Un paso hacia el fin de la violencia sexual

Un paso hacia el fin de  la violencia sexual

Tanto en tiempos de paz como en tiempos de guerra, la violencia sexual es un tipo de abuso que las niñas y los niños sufren a diario en cualquier lugar del mundo. Más de 200 millones de menores al año son víctimas de violencia sexual y se estima que 150 millones de mujeres y niñas son violadas al año en conflictos armados. Sin embargo, el número total de supervivientes de cualquier edad, es muy difícil de calcular. Oficialmente treinta y cinco mil mujeres han sido tratadas en la República Democrática del Congo (RDC) por enfermedades ginecológicas derivadas de abusos sexuales y se calcula que más de cincuenta mil bosnias fueron torturadas y violadas durante la guerra. Pero esto son solo estimaciones y muchos casos quedan sin documentar por culpa del terror de las supervivientes a presentar cargos contra sus agresores y a la falta de confianza hacia las fuerzas del orden, en muchos casos tan violentas como las milicias.

¿Qué es la violencia sexual?

Foto: See Li

Foto: See Li

Médicos Sin Fronteras define la violencia sexual como aquella que incluye violaciones, abusos sexuales, explotación sexual y mutilación genital femenina. La violación se trata de la “invasión de cualquier parte del cuerpo con un órgano sexual o la invasión del conducto vaginal o anal con cualquier objeto o parte del cuerpo” con uso de fuerza, amenazas o coacciones y de forma no consentida. El abuso sexual es “la invasión física o la amenaza de invasión física de naturaleza sexual, tanto si es por la fuerza como si es en condiciones de desigualdad o coacción”. La explotación sexual es el abuso de  una posición de vulnerabilidad, de poder o de confianza para fines sexuales e incluye tanto la prostitución forzada como la esclavitud sexual y el sexo transaccional  (intercambio de favores sexuales por protección, alimentos o dinero.

¿Contra quién se utiliza la violencia sexual?

“Hay miles de personas que viven en la sombra de la violencia sexual en este mismo momento. Hay conflictos donde la violencia es incentivada abiertamente. Mientras estamos reunidos, mientras hablamos, vidas de jóvenes se ven arruinadas por la violencia sexual en Siria, el sur de Sudán y la República Central Africana”, explicó Angelina Jolie durante la Cumbre Global para el Fin de la Violencia Sexual en Zonas de Conflicto. Hombres, mujeres, niñas y niños de todas las edades, nacionalidades, etnias, religiones y orientaciones sexuales pueden ser víctimas de violencia sexual, especialmente si se encuentran en un área de conflicto armado. Sin embargo, las mujeres y niñas son las más vulnerables a este tipo de violencia en zonas en guerra ya que no deja de ser una manera de estigmatizar y minar a la población. Cada vez se da más visibilidad a la violencia sexual contra niños y hombres –y la cumbre otorgó roles relevantes a los supervivientes masculinos- sin embargo, el 98% de las víctimas son mujeres y niñas por lo que nos encontramos, sin duda, ante un fenómeno con un claro enfoque de género que solo será resuelto a través de la inclusión de ideas feministas de emancipación en el día a día de los países.

Una cumbre para poner fin a la violencia sexual en conflictos armados

Foto: i-Images Picture Agency/Andrew Parsons

Foto: i-Images Picture Agency/Andrew Parsons

Para reflexionar acerca de cómo acabar con la impunidad y poner fin a esta barbarie el Ministro de Asuntos Exteriores británico, William Hague, y la enviada especial del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Angelina Jolie, han presidido la Cumbre Global para el Fin de la Violencia Sexual en Zonas de Conflictoc, celebrada en Londres del 10 al 13 de junio de 2014. La cumbre, que acogió a 1.700 delegados y 129 delegaciones de país –entre los que se encontraban 79 ministros-, ha sido el mayor encuentro para tratar el problema de la violencia sexual, sucedido hasta el momento.

La Resolución 1820 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas señala que “la violación y otras formas de violencia sexual pueden constituir un crimen de guerra, un crimen de lesa humanidad o un acto constitutivo con respecto al genocidio” y “destaca la necesidad de que los crímenes de violencia sexual queden excluidos de las disposiciones de amnistía en el contexto de los procesos de resolución de conflictos”.

La idea principal debatida en la cumbre ha sido romper con el tabú que suponen las violaciones bajo situación de conflicto y poner fin a su uso como instrumento bélico. En Londres se han acordado una serie de pasos iniciales que serían necesarios para acabar con la impunidad que supone el uso de la violencia sexual como arma de guerra.

La violencia sexual no es un crimen menor: es una atrocidad de primer orden y no debe existir  refugio alguno para los criminales, sentenció la presidencia de la cumbre.

