Tecnopolítica, derechos civiles y cultura digital: hacia una democracia inteligente, participativa y tecnológica

Mapa que muestra el volumen de conexiones a Internet a nivel global, un factor clave de la globalización que está transformando la política en todo el mundo [Foto vía Business Insider].

La denominada “cultura de la imprenta” fue clave para la difusión de las ideas de la Ilustración que culminaron en la Revolución Francesa, acontecimiento histórico que inicia la Edad Moderna y propone un marco legal y de derechos inconcebible hasta entonces. Internet es la imprenta de nuestros días. También es el síntoma más visible de la globalización y su principal herramienta. A través de ella se sentaron las bases de una ciudadanía global con nuevas formas de comunicación y participación basadas en el funcionamiento en red y orientadas a la transformación de la gobernanza y la sostenibilidad de la sociedad. Es decir, la potencia de las multitudes conectadas y del ejercicio de la tecnopolítica.

El proyecto ‘Our Revolution’ del ex-candidato demócrata Bernie Sanders supuso un cambio en la relación candidato-elector facilitado gracias a las nuevas tecnologías [Foto vía YouTube].

Hacia una Smart Society

Grupo ciudadanos organizados e interconectados en nodos locales a escala global, transversales, compartiendo experiencias y know how. Lo que se conoce como inteligencia colectiva que busca hacer entre miles algo que pueda ser definido como “inteligente”. Comprender esta visión está siendo fundamental para plantear nuevas formas de diseñar políticas públicas inspirada en la transparencia, los datos abiertos y la participación dentro del nuevo contexto digital. “¿Puede la ingeniería participativa traer a los ciudadanos de vuelta?”, es la pregunta que Thomas Zittel —investigador del MZES— y Dieter Fuchs —profesor de Ciencia Política de la Universidad de Stuttgart—, se hacen en su investigación sobre Democracia Participativa y Participación Política. Tras analizar varios casos, la respuesta es afirmativa.

“Los avances tecnológicos en información y en comunicación parecen capaces de eliminar, o al menos reducir de forma significativa, los obstáculos estructurales para la realización de una democracia participativa en las sociedades modernas”, afirma Fuchs.

Buceando en la idea de que las democracias actuales han desarrollado una “sensación de crisis respecto a los niveles de participación ciudadana y que incluso su propia legitimidad se ve cuestionada”, se plantea si reformar instituciones y procedimientos para permitir una mayor participación política de los ciudadanos podría devolverles la confianza en el sistema. E Internet es la herramienta que podría convertir la participación política de los ciudadanos en una realidad.

La combinación de derechos civiles —aquellos que permiten la participación ciudadana—, tecno-política y cultura digital nos coloca en la senda hacia una democracia inteligente y participativa, ante una demanda global de transitar de la democracia representativa a la participativa.

O al cambio de los candidatos a la hora de relacionarse con los votantes en campañas paradigmáticas como la de Bernie Sanders, Our Revolution, en las pasadas elecciones estadounidenses tal y como antes Obama le debió gran parte de su victoria a la capacidad de su campaña para organizar a sus seguidores gracias a las herramientas interactivas de la web 2.0.

La era de los “gobiernos abiertos”

Pero hacía tiempo que los ciudadanos habían tomado la iniciativa en este terreno. Reykjavík, una de las 20 ciudades más punteras del mundo en “gobierno digital”, ha inspirado a la mayoría de los nuevos “gobiernos abiertos” de Europa. Tras el crack islandés, dos programadores, Gunnar Grímsson y Róbert Bjarnason, lanzaron Shadow Government (oposición o gobierno en la sombra). Esta web permitió a los ciudadanos “identificar, debatir, aclarar propuestas políticas y decisiones” en un momento de profunda desconfianza en sus instituciones. La iniciativa, liderada por movimientos sociales, se ha consolidado a lo largo de los años hasta cristalizar en un proyecto de gobierno abierto, transparente y participativo.

