25/11/2020 BARCELONA

Joan Colom, autor en United Explanations

Joan Colom04/09/2014
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La semana trágica de la aviación civil

El pasado 23 de Julio un avión comercial ATR72-500 de TransAsia se estrelló en la localidad de Penghu, Taiwán en medio de un tifón causando 47 muertos y 11 heridos. Al día siguiente 116 pasajeros murieron al desintegrarse en el aire el avión MacDonnel Douglas MD83 de la compañía española Swiftair operado por Air Algérie cayendo en el Norte de Mali. Todo esto seis días después que un avión Boeing 777 de Malaysia Airlines cayera en el Este de Ucrania causando 298 muertos.

Estos incidentes no están exentos de polémica, misterio e incógnita. El Boeing 777 de Malaysia Airlines que volaba desde Ámsterdam a Kuala Lumpur fue supuestamente derribado por un misil procedente de la conflictiva zona de Donetsk, bastión de los rebeldes separatistas prorrusos. Aún no se han aclarado los hechos ni demostrado ninguna hipótesis aunque la comunidad internacional da por hecho que solo una superpotencia, en este caso Rusia, tiene armamento capaz de derribar un gran avión comercial. Desde ese momento no han cesado las acusaciones mutuas entre ucranianos y rusos.

El avión estrellado en el Norte de Mali también es fuente de dudas y sospechas. Fue precisamente el director del BEA (Bureau d’Enquêtes et d’Analyses pour la sécurité de l’aviation civile) Remy Jouty quién días después del accidente declaró que no se podía descartar ninguna hipótesis, incluida la de una acción deliberada.

Restos del accidente del avión de Malaysian Airlines. Fuente: diariocontraste.com
Restos del accidente del avión de Malaysian Airlines. Fuente: diariocontraste.com

Todos estos sucesos han activado la alarma en la comunidad internacional acerca de la seguridad aérea y no han sido pocas las reacciones desde todos los ámbitos criticando las compañías que sobrevuelan zonas en conflicto como el este de Ucrania o Mali. En este contexto se ubica el siguiente mapa donde se muestran las zonas por donde no deberían volar los aviones comerciales en la actualidad.

Este mapa superior realizado por New Republic muestra las zonas del planeta sobre las cuáles no deberían volar aviones comerciales operados por compañías estadounidenses. En rojo se señalan las zonas dónde la FAA (Federal Aviation Administration) prohíbe volar y en naranja las zonas de alto riesgo. Estas zonas coinciden con volcanes activos, zonas de ensayos armamentísticos o territorios en conflicto.

¿Quién regula las rutas de tráfico aéreo?

Mientras la FAA es responsable de las aerolíneas de Estados Unidos, la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), organización afiliada a la ONU, es quien se encarga de regular el espacio aéreo internacional. La OACI se creó en 1944 junto con el Convenio sobre Aviación Civil Internacional, con el objetivo de administrar los principios establecidos en el Convenio. Este Convenio establece los privilegios y restricciones de todos los estados firmantes (190 en la actualidad). Proporciona regulación para la adopción de normas internacionales y métodos recomendados para el transporte aéreo, además de establecer la soberanía plena sobre el espacio aéreo de todo Estado.

Consecuencias tras el derribo

El corredor aéreo por el que volaba el Boeing 777 de Malaysia Airlines era una ruta popular desde Europa a Asia, tal y como han reconocido directivos de distintas aerolíneas. Desde el momento del accidente se anuló o se modificó la ruta de cualquier vuelo que tuviera planeado sobrevolar la zona. La aerolínea de Malaysia fue la primera en extremar las precauciones después de la catástrofe acontecida. Sin embargo otras aerolíneas, como las estadounidenses (FAA) y las italianas (ENAC)  ya habían modificado las rutas por las que circulaban sus aeronaves para evitar la zona de Ucrania.

