20/10/2018 BARCELONA

América Latina: Cuando la religión y la política se encuentran

Marcha de grupos católicos en Ecuador [Foto vía Agencia EFE].
¿Qué está pasando en América Latina? Las desigualdades sociales habían impedido, durante años, el ascenso al poder de los partidos y movimientos conservadores. Pero la unión de éstos con la Iglesia católica ha permitido crear un discurso que ha cambiado esta situación. Lo cual permite que la religión se haya infiltrado en el Estado.

El 5 de mayo de 2018 se desarrolló en Lima la sexta edición de la Marcha por la Vida, una manifestación popular en contra de la legalización del aborto que cuenta con el apoyo de autoridades de la Iglesia católica, de varias Iglesias evangélicas y de movimientos ciudadanos de tendencia conservadora. Entre estos últimos, destaca el colectivo Con Mis Hijos No Te Metas, cuyos colores celeste y rosa han estado presentes en los carteles publicitarios de la marcha y en sus diseños en redes sociales.

Este colectivo fue fundado en el año 2016. Pese a su poco tiempo de existencia, ha conseguido una enorme notoriedad al lograr que el Ministerio de Educación del Perú suspenda parcialmente la aplicación del enfoque de género en el Currículo Escolar debido a las constantes quejas de padres de familia que consideraban que la introducción de dicho enfoque en la enseñanza representaba un adoctrinamiento ideológico para sus hijos. Hasta la fecha, a pesar de las expresiones públicas de preocupación por parte de Naciones Unidas y de organizaciones defensoras de los derechos humanos, el Perú ha avanzado muy poco en cuanto a políticas que favorezcan la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, así como el respeto a las diversas orientaciones sexuales y estilos de vida en familia.

¿Qué sucede en América Latina?

El caso del Perú no es aislado. Por el contrario, forma parte de una tendencia regional. Podemos encontrar en Facebook páginas de colectivos denominados Con Mis Hijos No Te Metas provenientes de varios países como Argentina, Chile, Ecuador, Uruguay y Colombia. Todos estos países tienen en común recientes intentos del Estado por incorporar en sus políticas públicas el enfoque de género, ya sea a través de la educación, el cuidado de la salud sexual y reproductiva o la extensión de derechos civiles a la comunidad LGBTI.

Asimismo, en México, en medio del debate nacional sobre el matrimonio igualitario, se inició una campaña liderada por el Frente Nacional por la Familia bajo los lemas “No te metas con mis hijos” y “Si es mi hijo, yo lo educo”. Dicha campaña, apoyada por la Iglesia católica, no sólo mostraba una postura contraria al matrimonio igualitario, sino también buscaba mantener una educación basada en el concepto tradicional de familia. Por otro lado, fuera del ámbito hispanoamericano, en Brasil existe también el movimiento Escuela Sin Partido, el cual pretende proteger a los alumnos de supuestas imposiciones ideológicas y que causó polémica en 2017 por intentar censurar un libro de ciencias que, según los padres involucrados en el movimiento, contenía imágenes que incitarían a los adolescentes a iniciar su vida sexual de manera temprana.

¿Qué está sucediendo, entonces, con las sociedades latinoamericanas? ¿Por qué esta politización de discursos religiosos es de pronto tan popular, aun en países que se definen formalmente como laicos?Click To Tweet

A nivel internacional, estamos viviendo un resurgimiento de la importancia de la religión en la vida privada y pública de las personas. Tal como explican John Micklethwait y Adrian Wooldridge en su libro God is Back (2009), la predicción moderna que señalaba que la religión iría perdiendo peso a lo largo del tiempo debido a los avances en la ciencia, la tecnología, la democratización y el crecimiento económico no se ha cumplido. Por el contrario, el estilo de vida generado precisamente por estos avances parece haber llevado a un fortalecimiento de la fe en la época contemporánea.

Así, por ejemplo, la idea de competencia en el mercado se ha trasladado al ámbito de las religiones y han surgido, sobre todo en Estados Unidos, iglesias cristianas que actúan como empresas y pastores religiosos que actúan como publicistas en una continua lucha por atraer clientes. De este modo surge el pentecostalismo, una alternativa religiosa que mezcla un discurso de superación individual apropiado para las nuevas clases medias que buscan continuar su ascenso social y un estilo comunicacional bastante cargado de emociones que contribuye a intensificar el efecto de dicho discurso. Este estilo de llevar a cabo la prédica religiosa, de un modo emotivo, propagandístico y adaptado según las audiencias, es también ventajoso para una campaña política. Por ello, transitar de un campo al otro no presenta mayores dificultades. Las alianzas entre grupos religiosos y partidos conservadores son perfectamente posibles y brindan réditos políticos, tal como se ha demostrado en el Partido Republicano de Estados Unidos.

