17/10/2019 BARCELONA

La Paz de México: silenciosa y silenciada

Aturdido por la ensordecedora vorágine que produce el ruido de la ‘guerra antinarco’, México ha cerrado los ojos y ha obviado y soslayado su cara más pacífica; una faceta que está ahí, presente y silenciosa… Hoy hay un resurgimiento nacional que pide un cambio de paradigma, donde la paz, se convierta en un verdadero derecho constitucional para los mexicanos.


Aturdido por la ensordecedora vorágine que produce el ruido de la ‘guerra antinarco’, México ha cerrado los ojos y ha obviado y soslayado su cara más pacífica; una faceta que está ahí, presente y silenciosa… y la mayor parte del tiempo, silenciada por la violencia. Pero desde hace varios años, ciudadanos y movimientos de todo el país han comprendido que ‘la paz es mucho más que la ausencia de guerra’, y han combatido a enemigos públicos menos visibles pero más letales, y que en los últimos años, han causado el doble de víctimas que el crimen organizado. Hoy, a más de 20 años del nacimiento del ‘pacifismo mexicano’, hay un resurgimiento nacional que pide un cambio de paradigma, donde la paz, se convierta en un verdadero derecho constitucional para los mexicanos.


Una de las grandes trampas de la guerra es el estruendo que produce. Y es verdad que resulta difícil, muy difícil, no caer en su ruido. Por el contrario, una de las características que mejor define a la paz, es su andar silencioso, su manera de esconderse en lo cotidiano, y de recrearse a sí misma aún en medio de los peores escenarios. Quizá porque la paz, a diferencia de la violencia, sí se ha comprobado que es inherente al ser humano, por lo menos en lo individual.

Pero es curioso, nótese que, tanto en la paz como en la violencia, siempre –siempre- nos acompañan las mismas preguntas: ¿Qué la genera? ¿Dónde y por qué comienza? ¿Cuándo y cómo termina? ¿Se aprende, o se nace con ella? ¿Es posible contagiarse de su esencia? ¿Podremos –de verdad- olvidarnos algún día de su existencia?

Las cuestiones fundamentales sobre la guerra, la paz y la violencia, son tan ancestrales como modernas. Pero una cosa es cierta: la guerra siempre merece mucha más atención por su terrible poder de romper lo cotidiano. Y sin embargo, quienes estudian científicamente la paz y sus fenómenos–formalmente desde hace apenas unos 50 años-, coinciden en afirmar que una sociedad (y quizá todo un mundo) pueden educarse positivamente para lograr vivir inmersos en lo que se conoce como una ‘Cultura de Paz’; un concepto que ha ido extendiéndose en el mundo, y que en México, -sí, en este México sumido en la violencia actual-,  comienza a conocerse y a aplicarse, paulatina pero certeramente.

México: el grito de guerra que detonó las primeras voces de paz

En lo que ahora parece un lejano año 2006, durante su primer mensaje oficial como presidente electo de México, Felipe Calderón pronunciaba unas incendiarias palabras para un país ya dolido: “Frente a la fuerza de quienes apuestan por la violencia, (hoy) ha ganado la fuerza de los pacíficos”.

En su momento, muchos criticaron aquella ‘soberbia’ del discurso de un presidente que dejó tras su mandato una de las peores crisis humanitarias que haya enfrentado el país en su historia reciente. Las cifras, -las oficiales y las no oficiales, según quién las emite-, tal vez no son del todo confiables,  pero en cualquier caso, sí resultan terribles: entre 50 y 150 mil muertes violentas en apenas 6 años;  lo que equivale a afirmar que México es actualmente, uno de los países más mortíferos que cualquier nación con un conflicto armado ‘formal’ en el mundo.

Negar esta realidad, la realidad ‘de guerra’ que actualmente enfrenta el país, resulta poco menos que imposible. Pero igualmente imposible debería resultar para los mexicanos negar los muchos esfuerzos de solución pacífica que llevan años, -algunos de ellos largas décadas- operando en las raíces más oscuras y profundas de esta crisis social mexicana que -de mala y peligrosa manera-, sólo se atribuye al narcotráfico y al crimen organizado.

Y sin embargo, así ha sido: aturdidos por la ensordecedora vorágine que produce el ruido de esta ‘guerra antinarco’, México ha cerrado los ojos y ha obviado y soslayado la paz que día a día, también nos acompaña.

Sí. Porque aunque la mayoría seamos ciegos a esta ‘otra realidad mexicana’, lo cierto es que a lo largo de nuestra historia como país (pasada y reciente) miles de ciudadanos realizan titánicos esfuerzos pacíficos, enfrascados en un silencioso pero contundente y prolongado trabajo, dedicado a mejorar las condiciones sociales y de vida; y en algunos casos, esos esfuerzos se hacen apenas para continuar con la vida… que no es poco.

“Con nosotros se sentaba la muerte, tan cotidiana, tan nuestra, que acabamos por dejar de tenerle miedo… (…) porque todos los muertos, nuestros muertos, se iban así nomás, sin que nadie llevara la cuenta, sin que nadie dijera por fin el ¡YA BASTA! Que devolviera a esas muertes su sentido, sin que nadie pidiera a los muertos que regresaran a morir otra vez, pero ahora, para vivir”

Subcomandante Marcos – ¿De qué nos van a perdonar?

