Refugiados cubanos: los entresijos de la política migratoria estadounidense

Durante el último año, Cuba ha estado en el candelero mediático prácticamente de manera permanente. La reanudación de las relaciones diplomáticas con EEUU ha acelerado un proceso de reformas que, de hecho, ya se había puesto en marcha con anterioridad. No obstante, al contrario de la percepción de mucha gente, ésta no ha sido ni mucho menos la solución definitiva a los problemas de la isla. De hecho, ha dado y dará lugar a otras muchas cuestiones, algunas de ellas ya observables en el corto plazo.

Los refugiados políticos cubanos: los particulares motivos que los empujan a emigrar a los EEUU

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Bandera de Cuba. Fotografía: Flickair

Que muchos cubanos se van, es un secreto a voces. Aunque parezca imposible pensar que alguien pueda buscar algo mejor que un país ubicado en el Caribe, con una sociedad con un 100% de población alfabetizada y un modo de vida delicioso, muchos cubanos abandonan su país buscando, no diré algo mejor, sino, otra cosa. Y por supuesto, como todo en Cuba, la doble vuelta política cuenta con la colaboración de los EEUU para hacer la realidad todavía más intrincada.

Si bien establecer una diferencia entre la condición de migrante y refugiado ya resulta complicado en cualquier circunstancia, las consecuencias de que los EEUU tengan una consideración especial para los cubanos que entran en el país, apuntan hacia muchas direcciones. En primer lugar, denota un tratamiento diferencial entre los migrantes, al entender que es refugiado político cualquier cubano, que por la vía que sea y jugando más o menos con los límites de la legalidad, pone un pie en territorio estadounidense. Sin duda, esto llama la atención de cualquiera teniendo en cuenta detalles como que los EEUU hayan dispuesto una valla en la frontera con México para restringir la inmigración latinoamericana, por no hablar del debate abierto actualmente sobre las condiciones que imponen para gestionar la crisis de los refugiados sirios. En segundo lugar, y si cabe más importante, se trata de un arma de doble filo: por un lado les facilitan la entrada a otro país y por el otro les ahogan la existencia en el suyo propio.

Sin embargo, dejaremos al margen cuestiones deontológicas para centrarnos fundamentalmente en las consecuencias factuales que tiene esta situación.

Durante la etapa pre-revolucionaria, Cuba fue uno de los países que mayor contingente de inmigrantes recibió en lo que respecta a la región latinoamericana. No obstante, a partir del 1959, en el inicio de la Revolución, la mayoría de estadounidenses afincados en la isla durante la etapa neocolonial, así como de cubanos considerados afines a los intereses (capitalistas) norteamericanos abandonaron Cuba. El bienestar proporcionado por los primeros años del gobierno de Fidel, que más tarde se vio también respaldado por la –en aquel momento bienvenida– economía soviética, permitieron a la población cubana alcanzar un nivel de vida que, además de igualitario, era elevado. Sin embargo, cuando la historia se truncó y se perdió la entrada de dinero de la desaparecida URSS, a Fidel se le complicaron las relaciones diplomáticas no sólo con los EEUU, sino con el resto de vecinos latinoamericanos. Resultado: como siempre, el pueblo fue quien pagó las consecuencias.

¿Objetivo EEUU?

A pesar de que ya se había producido una salida masiva de la isla en 1965, conocido como el éxodo de Camarioca, las oleadas migratorias más sonadas son de los Marielitos de 1980 y la crisis de los Balseros de 1994. En los tres casos, el objetivo: alcanzar por mar la cercana costa de la Florida.

Embarcación interceptada por las autoridades estadounidenses en las proximidades de la costa de Florida. Foto: Flickair

Según el censo de 2013, en Florida viven hoy en día más de dos millones de cubanos. En la actualidad, los cubanos tienen otras “vías de salida”. Algunos optan por la doble nacionalidad –en la mayoría de los casos española–, otros intentan someter a trámite la solicitud de visados de reunificación familiar y, sobre todo, desde que 2008 se eliminaron las restricciones para viajar con “normalidad”, otros muchos escogen simplemente salir al extranjero y desertar. Es el caso, por ejemplo, de los médicos enviados a misiones por las autoridades cubanas. Una vez fuera, entran en contacto con consulados norteamericanos en terceros países y desde ahí se les facilita el tránsito. Pero, ¿por qué a los Estados Unidos? ¿Por qué al país que la mayoría de los cubanos han crecido demonizando y, no sólo eso, sino que viviendo en sus propias carnes las consecuencias de su opresora política exterior hacia Cuba? Muy fácil, desde el momento que un cubano se encuentra en suelo estadounidense, se acoge a la llamada Ley de Ajuste Cubano.

Promulgada por el Congreso durante la legislatura de Johnson en 1966, considera que todos los cubanos, independientemente de su condición, que abandonan el país lo hacen siempre por motivos de persecución política en su país de origen. Al llegar, tienen derecho a acogerse al Programa Federal de Reasentamiento mediante el cual se les es tramitada automáticamente la residencia en los EEUU, así como permiso de trabajo y demás asistencia económica – bonos comida por 180$, otros tantos en efectivo, y cobertura médica.

