15/11/2019 BARCELONA

¿Qué ha hecho la UE frente a la crisis? El juego de los organismos internacionales y la teoría económica

Angela Merkel, canciller de Alemania, y J.M. Durão Barroso, presidente de la Comisión Europea [Foto vía WikimediaCommons].
La OCDE advierte que las medidas de austeridad tomadas en la UE frente a la crisis ya han llegado a su límite. La alternativa pasa por emprender medidas de estímulo económico por partes de los estados.


A principios del mes de septiembre de 2014, la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) sorprendía al mundo con este tipo de afirmaciones: “Mayores ajustes salariales a la baja […] corren el riesgo de ser contraproducentes.” Mientras que en agosto de 2013, esta institución enfatizaba la necesidad de continuar con las reformas para incrementar la flexibilidad laboral –especialmente en los países periféricos de la zona euro–. Actualmente, al ver el impacto de estas políticas, parece haber cambiado su tendencia.

Desde la presentación del informe anual sobre el empleo que realiza la organización, se ha especulado mucho sobre la posibilidad de una ruptura entre las posiciones de la OCDE y del FMI (Fondo Monetario Internacional), que este mismo año seguía recomendando reformas para abaratar el despido y rebajar los salarios, con el objetivo de mejorar la competitividad empresarial y favorecer así la contratación.

Pero, ¿qué significan estas nuevas recomendaciones? Las implicaciones de este informe van más allá de los simples consejos: ¿Se ha analizado mal la crisis económica global, hasta ahora? ¿Se han adoptado políticas erróneas en la eurozona? ¿Cuál es la posición adecuada, la del FMI o la reciente postura adoptada por la OCDE?

Mapa con los países miembros de la OCDE (azul oscuro), los países candidatos a ingresar en la organización (azul medio), y los países con los que la OCDE ha incrementado sus relaciones (azul claro)
Mapa con los países miembros de la OCDE (azul oscuro), los países candidatos a ingresar en la organización (azul medio), y los países con los que la OCDE ha incrementado sus relaciones (azul claro) [Fuente: oecd.org].

Un análisis del presente: Merkel y la austeridad económica

Si bien la crisis económica se inicia entre 2007 y 2008 con el colapso del mercado inmobiliario y la caída de Lehman Brothers (entre otras entidades) en Estados Unidos, la recesión se extiende rápidamente por todo el mundo, afectando especialmente a Europa. Esta crisis, provocada principalmente por la desregulación del sistema financiero, incide de tal manera en el continente europeo que los gobernantes de la Unión se ven obligados a adoptar medidas coordinadas.

De tal manera, a lo largo de la UE empieza a imponerse una política de austeridad económica liderada por la Alemania de Angela Merkel. Este tipo de política se basa en el aumento de los impuestos y la reducción del gasto público con el objetivo de asegurar que los Estados son capaces de devolver las deudas que han contraído. De este modo, los compradores de deuda y los inversores no pierden la confianza en dichos Estados y, por tanto, mantienen sus inversiones en ellos.

Sin embargo, este tipo de política, por sí misma, pone bajo presión a las pequeñas y medianas empresas y a los trabajadores, ya que aumenta sus costes con el Estado y reduce los beneficios que reciben de éste. Por tanto, acompañando la política de austeridad económica, siempre hay (o debe haber) un plan de recuperación. Es en este punto dónde parece que las posiciones de la OCDE y el FMI empiezan a contraponerse.

La lógica de la recuperación económica en Europa: el escenario ficticio

Tradicionalmente, las políticas de recuperación económica han seguido una pauta keynesiana, es decir que se apuesta por revitalizar la economía a través del estímulo directo de la demanda interna. Esto significa que el Estado se convierte en un “gran comprador” de productos nacionales, lo cual incrementa la producción de las empresas del país; así, se genera una mayor actividad y una necesidad de contratación, reduciéndose el paro y aumentando el poder adquisitivo de trabajadores y empresarios. O bien existe otra alternativa: el Estado se convierte en un “gran generador” de puestos de trabajo, lo cual incrementa la contratación, que aumenta el poder adquisitivo de los trabajadores que, a su vez, comprarán mayor cantidad de productos, generando una mayor actividad empresarial y una necesidad de contratación, etc. En ambos casos, de un modo u otro (o utilizando ambos a la vez), el aumento del ahorro entre los trabajadores y empresarios hace aumentar la demanda interna, revitalizando así el flujo de la economía.