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Arte y Paz

Hoy, este México sumido en las profundidades del miedo inmediato, parece haber olvidado por completo la fuerza desgarradora de aquellos discursos zapatistas escritos hace ya una década, cuando Chiapas nos despertó a todos de golpe con una insurgencia armada conformada por indígenas, -nuestros 15 millones de indígenas-, que pedían a su propio país ‘Paz, Dignidad y Justicia’. La memoria colectiva es corta, y la urgencia de la guerra la acorta aún más, pero lo cierto es que todavía hoy, le debemos a Chiapas un fuerte despertar social mexicano en nuestro incipiente pacifismo a la mexicana.

(A partir del levantamiento zapatista) “Un conjunto de acciones y movimientos ciudadanos aparecieron con propuestas: para una economía diferente, de reformas al Estado, de política social, de caminos y estrategias para lograr la paz (…) ahí se fue conformando un acercamiento a la Cultura de Paz; (por primera vez) se abrieron horizontes y expectativas sobre los problemas vivos que planteaban la guerra y la paz (…)” , afirma el investigador especializado en la sociedad civil Rafael Reygadas Robles en su libro ‘Abriendo veredas, iniciativas públicas y sociales de las redes de organizaciones civiles’.

Efectivamente, fue la presencia de la guerra lo que impulsó en el país las primeras discusiones serias sobre la paz en diversos ámbitos. Así, el término ‘paz’ comenzó a echar raíces en México desde hace ya más de una década. Con desconocimiento a veces. Con intenciones veladas algunas otras. Con intereses, con politizaciones, y hasta con hipocresía en muchos de los discursos oficiales de ayer y de hoy… pero también con deseos y propuestas para que realmente pudiera sembrarse en el país una nueva semilla.

Y sí: muchos de aquellos esfuerzos fracasaron o fenecieron al paso del tiempo, algunos se cansaron y a otros tantos, el interés se les vino abajo. Pero por fortuna, ciertos movimientos pacíficos de principios de los 90 no sólo siguen hoy en pie, sino que, en este nuevo escenario mexicano donde el ruido de la guerra amenaza con ensordecernos, la paz está volviendo a emerger en el territorio nacional, y esta vez, lo hace con más experiencia.

Lo que no se nombra, simplemente no existe…

“En 1994, la guerra en Chiapas nos impactó a todos, pero a los jóvenes creo que ese golpe nos llegó con más fuerza (…) aunque sólo unos pocos de nosotros entendimos desde entonces que la violencia no era ni la única ni la mejor vía para pedir justicia. Por desgracia, vimos con tristeza que la mayoría de nuestros compañeros estudiantes, por las condiciones imperantes en aquel momento de la historia mexicana, pensaban que ya no quedaban más salidas para expresar el descontento… para intentar cambiar al país (…) pero todavía hoy, yo estoy convencido de que es posible la transformación pacífica, y que para México, especialmente en este momento, es necesario y urgente aplicar las salidas pacíficas”

Originario de Jalisco, Hiram Valdéz Chávez dirigía un movimiento liberal juvenil y estaba por cumplir 19 años en el momento del levantamiento zapatista. Hoy es un abogado de 39 años, y nunca en estas dos décadas, dejó de trabajar por y para la ‘paz posible de México’:

“Inspirados por la llamada de Chiapas, y través de una organización civil en la que convergían movimientos estudiantiles de todo el país, realizamos durante varios años encuentros de jóvenes por la paz en Querétaro, Nuevo León, Colima, Zacatecas, Jalisco y el Distrito Federal…  y entre más pasaba el tiempo, y más se recrudecía la violencia, más nos convencíamos de la necesidad de un cambio orientado hacia la paz, y esto, -ahora lo sé con certeza-, solo se logra a través de un nuevo paradigma, a través de la llamada ‘Cultura de Paz’”

Por mandato de las Naciones Unidas, cada 21 de septiembre se celebra desde 1981 el ‘Día Internacional de la Paz’, una jornada que ha ido tomando fuerza en diversas partes del mundo, pero que también –como sucede con muchas fechas conmemorativas- este día suele perder su verdadero sentido para disfrazarse momentáneamente de palomas, pancartas alusivas, fondos blancos y discursos cándidos… formas varias sin mucho contenido.

Fue hasta casi 20 años después, en 1999, cuando por iniciativa del científico español Federico Mayor Zaragoza, -en ese tiempo Director General de la UNESCO-, el mundo comenzó a conocer este nuevo paradigma social llamado ‘Cultura de Paz’, un concepto que las Naciones Unidas define como “una serie de valores de total rechazo a cualquier tipo de violencia en todos los niveles, y que previene los conflictos mediante el diálogo y la negociación, pero sobre todo, a través de la atención a las causas primeras de los problemas sociales

Y es precisamente este paradigma social, el que un sinnúmero de organizaciones de la sociedad civil mexicana han adoptado en la base de sus acciones. Sí, porque a pesar de que la paz sea mucho (mucho) menos visible que la violencia, lo cierto es que desde hace tiempo, y aún con más fuerza durante estos últimos años ‘en pie de guerra’, ciudadanos tanto mexicanos como extranjeros, en lo individual y en lo colectivo, han trabajado y siguen trabajando para insertar en este México violento y violentado, los principios de una ‘Cultura de Paz’.