Aun así, no se puede decir que la compañía aérea de Malaysia Airlines estuviera incumpliendo ningún tratado, de hecho volaba a 33.000 pies (unos 10.000 metros) después que, días antes, el gobierno de Ucrania recomendara elevar el nivel mínimo a 32.000 pies por la presunta presencia de armamento antiaéreo en el este del país. Además, tal y como indicó el portavoz de la FAA Perry Flint, si bien existía desde abril, la prohibición de sobrevolar Crimea, al Sur de Ucrania, no había ninguna alerta o prohibición en la zona donde el avión fue derribado. Por supuesto la compañía malasia ha sufrido un gran revés (el segundo, después del avión desaparecido en marzo procedente de China) que ha provocado la nacionalización de toda la empresa por parte del Estado antes que su cotización en la bolsa de Kuala Lumpur cayera definitivamente.

¿Es esta la primera vez?

Desgraciadamente no es la primera vez, si se confirma la hipótesis sobre el Boeing de Malaysia Airlines, que un avión comercial es derribado voluntariamente en zonas beligerantes. Existen al menos ocho desgraciados episodios parecidos desde que en 1954 un caza del ejército chino derribara a un pequeño avión comercial de la aerolínea Cathay Pacific, al confundirlo con un avión militar en misión de ataque.

El segundo caso ocurrió casi veinte años después, en 1973, cuando un avión Boeing 727-200 de Libyan Airlines fue derribado por cazas israelíes en el desierto del Sinaí el 21 de febrero de 1973. El avión libio perdió su rumbó a causa del mal tiempo e ingresó en el espacio aéreo de Israel. País que después de diversas alertas dio la orden de derribarlo mediante dos cazas. Sobrevivieron cinco personas de las 113 que se encontraban a bordo.

Diez años después, el 1 de septiembre de 1983, el vuelo 007 de Korean Airlines que viajaba de Seúl a Nueva York fue derribado por un avión caza de la Unión Soviética, dejando una factura de 269 fallecidos entre pasajeros y tripulantes. La aeronave fue derribada cuando desvió su curso ingresando en el espacio aéreo soviético.

Uno de los casos más sonados fue el ocurrido el 3 de julio de 1988 cuando el crucero de la marina estadunidense USS Vinceness disparó contra el vuelo 655 de Iran Air, causando la muerte de los 290 pasajeros que volaban a bordo. Según fuentes oficiales en el momento del accidente, la tensión acumulada en la zona conflictiva de Iraq e Irán pudo provocar un error humano que confundiera el avión comercial con un interceptor iraní. EE.UU. indemnizó a los familiares de las víctimas con 61,8 millones de dólares aunque nunca asumió la responsabilidad públicamente ni pidió disculpas.

Restos del avión de Malaysian Airlines en Donetsk. Fuente: www.melty.es
Restos del avión de Malaysian Airlines en Donetsk el pasado mes de julio de 2014. Fuente: www.melty.es

El precedente más parecido al incidente del pasado 18 de julio en Ucrania es seguramente el de dos aviones comerciales pertenecientes a Transair Georgia, derribados en 1993 por misiles disparados por rebeldes separatistas de la región de Abjasia, un enclave prorruso en Georgia. Fueron dos derribos en dos días causando 135 muertes en total. El parecido es evidente no sólo por la región y la presencia rusa sino también por el modo en que sucedió.

En 1994 un avión comercial que se disponía a aterrizar en la capital ruandesa de Kigali fue derribado causando la muerte de todos los pasajeros a bordo, entre ellos los presidentes de Ruanda y Burundi, Juvenal Habyarimana y  Cyprian Ntayamira respectivamente. Aquel incidente fue el inicio de uno de los más sangrientos genocidios de la historia protagonizado por hutus y tutsis.

