La Nueva Ruta de la Seda: hacia un nuevo orden mundial

La caravana de Marco Polo [Foto vía WikimediaCommons].

El presidente de China, Xi Jinping, presentó oficialmente la iniciativa “One Belt, One Road” (OBOR, traducido al castellano como “una franja, una ruta”) en 2013, marcando un punto de inflexión en la política exterior del país y desafiando el orden mundial hegemónico estadounidense surgido tras la caída de la URSS. Este proyecto ambicioso pretende crear una versión del siglo XXI de la milenaria Ruta de la Seda, mejorando la conectividad de China con Europa, el Oriente Próximo y África. El primer paso es la construcción de infraestructuras de transporte, pero la finalidad última es crear un gran corredor económico euroasiático que abarcará el 70% de la población del mundo, el 55% del PIB mundial y el 75% de las reservas de energía conocidas.

El plan OBOR recoge dos iniciativas: una de terrestre, el Cinturón Económico de la Ruta de la Seda; y otra de marítima, la Ruta de la Seda marítima del siglo XXI. La primera unirá China con Europa a través de Asia Central y la segunda incluye las costas chinas, las del sureste asiático, las de Oriente Próximo, las mediterráneas y las africanas. Según el Libro Blanco de la Nueva Ruta de la Seda, la iniciativa terrestre se centrará en la construcción conjunta de un nuevo Puente Terrestre Euroasiático que concretamente desarrollará los siguientes corredores económicos: China-Mongolia-Rusia, China-Asia Central-Asia Occidental y China-Península Indochina, aprovechando las rutas de transporte internacional ya existentes. En el mar, la iniciativa se centrará en la construcción conjunta de rutas de transporte fluidas, seguras y eficientes que conecten los principales puertos marítimos a lo largo de la Ruta: el eje China-Pakistán y el eje Bangladesh-China-India-Myanmar.

Mapa de la OBOR [Foto vía Xinhua].

El discurso oficial de Pekín es que el proyecto se construya sobre “una arquitectura de cooperación económica regional abierta, inclusiva y equilibrada que beneficie a todos”. Por este motivo, las autoridades chinas han señalado cinco aspectos que los países partícipes en la Nueva Ruta de la Seda deberían promover: fortalecer la coordinación de políticas con los otros países, mejorar la conectividad de sus infraestructuras, estimular la inversión y la cooperación comercial, favorecer la integración financiera y fomentar el vínculo personal entre los ciudadanos de los distintos países implicados.

Además, la iniciativa OBOR se fundamenta en los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica de la ONU: respeto mutuo por la soberanía y la integridad territorial, la no agresión mutua, la no interferencia en los asuntos internos de otros países, igualdad y beneficio mutuo, y la coexistencia pacífica.

Las oportunidades

China impulsa la creación de la OBOR para hacer frente a una variedad de desafíos domésticos e internacionales. En el terreno doméstico, existe una gran brecha entre el nivel de desarrollo de las ricas regiones costeras y las regiones interiores del oeste, más pobres. Al mejorar la conectividad, dichas regiones del interior serán más atractivas a ojos de las empresas nacionales e internacionales a la hora de invertir. Además de impulsar la economía de estas provincias y por ende de China, como apunta la analista del European Union Institute for Security Studies, Camille Brugier, la Nueva Ruta de la Seda contribuirá a estabilizar y pacificar una de estas regiones, Xinjiang, donde grupos terroristas separatistas de etnia uigur han intensificado los ataques terroristas en los últimos años.

Trabajador finalizando un segmento del gasoducto China-Asia Central [Foto: The Uyghur American Association].

Otro desafío doméstico es asegurarse la creciente demanda energética. El proyecto OBOR contempla la construcción de nuevos oleoductos entre China y los estados de Asia Central ricos en recursos naturales. Según Brugier, China busca reducir su dependencia energética de Rusia, ya que los rusos han utilizado la energía como herramienta de presión política en contra de otros países en múltiples ocasiones.

La economía china no sólo es muy dependiente de las importaciones de energía y de materias primas, sino también de las exportaciones de larga distancia que transcurren por rutas que en la mayoría de los casos no controla. Según los investigadores del Real Instituto Elcano, Mario Esteban y Miguel Otero-Iglesias, la Nueva Ruta de la Seda conllevará la diversificación de rutas, disminuyendo sustancialmente los riesgos estratégicos que actualmente tiene que enfrentar China. Asimismo, Esteban y Otero-Iglesias también destacan que la iniciativa OBOR intensificaría la internacionalización de las constructoras chinas, principales generadoras de crecimiento económico y de empleo del país, en un momento en el que el sector mobiliario se está desacelerando.

