Representación de una madre y sus hijos en la China del s. XIX. [Photo: jimmiehomeschoolmom Flickr account]

En lo que va del año, no ha habido ni un solo mes  en el que los medios de comunicación de todo el mundo no se haya hablado sobre China, ese antiguo y complejo país, “un bosque en el que resulta fácil perderse”[1]. Al mencionar ese gigante asiático, lo primero que nos viene a la mente son sus habitantes, o, más bien, su número (no en vano tiene la quinta parte de la población mundial), entre los cuales encontramos varios personajes prominentes. Ai Weiwei, el artista y disidente chino, finalmente liberado por la justicia china, después de haber estado encarcelado durante dos meses;  Hu Jia, uno de los activistas chinos más conocidos, que este año ha terminado de cumplir la condena de más de tres años y medio. El caso que nos ocupa en este artículo es bien distinto: es el de Amy Chua, profesora de Derecho en la Universidad de Yale, de origen chino, cuyo libro sobre la rígida educación china El himno de batalla de la madre tigre ha desatado una feroz polémica en los Estados Unidos.

¿Quién es Amy Chua?

Amy Chua es hija de inmigrantes chinos, que creció y se formó en los Estados Unidos. En enero vio la luz un libro sobre los valores estrictos y disciplina férrea, en el que se basa en su experiencia personal. El libro rápidamente se convirtió en todo un éxito de venta en los Estados Unidos, y su autora fue reconocida entre las personalidades más influyentes del mundo, en la lista anual, publicada por la prestigiosa revista Time.

Amy Chua nació en Chicago de padres chinos que emigraron a los Estados Unidos en los sesenta. Su familia siempre se hadistinguido por la perseverancia y los conocimientos brillantes: uno de sus antepasados directos, Chua Wu Neng, era el astrónomo real en la corte del Emperador Shen Zong de la dinastía Ming, y conocido filósofo y poeta de su época. Sus abuelos se fueron a Filipinas en busca de fortunas. El grupo de inmigrantes chinos en Filipinas sigue siendo uno de los más numerosos del país, dando lugar al término ‘chinoyes’: descendientes de los inmigrantes chinos en este país insular. Allí es donde crecieron los padres de Chua, antes de emigrar hacia el “país de las posibilidades”, para trabajar duro e invertirlo todo en la educación y el futuro de sus hijos.

Allí es donde crecieron los padres de Chua, antes de emigrar hacia el “país de las posibilidades”, para trabajar duro e invertirlo todo en la educación y el futuro de sus hijos. Así, la generación de Chua se convirtió en la primera en adaptarse al ‘sueño americano’ y la primera en nacer en el país, absorbiendo la cultura nueva, pero al mismo tiempo manteniendo fuertes vínculos familiares y culturales con la tradición china. Fue admitida en Harvard, en la costa Este, desobedeciendo de esta manera a su padre, ya que aquél insistía que se quedara en Berkeley, donde ya tenía asegurada una plaza. Chua superó el nivel de vida de su familia, y dio a luz a lo que ya sería la tercera generación, la de sus hijas Sophia y Lulú, nacidas en la comodidad de la clase media-alta. Es su educación lo que se convierte en el tema central de su libro.

“Existe un antiguo proverbio chino que dice que la prosperidad nunca dura más de tres generaciones”, afirma la autora, y ese miedo al declive generacional es el denominador común del libro.

“La prosperidad dura tres generaciones”

Chua describe el siguiente patrón: la primera generación es la más trabajadora, han venido a los Estados Unidos sin un duro, pero se han convertido en exitosos ingenieros, científicos, médicos y empresarios; se distinguen por ser estrictos y ahorradores. Lo más probable es que inviertan sobre todo en la propiedad (aparte de la educación de sus hijos que es, como ya se ha mencionado, la mayor prioridad). La siguiente generación suele triunfar a lo grande; lo más seguro es que toquen piano o violín y se gradúen en una de las universidades de la Ivy League[2]. La tercera generación será la más rebelde y distinta; apelarán a la Constitución de los Estados Unidos sin motivo aparente, solo para desobedecer a sus padres, y pondrán la prosperidad conseguida en tela de juicio, y harán caso omiso de sus consejos.

¿Existe alguna receta para remediar ese “declive”, aparentemente irreversible? Chua lo tiene claro en su libro: la clave está en la “superioridad de la educación que proporcionan los padres chinos frente a la de los padres occidentales. Su interpretación del concepto de “madre china” es muy libre, según confiesa, pero la definición, muy exacta: se distinguen por aplicar una disciplina de lo más severa a sus hijos.

