13/08/2020 BARCELONA

La reacción de China ante el Nobel de la Paz 2010: ¿Occidente vs China o China vs los Derechos Humanos?

El pasado 10 de diciembre tuvo lugar la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz. Por primera vez el galardonado, Liu Xiaobo, no estuvo presente para recoger tal reconocimiento. Liu se encuentra preso desde el año 2008 por parte del Gobierno chino por razones políticas.

No es un secreto que China pretende convertirse en la potencia global del siglo XXI y para ello ha intentado durante los últimos años mejorar su imagen ante el mundo. Tanto en los Juegos Olímpicos de 2008 como en la reciente exposición internacional de Shanghai, China ha intentado mostrarse al mundo como un país moderno y abierto al cambio.

Sin embargo, el pasado 10 de octubre irrumpió en la prensa internacional una noticia que no favorece la imagen que China pretende proyectar en el mundo: la concesión del premio Nobel de la Paz a Liu Xiaobo, el defensor de los Derechos Humanos encarcelado desde 2008 por el gobierno chino en razón de sus opiniones políticas.

China ha reaccionado a la noticia con contundencia, tanto a nivel interno como internacional. A nivel interno, China se ha esforzado por silenciar cualquier mención al premio y por reprimir cualquier muestra de celebración en la calle. A nivel internacional, China amenazó a los países invitados a la ceremonia de entrega del premio en Oslo de que su asistencia a la gala tendría “serias consecuencias”.

Las críticas de China se han basado fundamentalmente en descalificar el galardón, considerándolo resultado de una conspiración occidental orquestada por EEUU para avergonzar a China y contener su crecimiento. Al igual que durante los pasados Juegos Olímpicos, China se queja de nuevo de que Occidente utilice el “lenguaje de los Derechos Humanos” para ensombrecer su imagen en el mundo. Pero, ¿qué fundamentos tiene este argumento? ¿Es el Premio Nobel de la Paz un instrumento más de Occidente para criticar a China?

El Nobel de la Paz: el prestigio de un premio

El Premio Nobel de la Paz, resultado de la última voluntad del industrial sueco e inventor de la dinamita Alfred Nobel, es el premio más prestigioso del mundo[i] y el que tiene mayor impacto en las relaciones internacionales. Este premio se otorga, como indica el testamento de Alfred Nobel “a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz“.

El premio es otorgado por el Comité Nobel, un comité elegido por el Parlamento Noruego y constituido prevalentemente por representantes del propio Parlamento. Cuando este premio es recibido por un estadista, el Nobel supone un gran prestigio para el país y dignatario en cuestión; por el contrario, cuando es recibido por un disidente pone de manifiesto la injusticia del Estado objeto de la disidencia. A lo largo de su historia, la actitud del Comité Nobel ante las potencias internacionales ha oscilado entre la condescendencia, premiando a sus jefes de Estado[ii], o el desafío, concediendo premios a sus disidentes.

Este galardón ha sido otorgado hasta el momento a personalidades de perfil muy diverso. Así pues, el Nobel lo han recibido tanto Jefes de Estado -Woodrow Wilson en 1919 o el mismo Obama en 2009- como defensores de los Derechos Humanos -entre los más conocidos la activista birmana Aung San Suu Kyi en 1991, la guatemalteca Rigoberta Menchú en 1992, y la abogada iraní Shirin Ebadi en 2003.

Últimos galardonados con el Premio Nobel de la Paz

El Premio Nobel de la Paz ha sido otorgado 91 veces a un total de 121 galardonados entre los años 1901 y 2010. Desde que el Comité Internacional de la Cruz Roja recibiera el Premio Nobel de la Paz en los años 1917,1944 y 1963, y la Oficina de las Naciones Unidas para los Refugiados fuera galardonada en 1954 y 1981, un total de 98 individuos y 20 organizaciones han sido distinguidos con el Premio.

