05/12/2020 BARCELONA

Canadá: ¿un modelo a seguir?
Trudeau durante el desfile del Día de Canadá [Foto: Dr-Chomp vía Flickr]

Durante los últimos años Canadá se ha ido afirmando en el sistema internacional como un Estado de primera línea en varias vertientes. Silenciosamente, el país del norte de América se ha posicionado en los rankings de los mejores lugares para vivir —teniendo en cuenta el desarrollo personal—, pero ¿cómo lo ha logrado? Sin duda, desde que Justin Trudeau se convirtió en primer ministro, la política doméstica y exterior canadiense han cambiado de rumbo.

El poder intangible

A lo largo de las décadas vemos como los estados con mejor estructura económica materializaban un cierto poder en la hegemonía global, liderando el sistema internacional. Otros, en cambio, tienden a utilizar el poder duro o militar para construir una dominación tradicional mediante el sostenimiento de bases geoestratégicas y el desarrollo de armamentos tecnológicos.

Ahora bien, existe un tipo de poder más «blando» con el objetivo de influir en los demás para alcanzar una meta. Para explicar este fenómeno, el analista internacional Joseph Nye hace hincapié en tres formas de conseguir lo que uno se propone: a través de la fuerza, del dinero y de la persuasión. El soft power o poder blando se define como la capacidad de conseguir lo que uno quiere sin recurrir a la represión o al dinero.

El poder blando es la capacidad de influir en nosotros sin sobornos ni coerciones, por medio de la persuasión.

Bandera de Canadá [Foto: Tony Webster vía WikimediaCommons]
Bandera de Canadá [Foto: Tony Webster vía WikimediaCommons].

Canadá y el gabinete de Trudeau son un claro ejemplo de esto: han puesto todo su esfuerzo en potenciar su infraestructura liviana para alimentar sus capacidades de acción en un marco global competitivo. Las fuentes primarias a las que atiende el soft power son la cultura, los valores y la política doméstica. En ellos nace la importancia de la reputación o el estilo político que va a tener un grado de atracción o no, dependiendo en qué marco se desarrolle.

A partir de estas vertientes vemos como Canadá se ha ido insertando en el contexto internacional utilizando este tipo de poder blando, combinándolo con un buen status económico para afianzar su planificación de un soft power frágil para su obtención y mantenimiento frente la fisionomía de una sociedad internacional intensa pero que, utilizado correctamente, puede obtener resultados óptimos.

«Canadian power»

Según las estadísticas del portal Portland —que realiza un gran aporte al análisis de la dinámica del poder blando— Canadá se ubica en cuarto lugar, tras Estados Unidos, Reino Unido y Alemania, superando así a estados de gran preponderancia en esta escala como Francia y Australia.

En el sistema internacional existen diferentes asuntos a los que se enfrentan los actores estatales. Dentro de la planificación sobre los informes de planes y prioridades 2015-2016 del gobierno canadiense, podemos encontrar algunos ejes centrales de su política exterior como los temas de seguridad internacional, la protección del medio ambiente mundial, los Derechos Humanos, la respuesta inmediata del país frente a conflictos, crisis y desastres naturales, enfermedades mundiales y refugiados.

Notoriamente, Canadá busca sumergirse en otro plano de la escena mundial. Sabemos que es una de las naciones más ricas del mundo —con una renta per cápita alta— y es miembro del G-8 —conformado por los estados más industrializados del planeta—. Por otro lado, es miembro de Naciones Unidas, aportando apoyo militar y civil en las misiones de paz. Además, es  socio fundador de la OTAN, destinando apoyo militar para sus diferentes misiones.

Trudeau y Kerry en rueda de prensa [Foto: US Department of State vía WikimediaCommons]
Trudeau y Kerry en rueda de prensa [Foto: US Department of State vía WikimediaCommons].

Con la llegada de Trudeau al sillón de primer ministro se mantuvo la estructura en la que se plasmó el gobierno de Canadá hasta su llegada. Sin embargo, ha tenido la capacidad de potenciar sus eslabones políticos para afianzarse de adentro hacia afuera. Uno de los puntos a atender es la promoción de los valores éticos: podemos dar ejemplos como el mantenimiento de la paz y el fomento de la democracia en el que desarrolló la Comisión Internacional sobre Intervención y Soberanía de los Estados que desembocó en la formulación del principio de la «responsabilidad de proteger» para evitar violaciones masivas de derechos humanos en conflictos internos.

Sin dejar pasar por alto la composición de su gabinete que no solo fue paritario sino que incluyó ministros de diferentes etnias y religiones, así como miembros de las Primeras Naciones y personas con discapacidad. Desde una mirada diversificada, la mandataria Carolyn Bennettel del Ministerio de Asuntos Indígenas y Norte de Canadá cumple un papel relevante en la tarea de intensificar los valores canadienses, rompiendo así con el estigma del pasado frente a la comunidad aborigen y asumiendo un rol preponderante en la suma del poder blando.

Una de las políticas de Estado más notorias fue la acogida de casi 29.500 personas refugiadas en un lapso de no más de dos años. Una coordinación administrativa y voluntad política brillante con un programa de márketing igual de notorio: a la llegada de los refugiados al país se encontraba esperándolos nada menos que el primer ministro Trudeau.

