguridad libias y grupos de mercenarios.

Esta dura represión ha generado una unánime ola de repulsa internacional. Gadafi, quien apenas hace unos meses era un compañero de negocios muy buscado por parte de las potencias europeas, se ha convertido ahora en un criminal de guerra. Pero, lo que está sucediendo no debe sorprender a nadie: si prestamos atención a la trayectoria del dictador, veremos que nunca ha dejado de ser un excéntrico  megalómano sin escrúpulos a la hora de ordenar la muerte de civiles.

Gadafi: ascenso e ideología

Tras un periodo de colonización italiana (1911-1943) Libia alcanzó la independencia en 1951, convirtiéndose en una monarquía hereditaria gobernada por el rey Idris. Pero la monarquía no duró mucho: en 1969, un joven coronel de 27 años, procedente de una familia beduina, le arrebató el poder al rey, convirtiéndose en el Jefe de Estado y su principal ideólogo.

La ideología de Gadafi: El libro verde

Desde la revolución, el objetivo de Gadafi ha sido diferenciar su país del resto del mundo. Así pues, cuatro años después de llegar al poder puso en marcha lo que ha denominado una verdadera “revolución cultural”, basada en una ideología que denominada “la tercera teoría”, alternativa al capitalismo y al comunismo. La ideología de Gadafi se ha plasmado en su “Libro Verde”, completado a finales de la década de 1970[i].

En este libro, Gadafi expone unas ideas que son una mezcla confusa entre socialismo, populismo e islamismo. Gadafi renombró el Estado en 1977 denominando el Nuevo sistema como “a jamahiriya”, traducido como “Estado de las masas”. En teoría, este Estado está basado en una descentralición del poder en manos de varios comités populares, pero en la práctica Gadafi aprovechó está descentralización para quitar el poder a los gobernadores y oficiales, siendo él la última autoridad en el país, que no cuenta con ninguna Constitución que limite el poder del líder.

En lo que respecta a su política internacional, ésta ha estado basada en el panarabismo, intentando unir Libia con otros estados árabes (como Libia con Egipto y Siria, y Libia con Túnez), y el panafricanismo, con diversas campañas por la unidad Africana desde los años 90, cuando propuso crear los “Estados unidos de África”.

Libia: economía y población

Libia es un enorme país, cubierto en su mayoría por desierto, y con escasa población (6.5 millones en 2010),  la granmayoría concentrada en la costa. La estructura de la población libia es particular y muy compleja: si bien los libios nativos son fundamentalmente bereberes, las diferentes invasiones turcas y árabes, junto con pueblos beduinos y tuaregs procedentes del desierto, han compuesto un confuso mosaico de pueblos.

En lo que respecta a la economía, desde que el petróleo fue descubierto en 1959, los hidrocarburos se han convertido en el centro de la vida económica libia. La sequedad del terreno, las temperaturas extremas y la falta de agua, dificultan el desarrollo de la agricultura (Libia importa el 75% de sus alimentos). Además, el sector servicios, sobre todo el turismo, están poco desarrollados, lo que repercute en una alta tasa de paro (en torno al 20%), la más alta de la región.

Las rentas procedentes del petróleo han convertido a Libia en uno de los países con la renta per cápita más alta de África (12.020 $ por persona/año, según datos del Banco Mundial). Pero a pesar de esta riqueza, los beneficios del petróleo no llegan a las capas más bajas de la población: según la CIA, un tercio de los libios viven por debajo de la línea de pobreza.

Además de las privaciones económicas, la población libia ha sufrido décadas de dura represión. Durante las décadas de 1970, 1980 y 1990, se produjeron centenares de casos de desaparición forzada y otras violaciones graves de derechos humanos, todavía sin resolver, en las que estuvo implicada la temible “Agencia de Seguridad Interna”. Según el Informe de Amnistía Internacional 2010, esta Agencia sigue actuando con impunidad en el país, sobre todo contra los disidentes y los defensores de derechos humanos. La libertad de expresión, asociación y reunión siguen estando gravemente restringidas.

