23/09/2017 BARCELONA

La mejor arma del terrorismo islamista: las redes sociales

¿Cuál es el secreto del auge del Estado Islámico? Las redes sociales han permitido al grupo adoctrinar y captar miembros hasta convertirse en el grupo con la mayor milicia extranjera de la historia. Ahora, esto plantea diversos problemas: ¿cómo enfrentamos el ciberterrorismo? ¿Los gobiernos están vulnerando los derechos de la ciudadanía en internet?

En los últimos meses y tras los atentados sufridos en suelo europeo como los de París y Niza, la preocupación en torno al terrorismo internacional y la seguridad han venido siendo cuestiones principales entre la sociedad occidental. A esto se le añade la preocupación por parte de la comunidad internacional sobre la amenaza que supone la utilización de las nuevas tecnologías por parte de estos grupos terroristas y, por consiguiente, los peligros que comportan. La tecnología ha irrumpido en nuestra vida diaria cambiando radicalmente nuestra forma de entender el mundo y de comunicarnos.  

La vertiginosa expansión de las tecnologías y el poderoso efecto que ha tenido para la sociedad ha obligado a que diferentes ámbitos de la vida hayan tenido que adaptarse rápidamente a estos cambios. Sin embargo, la tecnología ha producido consecuencias inesperadas, como por ejemplo que ámbitos y disciplinas como el derecho, la seguridad y la defensa hayan tenido que replantearse conceptos, teorías y marcos de actuación. Ha originado la creación de términos, aún controvertidos y discutidos, como los de ciberseguridad, ciberterrorismo o ciberamenaza.

Web supuestamente hackeada por Estado Islámico [Foto: Alians PL vía Wikimedia Commons]
Web supuestamente hackeada por Estado Islámico [Foto: Alians PL vía Wikimedia Commons].

Es una realidad que grupos extremistas de carácter terrorista han sabido aprovechar las oportunidades que brindan las tecnologías para su propio beneficio, pero también han sabido obtener ventajas de las lagunas y vacíos de seguridad que existen en torno a las tecnologías de la comunicación. Las redes sociales se han convertido  en una poderosa herramienta para los fines de las organizaciones terroristas. Uno de los grupos terroristas que mejor ha sabido explotar las nuevas tecnologías y las redes sociales ha sido el autodenominado Estado Islámico o ISIS.

No obstante, la utilización de medios digitales por parte de grupos terroristas no es nueva. Hace ya veinte años Al-Qaeda lanzaba su primera página web, Azzam.com; sin embargo, con la evolución de la tecnología y la aparición de las redes sociales, las organizaciones terroristas se han ido adaptando y evolucionando a la par para hacer llegar su mensaje a la mayor cantidad de personas posibles. Actualmente, es a través de estas plataformas que el Estado Islámico publica mensajes y difunde vídeos que incitan a la violencia y que combinan con mensajes sobre su provisión de servicios y labores de desarrollo en el territorio bajo su control. Gracias a la tecnología, el Estado Islámico ha logrado, durante un tiempo, dar una imagen de estabilidad en zonas inestables y marginadas por el mundo occidental.

Por tanto, las redes sociales en Occidente se presentan, para el Estado Islámico, como un instrumento de propaganda rápido y masivo que contiene numerosas ventajas: es barato, fácil, inmediato y libre.

Uno de los mayores peligros que comporta la utilización de las redes sociales por parte de grupos terroristas como el Estado Islámico es su utilización como medio de captación y adoctrinamiento. El Estado Islámico se presenta como el grupo con la mayor milicia extranjera de la historia y esto se debe principalmente a la utilización de la tecnología como un arma de propaganda y adoctrinamiento por el cual consiguen reclutar a miles de individuos.

El reclutamiento de combatientes extranjeros que se unen al Estado Islámico no sólo se ha convertido en un fenómeno mundial, sino en una de las mayores amenazas para los países occidentales. El peligro que comporta la captación y adoctrinamiento por las redes sociales no es tan solo el surgimiento del fenómeno de los combatientes extranjeros, sino la aparición de redes e individuos inspirados por el Estado Islámico y su discurso, cuyas acciones han tenido repercusión en Occidente —podemos poner como ejemplo los recientes atentados perpetrados en París en noviembre de 2015, el de Bruselas en marzo de 2016, el de Orlando en junio de 2016 y dos días después el de Niza— y que conmocionaron a la sociedad.  

