27/02/2020 BARCELONA

El otoño del patriarca Putin

El 23 de septiembre de 2011, en un congreso celebrado por el partido oficialista Rusia Unida, el actual presidente ruso, Dmitri Medvédev, propuso formalmente al expresidente y actual primer ministro, Vladímir Putin, como candidato a las próximas elecciones presidenciales de marzo de 2012. ¿Un regreso anunciado?


El 23 de septiembre de 2011, en un congreso celebrado por el partido oficialista Rusia Unida, el actual  presidente ruso, Dmitri Medvédev, propuso formalmente al expresidente y actual primer ministro, Vladímir Putin, como candidato a las próximas elecciones presidenciales de marzo de 2012. ¿Un regreso anunciado? ¿Un cambio o tan solo un juego de cromos en el enrevesado tablero de la política rusa? ¿Qué debe esperar la UE  y otros actores importantes? Este artículo se asoma en la compleja espiral del poder ruso en su relación con la comunidad europea, acercándola a los lectores.

Gambito ruso

Dos días después del congreso del partido el anuncio ya fue oficial: Putin y Medvédev intercambiarán sus puestos. El actual máximo responsable de la Casa Blanca de Rusia ( sede del Ejecutivo ruso) se presentará como candidato de su partido, Rusia Unida, a las presidenciales de 2012; y ya ha ofrecido a Medvédev, actual jefe de estado, que sea su primer ministro. De esta manera la ‘tandemocracia’ se perpetúa en una maniobra seguramente planeada hace años. Recordemos que Putin ya ostentó el cargo de presidente desde 2000 hasta 2008, cuando Medvédev le tomó el relevo, al impedir la Constitución rusa más de dos mandatos consecutivos. Técnicamente la petición de presentarse a las elecciones este año llegó de Putin, y Medvédev la aceptó, porque “tienen unas ideas comunes sobre el futuro del país”. De esta manera, prácticamente se pone fin a la esperanza que aún cabía en algunos círculos democráticos y liberales que Medvédev podría impulsar la democratización del país, como iba prometiendo en los numerosos discursos a lo largo de su mandato, sin haber logrado cambios significativos.

Una maniobra, ya que precisamente en el 2008 se aprobó na reforma constitucional que extendía el mandato presidencial a 6 años en vez de los 4 actuales y que, como cabía esperar, no entrará en vigor hasta después de las elecciones de 2012. De esta manera, Putin podría continuar al mando del Kremlin hasta 2024, si ganase las presidenciales de 2018 también.  Ya lleva frente al país desde 1999 (primero como jefe de Gobierno, después como presidente en funciones, más tarde como jefe del Estado y a continuación como primer ministro). Así, podría ostentar el poder absoluto durante un total de 24 años, solo 4 menos que Stalin, como oportunamente señalan algunos analistas.

El anuncio no le sentó bien a todo el mundo, ni mucho menos. La reacción más notable fue la de Alexei Kudrin, el que era titular de Finanzas ruso, quien se vio obligado a abandonar su cargo por haber afirmado que no se veía en un Gobierno dirigido por Medvédev. Kudrin ha sido uno de los ministros rusos más conocidos y respetados a nivel internacional, así que la noticia de su salida del Ejecutvio perturbó a los inversores, el mismo efecto que tuvo el anuncio del regreso de Putin, temiendo que el clima en Rusia se vuelva aún más hostil, y no solo para inversores. ¿Están fundamentadas tales sospechas? ¿Ha sido Medvédev un peón en el gambito de Putin, mediante el cual buscaba conseguir una ventaja política? ¿Qué significa el cambio para la comunidad europea? Intentemos encontrar las claves para una respuesta.

Rusia y la Unión Europea: pasado, presente…

Para contestar a esta pregunta, hagamos un breve repaso a las relaciones entre Rusia y la Unión Europea en los años del mandato del ‘tándem’, 2000-2011.

En 1997 se firmó el primer ACC, Acuerdo de colaboración y de cooperación, entre la Unión Europea y Rusia, uno de los diez que la UE firmaría con los países de Europa Oriental, del Cáucaso Meridional y de Asia Central. Estos acuerdos tienen por objeto consolidar “la democracia en esos países y desarrollar su economía gracias a la cooperación en una extensa gama de materias”; un acuerdo basado en la negociación, el compromiso y respeto a las normas, al fin y al cabo, en el ‘soft power’. Un rasgo que nunca ha caracterizado la Rusia de Putin, desde 2000 hasta 2008. El presidente prefería consolidar abiertamente sus vínculos con los países que considera más poderosos, además de ser socios estratégicos de Rusia: Alemania, Italia y Francia.  El presidente ha querido privilegiar sus relaciones personales con líderes europeos como Tony Blair, Gerhard Schoeder (quien, tras su cese como Canciller alemán, pasó a ocupar el puesto del Presidente de la compañía que desarrolla el gaseoducto ‘Nord Stream’), Jacques Chirac, Silvio Berlusconi y, recientemente, con Angela Merkel, Romano Prodi y Nicholas Sarkozy.  Rusia siempre ha renegado de los “burócratas de Bruselas”, hasta el punto que el Presidente del Comité de Relaciones Internacionales de la Duma[i], Konstantín Kosachev, llegó a afirmar que “la UE no es una institución que contribuye a impulsar nuestras relaciones sino que es una institución que hace más lento el progreso.”

