13/12/2019 BARCELONA

Europa tiembla y el conservadurismo británico se agita con Jeremy Corbyn

Un fantasma recorre la Europa del neoliberalismo: desde Islandia, Grecia y España surgen proyectos políticos contestatarios. Ahora, la irrupción de Jeremy Corbyn en el Partido Laborista pone al Reino Unido en el rumbo de una socialdemocracia que parecía olvidada.


Primero fue América Latina. Las revoluciones sociales provocadas por las crisis económicas e identitarias que sufrieron países como Uruguay, Argentina, Bolivia, Ecuador o Venezuela en estos últimos quince años ya presagiaban un cambio de rumbo en favor de nuevos procesos políticos de izquierda que, desde el primer momento, fueron recibidos con el apoyo unánime de las clases populares. El espejo histórico en el que se comenzaban a trazar las bases de un movimiento político global que reducía las aspiraciones neoliberales estaba tan solo al otro lado del charco.

Ahora el turno es para Europa. Su panorama político empieza a regenerarse mientras el establishment se pone nervioso. El efecto boomerang que inició Islandia, Grecia o España con nuevas formaciones políticas de izquierda apostando indefectiblemente por la defensa de los intereses sociales (incluso en algunos casos con un programa claramente anti y postcapitalista), se expande como la pólvora en estados que han sido tradicionalmente territorio de la derecha más cómplice con los intereses del capital. Los rescates a los bancos, las políticas de austeridad y las privatizaciones han arraigado en el inconsciente de una sociedad discriminada por la oligarquia europea que ahora cree que este cambio de rumbo no solo pasa por las urnas tradicionales.

El Reino Unido se ha convertido desde el pasado 12 de setiembre en otro de los países europeos que también recibe la avalancha de la izquierda, de una otra socialdemocracia no extinguida todavía, por lo que a priori representa Jeremy Corbyn, hoy convertido en el actual oponente al Partido Conservador del primer ministro David Cameron. Con su victoria en las elecciones primarias el conservadurismo europeo tiembla.

Héroe y villano

Jeremy Corbyn [Foto: WikimediaCommons]
Jeremy Corbyn [Foto: WikimediaCommons]

Jeremy Corbyn –de 66 años, vegetariano, abstemio y diputado del partido desde 1983–, se presentó a última hora como uno de los cuatro candidatos a las elecciones primarias sin dejarse avasallar por las corrosivas críticas del Partido Conservador, y sobretodo por la parte más conservadora del propio laborismo encarnada por la alargada sombra de Tony Blair. Fiel a sus principios, Corbyn ha permanecido en el partido durante tres décadas gracias a un electorado de izquierdas acérrimo a sus convicciones políticas que siempre le ha apoyado como representante en la circunscripción de su barrio londinense de Islington North.

La Corbynmanía se cocinó a fuego lento a partir de una oficializada campaña que entró por la mínima el pasado 15 de junio con un voto más de los 35 que necesitaba –a falta de pocos días de la fecha límite contaba solamente con 22 votos –. Con su entrada en los comicios el partido empezó a crecer con nuevos afiliados: de 200.000 miembros registrados en mayo pasaron a 600.000 nuevos inscritos. Además, Corbyn obtuvo el apoyo de los dos sindicatos más fuertes de Reino Unido (Unite y UNISON) y una amplia mayoria de ciudadanos que pagaron tres libras (cuatro euros) para concurrir en unas primarias abiertas, las primeras de la historia del Partido. Tras la victoria del nuevo líder laborista ya son 15.000 personas más las que se han afiliado al partido.

Con un total de 422.664 votantes, Corbyn se impuso inapelable como nuevo líder con un total de 251.417 (59,5%) de los votos por delante de los 80.461 (19%) de Andy Burnham, 71.928 (17%) de Yvette Cooper y los 18.857 (4.5%) de Liz Kendall, la candidata blairista. Seis de cada diez militantes lo votaron con un apoyo favorable del 49,59% de los miembros del partido, el 88,76% de los nuevos registrados y el 57,61% de los afiliados.