Memorial del atentado de Bruselas [Foto: Ashley Bayles vía Flickr]
Memorial de los atentados del ISIS cometidos en Bruselas en marzo de 2016 [Foto: Ashley Bayles vía Flickr].

El Estado Islámico ha convertido la tecnología en su principal herramienta estratégica para lograr la difusión y radicalización así como la posterior captación y el reclutamiento. Ya en el año 2012, a través de foros islamistas, se hizo una llamada en la que «cualquier musulmán que intente hacer la yihad contra el enemigo por vía electrónica es considerado, en un sentido u otro, un muyahidín». Por primera vez, cualquier persona, desde cualquier lugar del mundo, tenía la posibilidad de participar en la yihad activamente sin tener que formar parte de ningún acto violento, sin embargo, esta yihad por vía electrónica conlleva a la incitación, el reclutamiento y la radicalización.

Como apuntan diversos expertos en la materia, el Estado Islámico ha hecho una llamada a hacer la yihad contra los enemigos a través de la espada, la pluma y las nuevas tecnologías.

Este mensaje da a entender que aquellos individuos cuya contribución se limite al ámbito de las comunicaciones, lejos de ser muyahidines de segunda, serán tan importantes como aquellos que tomen las armas. Nace así lo que algunos expertos han comenzado a denominar yihad electrónica o mediática.

Los principales canales de difusión del Estado Islámico son: Facebook, Twitter y Youtube. A través de ellos, el Estado Islámico muestra la violencia de sus acciones como una herramienta de captación y radicalización per se. Se trata de una violencia muy concreta y extrema que transgrede los límites de la moral occidental; la violencia deja entonces de ser un medio para conseguir algo y se convierte en un fin en sí mismo. El grupo terrorista la presenta como un atractivo a través de la tecnología moderna y los efectos especiales.

Para poder comprender su alcance o nivel de actividad en las redes, actualmente se calcula que existen cerca de 46.000 cuentas en Twitter asociadas con el Estado Islámico, llegando a escribir más de 40.000 tweets en una sola jornada. Un ejemplo de ello fue la toma de la ciudad iraquí de Mosul, en la que se contabilizó esa misma cifra de tweets mientras los yihadistas avanzaban sobre la ciudad, teniendo por primera vez en la historia una cobertura directa de la toma de una ciudad. También funcionan a través de canales de comunicación como Telegram o Facebook; no obstante, las cifras estimadas de actuación a través de estos medios no son precisas ni fiables debido a que, al no ser abiertas, realizar una cuantificación es más difícil.

Así mismo, han desarrollado aplicaciones móviles como la denominada «The Dawn of Glad Tidings» o «Alrawi» con las que muestran vídeos y propaganda, y mantienen informados a sus seguidores respecto de sus últimas actuaciones. Aplicaciones como estas tienen como fin un reclutamiento online basado en la publicación de imágenes e información sobre las supuestas ventajas que tendría formar parte del movimiento yihadista e instaurarse en el Califato.

Sin embargo, el problema al que se han enfrentado los servicios de inteligencia y fuerzas de seguridad de los estados occidentales en sus intentos de atajar el fenómeno y tener controlados a los potenciales yihadistas es el hecho de que internet es incontrolable e inabarcable. Por ejemplo, otra de las plataformas utilizadas por grupos terroristas como el Estado Islámico es YouTube. El primer problema con el que nos encontramos es que, como cualquier plataforma de internet, sus vídeos comprenden una determinada complejidad jurídica debido a que, aunque han sido creados en Europa, están legalmente alojados en servidores estadounidenses y, por consiguiente, al amparo de la Primera Enmienda. A pesar de que se han llegado a eliminar numerosos vídeos por su contenido inapropiado, vuelven a aparecer, ya sea mediante otros medios o en la misma plataforma con otro usuario. Sólo durante el año 2015 Google (propietario de Youtube) suspendió 125.000 cuentas relacionadas con esta organización terrorista.

Un vídeo de Youtube del Estado Islámico [Foto: Youtube]
Imagen de un vídeo colgado por el Estado Islámico en el portal Youtube, una de sus vías de propaganda [Foto vía Youtube].

Esto no solo sucede con los vídeos que publican, sino también con las imágenes que cuelgan así como con las cuentas o los perfiles que crean en las diversas redes sociales. Por ello, cuando se habla de la actuación del Estado Islámico a través de los medios tecnológicos se compara con una hidra de mil cabezas que siempre se vuelve a regenerar. En este hecho radica la complejidad de frenar las actividades terroristas a través de las redes sociales.

