29/11/2020 BARCELONA

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Los cambios sociales, económicos y ambientales de las últimas décadas han expuesto a los hombres y animales a nuevos patógenos a los que no habían sido expuestos anteriormente. Las condiciones para la emergencia de una enfermedad pueden ser  diferentes, pero el manejo de su expansión, puede ser igualmente desafiante. Esto es lo que está sucediendo con el Ébola, un virus que se ha ido expandiendo durante los últimos meses en África Occidental y que paulatinamente ha ganado la atención mediática.

¿Qué es el Ébola?

Se trata de un virus de origen animal (zoonosis) que fue detectado por primera vez en 1976. De los cinco subtipos existentes, el Zaire es el que se ha propagado estos últimos meses en África Occidental (además, es uno de los tres con mayor tasa de mortalidad).

Los científicos creen que un tipo de murciélago frugívoro sería el huésped natural del virus. La distribución geográfica de esta especie coincidiría con la distribución de los brotes históricos de Ébola. Según la OMS el virus se transmite tanto a través de seres humanos como de animales, por el contacto directo con órganos, sangre, secreciones u otros líquidos corporales de animales o humanos infectados.

La enfermedad por el virus del Ébola (EVE) se caracteriza por la “aparición súbita de fiebre, debilidad intensa y dolores musculares, de cabeza y de garganta, lo cual va seguido de vómitos, diarrea, erupciones cutáneas, disfunción renal y hepática y, en algunos casos, hemorragias internas y externas” (OMS). Su período de incubación oscila entre 2 y 21 días, haciendo difícil un diagnóstico temprano.

By CDC [Public domain], via Wikimedia Commons
By CDC [Public domain], via Wikimedia Commons. (Última actualización: 23 de julio de 2014)

El mayor brote de Ébola de la historia

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hasta el 15 de agosto de 2014, el número acumulado de casos confirmados atribuible a la EVE en los tres países más afectados es de 1.299, 708 de ellos mortales. La cifra aumenta a 2.115 casos y 1.141 muertes si se consideran los casos probables o sospechosos.

Actualmente no existen vacunas ni tratamientos específicos, más que la hidratación de los pacientes, el mantenimiento de sus niveles de oxígeno y presión sanguínea y el tratamiento de infecciones. Las acciones conjuntas entre médicos y voluntarios nacionales e internacionales que se están llevando a cabo se orientan a la sensibilización de la población, la identificación de casos reales y potenciales y los planes de aislamiento.

Pese a que estas acciones podrían controlar la situación y que el contagio sólo se produce por contacto directo con el paciente, el brote actual de Ébola está dando lugar a una serie de dificultades relacionadas a las condiciones sanitarias, culturales y sociales de la región, que hacen que esta epidemia sea considerada por algunos expertos como excepcional.

Principales dificultades

Movilidad. Generalmente, este tipo de brotes tienen lugar en áreas rurales donde la población tiene mayor contacto con carne de animales salvajes que podrían estar infectados. El virus se estaría moviendo desde las zonas rurales, donde vive la mayor parte de la población de estos países: 64% en Guinea, 51% en Liberia y 60% en Sierra Leona. Sumado a esto, el virus se mueve también a lo largo de las fronteras, donde diariamente se observa una alta movilidad en la zona compartida entre los tres países antes mencionados.

Prácticas tradicionales. Si bien se observa un fenómeno de urbanización, la nueva población urbana mantiene prácticas típicas de las áreas rurales. Muchos especialistas han advertido que algunas prácticas tradicionales contrarias a las medidas de prevención recomendadas podrían facilitar la transmisión del virus. El ejemplo más comentado ha sido el de las ceremonias de inhumación en las cuales los integrantes del cortejo fúnebre tienen contacto directo con el cadáver, sin el control adecuado.

Falta de cooperación de las comunidades afectadas. Una parte significativa de la población desconfía en el gobierno y la información provista por los médicos y voluntarios. De hecho, en algunos pueblos se ha denegado el acceso a grupos de ayuda internacional como Médicos Sin Fronteras y Cruz Roja al considerar que la visita de voluntarios ha provocado la expansión del virus. La desconfianza en las acciones llevadas a cabo en los centros de tratamiento y la recepción de información contradictoria respecto a la efectividad del aislamiento, hacen que la resistencia de algunas comunidades sea otro reto para frenar la expansión del virus.

Economías en desarrollo. Luis Sambo, el director regional de la OMS para África, sostiene que la estrategia para combatir el brote epidémico sufrió dificultades para coordinar las respuestas a lo largo de los tres países. No hay que dejar de tener en cuenta que Guinea, Liberia y Sierra Leona son clasificados por el Banco Mundial como países de ingreso bajo, y se encuentran dentro de los 13 países con menor índice de desarrollo humano.