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“Si el crimen está organizado, ¿por qué nosotros no?”

Son movimientos que tal vez no se notan, pero su labor es larga y continuada: organizaciones de todo el país, desde el norte hasta el sur están ahí, algunas hace ya mucho tiempo, algunas apenas nacen, algunas están creciendo y otras están multiplicándose y comunicándose entre sí… tal vez no se notan, y tal vez, (sólo quizá), muchas de ellas ni siquiera son conscientes de que su trabajo de fondo, está impregnado de ‘Cultura de Paz’, de este nuevo paradigma poco comprendido por los mexicanos; pero lo cierto es que infinidad de grupos de todas las formas y tamaños, están labrando un camino pacifista en un país que –todavía- prefiere centrarse en su faceta más violenta.

Esta ‘otra vía’ que la mayor parte del tiempo no se nota tanto, permite que las organizaciones trabajen con el silencio que la paz necesita…  Pero ¡atención! no es lo mismo ser silencioso que estar silenciado, pues como dice Johan Galtung,  (uno de los más relevantes estudiosos de la paz en el mundo): “la ausencia de información sobre la solución pacífica de conflictos, puede a su vez, estimular la ausencia de paz”… o dicho de otro modo: ‘lo que no se nombra, parece que simplemente no existe’ y esto es –justamente- lo que le sucede a La Paz de México.

Más que una caravana… la paz es un largo camino

El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, encabezado prioritariamente por el poeta Javier Sicilia, es, todavía en la actualidad, el grupo más visible de quienes invocan a la paz en México; y aunque esta organización está conformada a su vez por otros movimientos sociales, lo cierto es que está muy lejos de ser el único. Es, eso sí, el que más cobertura mediática ha logrado por su identificación con las víctimas de la violencia desatada por la ‘guerra antinarco’, es decir que, una vez más y como en el caso de Chiapas, la irrupción de la guerra, es lo que provoca en el país un llamado por la paz.

En 2012, la llamada Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad realizó una trayectoria por una veintena de ciudades norteamericanas. La intención principal de este recorrido de más de 9 mil kilómetros, fue  la de unir esfuerzos con la sociedad civil estadounidense para contrarrestar los daños mortales que causa el flujo armamentístico desde Estados Unidos, donde operan alrededor de unos 100,000 permisionarios legales, sin contar con las muchas armas que llegan a México por la vía ilegal desde el vecino país del norte.

Aquél fue sin duda un gran esfuerzo pacifista mexicano cruzando las fronteras, pero esta marcha que en su momento centró la atención de la prensa nacional e internacional, para luego ser olvidado por la inmediatez de la violenta lógica periodística, no ha sido la única que se ha realizado en el país. Y de esto parece que también nos hemos olvidado los mexicanos: las primeras caminatas pidiendo ‘paz y justicia’, las realizaron los indígenas de México en busca de la atención de sus propios gobernantes y ciudadanos.  Hace más de 10 años, otros  caminantes por la paz declaraban:

“Con los pies cargados de ampollas pero con el corazón entero y firme, llegamos por fin a la capital de México (…) y sin que nos diéramos cuenta, nuestros pasos lograron abrir también los corazones de miles de hermanos y hermanas de la República que nos vieron pasar (…) y entendimos cómo era el camino que andábamos: un camino largo, un camino que hay que andarlo despacio y que sólo se puede lograr si lo caminamos juntos” …

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Marcha por la Paz – Guadalajara

Se trataba de la caravana Xi’ Nich’ que en 1992, (dos años antes del levantamiento zapatista) recorrió más de mil kilómetros en 52 largos días desde Palenque hasta Ciudad de México. Luego, durante el año 2000, Xi’ Nich’ volvió a caminar por la paz, esta vez desde Acteal hasta la Basílica de Guadalupe… Y décadas después, muy pocos saben que estos caminantes pacíficos no sólo existen todavía, sino que su actividad sigue vigente, tal vez más ahora que entonces, pues la guerra que antes fue de los indígenas, y que a muchos mexicanos nos pareció ajena, hoy se ha generalizado en el país, atizada por las mismas razones que hace ya 20 años, ‘los hombres de la selva’ vaticinaron mucho más allá del narcotráfico: injusticia y desigualdad social, pobreza extrema, agravios ancestrales, exceso de presencia y acción militar, -y sobre todo-, indiferencia social…

“Lo que hemos estado viviendo no sólo en México, sino en el mundo: abusos, guerras, corrupción, violencia y todo tipo de injusticias, es porque hemos puesto el énfasis en la separación y no en la unidad. Nuestras culturas ancestrales vivían de otra manera y hoy ha llegado el momento de darnos cuenta, de recuperar la visión y la sabiduría de quienes nos antecedieron. Los abuelos de mis abuelos sabían que entre 1992 y 2012 sería el inicio del cambio. Lo que nosotros llamamos un ‘katún’, es un periodo de ‘no tiempo’ que dura 20 años del tiempo occidental, y donde será posible potenciar aquello en lo que decidamos poner nuestra atención: ya sea en la violencia y la guerra, o bien, en la paz y en la unidad. Esa es nuestra meta.”