Veamos cuáles han sido los últimos 10 galardonados desde el cambio de siglo:

10 ÚLTIMOS GALARDONADOS CON EL PREMIO NOBEL DE LA PAZ

2010: Liu Xiaobo
2009: Barack H. Obama
2008: Martti Ahtisaari
2007: Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, Albert Arnold (Al) Gore Jr.
2006: Muhammad Yunus, Grameen Bank
2005: Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), Mohamed ElBaradei
2004: Wangari Muta Maathai
2003: Shirin Ebadi
2002: Jimmy Carter
2001: Organización de las Naciones Unidas (ONU) , Kofi Annan
2000: Kim Dae-jung

Liu Xiaobo: un Nobel controvertido

En 2010 el Comité Nobel ha tomado una decisión muy osada: otorgar el Nobel de la Paz a un prominente disidentechino, Liu Xiaobo. No es la primera vez en la historia que el Comité Nobel “molesta” a China con uno de sus galardones: en 1989, tan solo unos meses después de la matanza de Tiananmen, este premio fue otorgado a Tenzin Gyatso, Decimocuarto Dalai Lama y líder de las pretensiones de autonomía del Tíbet.

Liu Xiaobo, intelectual y escritor de 54 años, recibió el prestigioso galardón por su “larga y no violenta lucha por los Derechos Humanos en China”. A pesar de que la institución subrayó que “Liu Xiaobo ha sido un gran portavoz a favor de la aplicación de los Derechos Humanos fundamentales, Liu es más conocido internacionalmente que en China, dónde la mayoría de la población desconoce su existencia.

Liu Xiaobo recibió la noticia en la cárcel, en la que está desde 2008, cuando fue condenado a 11 años de prisión por un delito de subversión al Estado. Su delito consistió en participar en la redacción y firma de un manifiesto, la “Carta 08”; esta Carta, inspirada en la “Carta77” [iii], fue firmada y publicada en Internet en diciembre de 2008 por parte de Liu Xiaobo y otros 300 intelectuales. En la Carta se reclamaba al Partido Comunista Chino (PCCh) el impulso de las reformas democráticas y el respeto de los Derechos Humanos y las libertades en el país.

La imagen de China en el mundo: un “gigante sin libertades”

En los últimos años, la cuestión de las violaciones de los Derechos Humanos en China ha sido un tema recurrente en la prensa internacional. Los Juegos Olímpicos 2008 fueron utilizados por organizaciones de defensa de los Derechos Humanos como plataforma para denunciar las violaciones de Derechos Humanos que tienen lugar en el país.

Amnistía Internacional, que llevó a cabo una potente campaña internacional durante los Juegos Olímpicos, calificó a China como un “gigante sin libertades”. Según esta organización, China acosa de forma constante a los activistas de Derechos Humanos, es el país que más personas ejecuta en todo el mundo y las minorías étnicas son reprimidas de forma sistemática, en particular la población uigur musulmana de la Región de Xinjiang, en el noroeste de China, y la población tibetana. Además, la censura en Internet ha empeorado y el control de los medios de comunicación internacionales es férreo.

De este modo, la imagen de China en el mundo está muy vinculada a la idea de un Estado represor. El analista Xulio Ríos, director del Observatorio de Política China, sostiene que la imagen de China en el mundo está impregnada “por las sombras que oscurecen su propio auge y que pueden advertirse en cualquier informe de Amnistía Internacional”[iv]. Así pues, el imaginario de Tiananmen sigue en la memoria de mucha gente: la visión de un Estado que aplastó a la sociedad civil (las muertes se estimaron entre 400 y 2.600 personas) se ha quedado grabada en la retina de muchos.

La reacción de China al premio Nobel de la Paz 2010

China ha puesto en marcha todas sus armas para minimizar la repercusión del Premio, tanto a nivel nacional como internacional. Según el diario El País[v], las autoridades han ordenado la censura de la noticia del premio en periódicos y televisiones, así como en Internet. Además, impidió a la familia de Liu Xiaobo, y a otros disidentes y amigos, a asistir a la ceremonia de entrega del Nobel en Oslo.

A nivel internacional, en las últimas semanas China ha hecho un gran esfuerzo diplomático para boicotear la ceremonia de entrega del Nobel y evitar que otros países asistiesen. Pekín envió cartas a las embajadas instando a los

diplomáticos a no asistir a la ceremonia, advirtiendo de que habrá “consecuencias” para los que lo hiciesen. Además, calificó la entrega del premio de “obscenidad” y a los países que pretenden asistir a la ceremonia de “payasos”.

