21/05/2022 MÉXICO

Resiliencia y paz positiva, dos conceptos clave para el bienestar social

¿Puede estar obsoleta la forma en la que medimos el bienestar o la vulnerabilidad humana? La protección frente a diversos tipos de violencia o la capacidad de una sociedad para enfrentar las adversidades son nuevos indicadores a tener en cuenta. Te explicamos los conceptos de "resiliencia" y "paz positiva", una nueva forma de analizar el mundo.

Vivimos en un mundo cada vez más impredecible en el que la vulnerabilidad de muchos pueblos aumenta. Ante estos acontecimientos, todos los países deberán enfocar su desarrollo a la construcción de estructuras sociales resilientes. La paz positiva es entonces una alternativa a la mera erradicación de los conflictos.

Desarrollo humano y resilicencia

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) utiliza el Índice de Desarrollo Humano (IDH) para medir el grado de desarrollo de un país, siguiendo tres parámetros: esperanza de vida, nivel de educación y PIB per cápita. De acuerdo con el informe de 2014, el IDH de casi todos los países del mundo ha avanzado considerablemente, es decir, los avances en tecnología, medicina, educación y generación de ingresos han permitido, en líneas generales, avances en las sociedades.

Vulnerabilidad humana y vulnerabilidad estructural

A pesar de esta aparente buena noticia, el sentimiento generalizado en la actualidad es de precariedad, principalmente en los medios de subsistencia, en la seguridad personal y en el medio ambiente. Esto es síntoma de que los avances en los parámetros del IDH, a los que han contribuido los ya extintos Objetivos de Desarrollo del Milenio, no han conseguido reducir la vulnerabilidad humana, entendida ésta como la perspectiva de erosión de las capacidades y las opciones de las personas.

Mujer somalí recogiendo agua [Foto: UNDP vía Flickr]
Mujer somalí recogiendo agua [Foto: UNDP vía Flickr].

La vulnerabilidad humana no es un fenómeno nuevo, pero sí se está avanzando en los últimos años debido principalmente a dos aspectos: el primero es la inestabilidad económica y financiera, que está socavando el pacto social también en las sociedades avanzadas. Y el segundo son las nefastas consecuencias de los desastres medioambientales, que además se prevé que se agraven en los próximos años como resultado del cambio climático, algo a lo que ningún país del mundo será inmune.

Sin embargo, algunos países y algunas personas son mucho más vulnerables que otras. En este grupo encontramos a quienes viven en las extrema pobreza, que según los últimos datos del Banco Mundial (de 2011) es el 12’7% de la población mundial, y quienes, por tanto, más sufren las consecuencias de otros factores de vulnerabilidad. A modo de ejemplo, entre 2000 y 2012, más de 200 millones de personas, la mayoría en países en desarrollo, se vieron afectados por desastres naturales cada año, principalmente a causa de inundaciones y sequías.


Además de la vulnerabilidad humana, debemos hablar de la estructural, que se refiere a aquella que soportan determinados grupos como niños, mujeres, migrantes, indígenas o personas mayores. Estas personas es probable que tengan que superar barreras adicionales a las ya condiciones adversas; por ejemplo, las mujeres en todo el mundo experimentan vulnerabilidad en forma de violencia y sentimientos de inseguridad personal, condiciones que restringen su actividad en la vida pública y privada.

Por último, y aunque nos referiremos a ello en la última parte del artículo, hay que resaltar que los conflictos son una de las causas de la vulnerabilidad humana y que los países con niveles más bajos de desarrollo humano se encuentran o bien insertos o bien saliendo de enfrentamientos armados.

Frente a la vulnerabilidad: construir resiliencia

Frente a la vulnerabilidad humana y estructural es necesario construir un progreso que se base en un desarrollo humano resiliente. La resiliencia humana se puede definir como la seguridad de que las opciones de las personas son sólidas ahora y en un futuro y que les permite hacer frente y adaptarse a los eventos adversos. Este enfoque trata de ir más allá de otros tradicionales que pretenden asegurar y sostener el desarrollo humano.

La resiliencia pretende garantizar que instituciones, normativa y prácticas, tanto estatales como mundiales, junto con las redes de apoyo de las comunidades, trabajen para empoderar a las personas, insertándose en los tejidos de las sociedades y, en especial, de los grupos más vulnerables en los momentos cruciales de su ciclo vital.

Actores necesarios para la construcción de sociedades resilientes

Tenemos, por tanto, dos clases de actores que pueden impulsar la construcción de resiliencia. En primer lugar, el compromiso de las instituciones debería encaminarse a garantizar la prestación universal de servicios sociales como la educación o la sanidad. Otras actuaciones como el impulso al pleno empleo o al acceso a la vivienda sentarían las bases para construir resiliencia a largo plazo.


En segundo lugar, la comunidad o la llamada sociedad civil tiene también un importante papel en la construcción de resiliencia. Ejemplo de ello es la iniciativa de Rob Hopkins y su Transition Movement. En una charla Ted, Hopkins se centra en el aspecto medioambiental y sostiene que el nivel de vulnerabilidad de las sociedades depende del grado de dependencia del petróleo de las mismas. Añade que, pese a que vivamos un momento en el que creemos que la tecnología puede resolverlo todo, no se puede construir un planeta Tierra nuevo con un click. Este autor defiende que la respuesta ante esta vulnerabilidad es la construcción de resiliencia y, para ello, alude a algunos de los proyectos que componen su movimiento, como el desarrollo de monedas locales o los planes de energía decreciente —un plan B a nivel local que dibuje ciudades que utilizan cada vez menos energía—.