En terreno internacional, el investigador del Charhar Institute en Pekín, Zhao Minghao, afirma que la Nueva Ruta de la Seda es crucial para consolidar el estatus de China como el mayor país en vías de desarrollo y promotor de la cooperación Sur-Sur. Según Minghao, China pretende hacer de puente entre los países desarrollados y los que están en vías de desarrollo, maximizando su espacio estratégico y su capacidad de recuperación ante los nuevos cambios del escenario internacional. Además, la Nueva Ruta de la Seda impulsará la internacionalización del yuan y expandirá el rol internacional de las finanzas chinas.

Un carguero de la compañía China Shipping Container Lines [Foto vía WikimediaCommons].

Asimismo, Pekín confía en que la cooperación económica creada a partir de la OBOR contribuirá a restablecer las economías de los países del Oriente Medio y a estabilizar la región. Una paz y una estabilización acorde con los intereses de Pekín, ya que el gobierno chino calcula que en diez años el comercio entre China y los países árabes llegará a los 600.000 millones de dólares.

El propósito global de esta iniciativa es cambiar el orden mundial dominado por Estados Unidos, acelerando la translación del poder de la zona del Atlántico Norte a Asia. Según Nadège Rolland del National Bureau of Asian Research, los dirigentes chinos esperan que este proyecto conduzca a una eventual situación en que Europa se convierta en una mera península de Asia dependiente de China y Estados Unidos en una distante isla flotando entre los dos océanos.

Las amenazas

China ha creado dos organismos que sirven para financiar la OBOR: el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), dotado con 100.000 millones de dólares; y el Fondo de la Ruta de la Seda, dotado con 40.000 millones. Aunque el BAII está financiando los proyectos iniciales de la Ruta de la Seda, este banco está concebido para un marco de actuación más amplio. Otros organismos como la Corporación de Inversión de China, el Banco de Exportación-Importación de China, el China-ASEAN Investment Cooperation Fund, el Banco de Desarrollo de China y el China-Euroasian Economic Cooperation Fund también es probable que financien algunos proyectos de la OBOR.

No obstante, Esteban y Otero-Iglesias consideran que estos mecanismos son insuficientes para asegurar la viabilidad del proyecto porque los expertos internacionales estiman que la nueva Ruta de la Seda costará 21 billones de dólares. El éxito final del proyecto dependerá de la capacidad de atraer inversiones privadas internacionales.

Vladimir Putin y Xi Jinping en la cumbre del G20 en Hangzhou (China) [Foto: xijinpingoffice vía Instagram].

Cabe destacar que varios países implicados en la iniciativa presentan altos niveles de corrupción y de inestabilidad. Este hecho ahuyenta las inversiones extranjeras ya que hace aumentar enormemente los riesgos. Asimismo, la investigadora del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR), Aghata Kratz, cuestiona la capacidad de China de proteger a sus ciudadanos, empresas e intereses económicos en el extranjero  debido a su voluntad de no interferir en asuntos globales, considerados por Pekín asuntos internos de terceros países.

La Nueva Ruta de la Seda no sólo presenta retos económicos sino también de geopolíticos, ya que corre el riesgo de levantar suspicacias entre los países por los que pasa y entre los países vecinos de China. Por este motivo, las autoridades chinas han insistido en resaltar el carácter pacífico y cooperativo de la OBOR. Además, dos de sus principales rivales, EE.UU. y Japón, han sido invitados a sumarse a la iniciativa y al BAII en varias ocasiones, sin embargo, ambos han declinado la oferta. Contrariamente, 14 estados de la UE, entre ellos España, son socios fundadores del BAII.

Según Kratz, las tensiones entre China y sus vecinos, debido a las disputas en el Mar de la China Meridional, podrían dificultar la implementación de la iniciativa. Uno de los vecinos que ve con mayor desconfianza el proyecto es India. Además, la investigadora del ECFR recomienda a China mantener el proyecto en el plano estrictamente económico en Asia Central para no interferir con los intereses de Rusia. De momento, Pekín trabaja para integrar la OBOR con el “Trans-Euroasian Belt Development” propuesto por Rusia y con la Unión Económica Euroasiática.

En 2049, según estimaciones de las autoridades chinas, se habrá finalizado la construcción de la Nueva Ruta de la Seda, coincidiendo con el centenario de la República Popular China. Por consiguiente, dentro de 32 años, se verá si China ha tenido la habilidad suficiente para implementar su “plan estrella” para el siglo XXI.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.



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