25/11/2020 BARCELONA

Piratas de Somalia: el cofre del país muerto

La piratería en las costas de Somalia se ha convertido en una amenaza para el transporte marítimo internacional e incluso para la estabilidad en la región. ¿Pero cuáles son las causas subyacentes de este fenómeno y por qué es tan difícil de combatir? Os presentamos a los protagonistas de este fenómeno así como el perfil geopolítico de Somalia.

No es una fábula literaria, son piratas de verdad

La semana pasada (y ésta también) nos llegaron noticias de un nuevo secuestro perpetrado por los piratas somalíes, cuatro ciudadanos norteamericanos que fueron retenidos a bordo de su propio yate desde el pasado día 19 de febrero  frente a las costas de Omán. Acabaron siendo asesinados. Esta semana los piratas capturaron un bote que llevaba a cuatro daneses adultos y tres niños.

Hace dos semanas otro grupo secuestró un superpetrolero de bandera griega “Irene” al suroeste de Omán. El buque transportaba crudo por valor de unos 146 millones de euros. Aún se está trabajando en su rescate.

Los años 2008 y 2009 fueron marcados por las capturas de dos buques pesqueros españoles, el Playa de Bakio y Alakrana, respectivamente.

Éstos son tan solo algunos ejemplos, de magnitud y repercusión muy diversas, de un fenómeno que parecía haber quedado relegado a las superproducciones de Hollywood y a la obra más famosa de R .L. Stevenson: la piratería, en concreto  en la costa Somalia y aguas cercanas.

Guardianes de la costa

Según la ONU[1], constituye piratería “todo acto ilegal de violencia o de detención cometidos con un propósito personal por la tripulación o los pasajeros de un buque privado…<…>… contra un buque o una aeronave en alta mar”.  La piratería existe desde el uso de los mares para el comercio. El ataque a los buque mercantes por piratas, corsarios y bucaneros constituía una valiosa fuente de ingresos. Las tecnologías y los procedimientos pueden haber variado pero sigue existiendo el denominador común que es el de obtener un beneficio económico mediante el ejercicio de una actividad delictiva.

Navío de los EUA a la captura de unos sospechosos de ser piratas. [Photo: BlatantWorld.com Flickr account]

Tampoco es ninguna novedad en el caso de Somalia, donde los ataques a los barcos han sido relativamente frecuentes desde hace varias décadas. Sin embargo, los antecedentes del fenómeno actual hay que buscarlos a comienzos de los años 90, por razones que se tratarán más adelante.

Los autoproclamados “guardacostas de Somalia” utilizan modernos equipos electrónicos  y disponen de “santuarios” seguros en tierra que permiten el reabastecimiento; cuentan con una estructura  internacional para gestionar el pago de los rescates (algunos dicen que reciben información desde la City de Londres). A pesar de que son diferentes grupos su modus operandi es muchas veces el mismo, según numerosos informes. El barco objetivo es asaltado por 2-3 pequeñas embarcaciones y después abordado con ayuda de escaleras o cuerdas. Una vez a bordo, la tripulación se reduce relativamente rápido, el tiempo total del ataque no suele superar los 10-15 minutos. Tras el secuestro, el barco es llevado a algún fondeadero en la costa de Somalia a la espera de negociar un buen rescate.

Los medios electrónicos de los que disponen son desde móviles y GPS hasta radares y ordenadores con conexión a internet. El armamento se compone básicamente de fusiles, ametralladoras, pistolas y granadas.

Su procedencia es a menudo la de pescadores o antiguos miembros del servicio de guardacostas que decidieron dedicarse a este negocio. De ahí el nombre adoptado por alguno de los grupos “Guardacostas Voluntarios Nacionales” al sur, por ejemplo. Aparte de este grupo parecen existir dos redes principales: una, formada por los miembros del clan “Majarteen” con la base en Puntlandia, Eyl; y otro, relacionado con el clan “Habar Gidir”, operando desde el distrito de Harardheere, donde está el cuartel de los “Marines Somalíes”.

Mares fallidos en un Estado fallido

Aunque la demarcación geográfica se ha expandido últimamente, hasta aguas cercanas a la India, estos “salvacostas” operan principalmente en las aguas de Somalia.

Mapa con las distintas regiones de Somalia. [Photo: Ingoman via Wikimedia Commons]

Somalia es un estado africano ubicado en el llamado Cuerno de África, con una población de 9,5 millones de habitantes y una superficie de 637.657 km2. Se trata de un país culturalmente homogéneo, de economía ganadera y una estructura social basada en clanes (ya hemos mencionado algunos). De hecho, el conflicto bélico en Somalia a menudo se ha definido como luchas inmemoriales entre estos clanes.

Somalia, país colapsado o un Estado fallido

Somalia es un claro y extremo ejemplo de un país colapsado, o también denominado Estado fallido. Su histórica situación de debilidad se vio agravada hasta su completo decaimiento como consecuencia de la guerra civil en el año 1991. Actualmente ocupa el primer puesto en el ranking de Estados más expuestos al riesgo de fracaso como consecuencia del empeoramiento de las condiciones sociales, económicas y sobretodo políticas que ha vivido el país en los últimos años. Su situación de colapso es debida la completa ausencia de un gobierno legítimo y efectivo y al elevado grado de inseguridad y violencia civil ocasionado por los conflictos armados internos.

La presencia de diversos clanes, producto de su pasado como país colonizado, ha provocado el surgimiento de diversas facciones que han propagado la violencia e inestabilidad interna buscando el poder en beneficio propio.

En este sentido, dada la ausencia de una autoridad estatal, la ONU ha señalado la necesidad de proveer asistencia en cuanto a agua potable, servicios sanitarios y de salud, así como educación para los grupos más vulnerables, incluyendo a los desplazados, retornados y las minorías, que representan un 20% de la población.