La prevención como herramienta principal

En el caso de los desastres ambientales, difícilmente evitables por los ciudadanos a nivel individual, es importante la preparación ante los mismos y que ésta instale sistemas que vayan más allá de las amenazas y crisis inmediatas y hagan frente a los impactos a largo plazo. En el caso de otra de las causas que más incrementan la vulnerabilidad de las sociedad, la prevención de los conflictos, tanto entre estados como internos, será la herramienta principal para la construcción de resiliencia humana.

Una de las características comunes de los conflictos es la ausencia de armonía y cohesión social, por lo que el desarrollo de políticas que luchen contra la exclusión, creen sentimiento de pertenencia o promuevan el ascenso y confianza social ayudarían a reducir la vulnerabilidad de esa sociedad ante un posible conflicto. Los grupos de la sociedad civil también tienen un peso importante en elaborar esas estructuras sociales que sienten las bases para construir la paz. Precisamente porque algunos expertos destacaron la construcción de estructuras sociales para el establecimiento de la paz, desde hace algunas décadas, se pueden distinguir los conceptos de paz positiva y paz negativa.

Construir sociedades resilientes a partir de la paz positiva

En contraposición al concepto de paz negativa, es decir, la ausencia de violencia o del temor a la violencia, la paz positiva está relacionada con la presencia de actitudes, instituciones y estructuras que crean y sostienen sociedades pacíficas.

Comunidad afectada por la sequía y la desertificación en Bolivia [Foto: European Commission DG ECHO vía Flickr]
Comunidad afectada por la sequía y la desertificación en Bolivia [Foto: European Commission DG ECHO vía Flickr].


Uno de los autores que ha explicado esta diferencia ha sido Johan Galtung quien, en 1969, distinguía tres clases de violencia que le ayudaban a la construcción de los conceptos de paz positiva y paz negativa. Según este autor, la violencia puede ser en primer lugar directa; ésta se refiere a la agresión, siendo la guerra su máxima expresión. En segundo lugar, la violencia puede ser estructural, que es la que procede de las estructuras políticas, económicas y sociales; la pobreza o la falta de acceso a la educación serían ejemplos de esta. Por último, la violencia puede ser también cultural, es decir, procede de la imposición de valores o pautas culturales y legitima el uso de la fuerza como forma de resolver los conflictos.

De esta forma, si la paz negativa iría encaminada a eliminar la violencia directa, la paz positiva pretende acabar con todas las formas de violencia, sea directa, estructural o cultural.

Informe del Instituto para la Economía y la Paz (Institute for Economics & Peace)

El informe sobre la paz positiva que elabora el Instituto para la Economía y la Paz afirma que los países con niveles más altos en «paz positiva», es decir, aquellos en los que se lucha contra la violencia en sus tres dimensiones, presentan mejores niveles de desarrollo y de resiliencia frente a las adversidades. Ejemplo de ello son las siguientes estadísticas que aporta el mencionado informe:

  • El 80% de los peores acontecimientos políticos ocurrieron en países con bajo nivel de paz positiva.
  • El  número de muertes consecuencia de desastres naturales entre 2005 y 2015 fue trece veces mayor en los países con baja paz positiva, un ratio desproporcionadamente alto si se compara con la distribución de estos accidentes.

El concepto y las prácticas que conlleva la paz positiva no sólo crean un marco de no-violencia sino también un plan para responder ante acontecimientos imprevistos. La clave de este concepto son las estructuras que se crean a partir de los pilares que constituyen esta paz positiva. Dichos pilares serían:

  1. Entorno empresarial sólido.
  2. Altos niveles de capital humano.
  3. Bajo nivel de corrupción.
  4. Libertad en los flujos de información.
  5. Buenas relaciones de vecindad.
  6. Aceptación de los derechos de otros.
  7. Buen funcionamiento del gobierno.
  8. Distribución equitativa de los recursos.

Por ejemplo, cuando un país cuenta con una serie de instituciones formales como un sistema legal que funciona bien, combinado con otras instituciones informales como es una sociedad cohesionada, dicho país responderá o se adaptará mejor ante cualquier acontecimiento imprevisto, sea de tipo político, económico, medioambiental, social o cultural.

La segunda década del siglo XXI ha estado marcada por la ausencia de predictibilidad en todos sus acontecimientos. Aún así, las instituciones y la sociedad civil deberán tratar de prevenir las condiciones adversas a las que se enfrentan los ciudadanos del mundo de hoy, a través de la creación de estructuras resilientes. La paz positiva se presenta hoy como la alternativa a la tradicional paz negativa que, al estar centrada en finalizar el conflicto, dejaba de lado los elementos que impiden el nacimiento de otros nuevos.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Verónica Gonzalo

Soria, España. Licenciada en Derecho y Ciencias políticas. Me interesa todo lo relacionado con los cambios políticos, económicos, sociales y culturales en los que se encuentra inmerso el mundo actualmente.


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