Imagen de las Pirámides de Egipto, a las afueras de la ciudad de El Cairo, capital del país [Foto vía siliconangle.com].

Los coptos están de nuevo en el foco de atención después de que dos bombas mataran a 49 personas e hirieran a más de 100 en la ciudad de Tanta y Alejandría el pasado 9 de abril, mientras las iglesias estaban repletas de creyentes en las celebraciones de Domingo de Ramos. Los atentados fueron reivindicados por el llamado Estado Islámico (EI) y son los últimos de una larga lista de atrocidades enfocadas hacia la minoría copta en Egipto.

Auge y caída de la revolución árabe

La primavera árabe en Egipto trajo un acercamiento entre musulmanes y coptos en la lucha contra la dictadura, pero la presidencia de Mohamed Morsi como representante de los Hermanos Musulmanes —un grupo religioso que busca gobernar bajo los principios del Corán, basándose en la creencia de que el Islam no es sólo una religión sino una forma de vida— trajo consigo todo lo contrario, socavando el espíritu de la revolución y aumentando la tensión entre las comunidades. La comunidad copta fue vista como cómplice del derrocamiento de Morsi y, en los días posteriores a su caída, decenas de iglesias en todo el país fueron incendiadas y los negocios cristianos y las organizaciones coptas fueron atacados.

El 3 de julio de 2013, dicho golpe de Estado puso al general Abdel-Fatah al-Sisi al frente del gobierno. Éste fue respaldado por la iglesia de Egipto, pues suponía el fin del poder de los Hermanos Musulmanes. Al mismo tiempo que comenzaban las protestas masivas contra el golpe de Estado, y en paralelo a la escalada de la insurgencia yihadista en la península del Sinaí, militantes favorables a los Hermanos Musulmanes empezaron a atacar a policías y soldados.

El nuevo gobierno de al-Sisi supuso la proclamación de los Hermanos Musulmanes como grupo terrorista, y el encarcelamiento masivo de sus afiliados. Su rehúso trajo el afloramiento de ramas islamistas más radicales como los salafistas, wahhabbitas y yihadistas.

En los meses siguientes, nuevos grupos armados islamistas fueron creados para restablecer el gobierno islámico en Egipto, como los Soldados de Egipto y el Movimiento de Resistencia Popular. Desde 2013, la violencia en la parte continental de Egipto se ha intensificado y se ha convertido en una insurgencia islamista de bajo nivel contra el gobierno egipcio. Los ataques contra la comunidad cristiana han ido en aumento, y los dos atentados con bomba contra la iglesia, el pasado Domingo de Ramos, marcan un pico en una ola de violencia que parece no tener fin.

¿Quiénes son los coptos?

Medidas de seguridad extraordinarias alrededor de una iglesia en Egipto [Foto realizada por Olinta López].

La palabra “copto” procede del griego Aigyptios, que significa ‘egipcio’. Con el uso derivó en kuptios, y que finalmente fue traducida al árabe clásico como Qubt. Así pues, en su origen, el término se refería a todos los egipcios, pero después de la conquista de los musulmanes, la palabra se reservó para designar sólo a los miembros de la Iglesia Ortodoxa Copta de Alejandría —fundada en el año 42 por San Marco—, independientemente del origen étnico de sus practicantes, incluyendo a los cristianos tanto de Etiopía como de Eritrea. El término copto ha sufrido pues, cambios de uso semántico a lo largo de los siglos y, en la actualidad, en Egipto engloba a todos los practicantes de la fe cristiana.

Los coptos egipcios son la mayor minoría etno-religiosa del país, que a su vez constituyen la mayor comunidad cristiana del Norte de África y Oriente Medio, y una de las comunidades cristianas más antiguas del mundo. Representa alrededor del 10% de la población egipcia, lo que representa unos 10 millones de personas en Egipto y una diáspora de unos dos millones más.