Ac Tah, mejor conocido por la mayoría como ‘el Caminante Maya’, es un heredero de la tradición mayaab que proviene del linaje ‘Tah Baak y Ac Canche’ del oriente de Yucatán. Actualmente tiene 45 años, y desde 2008 se ha dedicado a recorrer el país, cuyo territorio entero ha abarcado más de 2 veces en estos últimos años. La caminata de Ac Tah, su caravana personal por la paz, tiene como finalidad ‘transformar la energía de los mexicanos’ a través del movimiento denominado ‘Un minuto por México’.

“El nuestro es un país especial. A nivel energético somos, por decirlo así, el lugar geológicamente elegido para liderar un despertar de consciencia. No es casualidad que nuestra cultura piramidal sea tan amplia (…) estos sitios son en realidad puntos capaces de activar la esperanza, pero para eso tenemos que despertarla en nosotros. Yo en mis recorridos me he encontrado un México hermoso, con muchísima –pero muchísima- más gente buscando la paz que deseando la guerra (…) En nuestras tradiciones no existen seres humanos ‘negativos o malos’, sino personas que carecen del conocimiento, que no saben cómo actuar (…) a veces lo único que se nos ocurre es protestar o violentarnos (…) a veces encerramos el término paz en la religión o la política, pero es algo mucho más amplio a lo que todos podemos acceder”.

‘Un minuto por México’ es otro de los muchos movimientos poco visibles pero presentes, que a su manera, como lo hace cada uno, promueve desde hace años ‘la pacificación de México’. Y en el caso de Ac Tah, se hace a través de meditaciones masivas y de pequeños pero significativos actos ‘de alegría’ (como él los llama) que cada uno de los participantes dedica al país para ‘elevar su energía’.

Sin determinarse por creencias religiosas, la meditación ha sido desde hace por lo menos 5 mil años, una herramienta muy utilizada para encontrar paz y equilibrio. De hecho, experimentos avalados por científicos han comprobado su eficacia incluso para reducir los niveles delictivos en algunas de las ciudades más violentas del mundo, bajo la premisa de que ‘el pensamiento genera realidad’ tanto en lo individual como en lo colectivo.

Mexicanos al grito de… ¿paz?

El pensamiento colectivo es lo que genera un determinado paradigma social. Y el paradigma actual, pareciera no poder evitar concentrarse con mucho mayor énfasis en la violencia, una atención que –creámoslo o no- tiene serias consecuencias, según han comprobado diversos estudios de la llamada Investigación para la Paz:

Es lamentable observar cómo generalmente el potencial humano para la paz es despreciado, mientras que la violencia y la guerra se enfatizan y exageran. Al final, este énfasis en la violencia y en la guerra termina por ‘normalizarla’, (…) y esto no sólo es erróneo, sino que tiene pésimas consecuencias en nuestra vida social y política, pues acaba por convertirse en una ‘profecía que se auto-cumple’” afirma el antropólogo Douglas P. Fry, especialista en resolución de conflictos, y con un amplio trabajo de campo en México.

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‘Educación para la Paz’

Sin duda, adentrarse en la ‘Cultura de Paz’ exige un verdadero cambio de modelo social, comenzando por lo pequeño y por supuesto, por ‘los más pequeños’. Son ellos, los niños de hoy, los que con más probabilidad podrán absorber las nuevas enseñanzas que propone la denominada ‘Educación para la Paz’, una de las muchas aristas que comprende el paradigma pacifista.

“Hace tres años, yo elaboré una propuesta para crear las ‘bandas de paz’, que básicamente consistía en transformar nuestras actuales ‘bandas de guerra’ de niños y jóvenes en un modelo más pacífico, para que desde pequeños se fueran familiarizando con la paz. Envíe esta propuesta a la Secretaría de Educación y Cultura de Sonora, pero parece que no les gustó, o que no les pareció un buen momento político, pues me respondieron –muy amablemente- que yo debía presentarla por mi cuenta ante el Congreso de la Unión. Yo he aprendido a tener paciencia con estas cosas (…) mi propuesta finalmente la retomó una organización internacional que está promoviendo la paz desde España (…) y creo que ahora sólo hace falta que nuestras autoridades también vean la importancia de estos gestos por la paz, sobre todo entre nuestros niños, nuestro futuro”.

Ignacio Bussani es escritor, poeta y periodista en el norteño estado mexicano de Sonora, y aunque la creación de ‘bandas de paz’ para sustituir los acordes de guerra que nos acompañan desde la infancia podría parecer una propuesta ingenua, lo cierto es que proyectos similares ya se desarrollan en otras latitudes. Ecuador por ejemplo, es un país que lo ha retomado de lleno, consciente de la importancia de un cambio educativo desde las raíces mismas, y desde cosas que –quizá- podrían antojarse nimias o superficiales.

