20/02/2020 BARCELONA

Karl Marx: Crítica a los derechos humanos, El Manifiesto Comunista y La Comuna de París

Con motivo del Día y de la Semana de los Derechos Humanos, recuperamos algunos de los puntos esenciales del pensamiento marxista ofreciendo un breve análisis de extractos de tres de sus obras más destacadas: "Sobre la cuestión judía" (1844), "La guerra civil en Francia" (1871) y "El Manifiesto del Partido Comunista" (1848).


Crítica a los derechos humanos

En su obra “Sobre la cuestión judía”, Karl Marx (1818-1883) ofrece una distinción entre hombre y ciudadano. Argumenta que éste último está al servicio del primero, y que, por lo tanto:

“la vida política se declara como un simple medio cuyo fin es la vida de la sociedad burguesa” (Marx, 1844: 480).

Esta situación es el resultado de la emancipación política que, en este caso, consiste en liberar al Estado de la religión para que se armonice con la sociedad civil burguesa. Así, Marx asegura que la solución para evitar que se considere al burgués —y no al ciudadano— como auténtico y verdadero reside en la emancipación humana. Parece ser que la única manera de convertir al hombre egoísta (burgués) en hombre genérico (ciudadano) y, por ende, llevar a cabo dicha emancipación humana, es mediante la subversión de la sociedad burguesa.

Marx critica la universalidad de los derechos humanos por encubrir éstos las desigualdades sociales y los valores de la sociedad burguesa. Seguramente es por este motivo por el que distingue entre derechos naturales, de los que gozan los burgueses, y derechos políticos. Ahora bien, algunos de los derechos incluidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos, tales como la libertad de culto o la libertad de conciencia, han dado y dan paso numerosas veces a la cohesión social. Este último concepto, definido por el Consejo de Europa como la capacidad de la sociedad para asegurar el bienestar de todos sus miembros, se aleja de los valores burgueses y, sin embargo, es fruto de los denominados derechos naturales de la sociedad civil burguesa.

Por otro lado, es de esperar que la emancipación política sea el primer paso necesario para lograr la emancipación humana o, al menos, para superar las diferencias de clase. Al separar Estado y religión, no sólo el primero armoniza con los burgueses, sino que también lo hace con las demás clases sociales. El Estado laico parece ser condición necesaria —aunque no suficiente— para la igualdad entre individuos.

Finalmente, Marx advierte en su obra sobre el peligro que conllevan algunos discursos referentes a derechos humanos: podrían encubrir intereses hegemónicos.

‘La Guerra Civil en Francia’ de Karl Marx [Foto vía WikimediaCommons].

El Manifiesto Comunista

“El Manifiesto del Partido Comunista” sienta las bases del pensamiento marxista. La tesis principal que defienden Marx y Engels es la inevitable caída de la sociedad burguesa y de su sistema productivo por su propia naturaleza y, en consecuencia, la revolución del proletariado y el triunfo del comunismo.

El argumento tiene cabida si se conciben únicamente dos clases sociales, las cuales están en contradicción constante por explotar la clase minoritaria a la mayoritaria. Ambos autores tienen una concepción antropológica hobbesiana, en el seno del sistema capitalista. Opresores y oprimidos viven en una constante lucha de clases, en la cual los oprimidos son objeto de una relación de explotación por los opresores, lo que conlleva a una desigualdad en la distribución de la riqueza (Marx; Engels, 1848: 30). En definitiva, el capitalismo caerá por su propio peso por requerir siempre trabajadores asalariados, unidos con el paso del tiempo y dispuestos a subvertir el sistema burgués.

Como es sabido, una de las cuestiones relevantes que Marx y Engels no previeron fue la aparición de una clase media que acumuló un capital considerable durante años. Esta nueva tipología de clase se integró en el sistema capitalista, perpetuándolo. Así pues, los autores habrían pecado de una excesiva simplificación social “biclase” y de una absoluta asunción de la famosa premisa:

“el desarrollo del capital va en paralelo al desarrollo del proletariado”.

Por otro lado, como demuestran múltiples teorías de la acción colectiva, la conciencia de clase y un objetivo común no son condiciones suficientes para la revolución. Juegan un papel determinante elementos a menudo incontrolables como la aparición de un líder espontáneo o la melodía de una canción —véase la Revolución Cantada (1987-1990).

Fue probablemente obviada por los autores la dificultad de poner en práctica su idea de eliminar el carácter político al Poder político una vez desaparecidas las diferencias de clase (Marx; Engels, 1848: 39). Así, en el transcurso de la historia, este último estadio del comunismo ha resultado a menudo en una nueva explotación de clase.