La cumbre recogió testimonios de supervivientes y trabajadores de ONGs y diferentes agencias de la ONU que se enfrentan a diario con situaciones aterradoras. Médicos Congoleños, por ejemplo, explicaron que se están enfrentando a un aumento de violaciones cometidas a menores de muy corta edad y que la impunidad de estas atrocidades tiene un efecto contaminante que solo consigue que se extiendan. El propósito de las jornadas llevadas a cabo en Londres es claro: hay que poner fin a la impunidad de la que gozan quienes abusan de otras personas.

Críticas a la cumbre

La violencia sexual es un tema complicado de abordar y, a pesar de sus buenas intenciones, la cumbre ha sido ampliamente criticada. Una de las principales críticas, por ejemplo, radica en la preocupación de que la cumbre solo trate casos  de violencia sexual producidos en tiempo de guerra. Miembros de movimientos internacionales de la sociedad civil entienden que para prevenir la violencia – de cualquier tipo y naturaleza- es necesario acabar con la cultura de guerra existente en el mundo: si la sociedad civil se compromete con la paz es más fácil acabar con las guerras. Es necesario educar e inculcar la cultura de la paz y no la de la guerra.

La Red de Acción Internacional de la Sociedad Civil pone en duda la credibilidad de la cumbre: el hecho de que la participación de países que tienen un historial pésimo en la defensa de los derechos de las mujeres, y en especial en prevenir la violencia de género, hace que el proyecto decaiga y surjan recelos. Terminar con la violencia sexual en los conflictos es muy difícil si los gobiernos no toman medidas para terminar con la violencia sexual en sus propios países y dentro de sus propias filas: EE.UU., por ejemplo, registró 5.061 trámites de denuncias de abusos sexuales perpetrados por sus propios militares el año pasado.

Otras críticas se han unido a las ya mencionadas. Supervivientes de RDC denunciaron que las guerras son causadas por motivos económicos que, en la mayoría de los casos, entran dentro de los intereses de los grandes exportadores de armas, como Estados Unidos o Reino Unido. Por ello, una cumbre no es suficiente si no se intenta poner fin a las guerras que reportan intereses a los países. A su vez, desde el Consejo de Refugiados  se indicaba que el propio gobierno británico no ha cumplido con su obligación de proteger a las mismas víctimas que la cumbre pretende ayudar.

Resultados de la cumbre:  un protocolo para investigar la violencia sexual

Foto: UK in Italy

Foto: UK in Italy

A pesar de las críticas, la cumbre culminó con el lanzamiento de un “Protocolo Internacional sobre Documentación e Investigación de la Violencia Sexual en Conflictos”, en el que doscientos expertos y expertas sobre género y violencia sexual proponen una serie de guías e instrucciones para investigar los crímenes sexuales y recolectar pruebas para poder llevar a cabo investigaciones y acabar con la impunidad.  Sin embargo, el reto más allá del lanzamiento de este protocolo, es su implementación total tanto a nivel internacional como nacional. La propuesta de la cumbre combina el ajusticiamiento de los criminales con el apoyo médico, psicológico y social de las y los supervivientes, de los cooperantes y activistas que ayudan y una de las cuestiones más importantes: la creación de programas destinados a modificar la actitud de las sociedades frente a la violación. Sin embargo, el protocolo no es vinculante y no va dirigido en sí a los estados, sino que se trata de una herramienta de apoyo para defensores de los derechos humanos  y trabajadores de la justicia tanto a nivel nacional como internacional. De esta manera se ha intentado diseñar una guía práctica para ser usada por todos aquellos individuos y organizaciones que se enfrenten al reto de documentar la violencia sexual como un crimen en el marco de la ley internacional.

Foto de portada: Global Summit to End Sexual Violence in Conflict / Foreign & Commonwealth Office.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.


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  • Yuliana

    No, si bonito suena. Pero ya nos sabemos de memoria el poder de la ONU para poner en práctica sus propias resoluciones hasta en casos más extremos o visibles, como ataques directos sobre paises. (Léase Kuwait, la ex-Yugoslavia, etc., etc., etc.)
    Y parándome a darle un par de vueltas de más al asunto, no puedo evitar preguntarme qué medidas se hubieran tomado – y en cuánto tiempo – si las vísticmas masculinas se repartieran las estadísticas, con las femeninas.
    Porque está clarísimo, por un lado que los hombres y niños suponen algo más del 2% de vístimas totales. ¡Aunque será aún menor la posibilidad de que denuncien, ya que supone otro tipo de estigmatización añadida el ser hombre y admitir que otro/s hombre/s te ha/n violado.

    Mientras, el único artilugio antiviolaciones – muy doloroso y visibilizante y nada más – patentado en 2005 creo, ni siquiera se ha podido fabricar a gran escala. Argumentos: Mamarrachadas como la controversia generada por lo doloroso que es para el violador. WTF!!
    http://es.wikipedia.org/wiki/Preservativo_dentado_antiviolaci%C3%B3n

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