Sistemas de salud. Problemas como la falta de recursos y la falta de políticas públicas orientadas a la mejora del desarrollo humano, afectan directamente la infraestructura sanitaria, caracterizada por malos servicios, mal equipamiento para los médicos y una distribución geográfica desigual de los centros de atención sanitaria.

Por citar algunos ejemplos, la administración de recursos humanos de salud en Guinea es débil. Según el Banco Mundial en 2011 fue el país con menor cantidad de camas por habitante. Asimismo, los curanderos tradicionales tienen un rol importante en un sector sanitario informal que no tiene ningún tipo de control. En el caso de Sierra Leona, el sistema de salud fue golpeado por una guerra civil de once años que destruyó la infraestructura sanitaria y provocó el desplazamiento de personal de salud. Algo similar ocurrió en Liberia, donde la densidad de parteros, enfermeros y médicos es de 0,3 cada 1000 habitantes en un contexto donde los planes de reconstrucción del sistema sanitario parecen poco claros y con bajo apoyo externo.

Un mercado poco interesante para las farmacéuticas. Mucho se ha escrito sobre la falta de interés de las compañías farmacéuticas en inversiones en I+D de una vacuna por no ser un mercado lucrativo. Asimismo expertos sostienen que la cantidad de anticuerpos existentes para tratar a los infectados es insuficiente y que aún se desconocen cuán avanzadas están algunas compañías biotecnológicas que han declarado estar realizando actividades de I+D de un fármaco contra el Ébola.

The fight against Ebola in west Africa [EC/ECHO/Jean-Louis Mosser vía Flickr]
The fight against Ebola in west Africa [EC/ECHO/Jean-Louis Mosser vía Flickr]

La necesidad de una colaboración intersectorial

La falta de una vacuna o tratamientos específicos da lugar a que muchos especialistas demanden la necesidad de una respuesta que vaya más allá de la acción médica directa y apunte a un trabajo multidisciplinario.

Esta idea está relacionada con el concepto One Health, cuya estrategia es la colaboración y comunicación interdisciplinaria en todos los aspectos de salud humana, animal y medioambiental. Por lo tanto, el Ébola, al tratarse de una zoonosis, requiere de una colaboración entre veterinarios, médicos, científicos ambientales, geógrafos y antropólogos, entre otros.

Asimismo, resulta necesaria una ayuda externa de mediano y largo plazo que se focalice en la creación de capacidades del sistema nacional de salud para prevenir brotes epidémicos y responder a emergencias, teniendo en cuenta no sólo el conocimiento técnico, sino también las dinámicas culturales y sociales de la población afectada.

La revisión hasta aquí presentada permite observar cómo un desarrollo insuficiente de políticas tendientes a reducir efectivamente las inequidades en salud, colaboran con la rápida expansión del virus, derivando en importantes costos sociales y económicos. Lejos de una mirada apocalíptica, el foco debería estar puesto en la necesidad de superar las dificultades de infraestructura sanitaria y los modos de realizar una sensibilización no invasiva a la población afectada. La necesidad y el desafío más inmediato es entonces persuadir a quienes disponen de los fondos para permitir llevar a cabo una acción intersectorial y de colaboración entre los niveles locales, nacionales e internacionales.

Foto de portada: The fight against Ebola in Guinea. Fuente: afreecom/Idrissa Soumaré vía Flickr

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.


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Las grandes epidemias siempre tienen un espacio reservado en la cabecera de los periódicos, pero nunca durante sus fases iniciales, ya que todas ellas tienen orígenes humildes. Los primeros indicadores de una nueva enfermedad pueden ser vagos y pasar desapercibidos por su carácter ambiguo. Nadie puede predecir qué patógeno será el siguiente en ser propagado entre humanos, o cuándo y dónde va a ocurrir tal cosa. Un nuevo patógeno que se transmita fácilmente a través del aire y que resulte letal para el 1% de las personas que lo contraigan, conduciría a uno de los escenarios más desestabilizadores que puedan concebirse. Un brote de este tipo podría saldarse con millones de muertos alrededor del mundo, probablemente en menos de seis meses. Cuando llegue la próxima gran epidemia, la que cruce los océanos y atraviese los continentes como un halo de medianoche, se va a poder trazar su origen hasta un puñado de casos iniciales en lugares lejanos. Recientemente, China y Arabia Saudí han sido el foco de dos nuevas enfermedades, una nueva variante de la gripe aviar, el H7N9 asiático, y el nuevo betacoronavirus (NCOV) de la península arábiga.

