20/11/2018 BARCELONA

Eritrea: el final de un conflicto olvidado

El 43,5% de la población etíope se declara actualmente cristiana ortodoxa frente al 33,9% que se declara musulmán
Los cincuenta y cuatro países que componen el continente africano superan, en extensión, etnias y recursos naturales, al Viejo Continente. Así, desde esta amalgama territorial llegó hace unas semanas a la prensa internacional la noticia de que dos países ciertamente desconocidos, Etiopía y Eritrea, habían firmado definitivamente la paz y se decidían a restablecer relaciones comerciales, económicas y diplomáticas. Para el ciudadano europeo esta noticia no tiene implicaciones importantes, no obstante, esta declaración conjunta es un paso clave para la consolidación de la paz en África Oriental.

Ambos países, en disputa formal desde mayo de 1998 debido a la ciudad fronteriza y prácticamente desértica de Badme, decidieron cerrar un duro conflicto que se saldó con casi sesenta mil muertos y cientos de miles de refugiados. Ubicados en el conflictivo Cuerno de África y fronterizos con Sudán del Sur y Somalia, comparten importantes periodos históricos, coyuntura religiosa y cultura. No obstante, en términos económicos, Etiopía es hoy en día la economía que más crece de África subsahariana —definida en muchas ocasiones como un milagro económico auspiciado por importantes mejoras en infraestructuras y una relativa estabilidad institucional—. A su lado, Eritrea se perfila actualmente como un país eminentemente rural, pobre y con un índice de desarrollo humano de los más bajos no solo del continente, sino de todo el mundo.

Así, para entender no solo esta disparidad económica y social, sino también la trascendencia del nuevo acuerdo de paz, se vuelve necesario profundizar en la historia común de ambos territorios.

Etiopía, la cuna de humanidad

Reconocida hoy en día como la cuna de la humanidad gracias al descubrimiento de Lucy, el primer bípedo que relaciona los primates con los humanos, Etiopía destaca asimismo por ser el único país de la región que no sufrió la colonización oficial europea, exceptuando un periodo de cinco años de desgobierno italiano. Conocida antiguamente con el nombre de Abisinia, vivió a lo largo de su historia un enfrentamiento directo entre el cristianismo del influyente reino de Aksum y la expansión de un islam que regía en todos sus territorios fronterizos y se negaba a ceder una de las regiones comerciales más sólidas de África Oriental.

El auge de la religión musulmana durante los siglos VII y VIII a ambos lados del Mar Rojo desafiaría al último reducto cristiano que llegó a incluir el norte de la actual Etiopía y la práctica totalidad del territorio eritreo. Aunque en muchos casos de carácter bélico, esta disputa religiosa trascendió la mera conquista de territorios y alcanzó el terreno cultural y étnico, con ambos bandos atribuyéndose en el Antiguo Testamento y en el Corán la existencia del Reino de Saba en sus respectivos territorios. Así, en esta intrincada coyuntura, el islam impondría su dominio gracias a los Califatos Omeya y Abásida, interrumpiendo de esta manera la salida al mar de los pequeños reinos cristianos que resultaron de la caída del reino de Aksum a finales del siglo VIII.

El territorio que conocemos hoy como Etiopía viviría, a partir de entonces, distintos intentos de restaurar y preservar su carácter cristiano a través del liderazgo de supuestos parientes y descendientes del rey Salomón, época en la que se impondría en el país la monarquía absolutista y un sistema feudal con ciertas analogías europeas.

El territorio eritreo, conocido como Bahr Negash, en cambio, adoptó una actitud más conservadora y neutral que le permitió mantener su ventaja comercial a lo largo de los puertos del Mar Rojo. Así, no sería hasta el siglo XVI cuando la primera potencia europea buscó una influencia directa en la región excusándose en la preservación del reducto más aislado de la cristiandad europea, tratando de imponer su rama católico-romana de manera infructuosa. Este intento de imposición, unido a las nuevas conquistas territoriales por parte de la yihad musulmana, debilitó el imperio cristiano y permitió indirectamente la extensión de etnias anteriormente marginadas como los oromo o macha-tulama.

No obstante, las raíces más profundas del conflicto con Eritrea serían resultado de la injerencia colonial extranjera posterior.

¿Cómo se forma Eritrea?