El 10 de octubre de 1998 tuvo lugar el penúltimo ataque a una aeronave comercial registrado hasta hace un mes. Ocurrió en la República Democrática del Congo donde un conflicto interno enfrentaba al presidente Laurent Kabila y a los rebeldes. Éstos derribaron un avión comercial de Congo Airlines convencidos que se trataba de refuerzos militares del presidente

Finalmente, el último incidente (por decirlo de algún modo) de un avión derribado voluntariamente ocurrió el 4 de octubre de 2001 e irónicamente en la zona de Crimea, entonces Ucrania. Un avión de Siberian Airlines se dirigía desde Tel Aviv, Israel, hacia Novosibirsk, Rusia, cuando un misil tierra-aire lo impactó haciendo que se estrellara en el Mar Negro, causando la muerte a los 70 pasajeros. Aunque en un inició se negara, el gobierno de Ucrania acabó reconociendo que fue su servicio de defensa antiaérea el que accidentalmente derribó el avión ruso.

El tiempo dicta sentencia

Viendo los casos precedentes y cómo en todos ellos, el tiempo fue necesario para dictar sentencia, parece razonable pensar que es precisamente tiempo lo que se necesita en el caso Rusia-Ucrania, y más todavía si se tiene en consideración la tensión en aumento que se vive en la región. No obstante es necesaria una investigación en profundidad para esclarecer lo ocurrido, depurar responsabilidades y tomar medidas punitivas para los responsables, así como medidas preventivas para evitar que catástrofes como estas se repitan en el futuro.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro


Joan Colom30/07/2014
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Estados Unidos es el país del mundo que menos gasta en alimentación en proporción al nivel de gastos del hogar. Concretamente los residentes de EE.UU. gastan unos 2.273$ anuales, o un 6,6% (6,1% según USDA) del presupuesto familiar en comida doméstica. Son datos referentes al 2012 de un reciente estudio del United States Department of Agriculture (USDA). En el mapa elaborado por Vox se puede apreciar por tonalidades de colores los países que más y menos gastan en alimentación. En términos relativos (en porcentaje en relación al total de gastos del hogar). Estados Unidos gasta menos que cualquier de los otros 83 países incluidos en el estudio.

Los nombres que siguen a EE.UU. en la lista de países que menos gastan en alimentación son el Reino Unido (9,1%), Canadá (9,6%) y Alemania (10,9%). En el otro lado de la balanza encontramos a países asiáticos y africanos encabezados por Pakistán, el país dónde cuesta más dar de comer a una familia. En este país asiático casi la mitad del presupuesto doméstico se destina a alimentación, un 47,7% para ser exactos. Le siguen en la lista Camerún (45,9%), Egipto (42,7%) y Nigeria (39,5%).

Vox. Datos USDA, Economic research service
Vox. Datos USDA, Economic research service

Es importante aclarar un par de apuntes metodológicos del estudio. El primero es que sólo se indican datos para consumo alimenticio doméstico, es decir, que no se tiene en cuenta indicadores como el gasto en comida fuera de casa, restaurantes, hoteles o comida a domicilio. Si estos se incluyeran, EE.UU., por ejemplo gastaría un 11,4% del presupuesto medio familiar en comida. Este factor afecta mucho más a países “ricos” que a los “no ricos” pues son los primeros los que más realizan esta práctica.

El segundo aspecto a clarificar es que obviamente EE.UU no es el país que menos gasta en alimentación pero sí encabeza la lista de países que menor proporción de ingresos familiares destinan a la alimentación. El caso es que EEUU, aun gastando un 6,6% del presupuesto familiar en comida, la cifra absoluta es de 2,273$ anuales, mientras en Pakistán (47,7%) gastan 415$US anuales, equivalente a 4 salarios mínimos.

¿Cuál es la relación entre riqueza/desarrollo y gasto en alimentación?

¿Por qué cuanto más rico es un país, menor es el porcentaje de gastos que se destinan a alimentación? La respuesta parece bien sencilla. Al barajar cifras relativas, siempre en relación a los ingresos familiares, los datos vienen condicionados por dos factores principalmente: los ingresos y los precios. A medida que una familia (extrapolable a un país) se desarrolla económicamente, aumentan sus ingresos y crece su presupuesto, el porcentaje que gasta en alimentación se reduce incluso gastando más en términos absolutos. Corea del Sur, por poner un ejemplo, cubría un tercio de su riqueza en alimentación en 1975, hoy en día este porcentaje se ha reducido hasta el 12%.