Aquí van los  “diez mandamientos” de la “madre china” y, particularmente, de la “madre tigre”. Son diez cosas que ella nunca dejaría hacer a sus hijos:

  • quedarse a dormir fuera de casa
  • jugar con sus amigos
  • participar en una obra de teatro escolar
  • quejarse de no poder participar en una obra de teatro escolar
  • ver la televisión o jugar al ordenador o consolas
  • elegir libremente las actividades extraescolares
  • sacar una nota inferior a ‘sobresaliente’ en el colegio
  • no ser el primero de la clase (excepto en teatro y educación física)
  • no demostrar resultados brillantes, tocando el piano o el violín
  • tocar un instrumento musical que no sea piano o violín

Está claro que está completamente en desacuerdo con uno de los estudios, en el que un 70% de las madres estadounidenses encuestadas afirmaban que destacar el éxito académico puede ser perjudicial para los niños y que el proceso de aprendizaje tiene que ser, sobre todo, divertido. Esta idea, sin embargo, ya no es tan ajena en los Estados Unidos, al menos a nivel gubernamental. Solo tenemos que recordar la ley No Child Left Behind de 2001, aprobada durante la presidencia de George W. Bush, que tenía por objetivo “mejorar el rendimiento académico de los alumnos y cambiar la cultura de las escuelas de los Estados Unidos”.

La ley “No Child Left Behind”

Consiste en una serie de evaluaciones que las escuelas públicas deben llevar a cabo, en materias como lectura y matemática, cada año desde el tercer grado hasta el octavo, y al menos una vez durantes los grados 10 al 12, con tal de definir el progreso anual adecuado (adequate yearly progress). El contenido y los requisitos académicos mínimos se establecen por el estado en que se administran.

Aún criticada por sus retractores por la supresión de la creatividad de la educación, por el énfasis excesivo en la memorización y por la reducción del complejo proceso de educación a meros números (precisamente el indicador más importante para Amy Chua), No Child Left Behind nació como respuesta a las crecientes preocupaciones sobre el nivel educativo estadounidense. Prueba de ello más reciente es el último informe Pisa, el de 2009, publicado a finales del año pasado.

PISA es el acrónimo de Programme for International Student Assessment, Assessment  (Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos), de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE),  que inició en este estudio en  1997. PISA es un estudio internacional, de carácter comparativo y periódico, del rendimiento educativo de los alumnos de 15 años, a partir de la evaluación de tres competencias clave: comprensión lectora, competencia matemática y competencia científica; estas competencias son evaluadas cada tres años, desde la primera convocatoria que tuvo lugar en el año 2000.

Está organizado y dirigido cooperativamentepor los países miembros de la OCDE y un número cada vez mayor de países asociados. El total de países participantes en 2009 fue de los 33 países miembros de la OCDE más 32 países asociados.

Los resultados de los alumnos estadounidenses estaban lejos de estar entre los mejores: obtuvieron los puestos 17 en comprensión lectora, 23 en competencia científica y 31 en competencia matemática (España, en las mismas categorías ocupó, respectivamente, las posiciones 33, 37 y 36, por debajo de la media de OCDE en las tres competencias, lo cual no se da en los resultados de los Estados Unidos ).

Una de las cosas más interesante del informe de este año es que, por primera vez, incluye a estudiantes de Shanghai, la capital financiera e industrial de China, que obtuvieron resultados espectaculares, liderando en las tres competencias. Se ha discutido mucho que las notas de una ciudad no pueden ser representativas de todo el país y menos aún cuando se trata de la región más económicamente avanzada del país, pero aún así puede ser una buena comparación con otros estados, ya que la población de esta megápolis, incluida la itinerante y la de las zonas “rurales”, de aspecto urbano suburbial, se estima oficialmente en más de veinte millones de habitantes.

¿Conclusión?

Como reza otra cita en el libro de Chua, quien nació en el Año del Tigre según el calendario chino, este animal es “un símbolo vivo de la fortaleza y el poder, generalmente inspira miedo y respeto”. Respeto, que posiblemente llevará al Occidente a la mayor comprensión y al intercambio de recetas con ese gigante asiático de la tradición milenaria.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro


[1] Ivy League, traducida literalmente como ‘Liga de la Hiedra’ es un grupo compuesto por las ocho principales universidades de los Estados Unidos, que se caracterizan por su antigüedad y elitismo en los criterios de admisión

[2] Cita del libro La actualidad de China. Un mundo en crisis, una sociedad en gestación, de Rafael Poch Feliu, Memoria Crítica, Barcelona, 2009.



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