07/04/2020 BARCELONA

Conflicto en Sudán: el laberinto de Darfur

Una guerra cruenta que usa como armas la violación sistemática de mujeres y la devastación completa de pueblos se ha desarrollado en Sudán, el país más grande y más rico en petróleo del continente africano, ante la impasibilidad de la comunidad internacional.

“Ruanda a cámara lenta”

Las atrocidades que se están cometiendo en la región de Darfur traen a la memoria el genocidio de Ruanda. “Sudán es un Ruanda a cámara lenta“, declaró sin titubeos en un discurso del 6 de mayo de 2004 John Prendergast, consejero especial del presidente del International Crisis Group. La ONU admite que este conflicto ha provocado, además de la muerte de al menos 500.000 personas, que más de dos millones hayan tenido que abandonar sus casas. Contrariamente a Ruanda, donde casi un millón de personas fueron aniquiladas en un centenar de días, la limpieza étnica en Darfur ya se alarga varios años.

Darfur -en árabe دار فور, que significa “hogar de los Fur”- es una región situada en Sudán occidental, que limita con la República Centroafricana, Chad y Libia. Está dividida en tres estados federados dentro de Sudán: Gharb Darfur (Darfur Occidental), Janub Darfur (Darfur Meridional), y Shamal Darfur (Darfur Septentrional).

Tanto en el norte como en el oeste de Darfur, el islam es la religión que tiene más adeptos. Sin embargo, en el sur de la región, la mayoría profesa el cristianismo y el animismo. Previo a la problemática actual en Darfur Oeste, la provincia del sur se vio envuelta en un sangriento conflicto entre el norte del país (árabe-musulmán) y el sur (negrocristiano-animista), que desembocó en la aparición del grupo armado independentista SPLA (Sudan People Liberation Army) hastiado por la histórica marginación que la población negroafricana y la región de Darfur han sufrido desde el gobierno de Jartum (capital de Sudán). Sus reivindicaciones, que presentaban “aspectos políticos, económicos, militares, y religioso-sociales (limitación de los espacios de vigencia de la sharía, o ley islámica, y de las políticas de arabización)” fueron atendidas en el proceso de paz iniciado en la ciudad keniata de Machakos en julio de 2002, formalizándose en Nairobi en enero de 2005.

A primera vista, el conflicto de Darfur puede dar la impresión de ser, como suele pasar con otros conflictos subsaharianos, un conflicto interétnico sin aparente solución. Sin embargo, si miramos más allá de lo que en un principio se nos presenta como un conflicto entre etnias con dos únicos actores que lo dominan, percibiremos que en realidad es un conflicto mucho más complejo, en el que el número de actores implicados sobrepasa con mucho lo imaginado.

Todas las diferencias geográficas, climáticas, étnicas, religiosas, de modos de vida y de subsistencia, muy lejos del discurso pro-diversidad en un mundo democrático, equitativo, incluyente y respetuoso con la etnia, la religión y la cultura, se han visto agravadas por las sequías, la pobre gestión del suelo, la expansión de la desertización en el norte y el éxodo masivo ante las persecuciones con su consiguiente aumento de asentamientos humanos en la parte occidental de la región, alimentando así una crisis imparable.

Conflicto de intereses

Durante la estación seca, después de cada cosecha, los pastores nómadas árabes del norte tenían la costumbre de trasladarse al centro y sur para apacentar sus rebaños en los campos de los agricultores africanos sedentarios. De este modo, se alimentaba a los animales y se abonaba la tierra. Sin embargo, ante las condiciones geográficas y climatológicas adversas, los pastores se han visto obligados a recurrir antes a las tierras ajenas, adelantando la trashumancia, no respetando el ciclo de las cosechas y provocando la destrucción de los cultivos así como la erosión del suelo.

Los enfrentamientos entre los grupos de agricultores asentados y de pastores trashumantes eran frecuentes, pero llegaban a una resolución por vías tradicionales, siendo los sheiks (líderes comunales) los encargados de valorar los daños y determinar las multas. No obstante, en febrero de 2003, organizaciones armadas de grupos campesinos, SLA (Sudan Liberation Army) y JEM (Justice Equality Movement), atacaron fuerzas de seguridad gubernamentales alegando la marginación de la provincia occidental y la falta de protección de la población sedentaria. Se rompió así el pacto consuetudinario que regía la convivencia.

