Trump reclama a Europa: el desconocido artículo II de la OTAN

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, junto al presidente de los EE.UU., Donald Trump, durante el encuentro de la OTAN en mayo de 2017 [Foto: Armando Babani vía intelligencerpost.com].

Los europeos habitualmente tienden a recodar el Artículo V del Tratado de la OTAN, referente a que un ataque contra uno de sus miembros es un ataque contra todos; pero suelen olvidar el Artículo II, por el que hay que estrechar la colaboración económica.

La visita de Trump a la OTAN, que tuvo lugar el pasado mayo en Bruselas, poco tiene que ver con la manera clásica de llevar a cabo estas cumbres. Normalmente suceden cada dos años y sirven para consensuar la proyección estratégica de los aliados. En Cardiff (2014) se acordó la creación de la Fuerza de Muy Alta Disponibilidad (VJTF) como medida de disuasión tras al anexión de Crimea por parte de Rusia. En Varsovia (2016) se dio un paso más en esta dirección al acordar el despliegue permanente de batallones mecanizados en la región del Báltico (Enhanced Forward Presence). Lo que esto significó fue un cambio de paradigma, de las misiones expedicionarias y discrecionales (Praga, 2002) a la defensa del territorio europeo.

La cumbre de Bruselas, menos de un año después de la acontecida a orillas del Vístula, estaba pensada para dar una cordial bienvenida a quién debía ser la Comandante en Jefe de los EE.UU., estrenar la nueva sede, e izar la bandera montenegrina como miembro número 29 de la organización. Empero, pocos o ninguno pensaron, cuando se planificó el encuentro, que Donald Trump sería el presidente.

En la imagen, el presidente estadounidense, Donald Trump, y el Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, durante la reunión de la OTAN que tuvo lugar el 25 de mayo de 2017 en Bruselas (Bélgica) [Foto: EPA/Matt Dunham/POOL].

En este tipo de eventos, los discursos suelen estar pactados y consensuados. Sin embargo, pocos conocían cuál iba a ser el discurso de Trump, cosa que generó cierto nerviosismo. Al final, esta cumbre lo que ha dejado es un claro mensaje político que queda analizar.

En 1795, Immanuel Kant publicó Sobre la Paz Perpetua donde proponía la abolición de ejércitos permanentes. Un año después, George Washington, durante su discurso de despedida, recalcaría que los Estados Unidos deberían abstenerse de ser parte en cualquier alianza militar permanente. De hecho, así fue desde final del Tratado de Mortefontaine, en 1800, hasta, irónicamente, el Tratado de Washington, en 1949, donde nace la OTAN. Unos años después, Eisenhower, Comandante Supremo durante el desembarco de Normandía y dos veces presidente de los EE.UU., advirtió en otro discurso de despedida sobre los peligros del complejo militar industrial. Aviso que, por otra parte, ya había manifestado el General Butler al finalizar la Primera Guerra Mundial.

Nada apunta a que Trump vaya a compartir estantería tampoco con los Jefferson, Clausewitz o Speer en lo que se refiere a la política económica del esfuerzo bélico. Pero no es menos cierto que esta vez, y aún bajo premisas erróneas, ha señalado correctamente el problema: en una alianza todos tienen que contribuir, sino es una coalición. 

La letra pequeña del compromiso para alcanzar el 2% del PIB en gasto militar dice que este porcentaje tiene que ser una combinación de cambios estructurales, adquisición de equipos y contribución a operaciones. Si el único objetivo de la Administración Trump es presionar para que las naciones que integran la OTAN lleguen al famoso 2% vía adquisiciones estaremos ante una presidencia de burócratas, aunque bastante sagaces. Pero el objetivo puede ser que, con seriedad, las naciones europeas asuman la responsabilidad de compartir la necesaria carga que supone la defensa de Europa.

Los planes económicos de Trump no pasan tanto por relanzar la economía americana, ya bastante recuperada de la crisis de 2008, sino que están centrados en generar puestos de trabajo para una clase media que ha pagado la combinación del Estado de bienestar y la globalización. Trump es un conservador y mercantilista de manual que parece confiar en políticas keynesianas de gasto agregado para crear empleo. El problema está en que las teorías de John Keynes que siempre fueron erróneas, lo son mucho más ahora. Como Keynes mismo reconoció, su teoría difícilmente se puede aplicar en un mundo globalizado. Y es que, como decía Jean Baptiste Say, la producción se paga con producción y, como Milton Friedman explicó con su clásico ejemplo del lapicero, la producción de bienes de consumo es global. Si hoy un Estado comienza un programa de gasto, gran parte de ese esfuerzo creará puestos de trabajo, sí, pero en terceros países que no pagaron impuestos al tesoro del primero. De ahí la inquina a China y a Alemania, y de ahí que Trump abogase tanto por políticas arancelarias. Pero el problema del proteccionismo es que al final los consumidores americanos sufrirían los incrementos de precio en los productos debido a los mayores coste de producción.