Para un ejercicio del dominio sostenido hay otro eje fundamental del poder blando que es la digitalización. El manejo de las redes, hoy en día, se ha vuelto crucial a la hora de acrecentar la influencia. Nye nos habla de la capacidad de persuadir y generar una cierta atracción al otro con el fin de obtener lo que uno desea. Esto no es un caso ajeno, ya que Canadá se encuentra en segundo lugar del subíndice, desarrollado por Portland, en el marco de las nuevas tecnologías y su plena utilización, generando así una demostración de un gobierno abierto realmente transparente, y es aquí donde el poder blando se hace notar.

Simbología de Canadá [Foto: Zscout370 vía WikimediaCommons].
Simbología de Canadá [Foto: Zscout370 vía WikimediaCommons].

Una de las promesas de campaña de Trudeau fue darle batalla al cambio climático y al cuidado del medio ambiente. La creación en el año 2014 del Inventario Nacional de Emisiones Contaminantes (NPRI) y su potenciación en los años venideros han conseguido que Canadá se imponga como líder en la lucha global contra el cambio climático con ambiciosos objetivos de reducción de emisiones de carbono, convirtiéndose así partícipe de la firma del Acuerdo de París de año 2015.

Si hablamos del plano cultural del poder blando, Canadá no se ha quedado atrás. La educación del país viene mejorando en escala, quedando tercera en el ranking de Portland de soft power durante el 2016. Sin lugar a dudas las políticas llevadas a cabo desde la asunción del primer ministro dieron grandes resultados. Se trata de uno de los países que ofrece mayores niveles de vida y de desarrollo tanto profesional como personal. «Está por encima de la media de los países desarrollados en el ingreso per cápita y presenta tasas más bajas de desempleo», afirma Luis Miguel Benavides, jefe de recursos humanos de LAE, agencia que representa universidades reconocidas en el mundo y ofrece servicios de acompañamiento en el proceso de estudios en el exterior.

Si bien es una política doméstica que ha llevado una cierta continuidad a lo largo de la década, se está potenciando con la creación de EduCanada, una marca de la educación que se está haciendo notar llamando así a estudiantes, investigadores, innovadores y empresarios de todo el mundo, aplicando una buena educación a bajo costo —en comparación al dólar estadounidense— que gracias al poder digital que demanda el país del norte mediante la diagramación de un gobierno abierto a la información, los potenciales estudiantes se sienten resguardados, influyendo paralelamente al crecimiento del poder blando canadiense.

La era Trudeau: un idealismo con contraposiciones

Más allá del puesto que ocupa, la política con marca Trudeau genera admiración en el ámbito global. Una mirada juvenil y progresista que delinea una política exterior en términos idealistas/liberales, pero que a veces chocan con la vieja política canadiense o la misma coyuntura internacional.

Militares canadienses [Foto: Allied Joint Force Command Brunssum vía WikimediaCommons]
Militares canadienses [Foto: Allied Joint Force Command Brunssum vía WikimediaCommons].

La difusión de los valores multiétnicos del gobierno de Trudeau es innegable. Ahora bien, existe una contraposición interna y son las muertes de miles de mujeres indígenas y cientos de desaparecidos que se vienen desarrollando desde los años ochenta hasta la fecha —teniendo este un canon histórico de muertes y discriminación étnica—; esta es una gran preocupación para el gobierno actual. Tal es así que se ha creado una comisión especial para lidiar con este flagelo llamado «Estudio Nacional sobre Mujeres y Niñas Indígenas Desaparecidas y Asesinadas». Trudeau ha realzado su relación con los pueblos originarios de los territorios canadienses con el objetivo de extender su soft power por toda América, demostrando que la reivindicación no siempre está tan lejos.  

El actual gobierno canadiense puede tener una visión dentro del paradigma liberal pero lo cierto es que Canadá se encuentra dentro de diferentes circunstancias que se desvían de sus principios. Para no perder los beneficios de las relaciones occidentales y estadounidenses, el país canadiense sigue participando en cuatro operaciones militares dentro de la OTAN a nivel internacional: Operación Reassurance —ubicada en Europa central y del este—, Operación Unifier —plasmada en Ucrania con participación de la OTAN—, Operación Impact —asentada en Irak— y Operación Artemis —en el denominado Gran Oriente Medio—. Siguiendo por la hilera del poder duro, las crecientes tensiones por la posible venta de armas a países como Arabia Saudí y China, estados técnicamente pobres en lo que respecta a los Derechos Humanos, reabren un sinfín de analogías de cuál es el lineamiento que quiere llevar Canadá en su política exterior en donde la crítica de la ciudadanía canadiense y los medios de comunicación no se hicieron esperar.

Con esta estructura de gobierno que se ha encontrado Trudeau, es inimaginable que sea totalmente liberal —por lo menos a corto plazo— ya que el contexto internacional en el que se encuentra Canadá no se lo permite, siendo a veces más realista de lo deseado. Quizá la realidad global en la mayoría de los casos responderá, según Nye y Keohane, a una situación intermedia entre ambos modelos, lo que no impide la necesidad del modelo de que los dos converjan. Desde otra perspectiva, el llamado Smart Power (poder inteligente) de Joseph Nye aparece en escena, haciendo del poder duro y blando un arma mortal para cualquier Estado si es capaz de unificar y hacer de ella un equilibrio de poder sostenible durante el tiempo. El gobierno canadiense lo tiene claro: cuando puedes conseguir que otros admiren tus ideales puedes obtener lo que uno deseas.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Martin Moretti

(Buenos Aires, Argentina). Estudiante avanzado de la Licenciatura en Relaciones Internacionales en la Universidad Abierta Interamericana. Sus líneas de interés se centran en temas relacionados a los asuntos estratégicos.


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