Sin embargo, ya sea por ejercer la función de comprador o de contratante, el Estado aumenta sus gastos de forma considerable; de manera que debe buscar un método de financiación. Dado que un aumento de los impuestos sería contraproducente –porque frenaría, precisamente, la demanda interna–, el Estado sólo tiene dos opciones: 1. Buscar financiación exterior aumentando su deuda externa; o 2. Generar moneda propia a través del Banco Central del país.

Entonces, ¿por qué no se aplican estas medidas? En el primer caso, el aumento de la deuda externa generaría una desconfianza en los mercados: los inversores, previendo que posiblemente el Estado sería incapaz de devolver el importe de sus deudas, retirarían sus inversiones del país, lo que representaría un golpe a la recuperación económica.

En el segundo caso la lógica es más perversa. La generación de moneda no sólo puede servir para financiar el plan de recuperación impulsado por el Estado sino que aumentaría la inflación, lo cual ayuda a acabar con la deuda privada (las deudas de familias, pequeñas empresas, etc.) ya que, con la disminución del valor de la moneda, también disminuye el valor de los créditos concedidos. De esta manera, una inflación moderada puede ser doblemente útil.

Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo des de 2011. Anteriormente ocupó cargos de relevancia en el Banco Mundial y en el banco de inversión Goldman Sachs
Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo des de 2011. Anteriormente ocupó cargos de relevancia en el Banco Mundial y en el banco de inversión Goldman Sachs [Fuente: Wikipedia]

No obstante, esta política es desechada porque va en contra de los intereses de la banca privada, pues el valor de los créditos que ha concedido disminuiría. Es así como la presión de los bancos al gobierno puede llegar a cambiar el rumbo de la política económica. Además, en el plano europeo existe un impedimento añadido: el Euro y el Banco Central Europeo. La existencia de una moneda y un Banco Central únicos hace que la mayoría de los países de la eurozona no puedan controlar su política monetaria, que es dirigida, principalmente, por Alemania.

Este país tiene un doble interés en evitar la inflación: 1. La población alemana, recordando la hiperinflación de los años ’20 en la República de Weimar, es reticente a iniciar políticas que impliquen procesos de inflación; y 2. La banca alemana ha concedido una gran cantidad de créditos a la banca privada de los países periféricos de la eurozona y no tiene interés en que el valor de estos créditos disminuya.

En definitiva, la liberalización económica llevada a cabo en las últimas décadas del siglo XX, ha incrementado el peso de los agentes económicos a nivel global. De esta manera, la presión de los inversores y de la banca privada puede llegar a hacer “inviables” ciertas políticas económicas que, anteriormente, representaban una posibilidad real para los Estados.

La lógica de la recuperación económica en Europa: el escenario real

Actualmente, el plan de recuperación europeo pasa por una política económica de estímulo de la oferta ya que, como se ha explicado en el apartado anterior, el estímulo de la demanda parece inviable.

Así pues, la lógica actual se basa en una política de incremento de las ventas de las empresas e industrias europeas, lo cual generará un incremento de la producción, que dará lugar a una mayor contratación, una reducción del paro y un aumento del poder adquisitivo de la población, la cual cosa generará un mayor consumo interno.

Como se puede apreciar, toda política de recuperación económica sigue un mismo ciclo, la diferencia se encuentra en qué parte de ese ciclo decide “estimularse”.

En este caso, la demanda interna no se estimula directamente sino que es una consecuencia del incremento de la actividad empresarial sin que sea el Estado el que genera, directamente, esa actividad. ¿Cómo se puede lograr esto? Favoreciendo un aumento de las exportaciones de las empresas e industrias del país.