El aumento del terrorismo

Se cuentan por decenas los ataques terroristas que el país ha sufrido en los últimos cuatro años. Desde junio de 2013, ha habido hasta 36 incidentes con un balance de 1.043 víctimas, sin contar los ataques contra la Armada en la península del Sinaí.

Estos ataques se pueden dividir en tres grandes grupos, en lo que se refiere al objetivo del acto terrorista. El primero incluye los ataques perpetrados con pequeños artefactos explosivos que tienen como objetivo las fuerzas de seguridad —principalmente la policía— y que normalmente son perpetrados por grupos o individuos afiliados a los Hermanos Musulmanes. En el segundo grupo, contra el turismo, se incluye el tiroteo en un resort en Hurghada, el avión ruso derribado por una bomba el 31 de octubre de 2015 y que mató a 224 pasajeros, y el vuelo de Egyptair MS840 proveniente de París derribado en el mar el 19 de mayo de 2016, que causó la muerte de sus 66 pasajeros. Los ataques terroristas dirigidos al turismo suponen una de las principales causas de la crisis económica de un país dependiente del mismo. El tercer grupo englobaría todos los ataques contra objetivos coptos. Estas dos últimas categorías son, en su mayoría y hasta ahora, actos perpetrados por el denominado EI o ISIS.

Los ataques contra los cristianos son los que llegan a los medios extranjeros. Podemos recordar cuándo, el 12 de febrero de 2015, el EI decapitó a 21 coptos egipcios que trabajaban en la ciudad de Sirte, en Libia. Y a finales del 2016, un ataque suicida en el complejo de la Catedral Ortodoxa de San Marcos en el Cairo, en las iglesias de San Pedro y San Pablo, se llevó la vida de 27 personas, la mayoría mujeres y niños, hiriendo a 49 más.

Pancarta favorable a la convivencia que reza: “toda sangre egipcia es pecado”, dando a entender que cualquier derramamiento de sangre es intolerable, sea de la comunidad que sea [Foto realizada por Olinta López].

Entre el 30 de enero y el 23 de febrero de 2017, hombres armados de la rama del EI en Egipto, Wilayat Sinai, mató a siete cristianos en la ciudad de el-Arish, en el norte de la península del Sinaí. Bajo la amenaza de más muertes para la comunidad cristiana, hasta 335 familias han sido desplazadas a otras ciudades de Egipto como Ismailiya, Port Said, Cairo, Giza, Assiut, etc.

Finalmente, el pasado 9 de abril fue cuando tuvieron lugar los últimos atentados suicidas. Como ya se ha mencionado, el primero tuvo lugar en la ciudad de Tanta, a unos 100 km al norte del Cairo, matando a 27 personas en la iglesia de San Jorge y dejando 78 heridos. Unas horas más tarde tuvo lugar, en Alejandría, el segundo atentado terrorista, mientras el Papa Copto, Tawadros, presidia la misa en la Catedral de San Marcos, matando a 17 personas (incluyendo a tres policías) e hiriendo a 48 más. Estos atentados también fueron reivindicados por el EI, en una declaración pública en la que anunciaba que había más ataques previstos. Por ello, cuatro personas fueron detenidas en relación con el ataque, y otras dos se dieron a la fuga. A pesar de ser reclamado por el EI, se ha vinculado al terrorista que se inmoló con los Hermanos Musulmanes de Qatar.

El mismo día de las explosiones, al-Sisi proclamó el estado de emergencia por un período de tres meses, a diferencia de los ataques de diciembre, por los que fue declarado sólo por un período de tres días. Algo que, en cualquier caso, parece no ser efectivo. Por otra parte, algunos apuntan a que la larga duración del mismo puede que esté más relacionado con el proceso judicial para transferir las islas de Tiran a Arabia Saudí y usar los poderes que el estado de emergencia garantiza para evitar de nuevo el bloqueo. Estos territorios fueron apalabrados oficialmente a Arabia Saudí, pero la Corte Penal Egipcia reconfirmo la soberanía sobre las islas en enero de 2017, aumentando la tensión con la monarquía Saudí, cuando la misma ha sido la mayor donante de millones de dólares en ayuda a Egipto.