La venta de armas es un negocio que moviliza cada año el 2’4% del PIB mundial. Los fabricantes más importantes de material bélico del mundo se encuentran en EE.UU. [Foto vía Reuters].

Dicho lo anterior, no es menos cierto que hay una industria donde EE.UU. sí puede aplicar toda una política keynesiana con un efecto multiplicador más claro: la defensa. La producción de aviones, carros de combate, y otros programas especiales de armamento tienen que, por sus particularidades, ser fabricados en EE.UU. Sucede además que, históricamente, han funcionado como estabilizadores automáticos para cohesionar a los estados federales. Estas industrias tienden a concentrarse en esas regiones estadounidenses menos dinámicas. Y sucede también que para trabajar en la industria hay que ser americano por motivos de habilitaciones de seguridad.

El mercado de la defensa es lo que conoce como monopsonio, un único comprador (el gobierno) y varios ofertantes (los contratistas). Por mucho que el Pentágono exhiba músculo financiero, el mercado interno tiene un límite y lo que queda es exportar. Cuando Trump pide a los aliados alcanzar el 2% del PIB puede estar invitando a comprar complejos sistemas de defensa. Por ejemplo, el caza-bombardero F35 LII, que es extremamente caro según tweets del propio Trump. Si así fuese, la Administración Trump podría financiar su creación de empleos a cuenta del resto de países. Sea cual sea la motivación de Trump, sigue siendo cierto que los aliados europeos no están comprometidos con la defensa. El PIB es una horrorosa variable para gestionar la economía pero independientemente del porcentaje de gasto, las fuerzas armadas de la mayoría de naciones simplemente carecen de proyección estratégica.

Con el descubrimiento de las bombas termonucleares llegó el periodo de paz más largo que Europa disfrutó jamás. La teoría apunta que con capacidad atómica, las concentraciones de tropas en frentes de batalla son escenarios del pasado. Bajo esta excusa, los países europeos han descuidado sus fuerzas armadas y han dado la paz por segura. Pero, como decía Jefferson y tal y como se puede ver en la alfombra del Cuartel Estratégico de la OTAN en Mons, “la vigilancia es el precio de la libertad. Y ésta tiene un coste.” Evidentemente, no se le puede exigir a Eslovenia que tenga unas fuerzas armadas autosuficientes, pero tampoco parece muy razonable que el contribuyente español pague la defensa de Letonia de manera secular.

Explicaba el contraalmirante Henry Eccles que la logística es el puente entre la economía nacional y las fuerzas armadas. De la misma manera, la logística puede ser el mecanismo para canalizar la responsabilidad de compartir el esfuerzo de la defensa y asignar más eficientemente en el corto plazo dónde incrementar el gasto.

Desfile de la OTAN en el cuartel de la organización en Bruselas [Foto vía Flickr].

Previo al desembarco de Normandía, los aliados crearon un sistema de apoyo logístico. Bajo el nombre de los acuerdos Lend-lease, o “ayuda recíproca”, el Reino Unido recibía material americano a cambio de avituallamiento, techo, hospitales, etc. Los acuerdos Lend-lease fueron fundamentales para vencer la distancia a la que se enfrentaba la US Army en el teatro de operaciones europeo. Un poco más tarde, en década de los 80, Alemania Occidental comprometió 90.000 reservistas para dar apoyo logístico a EE.UU. De esta manera, los estadounidenses podían dedicar más personal a posiciones de combate. La contribución alemana en esos días ascendía a unos $500 M. Estos dos ejemplos muestran el compromiso que dos naciones agradecidas dieron a EE.UU. en el campo que más necesitaba. Hoy en día, este tipo de apoyo se denomina Host Nation Support (HNS). A corto plazo, aquí puede estar la clave para incrementar el gasto para ganar capacidad operacional.

En una alianza, hay naciones grandes y pequeñas. Pensar que naciones con un par de millones de habitantes puedan adquirir fragatas o cazas es poco razonable y para eso están los “hermanos mayores”. Ahora bien, a las naciones defendidas se les puede exigir que se hagan cargo de los costes logísticos directos de la misión. Ésta es una manera de que las dos naciones ganen; por ejemplo, Estonia recibe cobertura aérea y España es capaz de acumular horas de vuelo a menor coste.

Ésta es también una forma de reducir el efecto de los free-riders; si recibir apoyo de la alianza no te supone ningún coste, más bien te reporta un beneficio económico, cabe el peligro de abusar del sistema y cansar a los socios.

Cuestionó el General Washington si EE.UU. debía ser una república o un imperio, y al final ha terminado siendo lo segundo. Pero un imperio que ha traído una estabilidad de la que Europa ha disfrutado, un imperio que se desangra financieramente y que va camino de dejar de ser el prestamista de última instancia del orden mundial. A Trump no le ha faltado razón al decir que ya es hora que el contribuyente europeo ayude al americano, y así debe ser, pero con cabeza. Habrá que estar atentos al paquete lanzado por la Comisión para dedicar, por primera vez, una partida de gasto a investigación y adquisición de programas de defensa. En suma, Trump debe honrar el Artículo V, pero Europa el II también.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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