Plantación de trigo
Campo de trigo en East Garston, West Berkshire, England, UK. Fuente: FH Mira via Flickr

Sin embargo en esta aparentemente sencilla pregunta se esconden otros factores que influyen distintamente sobre el gasto en alimentación en cada país. Factores geográficos, climáticos, factores relacionados con los precios de los alimentos o cuestiones culturales tales como creencias religiosas, tradiciones y distintos tipos de dieta. Estos factores son los que explican las diferencias de gasto entre países dónde el presupuesto familiar se supone muy parecido. Por ejemplo el caso de EE.UU. y Europa con niveles macroeconómicos parecidos pero cifras distintas. Más allá de que el porcentaje sea menor en Estados Unidos, hecho atribuible a un mayor presupuesto respecto a los países europeos (excepto los escandinavos), en cifras absolutas el país Norte Americano gasta menos que los europeos. Siendo más concretos el ciudadano estadounidense medio gasta 2,273$ mientras en Francia se gasta 3,037$ y en Noruega 4,485$. Uno de los factores claves para explicar esta relación recae en los diferentes niveles de tasas por cada país (ver precios comparados en la UE (pág. 31)) que acentúan niveles de precios ya diferenciados. Diferencias que se explican a partir de otros factores que hacen la alimentación en EE.UU menos costosa. Desde las ayudas a la agricultura hasta la inversión en tecnología agrícola providentes del Estado son factores que han hecho caer los precios de la carne, las aves de corral, los dulces, grasas y aceites (si bien es cierto que los productos frescos han aumentado de precio).

 Nasik, Maharashtra. India
Campesino arando un campo en Nasik, Maharashtra. India. Fuente: Michael Foley via Flickr

Existe un gran debate entre economistas sobre las ventajas y desventajas de subvencionar el sector agrícola nacional pero con ello se mantienen los precios artificialmente bajos aun pagando salarios del “primer mundo”. ¿Cuál es el coste? Entre muchos otros destaca el dificultar la competencia a países en vías de desarrollo o “no desarrollados” que ven en la agricultura de exportación su principal fuente de ingreso.

Desnutrición

La relación entre un alto porcentaje de gasto en alimentación y un alto porcentaje de malnutrición parece que van de la mano. Este punto parece obvio aunque no por ello es menos remarcable. Según datos de la FAO entre 2011 y 2013 el número y prevalencia de personas malnutridas se cifró en 842 millones (un 12% de la población total) concentradas sobre todo en 3 zonas geográficas: Asia oriental, Asia meridional y África subsahariana. Datos que coinciden con las zonas de mayor gasto (porcentaje) en alimentación. Más allá de los precios, los ingresos y la accesibilidad a ciertos productos, existen otros factores menos influyentes pero remarcables en el fenómeno de la desnutrición. Factores como ciertas prácticas alimentarias tradicionales y/o religiosas y tabúes de ciertas sociedades pueden contribuir a deficiencias nutricionales en ciertos grupos de la población. Un anterior artículo de United Explanations indagaba más en profundidad en este tema.

Tal y como se puede observar en el mapa superior (clica aquí para ver en grande) realizado por la Washington State University (2008) se observa una correlación positiva entre malnutrición y porcentaje de los ingresos familiares destinados a alimentación.

Obesidad

La obesidad en los países desarrollados. Fuente: Joe13 via Flickr

Al otro lado de la balanza alimentaria encontramos otro gran problema: la obesidad. Resulta cruelmente irónico que aquellos países que menos gastan en alimentación sean los que mayores problemas de sobrepeso y obesidad registren. Según datos de la OMS de 2008, 1.400 millones (!!!) de personas padecen sobrepeso y entre ellas, 500 millones son obesas. Este es un problema de los países desarrollados aunque la OMS advierte que está pasando a ser también un problema de los países en vías de desarrollo con economías emergentes, sobre todo en entornos urbanos.