Las relaciones internacionales de Libia: de un Estado paria…

Durante las décadas de 1970 y 1980, Gadafi usó los fondos del petróleo para promover su particular ideario político fuera de Libia. Embaído por una ideología anti-occidental y anti-sionista, Gadafi financió un amplio espectro de grupos armados, entre los que destacan varias organizaciones palestinas –como por ejemplo el comando que planeó y ejecutó el denominado “Septiembre Negro” en las Olimpiadas de Múnich de 1972-, y el IRA (Irish Republican Army), grupo al que proporcionó fondos y armas.

La presunta implicación de Libia en varios actos terroristas cometidos en suelo europeo, en concreto el atentado contra la discoteca “La Belle” en Berlín Oeste, muy frecuentada por militares estadounidenses, llevó a EEUU a bombardear Libia en 1986. El ataque de la aviación norteamericana, cuyo objetivo principal era el propio Gadafi y su familia, destrozó su palacio presidencial y se cobró la vida de una hija adoptiva del dictador.

La respuesta de Gadafi no se hizo esperar, y se propuso devolver el golpe financiando diversos actos terroristas destinados a matar civiles estadounidenses y de sus países aliados, como el perpetrado contra el vuelo 103 de Pan Am, conocido como el atentado de Lockerbie, en 1988, y el atentado contra el vuelo 772 de la compañía francesa UTA, en 1989.

Estos actos indiscriminados contra civiles convirtieron a Libia en un Estado paria, y a Gadafi en el “perro loco de Oriente Próximo”, tal y como lo denominaba Ronald Reagan. Las sanciones de EEUU y de la ONU, así como la ruptura de relaciones diplomáticas con numerosos países, mantuvieron a Libia fuera del juego internacional entre 1986 y 1999.

El atentado de Lockerbie

En 1988, un avión de la compañía estadounidense PanAm que volaba de Londres a Nueva York, explotó mientras sobrevolaba la ciudad de Lockerbie, en el norte de Escocia. Un total de 259 personas murieron en la explosión, la mayoría ciudadanos estadounidenses, así como 11 habitantes del área de Lockerbie, al caer restos del fuselaje del avión encimas de sus viviendas.

Las investigaciones revelaron que los autores materiales del atentado, que se llevó a cabo mediante una maleta bomba, eran dos ciudadanos libios, probablemente bajo las órdenes de los servicios secretos libios. La negativa de Gadafi de extraditar a los sospechosos al Reino Unido desencadenó las sanciones de la ONU, impuestas en 1992.

Finalmente, en 1999 Gadafi accedió a extraditar a los autores materiales del atentado de Lockerbie, que fueron juzgados en La Haya. En 2003, Gadafi asumió la responsabilidad del atentado de Lockerbie, lo que aceleró  la inserción del estado libio en la escena internacional. En agosto de 2009, uno de los autores del atentado, Abdelbaset Ali al-Megrahi, fue extraditado por el Reino Unido, donde cumplía condena, a Libia. Su liberación poco después de llegar a Libia provocó protestas e indignación por parte de las familias de las víctimas del atentado.

… a la reintegración en la sociedad internacional

A finales de la década de 1990, Gadafi comenzó a reconstruir sus relaciones con Europa. En diciembre de 2003, tras la retirada de las sanciones de la ONU y con EEUU enfrascado en la reconstrucción de Irak, Libia renunció a su programa para desarrollar armas de destrucción masiva y al terrorismo. En 2006, EEUU retiró las sanciones unilaterales, lo que abrió definitivamente la veda a las inversiones internacionales.

En efecto, desde ese momento, la inversión de los países europeos se ha disparado, sobre todo en el atractivo y lucrativo sector energético libio. Las relaciones de Libia han sido especialmente buenas con algunos países europeos, como Italia, España -el presidente Aznar fue el primer Presidente occidental en visitar Libia después de la retirada de las sanciones en 2003-, e Inglaterra, así como con la Unión Europea, que vio en Gadafi un aliado fundamental para frenar la inmigración ilegal.

