26/05/2019 BARCELONA

¿Por qué aún no hay Brexit?

El Brexit lleva siendo noticia casi 3 años, desde que esta opción se impusiera con una ligera ventaja en el referéndum de consulta sobre la permanencia o no del Reino Unido en la Unión Europea en junio de 2016. Sin embargo, estos próximos meses serán cruciales. ¿Hacia qué dirección apuntan los últimos eventos? Te lo contamos en el siguiente artículo.

Olas conservadoras azotan, como en otras partes del mundo, al viejo continente. Luego de que el exministro del Partido Conservador y Unionista, David Cameron, convocó a un referéndum el 23 de junio de 2016, sometiendo a votación popular la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, el resultado de dicho proceso, calificado por el propio David Cameron como “la opción de autodestrucción”, fue desfavorecedor para quienes impulsaban la continuidad del Reino Unido en el bloque económico-político más poderoso del mundo. Con una participación del 72% del electorado y un margen muy estrecho, el 51,9% contra el 48,1%, votaron a favor del Brexit.

La lejanía británica a la UE no es cosa nueva. A pesar de formar parte desde 1973 de la Comunidad Económica Europea, algunso sectores han sido históricamente escépticos al proyecto europeo: no forman parte de la eurozona, rechazan unirse al espacio Schengen, se resisten a la política fiscal y no ven con compromiso la disciplina presupuestaria. El Brexit ha sido sin duda una opción implícita a lo largo de los años.

La puerta de salida que no cruzan

El Parlamento británico, motivado por liderazgos conservadores, ideologías derechistas y recios aires euroescepticistas en su interior, apoyó los resultados del Brexit, lo que significa en primer lugar, que será un hecho la salida del Reino Unido de la UE y, en segundo lugar, que para que ello se materialice, será necesario entablar un proceso de negociación para acordar los términos de su salida.

Casi tres años después de haber votado “sí” por el Brexit, aún el Reino Unido sigue siendo parte de la UE, ya que no es un proceso automático. El artículo 50 del Tratado de la Unión Europea contempla el procedimiento que se debe de seguir para lograr una efectiva salida de un país miembro de la UE. Dicha salida puede darse por dos vías: (i) celebración de un acuerdo entre la UE y el Estado miembro que desea retirarse en el marco del artículo 218.3 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, o (ii) a través de una salida automática pasados dos años, salvo que se acuerde lo contrario.

Londres ha elegido la primera opción, y a pesar de que ya han trascurrido más de dos años, aún es incierta la fecha del Brexit. El pasado 12 de marzo, por segunda vez la Cámara de los Comunes rechazó el acuerdo negociado por la Primera Ministra Theresa May, con 391 votos en contra y 242 a favor. Debido a la falta de consenso al interior, el Parlamento británico con 412 a favor y 202 en contra decidió aplazar la fecha de salida de la UE, la cual estaba pautada para el pasado el 29 de marzo. La fecha ahora esperada para la ejecución del Brexit es el 31 de octubre de 2019.

Miedo a una salida dura

Hoy no existe Brexit porque no existe aún consenso al respeto. Dicha falta de consenso dentro del Parlamento, demuestra que las y los británicos, a pesar de su urgencia de cerrar fronteras y fortalecer el nacionalismo inglés, que grupos conservadores han enarbolado, no quieren una “salida dura” de la UE.  Por esta razón Theresa May ha mantenido como objetivo principal en todo el proceso de negociación “tener un acuerdo de asociación con Europa”. Una salida dura significa romper relaciones con la UE y no prever las afectaciones económicas ni posibles escenarios de colaboración. Lo que se traduce en que, si Londres sale de forma drástica del mercado común europeo, perdería beneficios comerciales significativos, como la movilidad de bienes, servicios y capitales, provocando afecciones en la economía inglesa y en actores empresariales locales, así como en otros sectores sociales como en el migratorio, restringiéndose la libertad de movimiento de personas,  lo cual supondría una pérdida económica importante, debido a que la inmigración ha representado la mitad del crecimiento británico desde 2005,  contribuyendo a la creación de dos millones de empleos.

Banderas de la Unión Europea y del Reino Unido ondeando frente al Parlamento británico

Un Brexit duro dejaría al Reino Unido fuera de los acuerdos de libre comercio que goza por ser parte de la UE, lo que implicaría la pérdida de beneficios comerciales y la necesidad de negociar tratados por separado en el marco de las normas de la Organización Mundial del Comercio, considerando que, entre sus 10 principales socios comerciales, 7 son parte de la UE. El Brexit implicaría abandonar la Unión Aduanera Europea, afectando, por ejemplo, entre muchos otros, a sectores empresariales como el automotriz y a los puentes de asociación comercial que ya existen entre muchos sectores privados en el mercado común europeo.