A finales del siglo XIX, en pleno auge colonial europeo en el continente africano, el rey Menelik II conseguiría unificar distintas naciones y configurar el territorio etíope que conocemos en la actualidad, a excepción de Eritrea, en manos italianas y fundada como tal en 1890. Esta época de modernización para ambos territorios sirvió para que Etiopía fomentase el dogma del Imperio Etíope como nación milenaria, marginando etnias minoritarias y renegando de la multiculturalidad que todavía existe en el país a día de hoy.

Por su parte, el establecimiento e imposición de fronteras artificiales por parte de Italia en Eritrea se vio compensado por la importante inversión en infraestructuras y desarrollo del territorio, esenciales para el comercio en una región inusualmente pobre y desfavorecida a pesar de su salida al mar. La relación entre ambas partes se estableció con el Tratado de Wuchale de 1886, a través del cual Abisinia —la actual Etiopía— e Italia definieron oficialmente sus fronteras —sin delimitar claramente la pertenencia de la ciudad de Badme— y se comprometieron a actuar respetando la autonomía e independencia mutua.

Ante la apertura del Canal de Suez y la importancia económica que adquiriría el tráfico comercial en el Mar Rojo a principios del siglo XX, la Italia colonial de Mussolini rompió los acuerdos e invadió el territorio abisinio en el año 1935, en ese periodo bajo el mandato del Emperador Haile Selassie. A pesar del empobrecimiento del país, la represión de las etnias minoritarias y la centralización del poder en su figura autocrática, Reino Unido intervino en el conflicto liberando al país de las Potencias del Eje y evitando la consolidación del Imperio Italiano con la posterior administración del territorio de Eritrea.

Ante esta situación y tras la retirada definitiva de los británicos en 1952, la todavía inexperta Organización de Naciones Unidas exigió la integración de Eritrea como estado federado en Etiopía. Esta imposición exterior generó un importante malestar en la población eritrea, favoreciendo así la creación del Frente Popular de Liberación de Eritrea (EPLF), que lucharía por la secesión y recuperación de los derechos nacionales. Así, a pesar del apoyo a la causa de Egipto y otros países árabes, Etiopía impuso importantes restricciones económicas y sociales bajo el mandato de Haile Selassie y su sucesor Mengistu Haile Mariam, lo que se tradujo en continuas disputas militares y la consiguiente declaración de independencia unilateral de Eritrea en 1991.

Mapa de Eritrea y Etiopía

En el año 1993, ante la volatilidad de la situación a ambos lados de la frontera y las continuas hambrunas que azotaron la región, la ONU fomentó un referéndum de independencia que apoyó casi el 99,8% de la población de Eritrea. No obstante, y a pesar del reconocimiento oficial de los resultados por parte de Etiopía, los conflictos esporádicos a lo largo de los mil kilómetros de frontera —especialmente en la región de Badme— continuaron a lo largo de la última década del siglo XX.

La arbitrariedad con la que se habían establecido los perímetros de ambos países y la pérdida de acceso al mar de Etiopía arrastró a ambos países a un conflicto directo y armado que comenzaría en 1998, en el que intervendría la ONU con más de cuatro mil cascos azules. Además de las propias secuelas del conflicto bélico, la región sufrió durante esos años una crisis humanitaria que afectó, según las agencias humanitarias de la ONU, a más de ocho millones de personas y se agravó debido a un grave periodo de sequía.

Así, gracias a la mediación de la Organización para la Unidad Africana (OUA) —predecesora de la actual Unión Africana—, el enfrentamiento formal terminó en el año 2000 con la firma del Acuerdo de Paz de Argel. Además del alto al fuego, el acuerdo estableció la llamada Comisión de Límites de la Haya, a la que se le otorgó el poder para investigar los incidentes que derivaron en el conflicto y para imponer una resolución definitiva a la frontera en la ciudad de Badme. Este arbitraje vinculante falló a favor de Eritrea; no obstante, no evitó la creación de una zona desmilitarizada de seguridad a lo largo de veinticinco kilómetros custodiada por cascos azules de Naciones Unidas ante la negativa de Etiopía de formalizar de facto la resolución.

De manera paralela, el país comenzaría su primera etapa como democracia multipartidista bajo el gobierno del Frente Democrático del Pueblo Etíope y la adopción de una nueva Constitución en 1995. Reconocida paradójicamente a día de hoy por ser la única Carta Magna en todo el mundo que permite el derecho de autodeterminación, constituyó el país como una federación formada por nueve estados con características étnicas propias.