El resultado de tal estrategia de presión y hostigamiento fue que 19 países rechazaron la invitación a la gala y no asistieron, entre ellos, Colombia, Serbia, Rusia, Arabia Saudí, Irán y Venezuela. Además, el pasado viernes 10 de diciembre, y por primera vez en 75 años, ni el galardonado con el Premio Nobel de la Paz ni ningún familiar o amigo asistieron a recoger el premio: la única representación del galardonado fue una silla vacía.

¿Occidente vs China o China vs los Derechos Humanos?

En los últimos años, China ha respondido a las críticas internacionales a la situación de Derechos Humanos en el país como una como una cuestión de “Occidente contra China” y así lo ha hecho para desacreditar el premio Nobel de la Paz a Liu Xiaobo. Según China, los países occidentales utilizan “el lenguaje de los Derechos Humanos” para perjudicar su imagen en el mundo, y así entorpecer su ascenso en el sistema internacional.

Es cierto que el Premio Nobel de la Paz ensombrecerá probablemente la imagen de China en el mundo, pero no tanto por el premio en sí -la existencia de presos de conciencia en China no era una sorpresa para nadie- sino porque sus maniobras para silenciar el impacto del premio han mostrado al mundo la intransigencia del gigante chino, exponiendo sin tapujos toda su maquinaria represiva.

De este modo, la reacción de China ante el premio no hace sino confirmar lo que Amnistía Internacional y Human Rights Watch (HRW) llevan años denunciando: la total falta de tolerancia hacia las libertades fundamentales.  Como indica Phelim Kine, investigador de HRW “Esto no es una cuestión de China contra Occidente: es una cuestión de China contra sus propios ciudadanos”.

Ante este panorama, la idea de que los Derechos Humanos sean una herramienta de Occidente contra China, parece nada más que una maniobra china para descalificar el premio y evitar que Liu Xiaobo se convierta en un símbolo ante sus propios ciudadanos. Se trata, en definitiva, de un intento de China, o mejor dicho, del Partido Comunista Chino, de  poner en tela de juicio la universalidad de los Derechos Humanos, con el propósito de conservar su hegemonía y evitar cualquier intento de democratización.

Sin embargo, en el caso del reciente premio Nobel, no deja de ser curioso el uso de ese argumento por parte de China; Liu Xiabo no es ningún occidental qué critica a China: se trata de un ciudadano chino que utiliza el lenguaje de los Derechos Humanos para denunciar los excesos de su Estado. Igual que Shirin Ebadi en Irán, Aung San Suu Kyi en Birmania, y Rigoberta Menchú en Guatemala, Liu Xiaobo hace uso de un lenguaje universal que no es compartido por los “occidentales”, sino por los oprimidos.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro


[i] Según el Diccionario Oxford de Historia Mundial Contemporánea.

[ii] Es preciso recordar que algunos de los Nobel de la Paz han sido otorgados a estadistas que no han trabajado precisamente “demasiado” por preservar los Derechos Humanos. Por ejemplo, en 1973 el Nobel de la Paz fue concedido a Henry Kissinger, Secretario de Estado norteamericano, a pesar de su papel como instigador de golpes de estado.

[iii] Documento de 1977 en el que un conjunto de intelectuales checoslovacos pedían el respeto de los Derechos Humanos y las libertades fundamentales en el país.

[iv] Ríos, Xulio. 2006. “China y los riesgos de la democracia”, en http://www.igadi.org/.

[v] El País Digital (7/12/2010)

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Ana G. Juanatey

Después de estudiar Ciencias Políticas y especializarme en Relaciones Internacionales, me mudé desde Galicia a Barcelona donde vivo desde hace 7 años. Actualmente escribo mi tesis sobre el derecho a la alimentación y trabajo en el Instituto Barcelona de Estudios Internacionales. Mis áreas de interés principales son los derechos humanos como herramienta emancipadora, la seguridad alimentaria y los procesos de democratización. No obstante -dispersa por naturaleza- me apasionan temas tan variopintos como las novelas de espías, las series de TV, los juegos de mesa, la cocina y los documentales.


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