22/09/2019 BARCELONA

Lo raro y lo espeluznante, de Mark Fisher

Imagen aérea de Stonehenge, 1906. [Foto vía Archi-UK].
Con 'Lo raro y lo espeluznante', Mark Fisher prosigue la trayectoria de crítica cultural inaugurada ya con 'Realismo Capitalista' (2009) y 'Los fantasmas de mi vida' (2014). Esta última obra, publicada antes del fallecimiento del autor en 2017, se enfrenta a dos “modos” de la ficción occidental, lo “raro” y lo “espeluznante”, que durante mucho tiempo han vivido en la sombra por su errónea asociación a géneros más codificados, como el terror y la ciencia-ficción, o a categorías teóricas más celebradas, como lo 'unheimlich' freudiano. El ensayo de Fisher reivindica la autonomía de estas categorías críticas y nos muestra de forma brillante, cómo redescubrir su rastro en los productos culturales de nuestro tiempo.


Mark Fisher, Lo raro y lo espeluznante, Barcelona: Alpha Decay, 2018.

Traducción de Núria Molines, 166 páginas.

Según un apunte recogido en sus Quaderni del Carcere, para Antonio Gramsci la fundación de toda actividad crítica consiste en un doble compromiso: por un lado, puesta ante su objeto, la crítica no puede prescindir de identificar lo diferente, lo nuevo, en medio de la “uniformidad y la semejanza superficiales”, pero por otro lado también debe reconocer “la esencial unidad detrás de todo aparente contraste y diferenciación de superficie”. Estas dos directrices complementarias del trabajo crítico, encontrar al mismo tiempo la diferencia y observar su lugar en un esquema unitario de identidades, describen de manera ejemplar el trabajo realizado por Mark Fisher en Lo raro y lo espeluznante (traducción de The Weird and The Eerie).

En este ensayo, el último firmado por Fisher antes de su muerte en 2017 y recientemente editado en castellano por Alpha Decay (2018), el autor se enfrenta a dos categorías o modos —lo raro (the weird) y lo espeluznante (the eerie)— de la ficción occidental contemporánea —y aquí el marco de lo “contemporáneo” abarca todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI, de Freud y Lovecraft hasta Margaret Atwood y Jonathan Glazer—.

Portada del libro. [Foto vía Alpha Decay]

El primer capítulo del ensayo sirve de introducción teórica al trabajo que será desarrollado en las dos secciones dedicadas a los respectivos modos; el objetivo de estas primeras páginas es el de encuadrar lo raro y lo espeluznante como categorías que poseen una especificidad propia, ya que sus “ejemplos culturales más destacados […] se encuentran en las fronteras de géneros como el terror y la ciencia ficción, y las asociaciones que evocan estos géneros” han empañado  su especificidad. Lo que ambas categorías comparten, argumenta Fisher, es cierta preocupación por lo extraño: “[…] la fascinación por lo exterior, por aquello que está más allá de la percepción, la cognición y la experiencia corrientes”. Esta característica lleva el autor a considerar los lazos familiares de lo raro y lo espeluznante con otro concepto, cuya fortuna en el medio teórico a menudo ha hecho que lo raro y lo espeluznante fueran tratados como sinónimos suyos: lo unheimlich freudiano.

Lo unheimlich —a menudo traducido como lo “siniestro u ominoso”— comparte con lo raro y lo espeluznante la preocupación por lo extraño (si bien refiriéndose mayoritariamente a sus manifestaciones dentro de la esfera de “lo familiar”).  Pero la predilección por éste por encima de aquellos “va a la par con una compulsión hacia cierto tipo de crítica que siempre opera procesando lo exterior a través de las brechas y puntos muertos de lo interior”, contrariamente, pensar desde lo raro y lo espeluznante significa implicarse en un procedimiento de signo inverso: “ver el interior desde la perspectiva exterior”.