Pero es verdad. La llamada ‘Educación para la Paz’ es mucho más que eso, aunque su fondo, sí contempla  ‘un nuevo ritmo pedagógico’. Como dice una canción, “en la escuela nos enseñan a memorizar fechas de batallas, pero poco nos enseñan de amor”… Esto mismo es lo que dice el catedrático catalán Vicenç Fisas, especialista en el tema, cuando afirma: “Tanto la guerra como la paz son frutos culturales; y podemos educarnos para una cosa o para la otra

Una nueva sociedad precisa ciudadanos nuevos y esos ciudadanos requieren a su vez, de espacios nuevos. Esto es lo que se ha planteado desde hace una década la organización regiomontana ‘Enlazando Esfuerzos Conjuntos’, que entre sus muchos programas contempla a la paz como un aspecto transversal, que atraviesa todos los campos de acción social.

Necesitamos una nueva versión del mundo; México se merece un tiempo nuevo; todos lo merecemos. (Pero) nuestro país no ha tenido nunca un encuentro puntual con la paz (…) y nunca se nos ha enseñado cómo ejercitar la resolución de conflictos (…) no estamos educados en este aspecto”, dice Mariela Manzano, fundadora de esta organización.

“Enlazando la Paz” es uno de estos programas que arrancó en 2012, justo al término del gobierno de Felipe Calderón con un novedoso y atractivo proyecto piloto, en donde participan varias escuelas públicas y privadas y otros organismos civiles de Monterrey, Nuevo León, bajo la asesoría de instancias internacionales expertas en Educación para la Paz.

Este proyecto que comenzó a funcionar en Monterrey en este año escolar 2012, ha sido ampliamente probado en más de 2,200 escuelas de varios países y sus beneficios los han recibido más de un millón y medio de alumnos en todo el mundo. Es una metodología única, con alcances a largo plazo (…) Aquí no se contempla a la paz como una materia extracurricular, ajena al programa de estudios, sino que permea dentro de toda la educación que reciben los niños”, dice Adda Garza, directora de ‘La Paz comienza con los niños’, una de las asociaciones locales que participan en este peculiar y pacífico experimento social.

La metodología a la que se refiere Adda Garza fue implementada por Dr. H.B. Danesh, fundador y presidente del International Education for Peace Institute (Instituto Internacional de Educación para la Paz) con sede en Canadá y Suiza. La primera vez que este programa se puso en marcha y probó sus frutos, fue nada más y nada menos que en Bosnia-Herzegovina en el año 2000, tras el traumático paso por la guerra civil que vivió la ex Yugoslavia a finales de los años 90.

Y aunque queda gran trecho por caminar, lo cierto es que México comienza a dar pasos firmes hacia este ‘nuevo paradigma educacional’, y no sólo para los más pequeños. La Universidad Albert Eisten, en el Estado de México, a la postre una de las entidades más violentas en la actualidad, ofrece desde hace ya varios años la ‘Maestría en Educación para la Paz’, con bastante éxito.

Todos nuestros egresados salen con una visión más ética del mundo; la mayoría de ellos han montado ya sus propios esfuerzos sociales y pacifistas en organizaciones acordes con los ideales que aquí se enseñan (…) No, nosotros no somos idealistas, somos muy realistas. Prueba de ello es que habemos muchas personas trabajando para la paz en nuestro país, aunque por ahora no se note tanto (…) después de todo, la paz se hace, no se grita”, dice Héctor Manuel Vázquez Castillo, director de esta peculiar maestría pacífica mexiquense.

Las balas que también matan, pero que no vemos

El mundo entero, y México no es la excepción, está impregnado de una ‘narrativa de la violencia’. Ella y no la paz, es la imagen con la que nos representamos cotidianamente, tal vez porque efectivamente hay mucha ignorancia en lo que verdaderamente significa la paz. Y la paz, dicen quienes la estudian, “la paz es mucho más que la ausencia de guerra”; es erradicar y renunciar a todo tipo de violencias: física, psicológica, cultural y sobre todo, económica, la llamada ‘violencia de las estructuras’, la más letal de todas las violencias actuales.

Caravana Cultura de Paz.
Caravana Cultura de Paz.

Sí. La paz suele ser silenciosa mientras actúa, y aunque sea ‘la guerra antinarco’ lo que parece inundar nuestro ánimo cotidiano, lo cierto es que el país está librando desde hace tiempo otras guerras que no vemos ni escuchamos, y que son quizá, las que deberían preocuparnos, provocar nuestro estupor y ocupar nuestras acciones. Y ésta es precisamente la tarea que muchos –muchísimos- mexicanos se han impuesto desde hace años para conseguir un México más pacífico, a largo y seguro plazo.

El desplazamiento interno a causa de la violencia directa por ejemplo, es uno de los temas recurrentes en la actualidad, sin embargo, olvidamos que los éxodos en el país son históricos, y no siempre causados por el narcotráfico. Al inicio de la década de los 90 por ejemplo, la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) guardó un absoluto –e inexplicable- silencio acerca de una situación que jamás se ha detenido y que con los años, no ha hecho más que empeorar.

