13/12/2019 BARCELONA

Fracking: la última tentación de la industria energética

El fracking es la última tendencia en la industria petrolera. Se trata de una técnica de extracción o explotación de gas natural en yacimientos no convencionales que ha despertado importantes críticas por parte del movimiento ecologista debido al elevado coste ambiental de su extracción. Hoy os presentamos el debate.


Josh Fox vive en los Estados Unidos, en una casa construida el año 1972 por sus padres, en medio del bosque donde pasa el río, a Milanville, Pennsylvania. Un día del año 2009 recibe un mensaje de correo electrónico de una compañía de gas que le informa que su terreno –el Estado español no tiene la misma legislación que los Estados Unidos, donde el subsuelo es propiedad privada y no del Estado— está situado sobre el yacimiento de Marcellus, que se extiende en las zonas de Pennsylvania, Nova York, Ohio y West Virginia. La compañía está dispuesta a pagarle unos 100.000 US$ por sus 39 hectáreas de terreno. Tras distintas investigaciones, descubre que en el año 2006 se aprobó en los Estados Unidos una cláusula energética que eximía la industria de respetar las leyes de protección de agua potable. Descubre que lo que quiere hacer la compañía de gas es perforar sus terrenos para continuar la campaña de prospección de gas más grande de toda la historia. Descubre que empieza la era del fracking: el negocio del gas.

De esta manera Josh Fox denuncia en su documental Gasland (2010) que el negocio del gas denominado no convencional —por el tipo de hidrocarburo y el tipo de extracción y perforación horizontal que se hace—, o también gas pizarra o gas exquisito (shale gas) se está convirtiendo en la industria energética más importante y emergente en los Estados Unidos donde se han llegado a perforar en dos años más de 50.000 pozos y más de cientos de miles en la última década.

En Europa, sin embargo, la situación del fracking se encuentra generalmente en una fase de exploración, siendo los propios países de la Unión Europea quienes deciden si en sus territorios permiten la extracción de gas pizarra por fractura hidráulica, ya que la Unión Europea no tiene ninguna autoridad para prohibir el fracking, pues no existe ninguna legislación que determine las causas del impacto ambiental que tiene la extracción de gas no convencional. En este sentido, ante las consecuencias económicas y de mercado que puede producir esta nueva técnica y del aumento del precio de los hidrocarburos convencionales como el petróleo y el carbón, algunas empresas norteamericanas y canadienses intentan llevar a cabo la industria del fracking a terrenos de legislación y explotación europeas porque la falta de legislación supone una ventaja para las empresas que quieren desarrollar esta nueva técnica. Ahora mismo no se enfrentarían a ninguna sanción en caso de accidente o contaminación. No obstante, desde el año pasado la Comisión Europea ordenó estudios económicos y ambientales para conocer el impacto real del fracking, y el Ejecutivo Comunitario decidió crear un marco legislativo aproximado (los países de la Unión Europea tienen que decidir si la ponen en práctica) cuya normativa sería estrictamente distinta a la de los Estados Unidos, donde se exime, por ejemplo, de cumplir la normativa de cualidad de agua potable aprobada el año 1972 o de informar de las sustancias que utilizan para la extracción de gas. Las facilidades normativas y la permisividad política han generado en los Estados Unidos una expansión del negocio mucho más rápida que Europa.

Por esta razón, en el Reino Unido, Lituania, Suecia, Hungría y Alemania, por ejemplo, encontramos pozos que sólo sirven para investigar la posibilidad de extracción, explotación y producción de gas o han practicado ya las primeras extracciones. En Francia, Holanda, Irlanda o Bulgaria han optado por prohibirlo, mientras que en Polonia y Dinamarca, en cambio, han preferido apostar decididamente por esta nueva técnica de extracción de gas pizarra. Polonia, que fue el primer país que apostó por el fracking, tiene entre 346.000 y 768.000 metros cúbicos de depósitos de gas pizarra, según un informe publicado en marzo por el Instituto Geológico Estatal Polaco. Para Raúl Romeva, eurodiputado por ICV, «será muy difícil lograr una armonización en Europa en el tema del fracking».