Pensar desde lo raro y lo espeluznante significa implicarse en un procedimiento de signo inverso: “ver el interior desde la perspectiva exterior”.

En este sentido, lo raro es un “modo” —narrativo, cinematográfico, e incluso ontológico según Fisher— que produce en nosotros un efecto de extrañeza basado en la sensación de lo erróneo. Percibimos algo —una entidad, un objeto— tan extraño que nos parece que no debería existir. Una presencia que rehuye de toda posible explicación y que por ello nos insta a reconsiderar las “categorías que hasta ahora nos han servido para dar sentido al mundo” ya que si ese objeto, esa entidad, están presentes, nuestras categorías pierden todo valor. Así funcionan para Fisher muchos de los cuentos de Lovecraft, escritor raro por antonomasia al que el crítico británico dedica todo un capítulo. Los relatos de Lovecraft juegan a menudo a introducir la idea de lo extraño haciendo colisionar dos dimensiones distintas: una dimensión de lo terrestre-empírico (lo racionalmente familiar) y una de lo exterior (algo necesariamente inconcebible según la razón común forjada sobre lo terrestre-empírico).

Las obras que Fisher inscribe en el dominio de lo raro (o, mejor, que según su lectura se sirven de este modo para producir ciertos efectos), retoman frecuentemente la emergencia de la “exterioridad” lovecraftiana tematizando, una y otra vez, la frontera entre distintos mundos, el umbral que los separa. Pero el resultado de este procedimiento, argumenta magistralmente Fisher, no es la aceptación consciente de la realidad de otras dimensiones —la naturalización de otros mundos—, sino más bien la pérdida de sentido y de coherencia de todo mundo posible: “lo raro desnaturaliza todos los mundos al exponer su inestabilidad, su apertura al exterior”.

Lo raro es un “modo” que produce en nosotros un efecto de extrañeza basado en la sensación de lo erróneo; algo tan extraño que nos parece que no debería existir

Más allá de Lovecraft, entre los otros capítulos que compilan la parte del ensayo dedicada a lo raro, vale la pena recordar el capítulo dedicado al mundo audiovisual de David Lynch, donde lo raro se manifiesta mediante la persistencia de ciertas figuras o motivos visuales, los agujeros y las cortinas, que a su manera funcionan como signos de la división entre mundos: “Las cortinas ocultan a la vez que revelan (y, de manera casual, una de las cosas que ocultan y revelan, en forma de telón, es la propia pantalla del cine). No solo marcan un umbral, sino que lo constituyen: son una salida al exterior”. Esta intuición no puede sino estimular la curiosidad de los fans de Lynch, y configurarse como una herramienta crítica de primera para enfrentarse a producciones como Lost Highway (1997), Mulholland Drive (2001), o incluso, más recientemente, la tercera temporada de Twin Peaks (2017).

También merece la pena mencionar el capítulo dedicado a los “bucles extraños” —a un tiempo temporales, ontológicos y cognitivos— que se pueden observar en la película para televisión Welt am Draht (El mundo conectado) dirigida en 1973 por Rainer Werner Fassbinder y la novela Tiempo desarticulado (1959) de Philip K. Dick. Aquí, los temas abordados recuerdan las reflexiones del propio Fisher sobre los bucles de eXistenZ (1999) de David Cronenberg y el futuro del trabajo cognitivo —incluidas en Los fantasmas de mi vida (CajaNegra, 2018)—, al mismo tiempo que ofrecen una importante perspectiva sobre el efecto extrañante de las distintas simulation theories que circulan, desde hace años por las redes, y que han sido recientemente promovidas por el plutócrata de Silicon Valley Elon Musk (por su parte gran lector de uno de los principales estudiosos de teoría de la simulación, el filósofo sueco Nick Bostrom).