A modo de conclusión vale la pena introducir un debate sin respuesta única. ¿Cómo es posible que 842 millones de personas sufran malnutrición mientras otras 500 millones padecen obesidad?

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Joan Colom18/07/2014
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Uno de los temas clásicos, si no el que más, usado por los críticos de Estados Unidos para atacar su sistema económico y social es su sistema sanitario. Una de las características principales de este sistema, que lo hace tan conocido y polémico a la vez, es su no universalidad. Es uno de los pocos países ‘industrializados’ que no ofrece un sistema de salud universal. Esto quiere decir que un porcentaje variable de la población no tiene ninguna cobertura sanitaria y en caso de necesitarla todo el gasto correría a cargo del bolsillo del particular. Atendiendo a los costes de la atención sanitaria, buena parte de la población estadounidense sin seguro médico no puede permitirse enfermar.

Mapa interactivo: la crisis del capitalismo se come la sanidad en Estados Unidos
Pincha en el mapa interactivo para verlo ampliado

Para hacerse una idea uno puede fijarse en este mapa interactivo de los compañeros MetricMaps en el que vemos la evolución desde 1999 hasta 2012 del porcentaje de la población por estado sin seguro médico. En él se observa que, mientras los primeros años los porcentajes se van reduciendo fruto del buen estado de la economía, a partir de 2006/07 los números empiezan a crecer llegando al 25% en estados como Texas, Nevada o Lousiana. Estamos hablando de un cuarto de la población (en esos estados) sin ningún tipo de cobertura sanitaria.

Población sin cobertura médica

Para ser más específicos se exponen a continuación una serie de datos procedentes de la encuesta del National Health de 2012 sobre el número de habitantes con un nivel 0 de cobertura sanitaria. Los datos se muestran por rangos de edad, pues la administración estadunidense tiene programas de seguro públicos para mayores de 65 años y menores de 18 (detallados más adelante).

Entre los menores de edad un 6,6% de los encuestados no tiene ningún tipo de cobertura sanitaria, mientras que el 93,4% restante se divide entre seguro privado (51,3%) y seguro público (42,1%). El grupo de edad más problemático es el de los adultos entre 18 y 65 años. Según la encuesta un 20,9% de los americanos no tiene seguro sanitario alguno y el resto dispone, en su gran mayoría, de seguro médico privado (64,1%) excepto un 15% de la población que tiene acceso a algún programa público de seguro sanitario atendiendo a circunstancias especiales.

No es casualidad que entre los años 2006/07 se produjera el cambio de tendencia hacia mayores porcentajes de población sin seguro o cobertura sanitaria pues el sistema sanitario de Estados Unidos tiene una gran dependencia del buen funcionamiento de su economía y al fallar ésta, con el inicio de la crisis, empieza a fallar todo. ¿Por qué?

¿Cómo funciona el sistema de salud de Estados Unidos?

Como ya se ha apuntado anteriormente, los servicios de salud en los Estados Unidos se dividen entre los sectores público y privado. El mayor proveedor de servicios de salud es el competitivo sector privado, generalmente contratado por el empleador aunque no sin contribución económica del empleado.

El sector público está representado por el Departamento de Salud y Servicios Sociales (HHS) y tiene como objetivo proveer los servicios sanitarios públicos a aquellos que no puedan permitirse un seguro privado. El Congreso determina el presupuesto del HHS.

Dentro del sector público, el gobierno de Estados Unidos es proveedor directo de servicios de salud a excombatientes, indios y nativos estadounidenses, así como a presidiarios.

El sector sanitario público se basa en tres pilares:

1. En primer lugar Medicare, destinado a todos los ancianos mayores de 65 años y personas con discapacidades permanentes (los beneficiarios pagan una parte).