Esta postura independiente e incluso contraria ha venido justificada e impulsada por el papel de Moscú como suministrador energético de Europa, llegando a provocar la dependencia energética de la UE de su mayor proveedor.  Rusia supo impulsar importantes proyectos en el terreno energético con algunos países, como los gaseoductos “Nord Stream” (con Alemania y Holanda) y “South Stream”(con Bulgaria, Hungría, Austria e Italia), que pasará por el fondo del Mar Negro y que hoy en día es el proyecto energético más realista en la región. Según los datos presentados en la I Cumbre de la Unión Europea sobre energía, celebrada en febrero del año en curso, el volumen de compras de gas ruso llegó a ascender al 34,3 por 100 del conjunto de compras exteriores de gas europeo en el período 2004-2006 y, aunque se haya ido reduciendo ligeramente en los últimos años, sigue siendo muy elevado[ii]. La dependencia de la energía rusa es desigual en los países de la UE. Desde la dependencia total del gas ruso en casos de Letonia, Lituania, Finlandia, Bulgaria y Eslovaquia, hasta una dependencia escasa o nula en países como España, Estonia, Irlanda, Portugal, por citar algunos ejemplos. En cuanto a los principales socios estratégicos de Rusia, Francia, Italia y Alemania, presentan una dependencia media. El mayor incidente en este movedizo terreno, el de suministros de energía, se produjo en 2009, cuando la crisis de Gas entre Rusia y Ucrania puso en peligro el suministro a la Unión de los 27. Gazprom, la comañía energética estatal rusa, cesó el envío de gas a Ucrania, alegando que Kiev aún no ha pagado la deuda millonaria. Similar medida ya se tomó en 2006, causando problemas en Italia y Hungría.

Este episodio en las relaciones de Rusia con sus vecinos es un buen ejemplo de como los ejecutivos de Putin y Medvédev siguen intentando impedir la aproximación a Europa y su integración en la UE de los países ex-miembros de la Unión Soviética. Es el caso de Ucrania, Georgia e incluso Moldavia; asimismo, Rusia dificulta una relación más cercana con los países del Cáucaso y Asia Central con el objetivo de preservar su monopolio en el transporte de los recursos energéticos de esas regiones hacia Europa. En Ucrania Rusia participa en el control del Sistema de Tránsito de Gas (STG) ucraniano; y en las declaraciones recientes Medvédev y Yanukóvich (jefe de Estado ucraniano) manifestaron su disposición para negociar la creación de un consorcio con Ucrania y la Unión Europea que supervise el tránsito de gas ruso a Europa por territorio ucraniano. Aún así, la situación sigue compleja y es muy probable que no sea a favor de Ucrania, ya que la princial demanda de este país a su “gran vecino”, la rebaja del precio de gas ruso a cambio de una reducción de las tarifas por el tránsito de gas ruso, de momento se sigue estudiando. Ni la presencia del Comisario de energía de la Comisión Europea, Gunther Oettinger, en Kiev en septiembre para asistir a la Conferencia Internacional “Ucrania y la Unión Europea: hacia un mercado energético común” no ayudó a disipar muchas dudas. ¿Será porque para la parte rusa seguía siendo un “burócrata de Bruselas” o porque la carta del gas se seguirá jugando durante mucho tiempo con tal de mantener Ucrania en su esfera de influencia?

Sea como fuere, pero el país de la “revolución naranja” no pasó a formar parte de la Unión Aduanera, conformada por Rusia, Bielorrusia y Kazajistán y que entrará en vigor a partir de 2012. Permitirá una libre circulación de bienes, servicios y capitales. A esta Unión Euroasiática se sumarán las ex repúblicas soviéticas de Kirguistán y Tayikistán. A pesar de algunas noticias alarmistas de la prensa occidental, no se trata de la resurrección de la Unión Soviética, sino de consolidar un “nexo político y económico entre la Unión Euroa y la región Asia-Pacífico”, señaló Putin.

A una inestabilidad energética y geopolítica (el conflicto de agosto de 2008 fue la culminación de atmósfera tensa en la región) se suma el frágil equilibrio de la contención del inmenso nuclear ruso. Durante el mandato de Medvédev se selló un nuevo acuerdo de desarme nuclear que sustituyó al antiguo tratado START (Tratado de Reducción de Armas Estratégicas) de 1991, que expiró en diciembre de 2009. Según el nuevo pacto, las potencias reducirán su arsenal en un 30 por ciento, limitando a 1.550 el número de cabezas nucleares en cada país, en un plazo de 7 años. También establece que Estados Unidos y Rusia solo podrán tener 800 vectores estratégicos, desplegados y no desplegados, donde se incluirían misiles balísticos intercontinentales con base terrestre, como en submarinos y en bombarderos pesados. Para la Unión Europea la ratificación de ese nuevo acuerdo START  es un hito en el plan de acción europeo en materia de desarme, adoptado por los veintisiete durante la presidencia francesa (un país que bastante tiene que decir sobre la energía nuclear entre todos los integrantes de la UE, aunque el volumen de su arsena nuclear se reduce infinitamente ante el 96% de las reservas mundiales de armas nucleares que conjuntamente poseen Rusia y los Estados Unidos).