***

A diferencia de lo raro, la sensación de lo espeluznante —a la que es dedicada la segunda parte del ensayo— está vinculada a la fundamental oposición metafísica entre presencia y ausencia. Si lo raro se caracterizaba por una “presencia exorbitante, algo que rebosa y sobrepasa nuestra capacidad de representación”, lo espeluznante en cambio se construye en negativo como una falta de presencia o falta de ausencia. “La sensación de lo espeluznante —sugiere Fisher— surge si hay una presencia cuando no debería haber nada, o si no hay presencia cuando debería haber algo” (ibid). Pero la falta de presencia o la falta de ausencia de por sí no son rasgos suficientes para definir lo que produce la sensación de lo espeluznante: debe haber implicada una noción de alteridad, resalta Fisher, “una sensación de que el enigma puede conllevar formas de conocimiento, subjetividad y percepción que van más allá de una experiencia corriente”.

Así, cuando estamos ante una falta de ausencia es justamente la sombra de esta alteridad la que genera el efecto espeluznante. Pensemos en el caso que el propio Fisher califica como ejemplo de manual de lo espeluznante, el famoso cuento de Daphne Du Maurier llevado al cine por Alfred Hitchcock, Los pájaros(1952). El efecto espeluznante en el relato de Du Maurier se produce porque una entidad a la que no solemos atribuir libre albedrío, los pájaros, demuestra en realidad poseer algo parecido a una conciencia y capacidad de acción deliberada: donde no debería haber sino instinto, de repente, surge una reflexividad.

La sensación de lo espeluznante está vinculada a la fundamental oposición metafísica entre presencia y ausencia; lo espeluznante se construye en negativo: como una falta de presencia o falta de ausencia

Para entender el segundo tipo de espeluznante, la falta de presencia, Fisher nos invita a pensar la sensación que envuelve “las ruinas u otras estructuras abandonadas”. La visión de un barco misteriosamente abandonado, por ejemplo, nos insta a preguntarnos cuál fue el destino de la tripulación. Lo espeluznante se mantiene aquí gracias a la doble pregunta que esta visión suscita —¿qué pasó y por qué?—, una pregunta que no puede sino permanecer abierta ya que su propia manifestación tiene que ver con lo desconocido: si resolvemos el enigma, lo espeluznante desaparece.

La misma reacción especulativa se reproduce también  ante estructuras “cuyo significado y fin no podemos analizar”, como los megalitos de Stonehenge o las mastodónticas cabezas de la isla de Pascua, pero varía el tipo de interrogación. Ya no nos inquieta tanto el destino de quien erigió estas estructuras, sino más bien su naturaleza: “¿Qué tipo de seres crearon aquellas estructuras? ¿En qué medida eran semejantes a nosotros y en qué medida no? ¿A qué tipo de orden simbólico pertenecieron y qué representaban los monumentos que construyeron en dicho orden?”. En estas circunstancias se vuelve a emerger aquella práctica de la crítica que Fisher resumía con la idea de pensar el interior desde la perspectiva exterior: “ante la isla de Pascua o Stonehenge, casi resulta inevitable especular sobre qué aspecto tendrán las reliquias de nuestra cultura cuando los sistemas semióticos en los que están inscritas hayan desaparecido” (ibid).

Entre los diferentes productos culturales del siglo XX y XXI que el autor aborda por su relación con lo espeluznante en la segunda parte del ensayo, quizás el caso más interesante sea el del disco Ambient 4: On Land (1982), de Brian Eno. Este clásico de la música ambient, que cierra el ciclo empezado por Eno con Ambient 1: Music for Airports en 1978, es comparado por Fisher con el cuento de fantasmas “Silba y acudiré”(1904) de M.R. James, ya que las dos obras comparten ambientación: la zona costera de Suffolk, en East Anglia (Reino Unido). Ambas obras se presentan como “cavilaciones sobre lo espeluznante tal y como se presenta en las tierras de Anglia Oriental” y en ambas el paisaje juega un papel fundamental. El disco de Eno mediante su orquesta de “movimientos suaves y arremolinados, sus burbujeos y balbuceos” produce  “la sugestión susurrante de la conciencia inorgánica” que permea el mismo paisaje. Sin embargo, todo empieza con “una sensación de soledad, de retirada del bullicio de la sociabilidad banal. Esta surge como condición previa a la apertura al exterior, donde se designa, por una parte, una naturaleza radicalmente despastorilizada y, por otra, en sus límites, un encuentro diferente y más intenso con lo Real”.

