06/06/2020 BARCELONA

La humanidad del pan según Matteo Lucca

El pan es un alimento milenario que el artista italiano utiliza para explorar las cualidades que nos hacen humanos y acercarnos, valga la redundancia, a nuestra propia humanidad perdida, en ocasiones, en el mar de incertidumbres en el que nos zambullimos a diario.

Para un ojo distraído pareciera que el pan fuese solo una masa de trigo horneado pronto a ser ingerido; una unidad convertida en binomio en el desayuno o la cena. Desafortunadamente –y usualmente–, la cotidianidad y la automatización ocultan y absorben detrás de una luz obtusa la  misticidad y la riqueza de las cosas. Es Matteo Lucca quien, con dos lámparas en vez de manos, ha logrado ver más allá de la penumbra. En Forlì (Italia), su ciudad natal, hornea ideas con forma humana. Sus mujeres y hombres hechos del pan cotidiano de nuestra mesa son  ofrendas impregnadas de religiosidad, sentimientos y anhelos. 

El secreto del pan

“Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan”. 1 Corintios, 10:17

Para Matteo Lucca no es una mera eventualidad crear humanoides de pan en tamaño natural, pues este esconde significados desde épocas celestes. Antiguamente, explica Lucca, eran las mujeres las únicas autoras en la elaboración del pan. La fecundidad y la divinidad se veían reflejadas desde los campos de trigo dorados, a modo de halo gracias a la luz de un padre celestial, hasta la forma del horno: vientre materno, capaz de germinar vida y alimento. Ese  mismo pan que durante la Pascua, según la Biblia, milagrosamente viene multiplicado junto a los peces para saciar las entrañas resecas de la multitud. En la comunión cristiana representa el cuerpo de Dios, que es solo ingerido mediante y gracias a la aceptación de la existencia de un otro.                                                                    

El pan tiene un secreto y Lucca lo pone al descubierto en cuerpos desnudos capaces de hacernos recordar que todos venimos y participamos del mismo pan.

El génesis

El artista italiano siempre ha puesto el foco principal de su obra en la figura del cuerpo humano. No solo por la idea de lo efímero que se envuelve en ella, sino también porque es fácil reflejarse e identificarse en aquello que es similar a nosotros. Lo que Lucca intenta proyectar en sus obras es lo mismo que el alma realiza con el cuerpo.

Imagen cortesía de Mateo Lucca

Fue en 2004, en la ciudad de Castrocaro Terme (Italia), en una exposición, cuando decidió ofrecer como arte y alimento su rostro estampado en el pan a modo de sello gracias a un molde de terracota creado por él mismo. Aunque la intención haya nacido a manera de juego, el semblante de pan escondía en sus migajas la necesidad de aceptar al otro para nutrirnos de aquello que ya no nos es ajeno

Es aquí donde yace el génesis de su obra actual, que busca interpretar al cuerpo como un don, capaz de nutrir y germinar luz divina.

Fue después de una pausa, en relación con el proyecto corpóreo de Matteo Lucca, que el pan tomó forma humana a tamaño natural. Así permitió materializar la idea en coincidencia con el budismo tibetano del cuerpo como reflejo de un ambiente interno y externo, capaz de donar a aquellos que incluso no nos son semejantes.

Sala de parto 

“Parir (del latín parēre): coloq. Producir o crear algo”. Real Academia Española

Lucca utiliza la presión de su cuerpo a modo de sello o calco para dar forma a la arcilla, logrando la construcción de un molde corpóreo a tamaño natural, futuro contenedor del pan y sobre todo de una obra que busca profesar generosidad. El proceso de amalgamar, fermentar y leudar  la masa se desarrolla, por cuestiones prácticas, en una bollería local. Después de que la mezcla se encuentre dentro de la estructura de arcilla y siga el proceso de cocción en un horno artesanal creado por el artista, la casualidad toma la posta ejerciendo un rol significativo. La forma del molde cede su paso al proceso de horneado para que, de una manera imprevista, se den las distintas tostaduras y relieves, creando luz y sombras en el cuerpo de pan. Estos detalles no dependen del artista, pero forman parte de la obra, acentuando la importancia de la impredecibilidad, no como sinónimo de desorden, sino como un proceso razonable en un aparente desorden casual.

Nuevos avistamientos

Los nuevos proyectos a futuro para el artista siguen las migas del pan, teniendo siempre en primer plano al cuerpo como receptor y emisor, capaz de imprimir signos y de, incluso, transformar la materia. Estas ideas, para Lucca, se han iniciado a concretar a través de grandes paneles de arcilla frescos que permiten trazar y sellar el movimiento mediante una performance artística con la participación de un grupo de personas. Las huellas impregnadas buscan transportarnos a un campo de fango en donde se pueden leer los pasajes que se han estampado y escrito con el tiempo. Otra remembranza siempre en sintonía con el trabajo del artista y artesano italiano nos podría llevar a las puertas del templo Lhasa en el Tíbet, donde el ritual de postración milenario ha distendido la piedra dejándola lisa e incluso acentuando con una especie de sombra los puntos en donde se posan la cabeza y las manos. Esto nos recuerda no solo la memoria del ambiente, sino también nuestra capacidad de transformar física y espiritualmente un espacio por medio de caminos y  ritos.

Imagen cortesía de Mateo Lucca

La atención corporal que Matteo Lucca busca proyectar en sus trabajos, como una masa rica de significados, se evidencia en su nuevas cosechas que transforma sin excluir la cuestión del pan. Así como el horno que permite crecer y desarrollar el alimento en su interior, el vaso en su acepción más antigua era visto como un contenedor que venía usado a modo de útero para conservar y proteger las semillas de las bacterias gracias a su cavidad ancha y cuello estrecho. Lucca materializa esta idea por medio de un vaso cilíndrico hecho de arcilla que se dilata por la presión que uno ejerce, permitiendo crear un ambiente cóncavo que, como un vientre, acoge y resguarda a su hijo. En este modo, el aspecto metafórico del vaso deslinda la reproducción de la maternidad, configurándola como un distintivo tanto masculino y femenino capaz de nutrir a quienes aceptamos como herederos de nuestra humanidad.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Siwar Ballestrino

Estudié durante un periodo corto en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en la Facultad de Derecho y Ciencia Politica. Actualmente frecuento el curso de sociología en la Universidad de Bologna,Italia. Cosecho pasión por la escritura y la crítica,con longevos períodos de hibernación, a veces intento garabatear alguna fugaz idea.


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