En España se ha decidido conceder permisos para investigar las posibles reservas, pero todavía no se han empezado a realizar perforaciones y explotaciones de gas a causa de las múltiples plataformas anti-fracking y de la presión popular que han surgido en las diferentes comunidades autónomas, donde se ha otorgado el derecho a ejercer las primeras investigaciones y exploraciones.

FOTO: Cantabria No Se Vende
Cantabria No Se Vende

El pasado 14 de febrero se votó una moción presentada por Izquierda Plural (IU-ICV-CHA) para pedir la prohibición del fracking en el Estado español. PP, CIU y UPyD votaron en contra para permitir la investigación de esta técnica. De momento, sin embargo, cada autonomía se rige por sus propias exigencias y normas legislativas. En abril el Parlamento Cántabro aprobó una ley que prohibía la fractura hidráulica en toda la comunidad autónoma a causa de una posible sanción por afectación urbanística, pero sin eximir los permisos concedidos anteriormente. En cambio, en el Parlamento Vasco se rectificó en el mes de mayo del 2012 la Ley de Conservación de la Naturaleza para permitir el fracking. El miedo por parte de sus detractores seria que, finalmente, José Manuel Soria, Ministro de Industria, Energía y Turismo, quisiera modificar la Ley de Hidrocarburos a nivel estatal para una mayor explotación de la industria de gas no convencional.

¿Qué es el fracking?

El fracking es una técnica de extracción o explotación de gas natural en yacimientos no convencionales. Busca liberar el gas acumulado atrapado en ciertas rocas sedimentarias, generalmente arcillosas y poco permeables, a través de una fractura o perforación vertical situada entre unos 2.500 y 5.000 metros bajo tierra y de una perforación horizontal que acaba fracturando la roca y congelando el gas para poder aumentar la permeabilidad. Para alcanzar el gas es necesario realizar distintos pozos en grandes zonas de terreno —la separación entre éstos puede establecerse entre 0,6 a 2 km de distancia— y aislarse en diversas capas de acero y cemento donde se inyecta a presión una mezcla de gran cantidad de litros de agua, arena y 596 aditivos químicos de gran toxicidad que consiguen que se hagan más grandes las grietas y atraer el gas hacia el pozo. La explosión sube hasta la superficie juntamente con una parte de la mezcla inyectada, entre un 15% y un 80%, donde se encuentran metales pesados, hidrocarburos y elementos naturales radioactivos.

FOTO: Fermanagh Fracking Awareness Network (FFAN)
Fermanagh Fracking Awareness Network (FFAN)

Se calcula que se requieren entre 9.000 y 29.000 metros cúbicos de agua para poder perforar un solo pozo que puede llegar a hidrofracturarse hasta 18 veces, lo cual provoca emisiones de metano, contaminación de acuíferos, contaminación del aire, riesgos sísmicos, migración de contaminantes a través del subsuelo y un evidente gasto de agua.

El debate sobre el fracking llegó a España el año 2011 cuando el ex lehendakari vasco, Patxi López (PSE), tras permitir prospecciones en Araba durante una visita en un campo de extracción de gas natural en Dallas de la compañía Heyco, socia con la Sociedad de Hidrocarburos de Euskadi (SHESA) donde el Gobierno Vasco tiene el 44% de las participaciones, anunció que en el País Vasco se encontraba una reserva de gas no convencional equivalente a cinco veces el consumo anual de toda España (60 años en el caso del País Vasco). En este sentido, el Gobierno Español ha anunciado inversiones privadas que oscilan entre 700 y 1.000 millones de euros. Entre 2003 y 2012 los permisos y concesiones en todo el territorio español rondaban más de un centenar.

En la actualidad, los últimos datos recogen 70 permisos vigentes de investigación y 75 concesiones pendientes, especialmente en Cantabria, País Vasco, Asturias y Castilla y León, y también en Cataluña, Andalucía, las comarcas de Castellón y el norte de Huesca.