Irlanda, el freno que detiene el Brexit 

El Brexit afecta de manera diferenciada a Irlanda, ya que en ausencia de un acuerdo de asociación con la UE, traería efectos restrictivos y comercialmente impositivos, que debilitarían las relaciones entre Irlanda e Irlanda del Norte, lo cual podría provocar el resurgimiento fortalecido del sentimiento unionista europeo de las Irlandas, terminado en  un referéndum de autodeterminación de parte de Irlanda del Norte, situación política que conmovería la integridad político-territorial de los países afectados. Lo anterior ha sido motivado por el Partido católico Sinn Fein, quien ya se ha pronunciado a favor de la reunificación de Irlanda.

Una de las piedras en el zapato, ha sido la definición de condiciones claras y convergentes sobre las relaciones en términos de comercio y movilidad entre Irlanda e Irlanda del Norte, esto, considerando que Irlanda es parte de la UE e Irlanda del Norte como parte del RU, junto a Escocia, Gales e Inglaterra, dejará de serlo. Suscitándose entonces un particular contexto de preocupación en torno al futuro de los nexos bilaterales entre las Irlandas, con especial recelo a que estás se vean disminuidas en términos de tránsito de bienes, servicios y personas. Quienes impulsan el mantenimiento de las relaciones entre las Irlandas han apoyado una clase de backstop o también conocida como salvaguarda irlandesa, refiriéndose a la imperiosa necesidad que, dentro del acuerdo de salida negociado entre Londres y Bruselas, se garantice sine qua non el mantenimiento de las relaciones en los ámbitos comerciales y de seguridad entre las dos Irlandas. Así, una de las razones por las cuales no hay Brexit aún, es porque no habido acuerdo entre la UE, el Parlamento y el gobierno británico al respecto.

El acuerdo de May y la negativa parlamentaria

Frente a las vacilaciones de los actores políticos involucrados en este proceso, el acuerdo que está sobre la mesa, promovido por Theresa May y recientemente rechazado por el Parlamento británico, es el acuerdo que se convierte en el “blando frente al duro”, que propone crear un área de libre comercio para bienes después del Brexit, evitando políticas aduaneras proteccionistas, que brindaría certeza económica a los capitales tanto europeos como británicos, así como tranquilidad de movimiento entre Irlanda e Irlanda del Norte. Sin embargo, este acuerdo es calificado por quienes defienden el Brexit como débil, interpretándolo como un insulto a la soberanía inglesa.

Separación entre el Reino Unido y el resto de la Unión Europea

Los proyectos con aires nacionalistas que encarnan sentimientos de grandeza imperial e ideas antimigrantes, que soplan fuerte en RU, no sólo hicieron posible el referéndum a favor del Brexit, sino que no han permitido que dicha salida se cumpla en los plazos contemplados por las partes negociadoras. Por un lado, a nivel regional no han logrado un consenso entre el espíritu nacionalista euroescéptico británico y la necesidad de mantener los beneficios del mercado comunitario europeo. Por otro lado, no han podido lidiar con las amenazantes diferencias sobre el Brexit y sus condiciones, entre Escocia, Irlanda del Norte e Inglaterra.

El futuro del Brexit

El reloj sigue corriendo y la fecha de salida del Reino Unido de la UE es incierta. Luego de la constante negativa del Parlamento, el gran reto pendiente es que el Partido Conservador consolide las negociaciones y llegue a un acuerdo con quienes se oponen, especialmente con el Partido Laborista. Tal parece que la negociación más compleja se está dando en casa y no en el plano regional. Aunque parezca improbable, ojalá que la explicación del “Remain” sea que el espíritu comunitario y de cooperación multilateral se está haciendo presente en quienes no apostaban por el proyecto europeo. Ojalá que siempre los ánimos de colaboración política prevalezcan sobre los nacionalismos y las reivindicaciones de la derecha extrema, que instauran ideales xenófobos y supraidentitarios que atentan contra los valores democráticos.

Esta es una explicación sin animo de lucro.

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Waquel Drullard

Ciudad de México, México. #Queer #humanrights #PazyJusticia #LGBTI #Migrante #SocialDemòcrataLiberal #TerroristadelGènero. Internacionalista por la Universidad Anáhuac México, especialista en temas de género y derechos humanos, con experiencia en diseño y evaluación de proyectos. Con Diplomas en Globalización y Gobernanza: Buenas prácticas en el espacio Iberoamericano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Madrid, España. En Evaluación de Proyectos de Impacto Social y Consulta por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-México). En Derechos Humanos: ciudadanía, participación y DDHH por el Instituto Superior Francisco Bono, Sto. Dgo. Rep. Dominicana. Dominicano hasta la tambora, pero enamorado de México.


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