¿Cuál es la situación de la población copta en la actualidad?

Hay dos reacciones un tanto dispares sobre la cuestión de los coptos en Egipto. Las dos son válidas pero la complejidad del escenario del país dificulta obtener una visión de conjunto o una reacción unánime, y las redes sociales están repletas de opiniones en los dos sentidos. De un lado, los coptos son miembros bien integrados en la sociedad egipcia. Existe harmonía y solidaridad entre musulmanes y cristianos; y hay un discurso general de la sociedad que llama a la unidad, dando constantes muestras de solidaridad a los afectados.

Por otro lado, los coptos sufren una rutina de discriminación constante, insidiosa, y descarada. Ha sido así desde el inicio de los tiempos, ya fuera de forma sutil, con un techo de cristal que impedía a los coptos alcanzar puestos de poder o reconocimiento; o de forma directa, con oleadas de violencia sectaria como la que, por ejemplo, sufrieron durante la conquista musulmana.

Desgraciadamente, en la actualidad nos encontramos ante este segundo tipo de discriminación, la violenta. Muestra de ello son las medidas de seguridad en todas las iglesias: un arco detector de metales y un amplio despliegue policial. La iniciativa Egipcia para los Derechos Personales (EIPR por sus siglas en inglés) documentó hasta 10 casos de ataques sectarios solamente de enero a julio de 2016, y 77 desde 2011 en la provincia de Minya, en el Alto Egipto. Otra forma de ver la discriminación es, por ejemplo, que desde el 30 de agosto de 2016, y después de 160 años regulando lo contrario, ya no se requiere la aprobación del gobierno para construir una iglesia. El problema de este hecho es la falta de una ley unificada de construcción de templos de culto, lo que provoca que haya surgido una medida de presión sectaria sutil: que al lado de cada iglesia que se construye, se construya, al lado, una mezquita.

Una iglesia y una mezquita en construcción, una al lado de otra, método utilizado para presionar a la comunidad copta [Foto realizada por Olinta López].

Los ataques del pasado enero han marcado un antes y un después. Los coptos se sienten el objetivo de las agresiones y tienen miedo. Y las medidas de seguridad extraordinarias para proteger las Iglesias durante la Semana Santa (bloqueo de calles, más policías, bloques de hormigón), parecen no haber sido suficientes para dar una sensación de seguridad, sino todo lo contrario. Algunos hablan de emigrar, sobre todo aquellos con poder adquisitivo o doble nacionalidad.

¿Qué futuro les espera?

Ashraf Sherif, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Americana del Cairo cuenta que la estrategia del EI tiene múltiples objetivos: Mostrar a un régimen débil que no puede proporcionar seguridad y estabilidad, sacudir la credibilidad del Estado, y asustar a las minorías religiosas. El objetivo final es pues dividir el país y así abrir terreno para instaurar un sistema islámico radical en el que no quede espacio para las minorías.

El mayor problema es que el Estado no tiene ni la capacidad ni los recursos para hacer frente a esta situación y, por el momento, parece que no asume la responsabilidad en los ataques —los fallos en la seguridad—, y en ningún caso permite la supervisión pública y comunitaria de sus acciones. Por otro lado, el país necesita desesperadamente reconstruir su economía y una de las claves es recuperar el turismo. Para ello debe poder garantizar la seguridad y luchar contra los terroristas que, además, han provocado que la situación de seguridad en el norte de Sinaí se haya deteriorado dramáticamente en el último año, convirtiendo la zona en tierra de nadie.

Así pues, parece ser que mientras el terrorismo siga campando libremente en Egipto y los ataques a los coptos sigan siendo un medio para desestabilizar el gobierno, que cada vez más se enfrenta a la cólera de la población, esta población cristiana seguirá sufriendo discriminación y ataques en el país. Algo que actualmente no sólo está siendo llevado a cabo por el EI sino también por los Hermanos Musulmanes.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.