Tradicionalmente, las exportaciones se han incentivado a través de una disminución del interés monetario con el objetivo de devaluar la moneda propia: Al bajar el interés, el capital invertirá en países donde el rendimiento (el interés) por la inversión sea más elevado (es decir, aquellos países con un mayor interés monetario). Por tanto, a menor interés monetario, menor demanda de la moneda propia, lo cual significa que se produce una depreciación. Al depreciarse la moneda del país, los productos propios son más baratos en el mercado internacional, lo que los hace más competitivos, aumentando así las exportaciones.

Sin embargo, esto no es lo que ha ocurrido en la eurozona. En Europa se ha aplicado una política que pretende aumentar la exportación haciendo que los productos propios se abaraten por otra vía: la vía de la devaluación interna. Esto significa que debe conseguirse que las empresas puedan abaratar sus productos (para aumentar sus exportaciones) obteniendo más rendimiento por cada unidad de producción. Este “rendimiento extra” se consigue flexibilizando el mercado de trabajo, es decir, haciendo más baratos a los trabajadores: disminuyendo salarios, incrementando el número de horas trabajadas, aumentando la contratación temporal, etc.

La cuestión radica en por qué hacerlo de este modo. La respuesta es que hay un deseo de que el Banco Central Europeo mantenga estable (fuerte) el precio del Euro. Esta voluntad se basa en dos factores: 1. Una moneda estable genera confianza en los mercados internacionales, atrayendo la inversión extranjera; y 2. Los bancos europeos poseen grandes cantidades de deuda en dólares –producto de los créditos pedidos en esta moneda–; por tanto, si la propia moneda (el Euro) se deprecia respecto del Dólar, el valor de esta deuda aumentaría. Así pues, una depreciación va en contra de sus intereses.

¿Qué ha hecho cambiar de opinión a la OCDE?

Más allá de los intereses que hay detrás de aplicar un tipo de política económica u otra, la teoría mostraba que era posible que la devaluación interna funcionara: al aumentar las exportaciones, se genera una mayor actividad y las empresas “debían” aumentar la contratación, incrementando el poder adquisitivo de los trabajadores, etc. En definitiva, revitalizando el ciclo económico siguiendo la pauta explicada anteriormente.

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José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE [Foto: Wikipedia]

Sin embargo, el mencionado informe de la OCDE muestra que la organización ha detectado un fallo en la vía de la devaluación interna: los ajustes salariales y las reformas en el mercado laboral no se han traducido en una bajada del precio de los productos que aumentara significativamente las exportaciones. En lugar de esto, las empresas han utilizado estas reformas para mejorar sus niveles de rentabilidad, aumentando sus márgenes de beneficios. Así, estas reformas han sido utilizadas para la conveniencia del mundo empresarial, en contra de los intereses de los trabajadores.

De este modo, la OCDE advierte que estas reformas ya han llegado a su límite. Así, seguir este camino ya no sólo es inútil (porque no genera ni mayores exportaciones ni mayor empleo) sino que es contraproducente porque aumenta el riesgo de pobreza entre la población y disminuye la demanda interna.

Mientras, para el FMI el problema no reside en un error en la vía de la devaluación interna sino que se trata, precisamente, de que todavía no se ha aplicado esta política económica con suficiente fuerza. Para esta organización, las empresas no pueden bajar el precio de sus productos y aumentar las exportaciones porque las reformas son insuficientes: es necesario bajar más los salarios, abaratar el despido y reducir las cotizaciones sociales para mejorar la competitividad.

En conclusión, la eurozona posee diversos tipos de respuesta a la crisis, diversos intereses políticos y económicos que condicionan sus acciones, diferentes lógicas que han marcado su estrategia y muchas recomendaciones de grandes organismos internacionales. Analizar qué ha ocurrido realmente llevará décadas y estudios exhaustivos. Este texto es sólo una aproximación.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Lluis Torres

Barcelona, España. Politólogo especializado en Relaciones Internacionales graduado por la Universidad Pompeu Fabra. Actualmente trabaja en Amnistía Internacional Cataluña, dónde también realiza labores de activismo en el grupo de incidencia política. Anteriormente, co-impulsó diversos proyectos de cooperación en los campos de refugiados de Grecia. Sus líneas de interés se centran en temas relacionados con la conflictividad y la seguridad global, la economía política y el desarrollo internacional.



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