12/08/2020 BARCELONA

Desde #DemocraciaRealYa hasta #YouStink: irrepresentados en el Líbano y España

De la misma manera que el movimiento 15-M representó una protesta social masiva contra la clase gobernante en España, el Líbano ha despertado con las protestas del movimiento #YouStink, que empezó como una crítica a la gestión de desechos en Beirut y ha acabado cargando contra un sistema político e institucional corrupto y sectario.

El 15 de mayo de 2011 un puñado de miles de jóvenes y no tan jóvenes salieron a la calle en ciudades de toda España para reivindicar la ‘democracia’, una democracia real y no una que les calificara como país democrático. Un sistema que les diera voz y que actuara de acuerdo con ella, un sistema en el que se sintieran representados y en el que la clase política y financiera no gobernara sin ningún pudor ni acontabilidad o rendición de cuentas. Los jóvenes españoles salieron a la calle bajo el lema #DemocraciaRealYa.

Más de cuatro años después, del otro lado del Mediterráneo, los libaneses también tomaron las calles para reivindicar otro tipo de democracia, un sistema en el que sentirse representados. El 22 de agosto de 2015 un grupo de libaneses se reunioeron enfrente del Gran Sérail, el Parlamento, con el lema To3let Re7takon, en inglés ‘You Stink’ (apestáis). ¿Y de dónde venía el olor? No de las basuras que se acumulan en Beirut desde hace semanas, sino de la clase política que aún a día de hoy ha sido incapaz de encontrar una solución durable a este problema. Apestaba una clase política y un sistema que había dejado de representarles hace mucho tiempo. Los derechos cívicos y políticos son respetados en ambos países hasta cierto punto, derecho de expresión, manifestación, reunión (aunque la actual Ley Mordaza en España haya puesto estos derechos en tela de juicio y otros contrapoderes en Líbano también impidan el disfrute pleno de estos), y en ambos países se celebran elecciones en las que los ciudadanos pueden expresar sus inclinaciones políticas libremente cada cierto período de tiempo.

Manifestante del movimiento #YouStink llevando, como muchos miembros del 15M, la máscara de Guy Fawkes [Foto: elaboración propia de Ana Almuedo]
Manifestante del movimiento #YouStink llevando, como muchos miembros del 15M, la máscara de Guy Fawkes [Foto: elaboración propia de Ana Almuedo]

La comparación entre los dos sistemas es, sin embargo, difícil de trazar en cuanto uno supone una democracia confesional en la que cada una de las 18 religiones reconocidas oficialmente en Líbano obtiene una proporción determinada de poder en base a la población de una determinada confesión, y no en base a una idea política. Las ideologías políticas son difíciles de articular nacionalmente en cuanto que el sistema libanés favorece los partidos de naturaleza confesional o sectaria. Este mismo sistema sectario es el que ha sido contestado por los libaneses desde el 22 de agosto hasta presente. Un sistema que, según ellos, perpetúa las líneas divisorias de la guerra civil que terminó en 1990 tras 15 años de sanguinario conflicto entre los diferentes grupos sectarios. Un sistema que además de estar lejos de representar la realidad social y política del país, está al origen de una parálisis institucional que afecta a todos y cada uno de sus ciudadanos.

La prueba: toneladas de basura que se acumularon en las calles de Beirut y otras ciudades en la región del Monte Líbano en la época más calurosa del año. Más pruebas: el sistema de distribución eléctrica es incapaz de proveer de electricidad 24 horas en todo el país, por lo que los cortes van de 3 horas en Beirut a 8 a 12 horas al día en el resto del país; de la misma forma que la distribución de agua, transporte público, o telecomunicaciones, enormemente ineficientes y costosas. Ante la falta de oferta pública, los libaneses invierten en estos servicios a unos precios totalmente fuera de mercado de manera privada y los sumerge en una esfera de individualismo y la gestión de servicios de manera completamente privada.

Movilización ciudadana contra la corrupción política e institucional en Beirut [Foto: Ana Almuedo]
Movilización ciudadana contra la corrupción política e institucional en Beirut [Foto: Ana Almuedo]

La complicada situación política en Líbano, con casi 2 millones de refugiados sirios y palestinos en un país que cuenta con poco más de 4 millones de habitantes; la guerra siria a sus puertas y un pasado de guerra civil (1975-90) tras la que la reconciliación no ha llevado a cabo por completo, y una sociedad que aún hoy permanece dividida, no sólo en sus líneas sectarias, sino socio-económicas y geográficas. Los movimientos civiles son difícilmente percibidos de la misma forma por todos los segmentos de la sociedad. Las 40,000 personas que ser reunieron en las Plaza de los Mártires en Beirut tanto el 23 de agosto como el 29 de agosto para manifestar pacíficamente ha sido un increíble logro en la historia de los movimientos sociales del país.