En primer lugar, debemos entender que la estructura de internet es compleja y se ha desarrollado de manera vertiginosa en pocos años, sin que todavía se haya dado una respuesta efectiva desde el plano no solo jurídico o político, sino sobre todo desde el ámbito de la seguridad y defensa. Explicado de una manera simple, la arquitectura de internet se sitúa al mismo tiempo en distintos países, lo que convierte un posible rastreo en una tarea ardua para los cuerpos de seguridad. Más aún si esos determinados países cuentan con una jurisdicción más laxa en materia de cibercrimen que conlleva al mismo tiempo que la posibilidad de perseguir o enjuiciar los hechos no sea factible. Asimismo, en la mayoría de las ocasiones, los datos que circulan son anónimos, por lo no se puede seguir el rastro.

Una de las medidas adoptadas en este sentido, así como la más controvertida y discutida por la sociedad civil, ha sido la vigilancia de las comunicaciones y redes sociales. Los analistas suelen incidir en la importancia de la información obtenida a través de las cuentas de redes sociales para llevar a cabo labores de contraterrorismo y prevención. Esto ha generado un gran debate debido a que la monitorización de las comunicaciones puede conllevar la vulneración de la libertad de expresión y el derecho a la privacidad.

En el seno de la Unión Europea, tras el atentado en la revista Charlie Hebdo el 7 de enero de 2015, se plantearon los abusos que organizaciones terroristas como Al-Qaeda y el Estado Islámico efectuaban en las redes sociales. Nació entonces el denominado «Proyecto de Contra Extremismo» por el que se pedía mayor cooperación por parte de las compañías tecnológicas para frenar la propaganda. El objetivo de este proyecto era el de «combatir el reclutamiento extremista, su retórica y las llamadas a cometer actos de terror online».

John Cantlie en un vídeo de Estado Islámico en Kobane [Foto: Karl-Ludwig Poggemann vía Flickr]
John Cantlie en un vídeo de Estado Islámico en Kobane [Foto: Karl-Ludwig Poggemann vía Flickr].

Asimismo, la Unión Europea ha intentado convencer a las grandes compañías tecnológicas para que cooperen en detectar contenido ciberterrorista al mismo tiempo que las insta a que lo pongan en conocimiento de las autoridades de los estados miembros para que así se garantice un control más estricto de los sitios web que incitan al odio. En los últimos años, las compañías tecnológicas han sufrido un cambio en su política debido al creciente fenómeno de la propaganda yihadista. Anteriormente, estas compañías se mostraban reticentes a compartir información sobre sus usuarios con los gobiernos. El argumento principal era el de proteger la privacidad de sus clientes. La Unión Europea, sin embargo, ha recalcado la importancia de compartir el contenido de los mensajes con las autoridades y suprimirlos, siempre en el pleno respeto del estado de derecho y de la libertad de expresión. Si bien es cierto que estas empresas están elevando sus esfuerzos para acabar con la actividad yihadista en sus plataformas, no hay mucha transparencia sobre cómo están suspendiendo las cuentas.

En cualquier caso, el avance de la tecnología y de las redes sociales ha cambiado completamente nuestra forma de vida. Sin embargo, aún queda mucho trabajo en este aspecto. Las redes sociales nos han otorgado un gran poder, pero también es una gran responsabilidad el uso que se les está dando.

La guerra contra el terrorismo también se libra a través de la tecnología, lo que será un desafío para las potencias occidentales que durante años han subestimado la importancia y el potencial de las redes sociales para fines perversos.

No sólo hablamos de las redes sociales como fin para hacer llegar su mensaje, reclutar, adoctrinar o aterrorizar a los países occidentales. A través de ellas consiguen publicidad, llevar a cabo una guerra psicológica, extraer datos, recaudar fondos para su financiación, reclutar, compartir información, planificar y coordinarse. Cada vez más, las organizaciones terroristas como el Estado Islámico están comprendiendo que internet es su mejor arma.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

Irene Rodríguez Ortega

(Málaga, España). Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid. Especializada en tantos temas internacionales como pueda: Derecho Internacional Público, Derechos Humanos, Seguridad Internacional, Crimen organizado transnacional y Prevención de conflictos internacionales. Interesada en seguir aprendiendo e investigando, con especial interés en el terrorismo internacional. Actualmente resido en Milán, Italia. https://it.linkedin.com/in/irenerodriguezortega


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