04/07/2020 BARCELONA

Mexicanos al grito de guerra: la sociedad entre la espada y la pared

Actualmente México atraviesa por una ‘guerra contra el narcotráfico’ que ha acarreado una fuerte crisis de seguridad interna y el desequilibrio del entorno social. Los ciudadanos no perciben, ni del gobierno ni de sus representantes, acciones contundentes que neutralicen la violencia. En protesta, surgió el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad cuyo lema es: ‘Estamos hasta la madre….no más sangre’

Hoy en día, México atraviesa por una fuerte crisis de seguridad interna que ha propiciado el desequilibrio del entorno social. Asesinatos, secuestros, extorsiones, robos, trata de personas, feminicidios, y captación de jóvenes por el crimen organizado, son delitos que se cuentan por miles en el país. A falta de acciones gubernamentales que aseguren el sano desarrollo y la seguridad de la población, ha surgido uno de los movimientos sociales más importantes en la breve historia democrática del país. Este movimiento consiste en la oleada de manifestaciones por la paz y contra la inseguridad que han tenido lugar en la capital del país y al interior. Siendo el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) el que ha aglomerado un sin número de ONGs y ciudadanos, cuyo lema es: ‘Estamos hasta la madre….no más sangre’. Su objetivo principal es expresar al gobierno federal su hartazgo y repudio a los daños colaterales, contra la sociedad, de las acciones contra y entre el ‘narcotráfico’.

‘La guerra contra el narcotráfico’ es la principal política de seguridad nacional emprendida por el gobierno del Presidente Calderón desde 2006. La estrategia cardinal, al menos así percibida por los ciudadanos, ha sido el empleo del Ejército Nacional y otras instituciones federales contra los diversos carteles de la droga a lo largo y ancho del país. La apreciación generalizada es que esto no parece minar al crimen organizado pero si violentar en formas multidimensionales el entorno social y bloquear el optimo desarrollo de los ciudadanos. ¿Por qué? Varias son las causas: Los innumerables abusos de las fuerzas de seguridad;  la falta de rendición de cuentas amparada por el Estado; y la ineptitud del gobierno para abatir las acciones del ‘narco’ contra los ciudadanos. En su conjunto, esto ha hecho que la sociedad se sienta entre la espada y la pared.

Atando cabos: La estrategia del Gobierno y el pacto del MPJD

Acorde al gobierno federal, existe una estrategia contra el crimen organizado y tiene carácter integral. Las principales acciones que la sociedad ha identificado, no son las que mejores resultados han tenido en su beneficio, sino las que han recibido mayor atención mediática y por ende son las que más se divulgan:

  1. El combate a la producción (erradicación de plantíos), tráfico (intercepción de drogas y detención de criminales), y consumo de drogas (oferta y demanda transnacional) bajo la premisa de responsabilidad compartida con EEUU;
  2. La adecuación de la legislación nacional en materia de delitos contra la salud y lavado de dinero;
  3. La incorporación de avances tecnológicos y científicos;
  4. La especialización y actualización de los recursos humanos empleados en el combate;
  5. El empleo de las agencias e instituciones federales en virtud de su nivel de confiabilidad: El Ejército, La Marina Armada, y la Policía Federal Preventiva;
  6. Compartir con la sociedad, desde el seno familiar, la responsabilidad de abatir al narcotráfico infundiendo valores morales y el rechazo al consumo de drogas; y
  7. La aplicación de una adecuada política de comunicación social para difundir entre la población los esfuerzos en la materia.

Las consecuencias de las tres últimas acciones son las que han tenido mayor impacto social. El problema es que los efectos negativos han minado por completo la percepción social de que existe un beneficio directo al combatir al ‘narco’. De ahí que la legitimación popular de la lucha federal está fuertemente cuestionada.

El Movimiento por la Paz y Justicia con Dignidad

El dicho popular, ‘la unión hace la fuerza’, expresa claramente el propósito de esta ONG.  Dos acciones fundamentales conforman su estrategia. La primera, formular un Pacto Ciudadano. Es decir, organizar a los miles de ciudadanos insatisfechos, aglomerar sus inquietudes, y legitimar el movimiento social con una caravana que recorre el país desde el centro hasta el norte. La segunda acción es cabildear el contenido del Pacto e incidir en las elites gubernamentales para cambiar la estrategia actual. Dicho contenido ya esta formulado y consta de seis puntos:

  1. Verdad y justicia.  Esclarecer y resolver los asesinatos, las desapariciones, los secuestros, las fosas clandestinas, la trata de persona, y el conjunto de delitos que han agraviado a la sociedad, mediante procesos transparentes y efectivos en la procuración de justicia;
  2. Finiquitar la estrategia de guerra y asumir un enfoque de seguridad ciudadana.  Cambiar el enfoque militarista que evite la participación del Ejército en tareas policiales; asumir una nueva estrategia de seguridad ciudadana con enfoque en los derechos humanos y basada en la reconstrucción del tejido social,
  3. Combatir la corrupción y la impunidad. Considerando la transparencia, autonomía y confiabilidad del Poder Judicial Federal y Local;
  4. Combatir la raíz económica y las ganancias del crimen. Implementar acciones contra el lavado de dinero y los medios de financiación del narcotráfico: secuestros, extorsión, la trata de personas, la venta de “protección”;
  5. Atender de emergencia a la juventud e implementar acciones efectivas de recuperación del tejido social, con una política económica y social que genere oportunidades reales de educación, salud, cultura  y empleo para jóvenes, a lo que considera las principales víctimas de la estrategia del gobierno;
  6. Instaurar una democracia participativa, representativa y la democratización en los medios de comunicación para fortalecer la seguridad. La aprobación de la consulta popular, las candidaturas independientes y la reelección inmediata de legisladores y alcaldes.

¿Qué hay debajo de la alfombra? La dinámica entre los mexicanos, la política y su gobierno

Las mayores amenazas que el promedio de la sociedad percibe en su relación con el sistema político y  gubernamental son: 1) La corrupción e infiltración criminal en el Estado en todos sus niveles (municipal, estatal y federal); 2) La impunidad del sistema de procuración e impartición de justicia (incapaz de investigar y sancionar a quienes delinquen); y 3) El deterioro de las instituciones democráticas. En su conjunto, estas amenazas se traducen en el arraigo de la siguiente apreciación social:

‘Los criminales delinquen, el ciudadano no confía en las instituciones de seguridad ni de justicia porque están corrompidas, por eso no denuncia. El ciudadano se pregunta a sí mismo, ¿Qué la tarea de la policía y de los jueces no es saber quién delinque, cómo y sancionarlos? Entonces, ¿Por qué no actúan?  En realidad, este ‘hartazgo’ es un sentimiento generalizado en todo el país y es un fenómeno denominado ‘desafección política’.

¿Si la gente se manifiesta, quiere decir que hay desafección política?

Si, el hecho es que la gente percibe de forma negativa la política, desconfía de los políticos y de las instituciones, pero acepta su existencia y se manifiesta para causar reacciones en los tomadores de decisiones. Es por eso que el MPJD tiene particularidades de una buena estrategia de participación social: es representativo, incluyente, legitimo y tiene un efecto ‘de abajo hacia arriba’, es decir, del ciudadano hacia el político.

No cabe duda de que la sociedad en su mayoría se siente identificada y representada por el MPJD. EL carácter incluyente lo tiene porque en caravana planea recorrer el país (desde el centro, partiendo de Cuernavaca hasta Ciudad Juárez, en el norte) con el fin es otorgar un medio seguro de expresión a aquellos que compartan sus causas. Con esto, legitima el movimiento con el apoyo ciudadano para robustecer el plan de estrategias contra la violencia y el crimen organizado. Es evidente que predomina el sentimiento de impotencia entre la gente al ver que la inseguridad gana terreno.

Pero, ¿Qué hay con la democracia? ¿Cómo actúan la sociedad y las elites?

El dato curioso es que votar en los procesos electorales no es una de las opciones predilectas del ciudadano común. No cree que sea un medio funcional para abatir los problemas sociales y menos el de la violencia. México es una democracia muy joven y su población no parece apreciar para qué le sirven las bondades de este sistema. Justo aquí la responsabilidad del Estado Mexicano y de los partidos políticos es imprescindible y deben fomentar el voto. Por otra parte, la sociedad debe instar a los partidos para abatir la infiltración del ‘narco’ en sus filas; la limpieza debe empezar desde adentro para el éxito de la estrategia a largo plazo en un sistema de alternancia electoral.  Por otra parte, toca a las elites contrarrestar la tendencia social, minoritaria, de ‘regresar al pacto con el narco’, fenómeno en el que interactuaban la corrupción en la estructura política y sus actores,  la estabilidad social y el crecimiento del crimen organizado.

¿Cómo afecta a la sociedad la malversación del sistema jurídico?