Extracto de una ‘Guía de Educación Sexual Integral’ que causó polémica en Perú [Foto vía Ministerio de Educación del Perú].

Retornando ahora a América Latina, observamos que la alianza entre grupos religiosos y grupos políticos (no sólo partidos, sino también movimientos y otras organizaciones que compiten por el poder en sociedades donde los partidos son débiles) también es beneficiosa para ambas partes. Veamos cómo, empezando por los grupos políticos conservadores. Éstos, históricamente, han estado asociados a las clases privilegiadas. En sociedades ampliamente desiguales como las latinoamericanas, la división socioeconómica es importante y existen relativamente pocas oportunidades de movilidad social. Por lo tanto, es muy difícil para los partidos tradicionalmente identificados como de la élite acercarse a las clases populares que se sienten excluidas del sistema precisamente por dicha élite. En un escenario así, los grupos religiosos (particularmente los evangélicos) brindan a estos partidos la posibilidad de conectarse con su público, el cual está conformado principalmente por votantes de clases populares. De esta manera, los partidos conservadores se benefician porque pueden atraer seguidores de sectores más amplios de la sociedad. Ésta es la interpretación que se ofrece en un artículo del politólogo Javier Corrales publicado en el New York Times, en el cual se presenta como ejemplo al candidato de derecha (actualmente presidente de Chile) Sebastián Piñera, quien contaba con cuatro pastores evangélicos en su equipo de campaña.

Por otro lado, desde el punto de vista de los grupos religiosos, la participación en la política institucionalizada les permite acercar los discursos que ellos manejan y que provienen de su fe particular a la esfera del Estado y las decisiones públicas.Click To Tweet

En otras palabras, mediante el acceso a una organización política o a un cargo estatal, un asunto privado como la creencia religiosa se vuelve público. Y, dado que se vuelve público, es tomado como base para legislar. Un caso paradigmático de esto es Brasil, donde, según el mismo artículo de Corrales citado anteriormente, la bancada evangélica del Parlamento ha frustrado proyectos de ley favorables al respeto por la diversidad sexual, ha aprobado el cierre de exposiciones en museos e incluso ha desempeñado un papel importante en la destitución de la ex presidenta Dilma Rousseff. Asimismo, esta entrada en el Estado les facilita la legitimación de sus discursos mediante el lenguaje de la libertad y de los derechos, el cual tiene una apariencia más secular. Así, por ejemplo, cuando intentan impedir la aprobación de un Currículo Escolar o de una política de salud sexual, ya no recurren a argumentos religiosos como el pecado o la interpretación literal del libro sagrado. Apelan, más bien, a la libertad de decisión de las personas para guiarse según sus propios estándares morales sin la intervención innecesaria del Estado o al derecho de los padres de familia de participar en el proceso educativo de sus hijos.

En conclusión, lo que está sucediendo con las sociedades latinoamericanas es que ciertos factores estructurales que han estado presentes en ellas históricamente (como por ejemplo las inmensas desigualdades económicas) las convierten ahora en escenario propicio para una alianza de mutuo beneficio entre grupos religiosos y grupos políticos. Y el problema es que, como consecuencia de dichas alianzas, esta región del mundo sigue quedando rezagada en ámbitos de las políticas públicas que podrían justamente ayudar a revertir algunas desigualdades históricas, empezando por la igualdad de oportunidades entre las mujeres y los hombres.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Soledad Castillo

Lima, Perú. Estudiante de Ciencia Política y Gobierno con mención en Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Directora de Publicaciones de la Asociación Civil Politai y Asistente del Grupo de Investigación del Orden Internacional y Órdenes Regionales (GIOR-PUCP). Email: [email protected]


One comment

  • Otto López

    15/05/2018 at

    Me gustaría conocer su análisis sobre la guerra abierta que ha declarado el Presidente de Guatemala y el Pacto de Corruptos a todos los sectores sociales que apoyan la estadía de Cicig. El aparato de inteligencia militar está dirigiendo un plan para desembocar la crisis en violencia social!

    Reply

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