Un nuevo Coronavirus

Los coronavirus son una de las causas del resfriado común. Un coronavirus también fue el responsable de una enfermedad respiratoria severa, la SARS (Severe Acute Respiratory Syndrome), que se propagó una década atrás. La SARS causó una epidemia global en 2003, infectando a unas 8.000 personas y matando alrededor de 800. No ha habido casos de SARS desde el 2004 y el NCOV no es el mismo agente que causó esa epidemia. En cualquier caso, el peligro potencial que entraña este tipo de enfermedades obliga a estar alerta. En su momento, el control efectivo del SARS evitó el desastre. Es por este motivo que las alarmas han empezado a sonar en los estadios iniciales de este nuevo coronavirus procedente de la península arábiga. Los coronavirus pueden resultar fascinantes por su rápido ritmo de mutación y su proclividad para recombinarse. Son especialmente imprecisos a la hora de replicarse a sí mismos, lo que les da lo que los expertos llaman una gran “evolvabilidad”, la capacidad de adaptarse rápidamente a nuevos huéspedes y circunstancias.

El NCOV se detectó por primera vez a finales del verano pasado. En ese momento se habían detectado a tres pacientes infectados, dos de los cuales ya habían muerto. A finales de año, un total de nueve casos habían sido confirmados, cinco de los cuales habían resultado fatales. A mediados del mes de mayo, el coronavirus ya se había cobrado más de 20 vidas y detectado en más de 40 pacientes, incluyendo dos pacientes hospitalizados en Francia, uno después de un viaje a los Emiratos Árabes Unidos y otro después de compartir habitación de hospital con el otro enfermo. También se han detectado casos y muertes por NCOV en el Reino Unido. Parece ser que la enfermedad se transmite por aire y que tiene un índice de mortalidad de más del 50%, lo que lo equipara al Ébola.

El principal foco de infección

El foco de las epidemias se encuentra en la mayoría de los casos en la convivencia con la vida salvaje. El sesenta por ciento de las enfermedades infecciosas provienen de ahí, y  por su origen animal reciben el nombre de zoonosis. Algunos animales pueden albergar un patógeno infeccioso sin llegar nunca a desarrollar la enfermedad permitiendo que los humanos, despreocupadamente, entremos en contacto con ellos. Las nuevas enfermedades pueden provenir de nuestro contacto directo con distintos animales salvajes, o por nuestra convivencia con mascotas si estas han estado en contacto con un medio en el que haya animales salvajes infectados. Al entrar en contacto con animales infectados, el virus puede pasar de un huésped a otro, realizando lo que los expertos llaman un spillover.

Los científicos establecieron en 2003 que el origen del SARS provenía de un murciélago que pasó su agente patógeno, de alguna forma, a un individuo. A pesar de que el SARS no haya vuelto a las portadas de los periódicos, podemos estar bastante seguros de que todavía colea en una o más comunidades de murciélagos del sur de China. Resulta que los murciélagos son unos fantásticos transmisores de enfermedades zoonóticas, como el Marburg, la Hendra, el Nipah o el Menangle. Los murciélagos se reúnen en grandes grupos y tienen una esperanza de vida relativamente larga. Viajan durante la noche para alimentarse, cambiando ocasionalmente de un albergue común a otro y transmitiendo sus infecciones con facilidad entre sus comunidades. Todavía no se ha detectado el foco del coronavirus arábico pero muy seguramente se van a investigar a los murciélagos de la zona, especialmente aquellos grupos que visitan los legendarios palmerales de Al-Hasa, cerca del Golfo Pérsico.

Qué esperar

Una Gran Epidemia no es solamente una amenaza teórica. La OMS afirma que las epidemias empiezan de forma abrupta, sin avisar, y pasan de una población a otra globalmente con una velocidad feroz, produciendo perdidas considerables a su paso. Algunos nuevos agentes patógenos de dispersión lenta pero igual de letales que el SIDA, son muy probables que sigan apareciendo en los próximos años. Es posible que un patógeno de dispersión lenta ya haya saltado a los humanos en algún lugar del mundo, pero sin que este haya sido detectado todavía, y sin que la somatización haya sido reconocida. Así es como ocurrió con el SIDA, el cual se introdujo en las poblaciones humanas medio siglo antes de que el patógeno fuera identificado.

Los nuevos descubrimientos prometen una identificación más rápida de los agentes infecciosos y una mayor velocidad de respuesta a la hora de generar tanto productos terapéuticos como vacunas. En cualquier caso, estos avances pueden ser inadecuados para combatir la amenaza. La progresiva resistencia de las enfermedades controladas a los medicamentos hace que aparezcan nuevas variantes de las mismas, que acaben incrementando el coste de la salud pública y haciendo que largos segmentos de la población mundial vuelvan a ser tan vulnerables a ellas como en la era pre-antibiótica.

Lo más importante es estar informados y atentos. Los primeros indicadores pueden llegar desde lejos, haciendo parecer a la enfermedad exótica e inocua. Aún así, la mayoría de nosotros estamos conectados a cualquier lugar del mundo en menos de 24 horas. Sólo en octubre de este año, cuando musulmanes de todo el mundo empiecen el periodo del Haj y se dirijan hacia la Meca, nuestras conexiones con el foco de infección del NCOV se van a multiplicar exponencialmente.

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