15/11/2019 BARCELONA

Obama, los Rolling y su paso por Cuba

“¿Qué bolá Cuba?”. Las palabras de Obama a su llegada a la isla dan un aire de familiaridad a su histórica visita. Te contamos cómo fue este nuevo acercamiento entre los gobiernos estadounidense y cubano, el papel que jugaron los Rolling Stones, y qué consecuencias geopolíticas tendrá para ambos países la primera visita de un presidente norteamericano a Cuba en 80 años.


Y continuó el deshielo…

Con motivo del primer aniversario conmemorativo del deshielo de las relaciones entre Cuba y EEUU, publicábamos un especial en el que eran analizados los acontecimientos que habían marcado un año lleno de cambios que, si bien son relevantes para ambas orillas de ese pedazo de Caribe que separa La Habana de Florida, por razones obvias, las consecuencias que tuvieron sobre la sociedad cubana fueron inmediatamente perceptibles. Los efectos de este 17D se van dando a cuenta gotas, y de hecho todavía son muchos los que opinan que no son tan evidentes. Algunos, como posibilidad de que una normalización definitiva de las relaciones pudiera hacer peligrar la vigencia de la Ley de Ajuste Cubana y la subsecuente crisis humanitaria en otros países circundantes a la isla como consecuencia de la salida masiva de cubanos, han sido también abordados por United Explanations. A esto le siguieron medidas como la de prohibir la salida de médicos de la isla, debido a su elevado valor profesional en otros países, que no fueron más que una muestra de diferentes intentos por parchear una marcha que ya se había iniciado y que, difícilmente tenía vuelta atrás.

La situación política en EEUU

Como siempre tratándose de Cuba, el cómo, el cuándo y el por qué de la política puede llegar a desencadenar irreconciliables discusiones. No obstante, ya sea porque llegar a esta situación tenía darse de manera natural, por necesidades económicas o por la elevada presión internacional, a inicios de este 2016, estaba claro que se iban a continuar sumando acontecimientos a la ya larga lista de “hitos del deshielo”. El hecho de que los EEUU se encuentre desde finales del pasado año en plena carrera electoral hacia las primarias, ha contribuido también a introducir el tema en la agenda política. Iniciativas anti bloqueo como las de Jeff Flake o Patrick Lahy, cada vez encuentran mayor apoyo entre unos miembros del Congreso y el Senado que parecen tener francamente poca implicación con el reto de mantener tensa la cuerda entre EEUU y Cuba.

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Además de que el juego de fuerzas pro bloqueo ha cambiado totalmente, frente a la imposibilidad de Obama de rematar su legislatura con grandes éxitos cuestiones de política exterior, Cuba suponía una ficha fácil de mover, con un coste no muy alto en caso de encontrarse con detractores a su iniciativa y elevadas probabilidades de éxito. No se puede olvidar además que ya en 2010 Obama llevaba en campaña el cierre de la cárcel Guantánamo como una de las grandes ambiciones para su legislatura, promesa que nunca se materializó y, de hecho, no se ven trazas por el momento de que eso vaya a pasar. El ejecutivo de Obama ha culpado siempre al partido republicano de inmovilizar un proceso de aproximación a Cuba del que él sí que sería partidario. Sin embargo, este argumento tampoco se sostenía, dado que es precisamente entre las filas republicanas donde cada vez se percibe mayor intención de realizar acciones en esa dirección. Por lo tanto, parece ser que esta vez el cómo, el cuándo y el por qué puedan deberse en gran medida a la situación política estadounidense.

Desde enero de 2016, hemos ido encontrando prácticamente a ritmo semanal titulares sobre las relaciones Cuba-EEUU como el de la flexibilización de las visitas a la isla; la autorización para filmar producciones cinematográficas norteamericanas en territorio cubano; el anuncio la apertura de nuevas líneas de crédito o la firma de un Memorando de Entendimiento que acordaba la reanudación habitual de aerolíneas como American Airlines, United o Delta. Además, durante los primeros meses de este año se ha ido produciendo de una manera discreta el ir y venir de personalidades políticas como lo fue la visita del Ministro de Comercio e Inversión Extranjera Rodrigo Malmierca, el segundo que pisa territorio estadounidense tras la estancia de Marcelo Fernández Font durante la legislatura de Carter.