Hay argumentos muy sólidos que avalan el repudio ciudadano, que en las manifestaciones por la paz se expresa, por los excesos del Ejército al implementar la estrategia (malos tratos, asesinatos de inocentes por fuego cruzado contra el ‘narco’, o por su ineficacia al confundir a civiles con delincuentes). Igualmente, hay sustento al reclamo de que estos elementos militares sean juzgados por tribunales civiles y no castrenses. Uno de los varios argumentos es de origen internacional:

Desde noviembre de 2009, México está sujeto a cumplir con una sentencia que la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió en su contra, y que lo obliga a reformar su Código Militar Penal para que sea la justicia civil (no la militar) la que administre la investigación, juicio y sanción de  las violaciones de los derechos humanos cometidas por miembros del Ejército. Ahora bien, si el objetivo es fortalecer la rendición de cuentas y abatir los excesos de la milicia, además de hacer la reforma, deberían emprenderse acciones contra la corrupción en los tribunales civiles.

Para una mejor estrategia, los eclécticos dirían…

Los conflictos de inseguridad y violencia social tienden a tener estrategias dentro de la estricta agenda de seguridad (el Estado contra el crimen organizado) y también dentro de la agenda de desarrollo (el Estado protegiendo a las víctimas y a la sociedad en general). Si bien vemos que los actores en este conflicto mexicano (gobierno, y sociedad civil) convergen en las necesidades de la sociedad  y en ciertas acciones para abatir el flagelo, se denota que tienen enfoques distintos. El gobierno habla de atacar al narcotráfico, y la sociedad civil de proteger al ser humano.

El Sistema Internacional también ofrece estrategias

Existe en la doctrina internacional en materia de seguridad una corriente que precisamente concentra  su enfoque en el individuo, como agente vulnerable de los conflictos al interior de los Estados: la Seguridad Humana. Al analizar la estrategia del MPJD y el Pacto Ciudadano (en especial el punto 2) observamos que las exigencias podrían encuadrarse bajo esta doctrina. Más interesante resulta considerar que la Seguridad Humana es una política pública intermestica, es decir, que los Estados podrían emplearla como política pública o estrategia en materia de seguridad interna.

¿Cómo funciona la ‘Seguridad Humana’? El concepto de seguridad se amplia y la dinámica de conflicto, ‘buenos vs malos’, deja de ser el foco único de atención. El objeto referente son los individuos y las comunidades; y su objetivo es proteger las libertades vitales de las personas expuestas a ‘amenazas’ que socavan sus aspiraciones. ¿Cómo? Mediante la atención de las preocupaciones de las personas en su vida diaria (el desempleo, el delito, el conflicto social, la represión política), abatiendo los factores estructurales que los propician (las deficiencias de los sistemas políticos y económicos) junto con los factores materiales que los causan directamente. Como por ejemplo, la desmedida violencia directa provocada por los conflictos armados intraestatales que arremeten contra la seguridad física de las personas.

Los mexicanos ven la inseguridad también desde el exterior

En 2010, el Centro de Investigación y Docencia Económica llevo a cabo en el país la última edición de la encuesta titulada ‘México, las Américas y el Mundo’; que mide la opinión de los mexicanos sobre asuntos internacionales. Acorde con los resultados…

…La mayoría de los mexicanos considera que la materia más importante de la política exterior del gobierno debe ser la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. Igualmente, la mayoría está parcialmente en desacuerdo con el desempeño de la política de seguridad nacional del gobierno. Incluso, la mayoría considera que México debe aumentar sus fuerzas armadas.

El hecho es que los mexicanos consideran al narcotráfico y al crimen organizado como una amenaza a su seguridad nacional y contra la seguridad internacional. Su sentimiento de hartazgo también atraviesa fronteras al tiempo que vigoriza el movimiento social interno. Basta demostrarlo con varias movilizaciones que se han organizado alrededor del mundo. Berlín, Barcelona, Madrid, Buenos Aires, Holanda, Milán, Suiza, Canadá, Nueva York y Seattle han sido sedes de las manifestaciones alternas al MPJD.

Conclusión: tres cabezas piensan mejor que una

Una mejor estrategia en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado en México, o por lo menos, una mejor opción que la actual, seria aquella consensuada entre el gobierno, los partidos políticos y la sociedad civil. Aquella que combata al aglomerado del narcotráfico al tiempo que protege el desarrollo del ser humano. Una estrategia cuyos beneficios perciba el individuo directamente y sobre todo, una que le permita a la sociedad contener los efectos negativos del conflicto y tener una vida digna.

Esta es una explicación-opinión sin ánimo de lucro

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Priscila Magaña-Huerta

Mexico D.F. Licenciada en Derecho por la UMSNH. Master en Relaciones Internacionales por el IBEI con especialidad en Paz y Seguridad Internacional y becaria del Colegio de Mexico en el programa de maestria en Estudios de Asia y Africa con especialidad en China. Profesionalmente me he desempenado en la Administracion Publica federal y estatal en Mexico, en el sector fiscal y de seguridad publica.


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