Entendiendo el presente: una historia convulsa

El conflicto y las luchas han sido una constante en los dos últimos siglos de la historia somalí. Veamos una pequeña cronología para situarnos:

– Entre 1839 y 1886 Somalia fue colonizada por los británicos; en la misma época les siguieron los franceses, italianos y etíopes. La sociedad quedó dividida en cuatro imperios.

– 1960: Somalia logra la independencia, formando una república y dejando fuera  los territorios franceses y la región d’Ogadén, objeto de disputa con Etiopía.

– 1969: es asesinado el segundo presidente somalí, Shermake. El general Muhammad Siad Barre toma el poder en un golpe de estado.

– 1970: se proclama la República Democrática Somalí.

– 1991: rindiéndose a numerosos enfrentamientos armados, el régimen de Barré cae en enero, dejando un vacío de poder y un país profundamente fragmentado y asolado por constantes combates internos.

– 1994, 1995: Se retiran las misiones de los EE.UU. y la ONU, respectivamente

– 2004: se forma el Gobierno Federal de Transición (ya van 14 intentos de establecer un gobierno desde la caída del régimen de Barre), presidido por Abdullah Yusuf (un “señor de la guerra” apoyado por los etíopes).

– 2006:  la Unión de Tribunales Islámicos toma el poder y el control de la capital, Mogadiscio.

– 2007: las milicias islamistas nacionalistas protestan contra la ocupación etíope, dejando miles de víctimas.

– 2009: se retiran las tropas etíopes y se produce la llegada al poder de Sheikh Sharif Ahmed.

Actualmente el estado se encuentra dividido en diversas áreas: entre ellas, Somaliland (no reconocido oficialmente como estado, pero funcionando como tal; aquí apenas hay conflictos);  el estado autónomo de Puntland; y el sur, con la capital Mogadiscio, dividido por la lucha de facciones principales. Después de la retirada de las misiones internacionales los desacuerdos no han hecho más que aumentar. El motivo principal es la lucha por el control de las ayudas, gracias a las cuales subsiste un mínimo del 40% de la población del país.  Según datos de ACNUR hay más de 1,4 millones de personas desplazadas en el interior de Somalia y 570.000 viven como refugiados en otros países de la región.

La desintegración del Estado: principal ingrediente de la piratería

Un niño pasea por delante de un soldado de Botswana por las calles de Mogadiscio. [Photo: PH1 R. Oriez via Wikimedia Commons]

Esta situación de desintegración del Estado, la descomposición de las instituciones, las luchas tribales y el fraccionamiento del poder en manos de los “señores de la guerra” se ve agravada por el uso de los recursos pesqueros somalíes y la utilización de sus mares como vertederos ilegales (los dos usos no son nada contradictorios, teniendo en cuenta que la línea de costa somalí es de unos 3300km). Existe una clara rivalidad entre las comunidades pesqueras somalíes artesanales y la flota extranjera industrial, en claro beneficio de la segunda. Somalia carece de puertos pesqueros, por lo que la mayoría de la flota es artesana y no puede competir con la flota industrial de las grandes potencias occidentales. De hecho, a menudo se ha bautizado a los buques industriales como “otros piratas”, lo cual, sin duda pone de relieve hasta qué punto la piratería es aceptada en la sociedad. Cabe tener en cuenta que algunas flotas extranjeras han comenzado a pescar en las costas somalíes justo después de la caída del régimen de Barré.

De esta manera, no es de extrañar que los piratas, autoproclamándose “salvacostas” aumenten su popularidad entre la población somalí, que ya se siente lo suficientemente atraída a este negocio por su carácter lucrativo o por la mera posibilidad de abandonar las condiciones paupérrimas en las que viven. Se estima que actualmente el número de habitantes dedicados a la piratería está entre los 1.000 y 15.000. Los beneficios estimados obtenidos en el 2008 podrían haber ascendido a 50 millones de dólares.

Repercusiones de la piratería

La expansión de los ataques es una importante amenaza para la seguridad del transporte marítimo internacional en una zona crítica. El golfo de Adén alberga la principal ruta marítima que une Europa con los mercados de Asia y Oriente Medio. Más de 20.000 buques hacen uso de esta ruta para transportar millones de contenedores con mercancías. Y no sólo eso, ésta es la vía a través de la cual circula el 10% del crudo global [2], el 30% del cual para abastecer a Europa. Numerosos países han tenido que enviar navíos militares para proteger sus intereses comerciales en la región, así como ayudar en el rescate de numerosos ciudadanos. La lista suma países como Francia, Italia, España, Estados Unidos, Dinamarca, Corea del Sur, etc. Todo ello financiado por los respectivos ministerios de defensa y alimentados por los impuestos ciudadanos. Aunque la piratería esté lejos, sus consecuencias son más cercanas de lo que pensamos.

Además, la piratería también repercute en la estabilidad en la región, ya que hay evidencia de contacto con grupos islamistas radicales, como Hizbul Islam, en dos de los principales puertos de ataque de los piratas Haradere y Hoybo. Este vínculo, según algunos, podría dar pie a un establecimiento de bases permanentes en el Cuerno de África, lo que favorecería una expansión de esta actividad.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro


[1] Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar

[2] La cifra oscila entre el 10% y el 20%, según distintas fuentes (IMO, ICC).

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Victoria Shevela

Russian translator and intepreter; BA in Translation and Interpreting (Universitat Autònoma de Barcelona, Spain), completed with a a postgraduate course in International Trade and Economics (Universitat de Barcelona, Spain), currently based in Barcelona. Regular contributor to several webzines with a focus on international relations and current affairs, including cafebabel.                                                                        


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