Promover la paz con justicia significa provocar un cambio de consciencia (…) significa descubrir las causas estructurales que provocan los efectos de la guerra (…) Paz es tener posibilidades de sobrevivir más allá de los primeros años de vida; paz es tener qué comer dignamente y todos los días”.  Estas palabras que suenan tan actuales, fueron sin embargo pronunciadas en 1995 por Don Samuel Ruiz, Obispo Emérito de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, fallecido en 2011.

En el momento del discurso pronunciado por el sacerdote dos veces nominado al Premio Nobel de la Paz, en Chiapas la mortalidad infantil por desnutrición ascendía a 10 mil niños por año, mientras que en 1993, fuerzas armadas de diversas índoles habían asesinado ‘en silencio’ a más de 15 mil indígenas ante la casi total indolencia del resto del país.

De  acuerdo a un informe publicado por el Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo y Asistencia Social (CEIDAS), entre 2006 y 2012, en México fallecieron 85.343 personas por desnutrición severa, es decir: casi el doble de muertes que reportan las cifras oficiales de la llamada ‘guerra contra el narcotráfico’ durante el sexenio calderonista.

"Cultura de Paz"
“Cultura de Paz”

Balas invisibles pero igualmente mortales. De esto trata la ‘violencia de las estructuras’. De esto trata comprender los verdaderos alcances de una guerra, para comprender la profundidad de la paz que desea alcanzarse; una paz mucho más allá de la lógica militar, puesto que ésta, sólo puede –acaso- prometer lo que los estudiosos suelan llamar ‘la paz armada’, que poco o nada tiene que ver con la verdadera seguridad. Conocer a los verdaderos enemigos que enfrentamos, es lo que permitirá que México pueda -por fin-, darle un nuevo significado a la paz que tanto ansía.

Legislar la paz para hacer de ella un derecho constitucional

Así, en la búsqueda de una paz positiva y duradera, y en plena efervescencia de los discursos guerreros, a mediados de 2011 varias organizaciones pacifistas con el apoyo de una veintena de diputados, presentaron ante el Congreso de la Unión una propuesta para crear formalmente en México una “Ley de Cultura de Paz y de No-Violencia”. Propuesta que fue bloqueada por la Comisión de Gobernación, y que nunca llegó al pleno del órgano legislativo, ni siquiera para discutir la viabilidad de ‘legislar la paz’ en nuestro país.

¿Por qué la bloquearon? Por desconocimiento del tema y quizá por intereses partidistas, porque no sólo es una ley viable sino necesaria. El Centro de Finanzas Públicas de la pasada legislatura realizó incluso un estudio de impacto presupuestal, y determinó que crear esta comisión costaría unos 193 millones de pesos; una partida casi irrisoria si tenemos en cuenta todo lo que podría hacerse con este órgano que convertiría la cultura de paz en verdaderas políticas públicas con una guía ética de fundamento legal, tal como se ha hecho en otras naciones, que ya han elevado el Derecho a la Paz a rango constitucional

Esto lo afirma Hiram Valdéz Chávez, aquel estudiante golpeado por el estallido de la guerra en Chiapas y convencido pacifista desde hace 20 años, quien hoy lidera el ‘Consejo Nacional para la creación de una Cultura de Paz y No Violencia en México’ (COMNAPAZ), organismo ciudadano que agrupa a unas 80 organizaciones pacifistas de todo el país.

Pero las 80 organizaciones que conforman COMNAPAZ, y aún las organizaciones que se han unido al Movimiento por la Paz antes liderado por Javier Sicilia, están lejos de ser todas las que están. Pues por  increíble que parezca, hoy resulta difícil dibujar un mapa exhaustivo de ‘la paz en México’. Y esta ignorancia sobre los constructores de paz, forma parte de la cultura violenta, el paradigma actual en el que todavía nos movemos; ese que obvia y soslaya los esfuerzos individuales y colectivos de quienes, de una u otra manera, han decidido enfrentar las muchas guerras visibles e invisibles que libra el país desde hace mucho tiempo.

Las cifras estructurales están ahí, dispuestas a desvelarnos ‘los otros enemigos de México’, los que se mueven entre nosotros casi tan silenciosos como la paz misma, pero precisamente en el sentido inverso, en el sentido de violencia y guerra, disfrazados a veces de progreso y seguridad.

De acuerdo al Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés) México es actualmente el 4º país de Latinoamérica que más recursos destina al gasto militar, una partida que en 2012 ascendía a la nada despreciable cifra de 4.859 millones de dólares. En cambio, según el Banco Mundial, durante el sexenio 2006-2012 el gasto por habitante en salud se incrementó en menos del 0,2% y el presupuesto para educación no tuvo ningún cambio. En estos seis años, durante lo que la mayoría identificamos como ‘la guerra del narco’, en realidad el país era aniquilado por otra guerra paralela, pues la cifra de personas en situación de pobreza aumentó en 10 millones.

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Sí, ciertamente, es difícil hablar de paz cuando se teme por la vida. Nombrarla en tiempos de guerra, se convierte en un acto casi subversivo, pero es absolutamente necesario, pues solemos pensar que los enemigos reales de la paz, son exclusivamente la guerra y la violencia directa. Y nos olvidamos que también es enemigo de la paz aquél que la omite o la silencia, o quien ignora las verdaderas causas que subyacen bajo las acciones violentas.