Conflicto estructural

Mientras en Darfur del Sur las diferencias religiosas constituían un factor sustancial en el conflicto, en Darfur Oeste no se repite el mismo patrón ya que la mayoría es islamista.

En este caso SLA y JEM se encontraron con un gobierno que, en su campaña de ley y orden, decidió no sólo ponerse de la parte de las tribus árabes, sino que además, en coordinación con el cuerpo militar, se encargó de reclutar, apoyar, proteger y armar a formaciones paramilitares exclusivamente de origen árabe, los yanyauid. Estos grupos nómadas, normalmente indisciplinados, han sido dotados de prerrogativas ilimitadas para mantener la “seguridad” en la región.

Los yanyauid (demonios a caballo) han sembrado el terror en Darfur Oeste: destrucción de los cultivos, incendio de aldeas y pueblos enteros, demolición de mezquitas, saqueo de bienes, torturas, violaciones de mujeres, asesinatos de líderes musulmanes, ejecuciones sumarias, etc.

La Unión Africana, de la que Sudán es miembro, se encargó de diseñar un plan de paz para Darfur Oeste, celebrando el 5 de mayo de 2006 en Abuja (Nigeria) la firma del Acuerdo de Paz entre el gobierno de Omar al-Bashir y una facción del SLA. En este acuerdo se establecían como puntos primordiales el desarme de las milicias yanyauid, las garantías para el regreso de los refugiados y desplazados internos, el reparto de poder y la reconciliación del pueblo de Darfur.

Denuncia

El grupo de expertos de la ONU, enviado por el Consejo de Derechos Humanos a Sudán, acusó en marzo del 2007 algobierno de Jartum de haber organizado y participado en “crímenes de escala internacional” en la región de Darfur.

En 2008 el fiscal jefe de la Corte Penal Internacional (CPI), Luis Moreno Ocampo, presentó  a los jueces el resultado de su segunda investigación sobre los crímenes en Darfur. En sus conclusiones acusó al actual presidente de Sudán, Omar al-Bachir, de crímenes de guerra, lesa humanidad y genocidio. La orden de arresto emitida por la CPI contra el Presidente sudanés ha llevado a Sudán a un nuevo punto decisivo.

El 4 de marzo de 2009, la cámara preliminar de la CPI ordenó el arresto de al-Bashir, a lo cual el NCP respondió expulsando a trece organizaciones no gubernamentales internacionales que habían provisto alimentos y servicios de salud fundamentales. Percibiendo a al-Bashir debilitado por la orden de arresto, la oposición y los grupos rebeldes endurecieron sus posiciones y se volvieron más reticentes a comprometerse genuinamente con el Gobierno[ii]. En Junio de 2010, la CPI seguía lamentando, a través de su portavoz, que Sudán no entregase a los dirigentes sobre los que hay causas abiertas.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro


[i] La información ha sido resumida, adaptada y actualizada del reportaje temático: Cáncer, R., Cea, P., De Francisco, I. y Usategui, R.: “Darfur el olvido de un país”,  “Una región sin vistas a vivir en paz”, “Un tablero de ajedrez en el corazón de África”, “Crímenes contra la humanidad en Darfur”, en Munduan: Cooperación Internacional Descentralizada, en el Suplemento de Mediación en Resolución de Conflictos, Bilbao, 2007, n° 19-20, pp.1-4

[ii] Stroehlin, Andrew: “Sudán: Justicia, Paz y la CPI”, http://www.darfurvisible.org/alternativas/articulo.php?uuid=32

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Ricardo Usategui

Bilbao, País Vasco, 1982. Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universidad del País Vasco. Formación de Posgrado en Cooperación Internacional, Estudios Internacionales y Derechos Humanos. Experiencia profesional en el PNUD en Panamá y en la Fundación DEMUCA en República Dominicana en temas de gobernabilidad, descentralización y desarrollo local .


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