Si duda el país que más relaciones ha tenido con Libia en estos años ha sido la Italia de Berlusconi. En 2008, Libia firmó con su antigua potencia colonial el denominado “Tratado de Bengasi”, un acuerdo de cooperación que intensificó las inversiones entre ambos países. Así pues, poco después de la firma de este tratado, Gadafi se convirtió en uno de los mayores inversores de la Bolsa de Milán. Gadafi posee además el 7’5% del Juventus y es el primer accionista de Unicredit, uno de los principales bancos de Italia. Del mismo modo, Italia ha sido el país europeo que más dinero ha ganado con la venta de armas a Libia (unos 200 millones de euros), como indica el diario La Reppublica.

Pero Italia no fue el único país que se enriqueció con la venta de armas: los cables de Wikileaks revelaron que España desbloqueó la venta de armas a Libia tras una visita de Gadafi en 2007. En 2008 se formalizaron acuerdos comerciales valorados en 3,84 millones de euros destinados a la compra de armamento, violando la ley española sobre Comercio de Armas que prohíbe vender armas a países “con fines de represión interna o en situaciones de violación de derechos humanos”[ii]. Del mismo modo, en el primer trimestre de 2010 España vendió al Gobierno libio material de por un valor de 6,9 millones de euros, según denuncia la coalición “Armas bajo control”.

Gran Bretaña por su parte también ha intensificado las relaciones con Libia, sobre todo por el interés que la petrolera BP tiene en las jugosas reservas del país. De hecho, BP ha aceptado que presionó al gobierno para que extraditase a Libia al autor material de los atentados de Lockerbie, que cumplía condena en Escocia. Los cables de Wikileaks desvelaron que Gadafi había amenazado con cortar el comercio con Gran Bretaña si el autor material del ataque de Lockerbie moría en la cárcel.

Libia y la UE: algunas claves

Aunque para EEUU Libia no es una alianza especialmente importante, al ser Egipto su aliado fundamental en la región, para la los países europeos Libia se ha convertido en un aliado crucial en los últimos años. Esto se debe a cuatro factores principales:

  1. Seguridad energética. Libia es uno de los primeros suministradores de petróleo a la UE (que compra el 90% del crudo libio), proveyendo a Italia el 32% del petróleo y el 14% a Alemania. Libia posee además las octavas reservas de petróleo y gas del mundo, y su petróleo es de una gran calidad y fácil extracción, por lo que el país es muy atractivo para las grandes petroleras europeas como Shell y BP.
  2. Lucha contra el terrorismo islamista. Desde los ataques del 11S, Libia, al igual que sus vecinos magrebíes, se convirtieron en aliados de EEUU en la guerra contra el terrorismo. La excusa de luchar contra el terrorismo se ha utilizado, tanto en Libia como en otros países como Túnez y Marruecos, para reprimir a los opositores políticos.
  3. Contención de la inmigración. Dada su situación geográfica y la vasta extensión de sus fronteras, Libia atrae flujos de migración, sobre todo procedentes del África Sub-Subsahariana, que se dirigen a la UE. En Octubre de 2010, la Comisión Europea firmó un “acuerdo de cooperación” con las autoridades libias sobre la “gestión de los flujos migratorios” y el “control de fronteras”, por el que la UE pagará a Libia 50 millones de euros. No obstante, las organizaciones internacionales de derechos humanos han denunciado repetidamente el maltrato recibido por inmigrantes y demandantes de asilo en los centros de detención libios.
  4. Relaciones económicas y financieras. Las potencias europeas han abierto en los últimos años sus bancos y empresas al capital libio. Las entidades de inversión creadas por Gadafi, tales como la denominada “LIA” (Libian Investment Authority), participan en empresas de la talla del poderoso grupo estatal italiano Finmeccanica (uno de los principales suministradores del Pentágono), la petrolera italiana ENI, la FIAT, o el Financial Times[iii]. El miedo a una caída masiva en la Bolsa de Milán –debido a las ingentes inversiones de Gadafi- provocaron su cierre el pasado martes 22.

