06/06/2020 BARCELONA

Bolivia, ¿la oveja negra o el héroe del cambio climático?

En la pasada Conferencia del Cambio Climático, Bolivia fue el único país que votó en contra del Acuerdo de Cancún. Su posición y argumentos se acercan más a los de los movimientos sociales que a los propios de un Estado.

Los antecedentes a la COP-16 de Cancún

El pasado 11 de diciembre los diplomáticos del cambio climático e incluso la mayoría de ONGs medioambientalistas internacionales celebraban el acuerdo alcanzado en la Conferencia de Cambio Climático en Cancún, México (COP-16). Ciertamente había razones para celebrar, ya que el año anterior en Copenhague ante la asistencia de más de 100 jefes de Estado y una cobertura de medios digna de los Juegos Olímpicos, fue imposible lograr un acuerdo concreto, claro y contundente.  Luego de años de crecimiento en legitimidad y visibilidad en la opinión pública mundial y a lo interno en la mayoría de los países -incluyendo un Premio Nobel al Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático y a Al Gore-, Copenhague se convirtió en el anticlímax del cambio climático.

Incluso ya se empezaba a debatir sobre la posible deslegitimación del proceso de negociación internacional auspiciado por las Naciones Unidas. Aparte del relativo fracaso de Copenhague, también rondaba en el ambiente el negativo impacto mediático del escándalo “Climategate”. A esto se sumaba la decepcionante posición oficial del Congreso de los Estados Unidos de en el corto plazo no legislar sobre cambio climático. Por tanto, las expectativas para México eran tan bajas que prácticamente el acuerdo más modesto hubiera sido motivo de alivio.

El Climategate

El Climategate, o Climate watergate, se refiere a la publicación -el 19 de noviembre de 2009 (a tres semanas de la apertura de la COP-15 en Copenhague)- del contenido de miles de correos electrónicos por parte de una de las principales unidades de investigación sobre el clima del mundo (la Unidad de Investigación Climática de la Universidad de East Anglia). La publicación fue el resultado de un ataque de piratas informáticos que pudieron tener acceso a los servidores de la Unidad (y así, a las cuentas email de los investigadores).

El incidente involucró más de 1.000 correos electrónicos y 3.000 documentos que mostraban conversaciones de científicos, datos y opiniones sobre el tema del calentamiento global. Los escépticos del cambio climático afirmaron que los e-mails mostraban que parte del influyente grupo de científicos manipuló datos en favor de la teoría del cambio climático antropogénico, manteniendo así la teoría como si fuese una verdad irrefutable y sin oposición seria, dejando de lado la posibilidad de una teoría sobre el cambio climático de origen natural.

Posteriormente se reveló dicho escándalo como una burbuja sin fundamento, pero el daño mediático ya estaba consumado.

Una Conferencia marcada por el liderazgo latinoamericano

A diferencia del proceso de negociación poco transparente que ensombreció Copenhague, Patricia Espinoza, la Presidenta de la Conferencia en Cancún, se esmeró en desarrollar un meticuloso proceso de negociación mucho más participativo y abierto de lo acostumbrado en este tipo de Conferencias. En Cancún se desarrollaron frecuentes encuentros abiertos en donde podían participar tanto miembros de delegaciones de Estado como de ONGs; incluso el mismo Presidente de México, Felipe Calderón, convocó a varias reuniones de negociación a puertas abiertas con representantes de todos los sectores. Esta dinámica contribuyó a crear un ambiente constructivo y de confianza que facilitó el diálogo sobre temas muy complejos. Este evento también contó con el estreno de un nuevo liderazgo en la conducción del proceso de negociación a  nivel global, con la costarricense Patricia Figueres asumiendo eficientemente el cargo de Directora Ejecutiva para la Convención del Cambio Climático (UNFCCC).

La Conferencia  en Cancún decidió sobre temas que tenían años en discusión, particularmente relativos a la mitigación del cambio climático por parte de países en vías de desarrollo, la creación del Fondo Verde del Clima (Green Climate Fund) para apoyar proyectos innovadores en países en vías de desarrollo, un Mecanismo de Transferencia de Tecnologías (Mechanism for Technology Transfer), procesos de financiamiento a largo plazo, un esquema de adaptación para los países más afectados, y la muy esperada decisión de oficializar la reducción de emisiones por deforestación y degradación forestal (REDD +). La conferencia fue valorada por ONGs internacionales como Greenpeace como un paso en la dirección correcta, en donde se salvaba el proceso de negociación aunque no se salvaba el clima.

El Acuerdo de Cancún fue finalmente aprobado con 193 votos a favor y un solo en contra, el de Bolivia. Un hecho sin precedentes en los más de 20 años de historia de negociaciones oficiales del clima, sobre todo si se toma en cuenta que dicho país no fue los Estados Unidos -quien no puede votar porque no ha firmado el Protocolo de Kioto-. Sin duda algo sorprendente la reacción del país andino ya que según se observa en varias de las previsiones realizadas en Cancún los resultados podrían representar incluso fuentes de ingreso para el país andino que vetó el proceso en solitario.