Fracking y sostenibilidad a debate

Los cálculos de los empresarios reflejan que se puede llegar a ingresar, gracias al negocio del gas, 700.000 millones de euros (en función de los precios actuales de mercado). Sin embargo, el fracking no representa para algunos expertos inversores una alternativa viable. Las inversiones que se desarrollan no pueden reducirse a argumentos de crecimiento industrial porque los beneficios que generan las empresas y los gobiernos con esta técnica no permiten mantener un nivel de producción adecuado y sostenido, ya que los pozos construidos para poder extraer gas pizarra se agotan rápidamente y se requiere la construcción de nuevos pozos para cubrir el agotamiento de producción. Aubrey McClendon, fundador de la compañía de gas natural más importante de los Estados Unidos, Chesapeake Energy, tuvo que renunciar de repente a continuar las perforaciones de extracción y producción de gas. La compañía quebró cuando cayó el precio del gas y se quedó sin liquidez para afrontar los declives del mercado del gas. Algo parecido está ocurriendo en Estados Unidos con el negocio especulativo de la industria del fracking. El 60% de la explotación se encuentra ahora mismo en los yacimientos de Oklahoma, Texas y Pennsylvania, y sólo este último sigue aumentando la producción ya que los dos primeros están parados. En España, un buen ejemplo es Trofagas Hidrocarburos SL, una filial de BNK Petroleum Inc y creada en marzo de 2010 en Vigo, que obtuvo en 2011 pérdidas de hasta 432.994 euros y un solo empleado teniendo en cuenta que su capital social se encuentra, según los últimos datos generados en julio de 2012, entre 3.501 y 10.000 euros y sus empleados oscilan entre 1 y 10.

Fracking en España

FOTO: London Permaculture (Creative Commons)
London Permaculture (Creative Commons)

En España la principal plataforma de empresas Shale Gas, formada por BNK, Heyco, R2 Energy, San León y Shesa y nacida en 2012 con el propósito de incentivar a la ciudadanía el interés por el negocio de la fractura hidráulica y supeditada a la Asociación Española de Compañías de Investigación, Exploración y Producción de Hidrocarburos y Almacenamiento Subterráneo (ACIEP), estima que podría haber dos billones de metros cúbicos de gas en el subsuelo, una cantidad que supondría, según afirma la plataforma, unos recursos para el consumo actual en España de 70 años y unos beneficios económicos enormes. Sin embargo, estas estimaciones están basadas sobre acumulaciones de gas no convencional que todavía no han tenido suficiente investigación ni una adecuada participación por parte de todos los posibles expertos en cuestiones de materia energética, geología e hidrografía. Como apuntan muchos especialistas geólogos que se han pronunciado en contra de la técnica del fracking, parece ser que todavía no hay un conocimiento empírico profundo y todo está fundamentado en el debate arbitrario, por lo que la cantidad real de metros cúbicos de gas podría ser muy inferior.

Para muchos expertos ecologistas, el fracking tampoco es una alternativa sostenible. Julio Barea, responsable de campaña de Residuos y Energía de Greenpeace, afirma, contrariamente lo que dice Juan Carlos Muñoz Conde, portavoz de Shale Gas España y representante de Trofagás, que el fracking  «no tiene nada que ver con un tipo de industria segura, probada y sostenible, como quieren demostrarnos repetidamente».

Uno de los principales problemas es la contaminación de los acuíferos. Precisamente, el 80% de los permisos de investigación concedidos al Estado español son sobre acuíferos, pese a que existe un riesgo enorme de que los aditivos químicos que se inyectan al subsuelo se filtren a través del acero y contaminen el agua, especialmente de metano, propano y etano como han descubierto en la Universidad de Duke, analizando 141 pozos donde se abastecen de agua potable los habitantes que viven alrededor del yacimiento de Marcellus. Las conclusiones de las investigaciones demuestran que el 82% de los pozos analizados contenían metano y que el gas infiltrado en las casas era mucho mayor si se encontraban a menos de 1 Km de los pozos de extracción. Según Ecologistas en Acción, actualmente en el Estado Español hay 14 millones de personas que se abastecen de acuíferos.