La represión de Gadafi y el estupor internacional

Desde que la revuelta popular comenzó el pasado 15 de febrero en Bengasi, la represión por parte de las autoridades libias ha sido brutal. Hasta el momento, nadie sabe el balance de víctimas, pero ya se ha hablado de la posibilidad de que ya hayan muerto varios miles de personas (la cadena de televisión Al Arabiya hablaba la semana pasada de 10.000 muertos).

Como consecuencia a la represión, varios diplomáticos libios han dimitido y varias secciones del Ejército se han negado a disparar contra los manifestantes. Sin embargo, al contrario que en el caso egipcio, dónde la mayoría el Ejército se negó a reprimir a la población, hay facciones del Ejército favorables a Gadafi que están dispuestos a cargar contra el pueblo. Estas divisiones en el Ejército, así como la compleja estructura poblacional libia, donde conviven etnias muy diferentes, llevan a pensar en la posibilidad de una guerra civil.

El sábado 26 de febrero, el Consejo de Seguridad Naciones Unidas decidió imponer a Gadafi y a su círculo duras sanciones, como la prohibición de viajes, la congelación de sus bienes y la prohibición de la venta de armas. Pero probablemente la sanción más dura contra Gadafi ha sido la proposición del Consejo de llevar al dictador a la Corte Penal Internacional, con sede en La Haya. Esto convierte a Gadafi en un criminal perseguido internacionalmente por delitos contra la humanidad.

Aunque no sabemos cómo evolucionará la situación en las próximas semanas, todo apunta a que la población libia no ha terminado de sufrir los desmanes y excesos de un dictador dotado de abundante y moderno armamento. La crisis libia tendrá además consecuencias internacionales, puesto que sus efectos se hacen ya sentir en la subida del precio del petróleo y en los mercados, pudiendo ser considerables en países como Italia, como ya se ha visto la semana pasada en la Bolsa de Milán.

Mientras tanto los líderes europeos se muestran consternados por los hechos en Libia y manifiestan su sorpresa ante la actitud de Gadafi, su buen cliente y compañero de negocios. Con un poco de perspectiva histórica, no parece que haya lugar para la sorpresa. El perro loco de Oriente Próximo ha vuelto a mostrar los dientes, esta vez más armado que nunca y contra sus propios ciudadanos.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro


[i] Para más información, consultar: http://news.bbc.co.uk/2/hi/middle_east/3336059.stm

[ii] El artículo 8 de la Ley 53/2007 de Comercio de Armas, obliga a no vender este tipo de material cuando su uso “pueda ser empleado en acciones que perturben la paz, la estabilidad o la seguridad en un ámbito mundial o regional, puedan exacerbar tensiones o conflictos latentes, puedan ser utilizados de manera contraria al respeto debido y la dignidad inherente al ser humano, con fines de represión interna o en situaciones de violación de derechos humanos”.

[iii] Más información sobre este tema en el reportaje de EL País “El tirano que compró Occidente” (27/02/2011), disponible en http://www.elpais.com/articulo/reportajes/tirano/compro/Occidente/ elpepusocdmg/20110227elpdmgrep_1/Tes.

 

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Ana G. Juanatey

Después de estudiar Ciencias Políticas y especializarme en Relaciones Internacionales, me mudé desde Galicia a Barcelona donde vivo desde hace 7 años. Actualmente escribo mi tesis sobre el derecho a la alimentación y trabajo en el Instituto Barcelona de Estudios Internacionales. Mis áreas de interés principales son los derechos humanos como herramienta emancipadora, la seguridad alimentaria y los procesos de democratización. No obstante -dispersa por naturaleza- me apasionan temas tan variopintos como las novelas de espías, las series de TV, los juegos de mesa, la cocina y los documentales.


One comment

  • youka

    03/03/2011 at

    Excelente artículo! Lleno de referencias muy interesantes!

    Reply

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