Por último, en la materia de derechos humanos y libertades democráticas, las relaciones entre la UE y Rusia distan de transcurrir con tranquilidad, aunque, como se ha dicho, con la llegada al poder del presidente Medvédev, se albergaban ciertas esperanzas de cambio. Rusia, como miembro del Consejo de Europa, sigue sin ratificar el Protocolo № 6 al Convenio Europeo para la Protección de los derechos humanos y de las Libertades Fundamentales, relativo a la abolición de la pena de muerte, alegando que sobre el país aún pesan las amenazas terroristas. En cuanto a la pena capital en sí, ya no se aplica en Rusia, aunque, dato curioso, hasta el mismo patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa Kiril, a pesar de pronunciarse en contra de su restablecimiento en Rusia, admite que el castigo podrá ser aplicado a maníacos y terroristas. Esto es significativo, primero porque bien sabidos son los problemas que tiene Rusia con el terrorismo, presunto o real, en su mayoría proviniente de alguna región de Cáucaso, y segundo, porque también es conocida la estrecha relación del poder ruso con la Iglesia Ortodoxa.

… y futuro

Éste es el pasado y el presente con el que nos deja el tándem. Como ha notado el lector, no hemos hecho distinción entre los dos mandatos de Putin y el mandato de Medvédev, ya que los problemas en las relaciones entre la UE y Rusia se han manifestado a lo largo de todo el período, indistintamente del nombre del poseedor del maletín con el ‘botón nuclear’.[iii]

El 2011 suma nuevos retos en el diálogo entre la comunidad europea (y, por ende, internacional) y Rusia:

-el papel que Rusia, en su calidad de integrante del grupi BRICS (formado actualmente por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) desempeñará en el posible rescate de la crisis de la deuda soberana de los países PIGS (o los países de la periferia europea, que son Portugal, Irlanda, Grecia y España, en sus siglas en inglés; a punto de convertirse en los PIGSI, si su destino es compartido por Italia). De momento es tan solo una “declaración de intenciones”, y aquí Rusia tendrá mucho que decir, dependiendo en gran parte de la política económica adoptada por el nuevo presidente y por la situación de Rusia que, a pesar de sus recursos energéticos, no ha resultado inmune a la recesión mundial, sumiéndose en ella más tarde y padeciendo actualmente varios problemas en los sectores energético y petrolero. Algunos incluso están hablando del “milagro económico” que le tocará liderar a Putin, falta ver qué recetas se aplicarán.

La postura de Rusia en el caso de Siria: la Federación Rusa, junto con China, utilizó su derecho a veto para impedir la aprobación de una resolución de la ONU sobre Siria, demostrando su poder en el Consejo de Seguridad de la ONU. Aquí intervienen las causas políticas: Medvédeve avisó recientemente a la comunidad internacional que difícilmente dejará que se vuelva a repetir el escenario librio, cuando en 1973 se aprobó la resolución que impuso una zona de exclusión aérea sobre el país y dos días más tarde empezó la intervención militar. Sin conocer la postura concreta que adoptará Putin, podemos opinar que lo más probable es que apoye al gobierno de Siria, que, como mínimo, hizo el intento de iniciar urgentemente el proceso de reformas anunciadas en 2011. Asimismo, es una señal que nos puede estar enviando el actual gobierno de Rusia, apostando por un régimen autoritario y negándose a intervenir en los asuntos internos de un estado. ¿Será eso, la imposición de las sanciones internacionales, un posible escenario que Rusia intentaría evitar a toda costa en el caso de sublevaciones en su propio territorio? Solo el tiempo tiene la respuesta.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro


[i]     Duma es la cámara baja de la Federación Rusa, con el parlamento que recibe el nombre de Asamblea Federal de Rusia, siendo la cámara alta el Consejo de la Federación Rusa

[ii]    Actualmente la cifra está en torno al 25%, y está previsto revisarla a la baja.

[iii]  En Rusia existen tres ‘botones nucleares’, mediantes los cuales se controla el arsenal nuclear ruso: uno del jefe del Estado, otro, en manos del ministro de Defensa y un tercero, del jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Rusia.

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Victoria Shevela

Russian translator and intepreter; BA in Translation and Interpreting (Universitat Autònoma de Barcelona, Spain), completed with a a postgraduate course in International Trade and Economics (Universitat de Barcelona, Spain), currently based in Barcelona. Regular contributor to several webzines with a focus on international relations and current affairs, including cafebabel.                                                                        


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