Por otro lado, las emisiones que favorecen el efecto invernadero que genera el metano tampoco nos ayuda a combatir el cambio climático. Como señala Greenpeace, un estudio de la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) y de la Universidad de Colorado asegura que las emisiones no son del 2% como determina la industria del fracking, sino que «las fugas de gas metano son del 4%» mientras que las emisiones que se generan tienen un efecto 25 veces superior al CO2. También se ha podido registrar una importante contaminación de benceno en el aire, un potente agente cancerígeno que viaja a través del vapor que sale de los pozos donde se almacenan las aguas residuales. Según varios informes, en Estados Unidos, un 16% de los pozos tienen pérdidas de gas en superficie.

El primer caso de fracking en España ha sido en Cantabria con el proyecto Arquetu otorgado en abril de 2011 a la empresa Trofagas Hidrocarburos SL. Se trata de un permiso de investigación durante seis años sobre una superficie de 24.876 hectáreas extendida en nueve municipios como en Cabezón de la Sal, un pequeño pueblo de unos 8.000 habitantes donde se inauguró la primera Plataforma contra la Fractura Hidráulica en Cantabria gracias al Cabezonense Florencio Enríquez. En estos casi dos años la empresa ha proseguido con la primera fase de investigación, pero, según el permiso del Gobierno Cántabro, se debería emprender ya la perforación del primer pozo a través de un acuífero subterráneo conectado con los ríos Saja y Nansa, utilizados para el consumo diario.

En el País Vasco el ejemplo paradigmático son las prospecciones realizadas en Araba en 2011, cuyas autorizaciones en tres pozos localizados en Vitoria de 5.150 metros, 5.300 y 4.864 metros de profundidad para la primera fase de investigación y exploración, estaban exentas de una evaluación de impacto ambiental. La plataforma Fracking EZ Araba afirma que la controversia sigue siendo que las perforaciones de los tres pozos tienen que atravesar el acuífero subterráneo de Subjana que se extiende sobre 170 km cuadrados.

La empresa Trofagas Hidrocarburos SL también se le concedió, en septiembre de 2011, dos permisos para una primera fase de investigación en Castilla y León con el proyecto Urraca y Sedano, sobre 94.815 hectáreas la primera y 34.765 hectáreas la segunda, que se extienden en más de veinte municipios.

En Cataluña, la situación no es muy diferente del resto del Estado. En octubre de 2011 la Generalitat concedió a la empresa Teredo Oils Limited la famosa concesión «Ripoll» para investigar y explorar 23 terrenos que afectan 51.200 hectáreas de la Garrotxa, el Ripollès y Osona que implica una inversión de 11 millones de euros. Sin embargo, desde hace unos meses, el Departamento de Empresa y Ocupación ha decidido frenar la concesión de forma preventiva a la compañía británica porque no ha presentado el plan anual obligatorio de metodologías a la Dirección General de Energía y Minas y Seguridad Industrial dentro del plazo establecido. Finalmente la Generalitat ha desestimado las alegaciones presentadas por Teredo Oils Ltd y ha inhabilitado definitivamente el permiso a la compañía británica “por falta de responsabilidad”.

No obstante, la Generalitat no se detiene en el intento de continuar las investigaciones y exploraciones y quiere conceder a la compañía Montero Energy Corporation, filial de R2 Energy y creada en diciembre de 2011 con un solo administrador y un capital social de 3.000 euros, dos permisos que afectan 37 municipios de la Noguera, la Segarra, el Solsonès y el Urgell, y 44 a la zona de Osona, el Bages y el Berguedà. Por eso se han acelerado las acciones de la Plataforma Antifracking (PAF), encabezadas por el Ayuntamiento de Riudaura, que cuenta actualmente con el apoyo de 47 ayuntamientos y 90 entidades sociales.

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Foto de portada: Operación de Fracking en Pinedale, Wyoming.

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Arpad Pou


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