Internet se ha revelado además como una poderosa herramienta de participación ciudadana en las grandes crisis humanitarias de nuestro tiempo. Como explica su cofundadora, Josephine Goube, al hablar de Techfugees —un grupo de 15.000 voluntarios digitales heredero de Infobus, iniciativa que permitía a los “habitantes” de la Jungla de Calais tener un punto de conexión a Internet—: “no estamos aquí para resolver los problemas de higiene, agua o energía limpia”, afirma Goube, “sino para ayudar a refugiados y solicitantes de asilo a encontrar sus huellas en lugares que no les son familiares”. La necesidad de poner la tecnología al servicio de la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial ha ido ganando fuerza en hackathones celebrados en ciudades como Berlín, Londres o Madrid.

La iniciativa ‘Techfugees’ es un ejemplo de cómo la tecnología ha cambiado la forma en la que la sociedad civil se relaciona entre sí y responde ante crisis políticas y humanitarias [Foto vía techfugees.com].

De la participación a la economía “colaborativa”

Esa idea de participación, inherente a la Red y que explota de forma definitiva con la web 2.0 y el uso de dispositivos móviles, especialmente los teléfonos inteligentes, ha impregnado distintos ámbitos. Proporciona una alternativa al copyright estricto en la circulación de la cultura, la información y el conocimiento gracias a movimiento copyleft y a las licencias Creative Commons; permite la financiación de micro-proyectos con fórmulas como el crowdfunding, el patrocinio o el mecenazgo; y ha dado lugar a la denominada economía “colaborativa”.

La economía colaborativa generó 28.000 millones de euros en 2015, sólo en la Unión Europea, y es uno de los puntos clave de análisis en la estrategia del Mercado Único Digital de la Comisión Europea.

Para expertos como la presidenta del Consejo francés de Orientación para el Empleo, Marie-Claire Carrère-Gée, o el director de Análisis de Políticas de Empleo del IZA alemán, Werner Eichhorst, su gestión implicará “cambios en los contenidos de las futuras reformas laborales, en los sistemas de Seguridad Social y en las categorías profesionales”.

La vida en la Red: comunicación, seguridad y privacidad

Pero también ha hecho saltar el paradigma de comunicación básico emisor-receptor, reduciendo el control que los actores políticos tradicionales tienen del proceso. Se ha podido así evidenciar la crisis de gobernanza y de legitimidad mencionada por Zittel y Fuchs y poner sobre la mesa nuevas demandas civiles como el Derecho de Acceso a la Información, a la Transparencia y al Buen Gobierno. Las herramientas como Twitter han revolucionado la comunicación política en ambos sentidos.

Pero la participación digital deja huella. La revelación en 2013 del espionaje global de la NSA por Edward Snowden nos conciencia sobre dos derechos amplificados por los espacios digitales: privacidad y seguridad. Campañas ciudadanas como Don’t Spy On Us denuncian esta nueva realidad, en este caso por la aprobación en 2016 de la Investigatory Powers Bill en el Parlamento británico, definida por sus detractores como “la ley de vigilancia más extrema” de la historia del Reino Unido.

El propio Snowden llama la atención sobre la importancia de reivindicar la seguridad y privacidad de las conexiones en la Red, en especial a la hora de ejercer otros derechos como los de manifestación, expresión o información. De ahí surgen propuestas como esta guía de ciberseguridad para ciudadanos que acuden a manifestaciones, elaborada por The Intercept.

Edward Snowden, ex-analista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense que filtró programas de espionaje globales y que actualmente se encuentra refugiado en Moscú [Foto vía wired.com].

Nuevas herramientas destinadas a la encriptación de datos buscan garantizar la privacidad y seguridad, en este caso vinculadas al ejercicio del Derecho de Información. Wired recomienda a los periodistas “encriptarlo todo”. Aparecen los  “buzones seguros” —como el creado por The Guardian o el del International Consortium of Investigative Journalists, premio Pulitzer por sus “papeles de Panamá”—  y plataformas de filtrado de información previa encriptación como el Buzón de Xnet y Fíltrala, las dos iniciativas españolas pioneras. Cobra fuerza el denominado periodismo de whistleblowing basado en “insiders” que exponen o denuncian actuaciones ilícitas o prácticas corruptas. “Es fundamental para el control democrático del poder”, explica The Intercept.