¿Cómo la situación puede cambiar a raíz de la reanudación de las relaciones EEUU-Cuba?

La lógica que prevalece tras la Ley de Ajuste, no es otra que la de atraer cubanos hacia los EEUU para así poder reforzar sus argumentos en contra del gobierno socialista de los Castro. Por lo tanto, el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y EEUU, hace que este razonamiento careciera de sentido. Esta normalización da por sentado que el gobierno estadounidense dejará ya de imponer su juicio sobre la situación en la isla y por tanto, no existe la necesidad de mantener una política que persigue que haya más cubanos fuera, que dentro de Cuba. A esto se le suma que el Ayuntamiento de Miami ha declarado que no tiene fondos para hacer frente a una llegada de cubanos que se incrementó en un 77% en el periodo 2014-2015 respecto del año anterior. Existen también razones políticas de otra índole que alegan que muchos cubanos fingen situaciones de persecución política para salir de Cuba y que, sin embargo, llegan a los EEUU, se benefician de las ayudas –que, por otro lado, de ningún modo les permiten vivir de manera holgada territorio norteamericano– y al cabo de cumplir el año exigido, retornan a la isla dejando en Florida a alguien a cargo de gestionar ese dinero y enviárselo en forma de remesas. Evidentemente, esto son sólo conjeturas, pero lo que sí es cierto es que los motivos que llevan a los cubanos a abandonar su país son de naturaleza fundamentalmente económica, más que política. Por todo ello, se están sometiendo ya a debate propuestas de ley como la Ley de Oportunidad de Trabajo para os Inmigrantes Cubanos 2016 del senador Marco Rubio, que modifica las condiciones originales de la Ley de Ajuste cubana. No sin consecuencias. Frente a la incertidumbre, todos quieren llegar a tiempo.

La crisis centroamericana 

Cuba es una isla, y por tanto, no contempla fronteras directas con ninguno de sus países vecinos. No obstante, no cabe duda que cualquier país caribeño resulta mucho más accesible que la idea de penetrar al sub-continente sudamericano. Entre otros, la proximidad es uno de los principales motivos que han convertido a Costa Rica en uno de los países puente para los cubanos en sus ansias de alcanzar el “sueño americano”. A su llegada, obtienen una “visa de transito extraordinaria” otorgada por la Dirección General de Migración y Extranjería o, en otros casos, un salvoconducto, que les permite permanecer en una situación legal hasta que encuentran la manera desplazarse hacia los EEUU.

Emigrantes cubanos en La Cruz, Costa Rica. Foto: Reuters

La situación en Costa Rica se complicó el pasado mes de noviembre de 2015 cuando casi dos mil cubanos se quedaron varados en el país centroamericano y fueron movilizados por las autoridades costarricenses hacia la localidad de Peñas Blancas, frontera con Nicaragua. Frente a esto, el gobierno nicaragüense activó un dispositivo militar para impedir el paso de los cubanos por su frontera, dejándolos así bloqueados. Además de una crisis diplomática entre ambos gobiernos, este hecho puso de manifiesto un efecto colateral del proceso de deshielo entre Cuba y EEUU: la desaparición de la Ley de Ajuste. La incertidumbre que sobrevuela ahora el futuro de Cuba, sumada a las complicadas circunstancias económicas, hace que el riesgo de recibir una avalancha de cubanos e en estos países sea mayor. Los cubanos que han abandonado su país de procedencia, después de haber gastado el dinero que no tenían para poderse desplazar hacia EEUU, no sólo no están dispuestos a ser repatriados, sino que asumen que no tienen ninguna responsabilidad en el asunto y que son víctimas de una crisis humanitaria que deben de resolver sendos gobiernos de Costa Rica y Nicaragua.

Asimismo, existen otras rutas alternativas, que incluyen medios aéreos, marítimos y terrestres, o la combinación de los tres, a través de Panamá –en donde la situación en Paso Canoas es similar a la de Peñaas Blancas– o incluso por Colombia y Ecuador. De hecho, este último tiene un atractivo añadido desde la firma del acuerdo mediante el cual los cubanos no necesitan visa para viajar a Ecuador.

Los riesgos de cara al futuro…

Como solución a la crisis, se ha puesto ya en marcha un plan piloto para la evacuación de refugiados cubanos tras la intervención del Sistema de Integración Centroamericano, México y la Organización Internacional de las Migraciones en Guatemala. Este Plan consiste en hacer la travesía hacia los EEUU por El Salvador, cruzar Guatemala en autobús hasta llegar a México y de ahí a EEUU.

Esto no quiere decir ni mucho menos que se haya solventado la situación. Es verdaderamente preocupante que tras lo sucedido en Costa Rica, se hayan producido detenciones de individuos involucrados en redes de tráfico de personas. Esta situación, que no ha sido apenas tratada por los medios de comunicación, podría agravarse dado el momento político de estancamiento y, sobre todo, la carrera electoral en los EEUU, aunque todavía no se podría saber qué rumbo tomaría un eventual desenlace.

Como dicen en Cuba, al final,  “pies secos o mojados”  los emigrantes se juegan la vida azuzados por un juego político entre Cuba y EEUU, completamente alejado de la realidad de la población.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro


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