La victoria del activista londinense supone un cambio de perspectiva en el laborismo británico desde que, en los años 80, el Partido Laborista sucumbió al continuismo opositor de Margaret Thatcher, que el apodado “Tory” Blair –por seguir las doctrinas del Partido Conservador– nunca quiso redimir. La campaña de Corbyn se ha fortalecido cuando ha sido el único candidato que ha ofrecido unas políticas económicas concretas en vivienda y sanidad, y ha auspiciado un aumento sustancial del salario mínimo.

Sin embargo, la ruptura dentro del Partido no comienza con el triunfo de Corbyn en las primarias. Como diputado se enfrentó reiteradamente a los mandatos del propio Blair y de Gordon Brown, y desobedeció más de 500 veces los intereses partidistas en la Cámara de los Comunes. La última vez fue hace unas semanas, en el inicio de las primarias, cuando los laboristas se abstuvieron y Corbyn votó en contra de una reducción de las ayudas sociales a la niñez, “child tax credit”, esgrimida por Cameron, que propiciaba, según un estudio independiente realizado por el Instituto de Estudios Fiscales Británico, un aumento de la pobreza a un millón de familias. El New Police Institute agregaba que 300.000 niños y niñas vivian en el umbral de la pobreza a causa de los recortes en los dos últimos años.

Tony Blair, representante del socioliberalismo del Partido Laborista al que se enfrenta Corbyn, reunido con Barroso, Bush y Aznar en la Cumbre de las Azores para la invasion de Irak [Foto: WikimediaCommons].
Tony Blair, representante del socioliberalismo del Partido Laborista al que se enfrenta Corbyn, reunido con Barroso, Bush y Aznar en la Cumbre de las Azores para la invasion de Irak [Foto: WikimediaCommons].

Pero tal vez la más notoria fue el conflicto centrado con la Guerra de Irak del 2003. Corbyn se opuso de forma radical a la invasión en Irak y a la convergencia con George Bush y José María Aznar en la famosa coalición de las Azores. Junto a John McDonnell, actual portavoz de economia en el “gabinete en la sombra” de Corbyn –que por primera vez contará con más mujeres que hombres–, el nuevo líder laborista promovió una corriente llamada Socialist Campaign (Campaña Socialista) que buscaba diferenciarse a toda costa del Nuevo Laborismo de Blair y de su asesor Alastair Campbell.

Propuestas anti-austeridad

Ante las amenazas de Blair sobre el programa de Corbyn denunciando el anacronismo de sus propuestas, y de Cameron twitteando que el nombramiento de su nuevo opositor desafiaba la seguridad nacional, económica y de todas las familias británicas; las bautizadas como Corbynomics representan, en realidad, una pugna radical al consenso neoliberal establecido que empieza a incomodar en el Reino Unido y en Europa.

El dirigente inglés propone terminar con la austeridad para aplicar la deuda a inversiones públicas para infraestructuras, tecnología y energía. Pretende renacionalizar los bancos y las empresas estratégicas como las compañías energéticas y los servicios ferroviarios. Según algunos estudios, a los que se aferra Corbyn, la privatización en los ferrocarriles ha inducido a un servicio mucho más caro para los ciudadanos en subvenciones públicas y compra de billetes.

Aspira también a subir los impuestos a los ricos, a las grandes empresas y aumentar el gasto público para erradicar las desigualdades. Quiere acomodar una política de inmigración acorde a los contextos actuales manteniéndose en la Unión Europea; pretende eliminar las matriculas universitarias, las intervenciones militares en Oriente Medio, el programa de submarinos nucleares Trident y salir de la OTAN.

Corbyn siempre ha sido un ferviente defensor de las reivindicaciones de independencia de los irlandeses durante la época más oscura del IRA, y ha mostrado su apoyo a los kurdos y a los palestinos, una defensa que le ha costado severas críticas de medios sensacionalistas acusándolo de antisemita.

Con esta carta de presentación Corbyn salta a la palestra después de permanecer 30 años en la cueva del laborismo. Gravita de héroe a villano esperando la oportunidad de refrendar sus aspiraciones políticas como nuevo primer ministro en las elecciones de 2020, en un país donde el cambio de dirección no obedece a una situación socio-política –la tasa de paro es solo del 5’6%, según los datos publicados por la Oficina Nacional de Estadística (ONS)–, sino a una variación de la hegemonia ideológica en la clase trabajadora, aunque todavía sea pronto para vislumbrar el verdadero efecto Corbyn.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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