Corrupción y diseño de políticas públicas a base de Big Data

Tras el estallido de la crisis en 2008 en España, el uso de las redes por parte de los colectivos sociales y la aparición del 15M, modificaron la forma de luchar contra la corrupción. En 2012 surge 15MpaRato, que abre el caso Bankia contra Rodrigo Rato, Ministro de Economía entre 1996 y 2004 y director del Fondo Monetario Internacional de 2004 a 2007, catalizando online las aportaciones de la ciudadanía. Más tarde, junto con Xnet, coordina la comisión anticorrupción del Partido X que filtra los 8.000 correos electrónicos intercambiados entre los directivos de Bankia y que son decisivos para la acción del caso .

“El activismo contra la corrupción es algo incipiente y novedoso en el que nosotros hemos sido pioneros, aunque cada vez hay más ciudadanos implicados”, explica en este reportaje Simona Levi, activista y miembro de XNet.

Según el SIEC16, el Big Data deja de ser una tendencia y se consolida como una realidad gracias al machine learning. Siguiendo los rastros de datos dejados por los usuarios en las redes sociales, las máquinas “aprenden” sus gustos, hábitos y rutinas. Explotado en el ámbito de la televisión “a la carta” —Netflix creó House of Cards a imagen y semejanza de sus abonados, estudiando qué contenidos veían— se está desarrollando en el diseño de políticas públicas —especialmente desde el uso que hacemos del móvil—, porque permite tomar decisiones políticas basadas en datos y en los patrones descritos por algoritmos, siendo más razonables y alejadas de prejuicios. La última cumbre de ONU sobre estadística y uso de datos así lo revela: Big Data para reducir la contaminación, mejorar la calidad de la educación o estudiar los flujos migratorios.

La activista social y especialista en tecnopolítica Simona Levi, que ha sido impulsora del Partido X, la plataforma Xnet y 15MpaRato [Foto: InnMotion 2005 vía Flickr].

Para Ryan Avent, editor de The Economist y autor de la Riqueza de los humanos: el trabajo en el siglo XXI, quien controle los datos controlará la “riqueza social” que generan, produciéndose un desplazamiento del eje de poder de los bancos y entidades financieras a empresas como Google y Facebook.

En el futuro más inminente, la tecnología proporcionará a los ciudadanos nuevas formas de relacionarse con sus gobiernos y de hacer que se escuche su voz. Esto permitirá una redistribución y descentralización del poder, ante el cual los gobiernos pueden elegir entre aumentar su control sobre la ciudadanía o adaptarse al cambio y sobrevivir, sometiendo sus estructuras a niveles de transparencia y eficiencia adecuados.

Los retos de los profesionales del presente y del futuro

En este contexto, es necesario que los profesionales del futuro —y del presente— cuenten con los conocimientos y herramientas necesarias para adaptarse a esta realidad transformada. Ofertas formativas como la del Máster en Derechos Civiles, Tecnopolítica y Cultura Digital de la UPF Barcelona School of Management han sido diseñados específicamente para este propósito.

El Máster en Derechos Civiles, Tecnopolítica y Cultura Digital en el Saló Futura de Barcelona. Fuente: UPF – Barcelona School of Management

El máster se presenta como una herramienta útil para “formar agentes activos en los nuevos modelos de acción estratégica que se están produciendo en el contexto de la era de la información. Profesionales polivalentes que lleven a cabo nuevas formas de organización y acción y lideren sectores transformadores y en transformación“. Con un completo programa que incluye contenidos como la inteligencia colectiva, la neuropolítica, la gobernanza en la era digital, la neutralidad de la red, la Shared economy, el Crouwdfunding, el Copyright o el Big data, pasando por la era de la post-verdad o el control ciudadano de los flujos financieros.

Programas como el de la UPF Barcelona School of Management surgen en una era de profunda transformación política, social, económica y ambiental. No en vano uno de los grandes retos que trae consigo la Cuarta Revolución Industrial es un nuevo perfil profesional donde el pensamiento crítico y la creatividad serán fundamentales.

Esta explicación ha sido posible gracias a la colaboración del Máster en Derechos Civiles, Tecnopolítica y Cultura Digital.



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