Estudiar críticamente las formas de lo espeluznante está relacionado, para el autor, “con las fuerzas que rigen el mundo y nuestras propias vidas”, a saber, el capital y el inconsciente

La misma sensación de lo espeluznante que emerge de la obra del padre fundador de la música ambient, pensamos, podría hermanarse también con la que permea otro texto ambientado por las mismas tierras costeras de Suffolk —cuya lectura podría muy bien acompañarse de la música de Eno—: Los anillos de saturno (1995), de W.G. Sebald.

El relato en primera persona de las caminatas del narrador en Los anillos de saturno, y su experiencia de lo espeluznante del paisaje se transmite al lector mediante las diferentes fotografías que complementan el texto. Transformada por la porosidad de la página, toda imagen se vuelve parcialmente opaca, el contraste entre blancos y negros devora los grises y otorga a cada cliché aquella fundamental sensación de alteridad que constituye el requisito básico para la experiencia de lo espeluznante. Además, releer a Sebald armados con las herramientas críticas de Fisher nos permite interrogarnos sobre lo espeluznante de y en las mismas fotografías: mirando las cosas desde esta perspectiva, ¿no será la fotografía un medio intrínsecamente espeluznante?

Finalmente, la necesidad de estudiar críticamente las formas de lo espeluznante —formas que se arman sobre el problema clave de qué  o quién realiza cierta acción— está relacionada, para el autor, “con las fuerzas que rigen el mundo y nuestras propias vidas”, a saber, el capital y el inconsciente:

Debería quedar especialmente claro a aquellos que vivimos en un mundo capitalista globalmente interconectado que tales fuerzas no son del todo accesibles a nuestra aprehensión sensorial. Una fuerza como el capital no existe en ningún tipo de sentido sustancial, pero es capaz de provocar efectos de casi cualquier tipo. En otro campo, ¿acaso no nos mostró Freud hace ya mucho tiempo que las fuerzas que rigen nuestra psique pueden considerarse como no presencias —¿No es acaso lo inconsciente una ausencia de presencia?— o no ausencias (las diversas pulsiones o compulsiones que interceden allí donde debería actuar nuestro libre albedrío)? (p. 78-79).

En última instancia, este razonamiento coloca Lo raro y lo espeluznante en la misma trayectoria de trabajo crítico sobre los productos culturales del capitalismo tardío que el autor había inaugurado con sus dos libros anteriores, Realismo capitalista (2009) y Los fantasmas de mi vida (2014), ambos editados en castellano por CajaNegra; un trabajo comprometido con (re)pensar constantemente –y siempre a partir de un archivo personal, a veces casi sentimental, de lecturas– el cruce donde se encuentran lo estético y lo político.

Por último, la virtud de Lo raro y lo espeluznante no se fundamenta solamente en su capacidad de seguir en esta directriz de trabajo, acercándose críticamente a las obras que estudia con un lenguaje al mismo tiempo genuino y preciso, sino también en saber asumir la necesidad de actualizar, según las necesidades de la labor crítica, las categorías teóricas con las que pensamos los productos culturales de y desde nuestro tiempo.

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Pier Ma Ben

Graduado en Culturas y Literaturas del Mundo Moderno por la Università degli studi di Torino (Italia) y máster en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad de Barcelona. Se interesa por la crítica literaria y cinematográfica, y sus dimensiones políticas. Actualmente investiga cuestiones relacionadas a la interpretación de la imagen fotográfica en la obra de W.G.Sebald.


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