Así, las dos últimas décadas de Etiopía se delimitaron esencialmente a la construcción de una base democrática sólida y a continuas acusaciones contra Eritrea con respecto a problemas fronterizos.

Etiopía y Eritrea: origen común, caminos distintos

En este contexto, ambos países han vivido durante las últimas décadas modelos de crecimiento y desarrollo significativamente opuestos. A pesar de la corrupción política que todavía lastra a día de hoy al gobierno, Etiopía ha conseguido expandir su economía a un ritmo medio del 9% durante la última década y posicionarse como polo de atracción de inversión extranjera en la región. Un mercado interno que supera los cien millones de habitantes y una clase media que alcanza ya el 20% de la población han supuesto que el Banco Mundial señale al país africano como una de las potencias africanas del futuro.

El país cuenta además con importantes reservas de recursos naturales y se ha posicionado como centro estratégico de organismos internacionales, con oficinas centrales de Naciones Unidas, la Unión Africana y más de 120 embajadas extranjeras. Si nos atenemos a la desigualdad —en base al índice de Gini— Etiopía lleva más de una década traduciendo crecimiento económico en mayor igualdad y menores índices de pobreza.

Etiopía lleva más de una década traduciendo crecimiento económico en mayor igualdad y menores índices de pobreza. Sin embargo, Eritrea no se ha desarrollado a nivel económico de forma paralela a Etiopía

No obstante, y a pesar de contar con salida al mar, Eritrea no ha experimentado un desarrollo social y económico paralelo al etíope. El pequeño tamaño del país y las inclemencias naturales de la región —con numerosas sequías de las que depende el 80% de un país dedicado a la agricultura— han ralentizado el crecimiento a una media del 3% durante los últimos años. La falta de recursos naturales, la corrupción asociada al sempiterno dictador Isaías Afewerki y la dificultad para hacer negocios en el país —se sitúa en la segunda peor posición mundial en el ranking Doing Business— lastran las posibilidades de una sociedad que se ha visto enormemente cercenada por su inexistente relación con Etiopía.

Ante esta disparidad de situaciones, el acuerdo de paz del pasado julio aporta una estabilidad esencial en la región, no solo en términos sociales y políticos sino también económicos. La decisión de abrir embajadas y permitir la conexión telefónica directa permitirá el desarrollo conjunto de dos territorios con una historia compartida que se vio interrumpida por la injerencia extranjera y el colonialismo europeo. El punto de inflexión para lograr este acuerdo se remonta a abril de 2018 con la elección como primer ministro de Abiy Ahmed, que decidió ratificar sin condiciones los límites fronterizos impuestos por la Comisión de la Haya. Puede parecer una decisión ajena a las preocupaciones occidentales; no obstante, la reanudación de los vuelos entre Asmara y Adís Abeba permitirá a ambos países despegar de manera definitiva.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Pablo Astor Molero

Pontevedra, España. Es graduado en Relaciones Internacionales y en Traducción e Interpretación (Universidad Pontificia Comillas), y ha cursado estudios de postgrado en Comercio Exterior (Universidad Carlos III) y en Gestión Internacional de Empresas (ICEX-CECO). Ha estudiado y vivido en Estados Unidos, Turquía y China, donde trabaja actualmente como asesor en la Oficina Económica de España en Shanghai. Con experiencia laboral en el sector público y privado, está especialmente interesado en política internacional, seguridad y desarrollo.


4 comments

  • Sin fronteras

    22/08/2018 at

    Muy buen artículo ,actual y muy bien documentado, por desgracia con poco foco mediático.

    Reply

  • Felix Mezo Gomez

    30/08/2018 at

    Interesante artículo sobre un tema olvidado. Buen estreno Pablo Astor

    Reply

  • Everton Correa

    10/09/2018 at

    Excelente reportaje, muy bien documentado y muy bien informado sobre la actualidad contemporánea de África Subsahariana.

    Muy buena cobertura y explicación de las implicancias para el desarrollo de África.

    Reply

  • Milanesa

    13/09/2018 at

    Enhorabuena al autor del articulo, Es excelente por lo facil de su lectura y explicacion. Gracias a unitedexplanations.org por acercarnos a partes del mundo que no son apenas referenciadas por otros medios de comunicacion

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