2. El Medicaid, que tiene como objetivo cubrir las necesidades básicas de los más pobres, discapacitados y personas en estado de precariedad socioeconómica. Para beneficiarse de él es requisito imprescindible haber trabajado en el país durante 10 años. El programa tiene un límite de permanencia de 5 años.

3. El tercer pilar es el SCHIP (State Children’s Health Insurance Program). Este programa ofrece seguridad sanitaria a los niños menores de 18 años con bajos ingresos familiares, aunque superiores a los de los beneficiarios del Medicaid.

El sector privado se basa en la obtención de un empleo. La gran mayoría de seguros privados de salud son contratados por parte del empleador, el cual no está obligado a ello pero tiene ventajas fiscales importantes por proveer tales seguros. El coste es siempre compartido entre empleado y empleador. Se estima que un 75% de los empleados tenían seguro contratado en la empresa antes de la crisis. Cabe señalar, pero, que generalmente se trataba de seguros parciales, por prestaciones y con limitadas opciones de elección.

Principales problemas del sistema sanitario estadounidense

  1. Baja eficiencia del sistema: Estados Unidos destina el 17% de su PIB a salud, de los que más en la OCDE, sin embargo ocupa una posición muy discreta en cuanto a resultados de indicadores como mortalidad infantil o esperanza de vida.
  2. Poca orientación a la prevención: énfasis curativo al preventivo. Muy poca inversión en prevención y salud pública.
  3. Alta proporción de población no asegurada: una gran parte de la población no tiene imposibilidad económica pero sí tienen enfermedades anteriores o permanentes.
  4. Fuerte crecimiento de los costes de salud, para todos: los costes en salud han aumentado tres veces más rápido que el salario promedio.
  5. Incentivos mal enfocados: Al pagar a los prestadores por prestación y no por resultados no existen incentivos orientados al uso eficiente.
  6. Dependencia del empleo: El sistema sanitario depende en gran medida de tasas de desempleo muy bajas, pues es la obtención de un empleo lo que asegura una cobertura médica.

¿Cómo acabar con estos problemas? La reforma de Obama

La reforma del Sistema de Salud, oficialmente Ley de Protección a los Pacientes y de Cuidados de la Salud Asequibles (Patient Protection and Affordable Care Act – PPACA) fue propuesta por Barack Obama como emblema de su legislatura y pretendía transformar el ineficiente y “cruel” funcionamiento de la sanidad en el país. A continuación se exponen de manera muy breve los principales puntos de reforma del llamado “Obamacare”.

  1. Asegurar a toda la población de Estados Unidos
  2. Crear una bolsa de Seguros de Salud que permita ofrecer información fiable sobre seguros privados y aumentar la competencia, bajando así los precios.
  3. Realizar cambios para las personas ya aseguradas que no permitan a las aseguradoras discriminar por enfermedades preexistentes o no renovar seguros por la aparición de una.
  4. Incentivar la prevención. Tanto empresas como programas públicos tendrán la obligación de crear programas de prevención de enfermedades y controles rutinarios a aquellos más vulnerables.
  5. Creación de un órgano independiente que controle la eficacia de los distintos tratamientos y ordenar así información muy útil.
  6. Gran inversión para introducir y consolidar sistemas electrónicos de información médica. Menos costosos y más fiables.

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La gran polémica que ha rodeado la reforma sanitaria de Estados Unidos durante los últimos años ha sido mayormente su financiación y las consecuencias económicas de ésta. Según Obama y sus partidarios, se conseguirá reducir los costes totales que tiene el sistema sanitario mientras que sus detractores aseguran que los precios subirán y no bajarán a los niveles anteriores. Pero este debate va más allá de los números, es una cuestión ideológica siempre palpable en la política estadounidense; sobre el papel del Estado y su intromisión en el libre funcionamiento del capitalismo liberal. Pero hablar de esto sería meterse en otro jardín y para ello sería necesario dedicar un artículo entero.

Foto de portada: proporción de población sin seguro médico. Fuente: Metric Maps.

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