29/11/2020 BARCELONA

La Bohème: suspensión moral, romanticismo, y la transitoriedad de la belleza

Poster de la ópera de Giacomo Puccini, La Bohème [Foto vía urban-flavours.com].
Hedonismo de juventud, romanticismo, necesidad de liberación de las imposiciones del orden moral de la sociedad, y la aceptación de la transitoriedad de la belleza son algunos de los temas presentes en la intemporal obra de Giacomo Puccini, La Bohème, que, hoy en día, puede conectarnos con el desencanto de una sociedad de consumo invadida por la tecnología.

Entre las operas ambientadas en invierno, puede que La Bohème sea la más acertada apuesta navideña, ya que conecta con la profunda melancolía que circula en estas fechas y la predisposición a tomar conciencia de la transitoriedad de la belleza. La calidez de las arias se instala en nuestras fibras más sensibles porque el libreto y la música mantienen un portentoso equilibro entre la ironía romántica y el dramatismo.

‘Estudio Interior’ de Octave Tassaert (1845) [Foto: Web Gallery of Art vía WikimediaCommons].

La Bohème, (1897) es catalogada como la primera de la “trilogía” de óperas veristas de Giaccomo Puccini, a la que siguen le Tosca y Madame Butterfly. José Luis Téllez apunta que más que verista es una ópera de ambientes, ya que reproduce el efervescente contexto de la bohemia parisina de 1830. El tema se tomó de la exitosa obra de Henri Murger, La Vie de Bohème. La novela originalmente se publicó en fascículos que narraban escenas independientes y tras el fulgurante éxito, éstos se condensaron en una sola impresión. Fue Murger el primero en acuñar el término bohemia, metáfora de la vida errante de los gitanos de la región de Hungría.

Frente a la institución estatal y a las comodidades burguesas, los artistas bohemios se erigían como símbolos de liberación. Estos vivían acorde con un dictado que superponía la existencia estética sobre la existencia ética.

El autor quiso documentar el peculiar perfil de estos personajes que predicaban la suspensión teológica del orden moral establecido y la alabanza a la vida itinerante y despreocupada. Frente a la institución estatal y a las comodidades burguesas, los artistas bohemios se erigían como símbolos de liberación. Estos vivían acorde con un dictado que superponía la existencia estética sobre la existencia ética. La ópera resume los tópicos de la mitología bohemia captando el dramatismo de esta juventud romántica alienada del circuito burgués.

El teatro Real de Madrid (España) aprovecha la popularidad del tema llevando el contenido a las redes sociales, estrategia que ha acercado la ópera a un público muy amplio (con la última reproducción de Madame Butterfly logró más de 970.000 visionados). Ésta resulta una opción idónea para llegar al público más joven, ya que el tema es precisamente la juventud, y el concepto de “bohemia” conecta con un sector amplio desencantado con la homogeneidad tecnológica y la frialdad de la sociedad de consumo.

‘El enterramiento de Atala’ de Anne-Louis Girodet (1808) [Foto vía mydailyartdisplay.wordpress.com].

Richard Jones, el director de escena, regresa a la verosimilitud ambiental de la novela original. Los vestuarios reproducen minuciosamente los trajes de época y el ático recrea el prototípico atelier de artista, con su chimenea y austero mobiliario. Los cambios de escena suceden con el telón subido, enfatizando el verismo de la obra e introduciendo elementos metateatrales que permiten conciliar el naturalismo con un análisis psicológico distanciado. El director de orquesta, Paolo Carignani, afirma que esta propuesta logra la mediación racional de una ópera que va directa a los sentimientos.

Joan Matasboch y Carignani sostienen que la vigencia de los temas se debe sobretodo a la cotidianidad y el naturalismo de los personajes. Carignani pone de ejemplo a los estudiantes erasmus, que lidian con el frío y experiencias adversas con entusiasmo. Matasboch incide en que esta producción subraya el viaje hacia la madurez de unos jóvenes soñadores y hedonistas. Lo cierto es que las bromas del libreto no se han quedado viejas y los temas con los que se batalla son atemporales: la despreocupación, la aspiración romántica de trascender, la precariedad y la presión por pagar un alquiler, etc. La comicidad que destilan los diálogos se contrapone con una música frágil y delicada como la existencia bohemia, que desde los primeros compases anuncia la pérdida y el sufrimiento que experimentarán los personajes.

El fallecimiento de Mimi, el momento dramático más importante, es también la muerte de la juventud y de la primavera. Mimi representa la transitoriedad, la flor de una época destinada a durar poco. Es una especie de vanitas que les recuerda al grupo de jóvenes que son seres limitados por el tiempo. Mimi, como la canción, era una flor y al fin, murió.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Paula Curzio

México D.F, México. Humanista. Me gusta leer, escuchar conferencias, aprender idiomas e instalarme los sábados en La Fídula. Email: [email protected]


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