La inusual posición de Bolivia

Bolivia votó en contra, y ni siquiera sus principales aliados como Venezuela y Ecuador pudieron disuadirla de su posición aislacionista. En ese sentido Bolivia fue duramente criticada y acusada de obstruccionista, obstinada e irrealista. El negociador principal de Bolivia y embajador ante las Naciones Unidas, Pablo Solón, reconoció que efectivamente su país se alejó de las convenciones diplomáticas de buscar alianzas y compromisos, con el objetivo superior de “decir la verdad” de que los acuerdos del clima son irresponsables porque comprometen el futuro mismo de la vida sobre la tierra.  Sobre ese particular Bolivia tiene argumentos de peso, ya que ciertamente el Acuerdo de Cancún, como todos los compromisos acordados desde la firma de la Convención del Clima en 1992, son absolutamente insuficientes para cumplir con el consenso científico de estabilizar el aumento de la temperatura de la tierra en 2°C.

El comportamiento diplomático de Bolivia  -o mejor dicho, antidiplomático-, sus declaraciones y posiciones sobre el Acuerdo de Cancún, son completamente inusuales para un Estado, y se asemejan más a las dinámicas de reivindicación de grupos progresistas marginados de la sociedad civil. Orgullosamente Bolivia afirma que su posición no fue realmente aislacionista sino todo lo contrario: la representación de la “voz de los movimientos sociales”. De hecho en abril del 2010, Bolivia organizó la Primera Conferencia de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, de donde basó su posición oficial en las negociaciones del clima.

A pesar de haber desafiado la norma del consenso internacional, aun más inusual e irónico, la semana siguiente a Cancún Bolivia logró que fuese aprobada por consenso de la Asamblea General de las Naciones Unidas su propuesta de realizar un diálogo interactivo durante el Día de la Tierra “Armonía con la Naturaleza” el próximo 11 de abril de 2011. Bolivia así asume un rol paradójico  en el sistema internacional, en donde por un lado se opone casi provocativamente a la posición consensuada de todos los países del mundo, al tiempo que logra convencerlos e involucrarlos a todos en su particular visión sobre la relación de los seres humanos con la naturaleza.

En este extraño juego diplomático Bolivia se hace el villano ante sus pares y el héroe de los movimientos sociales, con la complicidad de ambos sectores. El hecho de que ningún otro país esté asumiendo estas dinámicas de interacción impide que se pueda hablar de un nuevo paradigma de negociación. Sin embargo, con sus inusitados argumentos ideológicos y de fuerza ética, Bolivia se convierte en un caso excepcional que habrá que esperar si contagia a otros actores o permanece como el miembro extravagante de la conservadora familia de los Estados.

Preocupación por el clima en el Altiplano boliviano

El Altiplano boliviano es una de las zonas menos favorecidas en la región andina, consistiendo en una meseta alta que abarca el Lago Titicaca y se extiende aproximadamente  800 kilómetros de norte a sur y 200 kilómetros de ancho. El 75% del Altiplano se encuentra a una altitud entre 3600 y 4300 m.  Aunque las condiciones climáticas no son favorables para la producción de los diferentes cultivos, el 65% de la población económicamente activa se encuentran dedicados a la agricultura. La papa y la quinua son los principales productos cultivados bajo condiciones de secano. La sequía y las bajas temperaturas combinadas con la baja fertilidad y a menudo con poco acceso a otros insumos externos durante la época de  recimiento dan como resultado rendimientos bajos.

Según el estudio “Vulnerabilidad y Adaptación al Cambio Climático en las Regiones del lago Titicaca y los Valles Cruceños de Bolivia” realizado por el Ministerio de Planificación del Desarrollo boliviano, la percepción de la población de la zona en relación a los fenómenos climáticos es la siguiente (según entrevistas realizadas durante la gestión agrícola 2004 – 2005 en la zona):

· La mitad de los  entrevistados considera que la sequía es el evento climático más importante, seguido por la helada con el 29 % y el granizo con un 15 %.

· El 70% de los entrevistados considera que los problemas climáticos actuales no son los mismos que los de hace diez años.

· En concreto el 77 % de los entrevistados cree que los años presentan sequías más frecuentes y con

mayor intensidad; el 60 % cree que las heladas son ahora fuera de temporada y que el

invierno no presenta muchas heladas como antes, por tanto es difícil elaborar el chuño.

· El 74% de los encuestados considera que hace más calor que antes (por un 26% considera que hace el mismo calor).

Todo lo expuesto justifica, en parte, la posición de la Primera Conferencia de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra base, como ya se ha citado, de la posición boliviana en las negociaciones de Cambio Climático de Cancún.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro

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Daniel Abreu

Vivo en Santo Domingo, República Dominicana. He realizado masters en Estudios de Desarrollo en en Holanda y en Relaciones Internacionales en Barcelona. He trabajado con una diversidad de instituciones como el PNUD, AIESEC, The Global Reporting Initiative, Greenpeace, Transparency International y UNESCO.


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