Hay mucha gente trabajando por la paz de México, pero nos ha faltado unirnos y ser más visibles. Conformamos este consejo precisamente para enmendar esas fallas, y vamos a insistir con esta legislatura para lograr que la paz sea un derecho por ley. Sabemos que por ahora el apoyo político es poco, porque hay mucho desconocimiento sobre el tema y sobre todos los alcances transversales que tiene la paz (…) pero en un momento como el que vive el país, es imprescindible dar pasos hacia una nueva cultura, la Cultura de Paz. Aquí lo más importante es que la ciudadanía sí es consciente de esta necesidad, y la existencia de la COMNAPAZ lo refrenda”, dice en entrevista con este medio Hiram Valdéz Chávez.

Ac Tha, el caminante maya lo reafirma: “Lo que más me impacta y más me gusta de este tiempo es que las personas de a pie lo están comprendiendo. Lo que estamos viviendo hoy, toda esta violencia y miedo, es porque hemos puesto el énfasis en la separación y no en la unidad. Yo creo que ha llegado el momento de que hagamos propuestas en lugar de protestas. Nuestros antepasados nunca hablaron de destrucción, sino de construir un tiempo nuevo. Hoy es el momento propicio para crear cosas diferentes, y de verdad es fácil si cada uno colabora con la parte de país que le toca

En nuestro paradigma actual, tendemos a pensar con desesperanza que las condiciones externas determinan nuestra psicología, pero Gandhi, el pacífico entre los pacifistas, afirmaba categóricamente que: “un hombre y un pueblo, puede rehacer su psicología y con ello, cambiar sus condiciones”. De esto precisamente se trata el paradigma que propone la ‘Cultura de Paz’, un paradigma social que, seamos o no conscientes de ello en este momento, ha comenzado en México a plantarle una cara pacífica a los violentos.

Y tal vez, si nos decidimos a mirar con más atención y a darle una oportunidad y una voz a la paz que se mueve en México aún en medio de tanta violencia, aquél discurso inicial del ex presidente: “Frente a la fuerza de quienes apuestan por la violencia, ha ganado la fuerza de los pacíficos”, podría convertirse quizá –y como dicen los expertos- en una ‘profecía pacífica que se auto-cumple’… a pesar de que, tristemente y casi con seguridad,  Felipe Calderón no podrá evitar pasar a la historia mexicana como ‘el presidente de la guerra’, pues a pesar de no haber sido quien desató de manera directa esta ancestral violencia en México, fue él quien primero la nombró de esta manera en varios discursos, un hecho que hará, casi con seguridad, que el inconsciente colectivo lo culpe por haberla ‘oficialmente declarado’.

