17/10/2019 BARCELONA

¿Por qué no vota la gente en España?

A pesar de que en las últimas elecciones municipales en España la participación aumentó un 2,04% en relación a las elecciones de 2007, el 33,77% de la población con derecho a voto no lo ejerció. ¿Por qué? ¿Cuáles son las causas por las cuales la gente decide no participar en la elección de sus representantes?


Repasando las últimas elecciones municipales

Mucho se ha hablado y analizado ya sobre las pasadas elecciones municipales. A estas alturas ya sabemos que la participación aumentó un 2,04% en relación a las elecciones de 2007, llegando hasta el 66,23% del censo electoral. También sabemos que el voto en blanco subió de forma espectacular hasta alcanzar el valor más alto de su historia (2,54% en relación al 1,94% en 2007). De igual manera subió, aunque algo menos, el voto nulo (hasta el 1,70% del censo).

El voto de castigo

El voto de castigo (el voto en blanco y el voto nulo) ascendió hasta los 913.089 sufragios en las pasadas elecciones, suficientes como para constituir la cuarta fuerza política del país, incluso por delante de CiU. El voto en blanco y el voto nulo es una acción premeditada, pues el votante se molesta en ir a votar. Lo que el votante hace es decir algo así como, “no me gusta ninguno de los partidos que se presentan”, o “quiero hacer una denuncia del sistema político, de la clase política, de los partidos y/o de sus representantes”. El aumento del voto en blanco, como voto válido que es, tiene otro efecto: perjudicar a los partidos más pequeños. La mayoría de CC.AA. tienen el umbral mínimo para que un partido pueda tener representación, que suele fijarse en el 3% de los votos (en la Comunidad Valenciana es del 5%). Sumar votos en blanco supone un aumento de votos computables totales (el denominador de la ecuación), lo que se traduce en que los partidos necesitan sumar más votos para alcanzar el umbral del 3%, algo no siempre fácil para los partidos minoritarios.

Pero una vez repasados estos datos, vemos algo evidente. El 33,77% de los electores no fueron a votar en las pasadas elecciones municipales. ¿Por qué? ¿Se trata de pereza, es una opción ideológica o bien es puro desinterés por la política?

Todos sabemos que las elecciones municipales y autonómicas no son precisamente las más concurridas, aunque sí más que las elecciones europeas. En la historia de la democracia española las elecciones municipales nunca han llegado a tener una participación del 70%. Ése ha sido un valor que ha sido superado en numerosas ocasiones en las elecciones al Congreso de los Diputados, las que sirven para formar Gobierno en España. Sin ir más lejos, las últimas elecciones generales de 2008 rozaron el 74% de participación. Aunque el récord debemos buscarlo en el año 1982 (cuando el PSOE subió al poder por primera vez) con un 79,98% de asistencia.

Aún así España se aleja de numerosos países europeos que fácilmente traspasan la barrera del 80% de participación en las elecciones estatales (Francia sin ir más lejos suele llegar a ese valor, aunque luego en las elecciones locales y regionales la asistencia electoral baje estrepitosamente).

¿Por qué la gente no va a votar? La desafección política

Vivimos en un sistema de gobierno denominado democracia representativa. Se trata de un sistema en el que el poder se otorga, a través de un proceso de elecciones, a unos representantes del pueblo, a través de los cuales quiere que sus intereses sean defendidos. Pero, ¿qué sucede cuando el pueblo deja de participar en la elección de estos representantes?

La experiencia muestra que la democracia representativa es, hasta cierto punto, compatible con el fenómeno de la desafección política (el desinterés por la poltíca por parte de la ciudadanía). Antes de continuar, sin embargo, debemos diferenciar entre dos tipos de desafección política:

  • Separación política, o political disengagement en inglés, que sería la falta de compromiso con la política en sí, con su esencia, sus principios, así como con los fundamentos del proceso político. Sería una desconfianza general hacia la política.
  • Desafección institucional, o institutional disaffection en inglés, que sería la falta de confianza con aquello que materializa la política, su estructura, los organismos que hacen política. Sería una desconfianza en las instituciones de representación política y sus representantes.

Salvando las distancias (y las posibles ofensas), es como creer en Dios (la política en sí) y la Iglesia (la institución que la representa y ejecuta). Se puede creer en Dios y no confiar en la Iglesia, pero es imposible creer en la Iglesia sin creer en Dios. Bajando nuevamente al terreno político, las democracias consolidadas actuales suelen convivir con un cierto grado de apatía hacia la práctica política y el funcionamiento de las instituciones democráticas. Esto a pesar de que las encuestas muestran que los ciudadanos continúan percibiendo la democracia como el mejor de los sistemas políticos posibles.

