21/01/2021 BARCELONA

Black Lives Matter, también en Francia

« Black Lives Matter in France, Too », era el título del editorial del New York Times del 29 de julio. La cabecera norteamericana denunciaba de esta forma la muerte, el pasado 19 de julio, del joven negro Adama Traoré en un confuso altercado con la policía en un suburbio parisino.

Adama Traoré murió el pasado 19 de julio cuando iba a ser detenido. Las causas de su muerte no están aún esclarecidas después de dos autopsias contradictorias. La justicia ha rechazado un tercer examen reclamado por la familia, al tiempo que se ha descubierto que el fiscal omitió, en sus explicaciones públicas, informaciones relevantes apuntadas por los médicos forenses. Las explicaciones se contradicen y la familia y los amigos de Adama piden “verdad y justicia”. Los tres policías que participaron en la fatal detención afirmaron en sus declaraciones ante el juzgado que lleva el caso que el cuerpo del joven soportó el peso de los tres agentes, lo que pudo provocar la muerte por asfixia.

El intento de detención y muerte de Adama tuvo lugar en Baumont-sur-Oise, una pequeña ciudad del departamento de Val d’Oise, al norte de París. A las horas siguientes se sucedieron diferentes altercados entre los jóvenes de éste y otros barrios de los suburbios parisinos.

La historia se repite

El movimiento “Black Lives Matter”, en Francia. Photo: caribflame.com

Los hechos recuerdan a lo ocurrido en 2005, cuando durante un par de semanas los jóvenes de las banlieues se enfrentaron a la policía y protagonizaron largas noches de altercados. Entonces, como ahora, la reacción de estos jóvenes tenía lugar después de que dos adolescentes murieran electrocutados durante una persecución policial. Más allá del trágico desenlace en los dos sucesos, la actuación de las autoridades presenta fuertes paralelismos. En 2005, los hechos no fueron esclarecidos con rapidez. Y años más tarde, los agentes acusados fueron exculpados por la justicia.

La impunidad policial

Esta actitud ha llevado a muchas organizaciones a denunciar la impunidad policial y la actuación cotidiana de las fuerzas de seguridad en los suburbios de las grandes ciudades francesas. Los controles de identidad son percibidos como discriminatorios y abusivos, hecho que quedó demostrado en un estudio publicado en 2009: cuando alguien es percibido como “negro” o “árabe” la posibilidad de verse sometido a  un control de identidad se multiplica por seis y ocho respecto a los “blancos”. El estudio reveló que la mayoría de éstos controles se llevan a cabo sin motivo aparente y se basan más en la apariencia de las personas que en lo que están haciendo en los momentos previos al control.

En 2012, durante la campaña que le llevó a la presidencia de la República, François Hollande prometió acabar con los controles abusivos de identidad, introduciendo la obligación para policías y gendarmes de presentar un comprobante de cada control. Como tantos otros compromisos, cayó en saco roto.

Después de la muerte de Adama, el Ministro del Interior, Bernard Cazeneuve, pidió “no poner en duda” el trabajo de la policía, ya que el contexto de estado de emergencia y de lucha contra el terrorismo requiere, según sus propias palabras, la unidad de todos detrás de los cuerpos y fuerzas de seguridad. El problema, según diversas organizaciones, es que el estado de emergencia -decretado en noviembre de 2015 después de los ataques terroristas- incrementa, justamente, la impunidad policial. En efecto, las fuerzas de seguridad pueden actuar sin orden judicial, y las prefecturas -delegaciones del gobierno central en los departamentos, encargadas de la seguridad- ven sus poderes acrecentados. Precisamente, bajo las potestades que le otorga el estado de emergencia, la prefectura de París prohibió la manifestación convocada por la familia de Adama el pasado 30 de julio para pedir “verdad y justicia”. Los motivos para la prohibición son, a día de hoy, bastante confusos. Los manifestantes pudieron solamente concentrarse cerca de la Estación del Norte, aunque fueron rodeados y bloqueados por decenas de policías durante varias horas.

El modelo de integración francés

Los banlieue de Paris, por ingresos. Photo: wikipedia

El New York Times acusaba a la policía francesa, en su editorial del 29 de julio, de tener actitudes racistas, trazando paralelismos con las violencias policiales estadounidenses. El periódico afirmaba sin embargo que estas actitudes “encuentran sus raíces en el pasado colonial francés”. Una idea que desde hace varios años apuntan asociaciones y activistas, pero también académicos e investigadores. Desde estos ámbitos se afirma que la relación del Estado francés con muchas de sus minorías contiene enormes trazas del pasado colonial. La configuración actual de la sociedad francesa es fruto precisamente de oleadas de inmigración provenientes de sus antiguas colonias. La estrategia para la “integración” de estas personas y sus descendientes ha sido la “asimilación”, es decir el intento de imponer unos valores políticos y culturales determinados -los de la República francesa- bajo la apelación de una supuesta igualdad universal -la égalité del famoso lema republicano. Sin embargo, la realidad dista mucho de acercarse a este ideal igualitario. Las políticas asimilacionistas han comportado, por ejemplo, la segregación espacial en los suburbios de las grandes ciudades. Una política urbana que, según varios autores, fue pensada y dirigida desde el propio Estado. Esta segregación tiene enormes consecuencias, empezando por la dejadez de algunos servicios públicos en estos territorios.

La estigmatización de sus habitantes es otra de las grandes consecuencias, y muchos denuncian que poner en el curriculum según que código postal es sinónimo de que una candidatura para un puesto de trabajo sea rechazada automáticamente por las empresas. Según qué nombres y apellidos generan también suspicacias, y en muchos ámbitos se sigue catalogando a éstos jóvenes con la etiqueta “de origen inmigrante”, a pesar de que sean franceses de segunda y tercera generación y que no tengan más nacionalidad que la francesa. Pero parece que, bajo el contexto político y social actual, esta situación no va a cambiar. El Gobierno de Hollande olvidó sus promesas más significativas en esta materia y, ahora, recrudece su discurso y sus acciones con el concurso de la extrema derecha y de una derecha tradicional radicalizada.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Victor Albert

Barcelona. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona. Estudiante de Máster en Relaciones Euromediterraneas en la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona y en la Universidad París 8 - Saint Denis. Interesado en las relaciones internacionales y en las políticas públicas dirigidas a la población juvenil.


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