Esta es una historia-explicación sin ánimo de lucro


Anexo: La paz y los pacifistas en la historia de México

1905-1996 – Betsy Hollants (Bélgica-México) Periodista y feminista religiosa, protectora de judíos durante la II Guerra Mundial en Europa y después fundadora de centros de apoyo para dar apoyo psicológico, médico y legal a mujeres y ancianos en México, donde residió hasta su muerte.
1907-1991 – Sergio Méndez Arceo Obispo católico promotor de la organización popular, la justicia social y el ecumenismo en México.
1911-1993 – Mario Moreno “Cantinflas” Uno de los pioneros en México de la promoción de la paz y la igualdad a través del arte. El cómico mexicano, equiparado a artistas de la talla de Charles Chaplin, ganó diversos premios internacionales por sus filmes, que siempre llevaban implícito un mensaje de ética social.
1912-1995 – Donald Hessler (EEUU-México) Misionero, promotor del ecumenismo y el laicismo; de la justicia social y la práctica de la no violencia activa.
1914-1992 – Salvador Nava Médico potosino que participó ampliamente en la vida política de su Estado. A nivel nacional e internacional, es reconocido por sus luchas democráticas y ‘marchas por la dignidad’ realizadas para denunciar los fraudes electorales de San Luis Potosí. Creador del Movimiento Ciudadano por la Democracia.
1914 – Mujeres por la Paz y contra la guerra Antes de la invasión estadounidense al Estado de Veracruz, (cuya ocupación duró 6 meses bajo el pretexto de que ‘lo que sucedía en México amenazaba su seguridad), un colectivo de mujeres mexicanas envió una carta al entonces presidente norteamericano Woodrow Wilson pidiéndole detener la ofensiva militar:
No es el honor lo que respalda el clamor por la guerra, es la codicia. Los hombres acaudalados y las corporaciones traficarán con la vida de multitud de soldados a fin de valorizar su inversión en México”.
1917 – Félix Serdán Nájera Hijo de un luchador zapatista en tiempos de la Revolución. A sus 95 años, es uno de los pocos campesinos que todavía hoy, llevan en la sangre la consigna de ‘el caudillo del sur’: Tierra y libertad. Ha vivido su vida como luchador social a favor de la justicia social para los campesinos y los pueblos indígenas.
1921-2010 – José Álvarez Icaza Fue el fundador del Centro Nacional de Comunicación Social (CENCOS) y un gran impulsor de la democratización en los medios de información y del ecumenismo dentro de las iglesias mexicanas. Recibió el premio nacional a los Derechos Humanos Sergio Méndez Arceo. Padre de Emilio Álvarez Icaza Longoria, ex presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos en la Ciudad de México, y actual pacifista en activo en el Movimiento por la Paz, al lado del poeta Javier Sicilia.
1924-2011 – Don Samuel Ruiz Fue el Obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Promotor de una iglesia autóctona donde los indígenas fueran los protagonistas de su fe. Mediador en el conflicto zapatista de 1994 y dos veces nominado para obtener el Premio Nobel de la Paz que nunca le fue otorgado. Las organizaciones pacifistas que fundó SERAPAZ Y SIAPAZ siguen vigentes y actuando.
1928-1996 – Alicia Kraemer (EEUU-México)  Promotora de los derechos humanos, y especialmente de los derechos de las mujeres.
1974 – Congreso Indígena En el encuentro se resumió la palabra de 250 mil indígenas de Chiapas, que en ese entonces contaba con medio millón de personas de diversas etnias. Sus peticiones y demandas siguen a la fecha prácticamente intactas.
1982 – Alfonso García Robles Diplomático michoacano, ganador en 1982 del único Premio Nobel de la Paz que ostenta un ciudadano mexicano. Nacido en 1911 y fallecido en 1991, El premio, que compartió con la socióloga sueca Alva Myrdal, le fue otorgado a García Robles por su labor en pro del desarme internacional.
1992 – Primera Caravana pacífica  Xi’Nich’ La marcha indígena Xi’Nich’, conformada por pueblos choles y tzeltales, comenzó un periplo de más de mil kilómetros a pie desde Palenque hasta Ciudad de México que duró 52 días. Xi’Nich’ es el nombre tzeltal que se le da a las hormigas que caminan por la noche.
1993 – Movimiento mexicano antibélico pro Irak Ciudadanos mexicanos conformaron el movimiento ¡Paz para los Pueblos!  al que se sumaron diversos sectores de la sociedad civil mexicana como respuesta a la primera invasión estadounidense en Irak en 1991.
1994 – ESPAZ Y CONPAZ La agrupaciones Espacio para la Paz (ESPAZ) y la Conferencia Nacional por la Paz (CONPAZ) nacieron al calor de los acontecimientos en Chiapas tras el levantamiento zapatista armado de 1994 y la casi nula respuesta de las autoridades mexicanas.
1994 – Caravana por la Paz y los Derechos Humanos Coordinada por la Red ‘Todos los derechos para todos’ 200 representantes de organizaciones civiles, 400 periodistas y 200 civiles conformaron un dispositivo por la paz para detener la incursión militar en los territorios de Ocosingo y San Cristóbal de las Casas, Chiapas.
1995 – Caravana de Caravanas por la Paz y la Dignidad La llamada ‘Caravana de Caravanas’ partió con ayuda humanitaria desde Ciudad de México a Chiapas.  El contingente incluía a unas 300 personas, repartidas en 26 autobuses. Llevaron al sureste del país 200 toneladas de víveres y medicamentos para la zonas afectadas por la presencia del Ejército Mexicano.
1995 – Consulta Nacional por la Paz El domingo 27 de Agosto, el país entero participó en un singular ejercicio democrático ciudadano sin precedentes para determinar la estrategia a seguir tanto por el gobierno como por los Ejército Zapatista para destrabar el conflicto en Chiapas.
2005 – Marcela Lagarde Antropóloga y legisladora mexicana, -nacida en 1948- creadora del término legal “feminicidio” y artífice de la Ley General de Acceso a las Mujeres para una Vida sin Violencia. La tipificación legal de los asesinatos contra mujeres los convirtió en crímenes de lesa humanidad.
2008 – Jesús León Santos Ecologista mixteco, galardonado con el llamado premio “Nobel de la Ecología”. Algunos lo mencionaron como candidato al Premio Nobel de la Paz por haber reforestado en Oaxaca con técnicas ancestrales, una de las zonas más áridas del planeta.
2011-Movimiento por la Paz Tras el asesinato de su hijo, el poeta Javier Sicilia encabeza una primera marcha contra la violencia desde Cuernavaca hasta Ciudad de México, recorriendo unos 80 kilómetros. A este movimiento se suman otras organizaciones civiles y ciudadanos que hoy conforman a nivel nacional el Movimiento por la Paz, liderado por el propio Sicilia.
2012 – COMNAPAZ Se conforma en la Ciudad de México el Consejo Ciudadano para una Cultura de Paz y la No-Violencia. (COMNAPAZ) Movimiento que aglutina  unas 80 organizaciones pacifistas del país en diversos campos de acción. Una de las metas del movimiento es lograr que el poder legislativo discuta y apruebe en México una “Ley de Cultura de Paz” y se eleve la paz a derecho con rango constitucional.

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Cristina Avila

Especializada en el llamado “Periodismo de Paz”, que aborda los conflictos sociales desde una perspectiva periodística con enfoque en la compasión, la solución pacífica y la esperanza. Convencida de que un nuevo paradigma periodístico es posible, es la creadora del medio digital ‘Corresponsal de Paz’, que dirige desde 2009.


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