Por ejemplo, y en relación con la political disengagement,según la última encuesta del CIS sobre la calidad de la democracia (febrero de 2009) una amplia mayoría de los españoles, el 78,8%, estaba de acuerdo en considerar la democracia como la forma de gobierno preferible por delante de cualquier otra alternativa. Los datos muestran, pues, que en España existe un elevado apoyo a la democracia, y no se pone en duda sus principios ni su esencia. España sigue creyendo en “Dios”.

Pero esta percepción contrastaría con un alto nivel de desinterés por la política, que sería superior al de otras democracias europeas. Según la Encuesta Social Europea (elaborada entre 2004 y 2005) el 28% de los españoles les interesaba “nada o muy poco” la política, situando a España en el tercer lugar con mayor desinterés en Europa, por debajo de Portugal y Grecia. Otro 70% de la población indicaba que les intersaba “poco” la política. Datos más recientes (del CIS, abril de 2011) ilustran como la clase política y los partidos políticos son percibidos como el tercer mayor problema de España. Con un 21,5% de las respuestas en este sentido, se trata del valor más alto desde que el CIS registra este tipo de encuestas (empezó en 1996). Aquí es donde entraríamos en el terreno de la political disaffection. España está dejando de creer en la “Iglesia”.

En este sentido cuando hablamos de desinterés de la ciudadanía por la política, en buena medida estaría causada y tendría origen en la desafección institucional. La desconfianza creciente hacia las instituciones políticas y sus repesentantes, pero manteniendo aún una aceptación de los principios y valores de la democracia (libertad de expresión, poder del pueblo, etc.)

Consecuencias de la desafección política

Evidentemente un aumento creciente del desinterés por la política puede acarrear dificultades en el propio sistema. Las consecuencias pueden ser múltiples y a diferentes niveles. Un incremento de la desafección política podría traducirse por ejemplo, en un incremento de la abstención electoral y en una distorsión de la representatividad si esta abstención se distribuyera de forma desigual entre los diferentes sectores sociales. La desafección puede debilitar la legitimidad y la confianza de los ciudadanos hacia las instituciones democráticas, así como a los discursos que precisamente pretednen dotarle de legitimidad.

El descontento con la política tradicional puede comportar también un incremento de otras formas de participación política, como las que estamos viviendo estos días en España. Aquí es necesario distinguir entre la participación política convencional(ir a votar, asistir a mítings electorales, afiliarse a un partido político, participar en referéndums, etc.) y la participación política no convencional(protestas ciudadanas, participación en boicots, acciones reivindicativas, etc.)

En las nuevas democracias, como la española, se observa que el uso de formas no convencionales de participación no son una respuesta a la insatisfacción con la actuales formas convencionales de participación política (elecciones, sistema de partidos políticos, instituciones democráticas, etc.), sino que es causa de que durante la etapa de democratización del país (con la transición una vez derrocada la dictadura) no se produjo un proceso de inclusión de los ciudadanos en la política, ya que eran vistos meramente com un instrumento de legitimación de la actuació política durante las elecciones. Esto provocaba que con el tiempo la política se alejase de la ciudadanía provocandolosaltos niveles de desafección política existentes hoy en día.

La historia también cuenta

En España, además, interviene un factor histórico que no debemos pasar por alto. La desafección política sería característica de la cultura política española debido a la importante tarea de despolitización que se desarrolló durante las cuatro décadas de régimen franquista. Ya en el siglo XIX la utilización política partidista de las Constituciones provocó numerosas disputas y dificultó el logro de consensos entre las fuerzas políticas mayoritarias del país. Además, la existencia de prácticas fraudulentas en los procesos electorales, y el gran protagonismo de las Fuerzas Armadas en el proceso político también pueden haber contribuido en la configuración de una sociedad española alejada de les instituciones políticas y, en consecuencia, con un mayor nivel de desafección política en relación a sus vecinos europeos.

Una posible y probable consecuencia de un eventual crecimiento de la desafección política (tal y como apuntaba Josep Maria Vallès en un artículo del año 2008 bajo el título de “¿Demócratas poco practicantes?) podría ser la adopción de cambios institucionales y de procesos políticos que favorecieran una mayor transparencia de los conflictos, un mayor fomento de la participación ciudadana y una más efectiva y sistemática rendición de cuentas de les políticas públicas. Renovarse o morir, como dicen algunos.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

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Lluis Torrent

Barcelona, España. Licenciado en Ciencias Ambientales, Máster en Intervención Ambiental, Máster en Relaciones Internacionales y Especialista en Ciencia Política. He trabajado como consultor ambiental para gobiernos locales y regionales y empresa privada. Socialmente comprometido, me apasiona explorar la fina línea que transcurre entre la política, la economía, la sociedad y el medio ambiente. Sígueme en Google+ Lluis Torrent


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