La olla a presión ha estallado

Cuando los libaneses salieron a la calle, lo hicieron principalmente por aquellas montañas inhumanas e insalubres, pero también reivindicaron todo lo anterior. Las basuras se convirtieron en el resultado tangible de un sistema corrupto e ineficiente, en el que la solución no llegaba porque cada líder político se había preocupado más en cómo sacar tajada de esta crisis antes de volcarse en resolver este problema. Las basuras fueron finalmente la gota que colmó el vaso, y que hizo a los libaneses indignarse de su propio sistema político. Ante la pasividad y apatía política que había contagiado largamente a los libaneses, han tomado la calle, de forma pacífica gritando, entre otros cánticos, el conocido “As-shab yurid asqat al-nitham” (el pueblo quiere la caída del régimen) que se repetían en las calles sirias, tunecinas, egipcias, yemeníes durante las revoluciones árabes. Los libaneses piden una revolución (“thawra”), este sistema lo han sufrido durante demasiados años, quieren otro.

Movilización ciudadana contra la corrupción política e institucional en Beirut [Foto: elaboración propia de Ana Almuedo].
Movilización ciudadana contra la corrupción política e institucional en Beirut [Foto: elaboración propia de Ana Almuedo].

De la misma manera que los ‘Indignados’ españoles rechazaban su apatía política y reivindicaban un fin del bipartidismo, de la corrupción, de la falta de acontabilidad por parte de la clase gobernadora; de los beneficios concedidos a la elite económica a expensas del resto de la población que aún a día de hoy se encuentra sumergido en la tragedia del desempleo masivo y condiciones laborales abominables. Reivindicaban un cambio en el status quo, una revolución. Las manifestaciones fueron seguidas por millones de españoles que tomaron plazas y acamparon allí durante días y semanas. Crearon plazas sostenibles, con espacios de debate, de lectura, de expresiones artísticas, de asambleas en las que se votaba cada una de las acciones que se decidían tomar. Fue un momento para la solidaridad, para la ilusión y para la conciencia social y política de los españoles, y principalmente, fue un momento para la reivindicación de la responsabilidad política.

La política somos todos y está en todos sitios. No se limita a unas elecciones cada cuatro años, también se puede hacer política en una asamblea de barrio, a través de una asociación o una petición ciudadana. Los movimientos sociales también crean política, no sólo por los resultados traducidos en acciones políticas que estos puedan producir, sino porque ellos representan el empoderamiento del pueblo, un traspase de la responsabilidad a todos y cada uno de los ciudadanos sobre su presente y futuro social y político.

Protestas del 15M en Barcelona [Foto: elaboración propia de Ana Almuedo].
Protestas del 15M en Barcelona [Foto: elaboración propia de Ana Almuedo].

Si hay algo que tanto el movimiento ‘You Stink’ en Líbano como los ‘Indignados’ en España ha contribuido en la sociedad es a concienciar a cada uno de los ciudadanos que tomaron las calles de que ellos también tienen el derecho, y el deber, de cambiar la clase y el sistema político que determinará sus vidas. Cuatro años y medio más tarde de las manifestaciones en España muchos se apresuran en tildar el nuevo partido Podemos como el hijo político del movimiento 15-M y el único resultado político. Si bien puede haber algo de verdad en estas palabras, primero, no puede considerarse a todas las personas que bajaron a la calle en Mayo del 2011 estén vinculadas con este partido; en segundo lugar, los logros de este movimiento social van mucho más allá. El movimiento 15-M despertó conciencias, despertó una nueva forma de reivindicar y de hacer política, de prioridades en la vida diaria de los españoles. Creó una generación de jóvenes y no tan jóvenes empoderados política y socialmente. La sociedad civil se reforzó, se consolidaron plataformas para impedir los desahucios de familias afectadas por las hipotecas, comedores sociales para los más desfavorecidos, y movimientos contra la corrupción, la transparencia y la revisión de la deuda.

Este nuevo despertar de conciencia y de acción política es necesario y favorecería enormemente escena civil y social libanesa. Es necesario que las ideas calen en la sociedad y que una gran parte de ella se sienta identificada con las reivindicaciones, con los cambios que se proponen, para que más tarde éstas puedan traducirse en ideas políticas con acciones y líderes políticos. Los movimientos sociales son, por definición, espontáneos y carentes de estrategia. Es, normalmente, el comienzo de un proceso de cambio. Un cambio que puede venir desde dentro, para mejorar la gestión desde el nivel municipal de las basuras, o un cambio que se prolongue hasta las deficiencias endémicas del sistema que repercuten en la gestión de desechos y de tantos aspectos que afectan la vida de los libaneses.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro


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Ana Almuedo

Sevilla, España. Mediterránea por elección, española de nacionalidad y libanesa por residencia. Llevo trabajando en temas sobre Oriente Medio, resolución de conflictos y derechos humanos desde 2010. Actualmente vivo en Beirut, Líbano, y escribo mi doctorado para la Universidad de Exeter en Reino Unido, sobre la transformación del conflicto y los movimientos sociales en Líbano. Sígueme en @anaalmuedo


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