Desde el acto conmemorativo del 17D, como han citado otros medios, Obama ha coqueteado con la posibilidad de viajar a la Mayor de las Antillas, manteniendo siempre su discurso empapado de la retórica paternalista estadounidense de que sólo viajaría a Cuba “si se empezaran a observar avances de la garantía de los derechos y las libertades de los cubanos”. Sin embargo, y aunque era más que predecible, esa sensación de entre vacilación e incertidumbre que se había creado sobre su visita a la isla se desvaneció el pasado 16 de Febrero cuando se produjo el gran anuncio: ¡Obama viajaría Cuba los próximos 21 y 22 de Marzo!

La visita de Obama a Cuba: la nueva política de flexibilización 

Fueron muchas las elucubraciones sobre la que sería la primera visita de un presidente estadounidense a Cuba después de 88 años. Si bien la isla lleva generando una gran expectación a la comunidad internacional desde hace ya más de un año, el impacto mediático que podía alcanzar la llegada de Obama era todavía mayor. Precisamente por eso, y aunque edulcorado con una naturalidad característica de la carismática figura del presidente de los EEUU, todo estaba milimetrado para demostrar que Obama iba a Cuba con una intención clara: dejar atrás la realpolitik y llevar a cabo una inteligente estrategia de soft power basada en el mensaje de que “EEUU ya no es el enemigo”. Por si no fuera suficiente, además del detalle de llegar a la isla enunciando un compatriota “¿Qué bolá Cuba?”, para dar una mayor sensación de familiaridad y reducir la tensión de una acción diplomática de este calibre, Barack Obama desembarcó en el aeropuerto de La Habana acompañado de su familia. En este terreno, la elegante presencia de Michelle Obama fue crucial para dar un ambiente de sencillez a la situación.

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La agenda del presidente norteamericano durante su estancia en Cuba fue de lo más agitada: después del pertinente saludo en la Embajada de los EEUU, la familia Obama dio un paseo por la deliciosa Habana Vieja. A la mañana siguiente, asistieron a la ofrenda floral en el Memorial de José Martí y a una ceremonia oficial de bienvenida en el Palacio de la Revolución, edificio que actualmente alberga el Museo de la Revolución, símbolo de la independencia de la etapa neocolonial estadounidense. Tras realizar por la tarde la Cumbre de Emprendimiento, una reunión con emprendedores cubanos, el día acabó con una comida, como le llaman los cubanos a la cena, en el mismo Palacio, donde Obama se reunió con el Presidente de la República de Cuba Raúl Castro. Fue el martes por la mañana cuando Obama tuvo la oportunidad de dirigirse en un discurso público a la sociedad cubana, para asistir por la tarde a un partido de pelota (béisbol) del Equipo Nacional de Cuba en el Estadio Latinoamericano.

Como apunta el analista político cubano Elier Ramírez Cañedo en la revista Cubadebate, del discurso de Obama es importante detenerse en algunos elementos claves que aquello que dijo pero, por supuesto, también de aquello que no dijo. Su afán por generar vínculos entre todo aquello que une a ambos países, no se salvó de una sensible referencia a los orígenes esclavistas de las sociedades cubana y estadounidense, inteligente por su parte ya que tratándose del primer presidente afrodescendiente de los EEUU, nadie puede negar que hablaba con conocimiento de causa. No obstante es también importante la no mención a diferentes episodios históricos o a otros que hoy en día prevalecen como la citada Ley de Ajuste. Si bien es cierto que un análisis más exhaustivo podría llevar a una reflexión sobre cuánto de pragmatismo había en sus palabras, en general, la sociedad cubana se quedó bastante satisfecha con el discurso de Barack Obama en Cuba del pasado marzo de 2016.  

Y además…el concierto de los Rolling

Por si fuera poco y casi sin darles tiempo a los cubanos de digerir que iban a recibir en su país la visita del presidente de los EEUU, los medios de comunicación mundiales comunicaban que la isla sería testigo de otro acontecimiento histórico. Después de que se estuviera gestando en secreto la preparación de un concierto de los Rolling Stones en La Habana, en paralelo a la visita de Obama, se anunció oficialmente que este tendría lugar el mismo 25 de marzo. De la noche a la mañana Cuba se preparaba para recibir a los emblemáticos Mick Jagger, Keith Richards y compañía.