‘Manifiesto Comunista’ de Karl Marx y Friedrich Engels [Foto vía WikimediaCommons].

La Comuna de París

En el tercer capítulo de “La guerra civil en Francia”, Marx ofrece una explicación exhaustiva sobre la Comuna de París (18 de marzo 1871 — 28 de mayo 1871). Describe el funcionamiento de este proyecto político autogestionado que, sin duda, fue para él la primera manifestación revolucionaria del principio fundador del movimiento obrero y socialista moderno.

‘Sobre la cuestión judía’ de Karl Marx [Foto vía WikimediaCommons].

Marx afirma que este breve período fue “un gobierno del pueblo por el pueblo” (Marx, 1871: 76) y la antítesis al Segundo Imperio de Luís Bonaparte. De nuevo, la Comuna se encabe en el marco del antagonismo de clase: la clase productora frente a la clase apropiadora. La primera la forma no sólo el proletariado, sino que también engloba a las clases medias empobrecidas y a los denominados “rurales”.

Una vez establecida en el poder, la Comuna puso en práctica el proyecto socialista. Empezó por sustituir a la policía por milicia ciudadana, llamada Guardia Nacional Francesa; siguió con el establecimiento de un régimen laico, expropiando los bienes de la Iglesia; proporcionó una educación universal y pública; y equilibró los salarios de funcionarios al salario de obrero. En cuanto al poder ejecutivo, consistía en consejeros municipales elegidos por sufragio universal en los diversos distritos de la ciudad, revocables en cualquier momento (Ibid., 66).

Marx concibe la Comuna de París como lo más parecido al ideal de democracia directa. No obstante, el funcionamiento en el largo plazo del proyecto comunista se presenta utópico por diversas razones.

En primer lugar, el llamado “gobierno barato” —sin ejército ni Iglesia— se figura inviable. En un país de tal envergadura como Francia, resulta necesario estructurar un cuerpo formado de especialistas (soldados, en este caso) instruidos y recompensados por cubrir uno de los aspectos más importantes de un Estado: la seguridad. Por otra parte, ¿quién hubiese llevado a cabo la expropiación de bienes eclesiásticos en el París de 1871?

En segundo lugar, por lo que se refiere al cuerpo de funcionarios, habría que considerar el surgimiento de una nueva clase social, y su consecuente acumulación de poder.

Y, en tercer y último lugar, la revocabilidad inmediata de los cargos electos, aunque probablemente aumentaría la rendición de cuentas y la transparencia, desencadenaría a la vez en grandes ineficiencias por la constante convocación de elecciones.

  • Marx, Karl (1844). “Sobre la cuestión judía” en Escritos de juventud. México: Fondo de Cultura Económica, pp. 476-484.
  • Marx, Karl (1871). La guerra civil en Francia. Madrid: Ricardo Aguilera Editor, Colección Orbe, Serie monografías, pp. 62-81.
  • Marx, Karl; Engels, Friedrich (1848). “Manifiesto del Partido Comunista” en Obras Escogidas en dos tomos. Moscú: Editorial Progreso, tomo 1, pp. 19-50.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Catalina Lopez-Salva

Coeditora de Política y Responsable de Operaciones-Dinamización en United Explanations. Graduada en Ciencias Políticas y Máster en Diplomacia y Función Pública Internacional, especialidad en Derechos Humanos y Cooperación al Desarrollo. Ha realizado prácticas profesionales en el Servicio Exterior de la Unión Europea, la Delegación de la Diputación de Barcelona en Bruselas, el Consulado General de España en Casablanca (Marruecos) y en la Oficina Cultural de la Embajada de España en Londres. Actualmente reside en Bruselas y sigue con gran interés la acción exterior europea y la diplomacia española. Tras su estancia académica en la University of Warwick (Reino Unido) publicó su primer paper titulado “Sexual Exploitation and Abuse by UN peacekeepers”.


One comment

  • José Juan

    18/12/2017 at

    Excelente resumen de las obras en el marco de la crítica a los derechos humanos y a las propias propuestas de Marx y Engels. Habría que seguir indagando para pensar cómo el internent puede conducirnos hacia la desconfiguración del estado-nación tal como lo conocemos para crear colectivos de mayor independencia y autonomia política, económica y cívica. ¿Se pueden producir comunas digitales que tengan implicaciones en la materialidad palpable del diariovivir?

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