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Para muchos españoles testigos del punto de inflexión que significó el mismo concierto de los Rolling durante la transición en España, el grupo británico pretendió simbolizar de nuevo el inicio de un cambio de ciclo. De nuevo, y como siempre tratándose de Cuba, el acontecimiento no estuvo libre de polémica. Como era de esperar, mientras los medios menos críticos con la línea política del gobierno cubano, hacían hincapié en el hecho de que Cuba ofreciera el concierto de un grupo de rock de la talla de los Rolling Stones de manera gratuita para el público, las voces que hoy en día reprueban al régimen, abordaron la noticia haciendo un exhaustivo recorrido de cómo el gobierno cubano ha vetado la promoción de este tipo de grupos musicales. Considerándolo el “ritmo del capitalismo”, junto con los Beatles, los Rolling Stones no han gozado nunca del aprecio de los dirigentes cubanos de La Revolución, llegando a castigarlo con la privación de la libertad. Sin entrar en la discusión sobre en qué medida es lícito poner límites a la libertad de expresión, es bien cierto que del mismo modo que los Rolling en su día encarnaban todo aquello de lo que estaba en contra un gobierno que vertebraba sus políticas en el rechazo a los valores capitalistas, el Marzo pasado, parece que este utilizó esta misma simbología con otros propósitos. No cabe duda de que la actuación de la banda de Mick Jagger significó una llamada a otros grupos internacionales a que ofrezcan conciertos en un país en el que hasta hace poco ni siquiera el grupo latinoamericanista Calle 13 era del todo bienvenido. Pero ¿qué significó realmente la organización del concierto? Según fuentes nacionales, en términos de transporte, la movilización de 62 contenedores para transportar el equipo, así como de la intervención de más de diez organismos del estado. La centralización del aparato administrativo cubano es tal, que un evento lúdico de estas características supone una movilización tal que cuesta pensar que en caso de que se haga una práctica habitual, vaya a ser del todo manejable.

La gran ausencia: Fidel

Cuba ha sido el foco de todas las miradas en el pasado mes de marzo. Sin embargo, ni la visita de Obama, ni la de los Rolling Stones han pasado por un encuentro con el eterno líder de la Revolución de Sierra Maestra. Mientras su hermano y actual presidente de la República de Cuba, Raúl Castro protagonizaba el singular saludo con el presidente de los EEUU, Fidel no se dejó ver frente a los medios durante la frenética semana del 22 al 25 de marzo.

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Su mutismo frente al rumbo que están tomando las cosas en la isla no ha sido total. Fidel se fotografió con el presidente de la República Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro con motivo de la reciente estancia de este último en Cuba. De nuevo, la carga simbólica que esto implica no está libre de interpretaciones, que parecen confirmar aquello que ya se venía apuntando desde la promulgación de los Nuevos Lineamientos del Partido Comunista en 2011: los hermanos Castro representan dos maneras de concebir el futuro de Cuba. Fidel parece mantener una línea firme y consistente con los valores revolucionarios que le han llevado a mantenerse en el poder desde el 59, mientras que Raúl se muestra más proclive a un cambio en la dirección de la estrategia política. Aunque para muchos la elevada edad de ambos dirigentes supone un elemento añadido a la incertidumbre del país, en incluso se ha llegado a rumorear sobre su fallecimiento, Fidel ha reaparecido recientemente en la television nacional a raíz del homenaje del fallecimiento de la revolucionaria, fundadora de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y es mujer de Raúl Castro, Vilma Espín. No cabe duda de que todo esto supone un caldo de cultivo de lo más interesante para el Congreso del Partido Comunista de Cuba, que tendrá lugar este mes en La Habana.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro


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Laura Señán Cagiao

Madrid, España. Graduada en Ciencias Políticas por la Universidad Pompeu Fabra y Máster en Relaciones Internacionales por la University of Amsterdam. Totalmente apasionada por el análisis socio-política de la realidad latinoamericana, en donde me instalo siempre que puedo, actualmente trabajo en Bruselas.


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