18/02/2020 BARCELONA
¿Qué es y por qué se promueve el liderazgo íntegro en la gestión pública latinoamericana?

¿Qué es y por qué se promueve el liderazgo íntegro en la gestión pública latinoamericana?

Integridad es uno de los conceptos de moda en las estrategias anticorrupción en la gestión pública en América Latina, pero ¿qué significa?


Desde que determinados países como Perú o Colombia se acercaran a la OCDE y tras una eficacia limitada del “paradigma UNCAC” (agente-principal) precisamente en los países donde más se esperaba, pasando de un enfoque punitivista a uno prevencionista; distintas propuestas y estrategias anticorrupción alineadas al concepto de la ética y la integridad se han erigido como alternativas de solución para este problema.

Uno de los conceptos centrales de la nueva generación de políticas anticorrupción es “integridad pública”, la cual se asume como la alineación consistente con, y el cumplimiento de, los valores, normas y principios éticos compartidos, para mantener y dar prioridad a los intereses públicos, por encima de los intereses privados en el sector público. Que en el caso peruano se plasmó en la Política Nacional de Integridad y Lucha Contra la Corrupción.

Es decir, bajo este marco, aunque no se iba dejar de fomentar la transparencia de la información, la rendición de cuentas y la pertinente y efectiva aplicación de las sanciones, se pretendía establecer a la integridad como uno de los pilares fundamentales de las estructuras políticas, económicas y sociales y, por lo tanto, es esencial para el bienestar económico y social, así como para la prosperidad de los individuos y de las sociedades en su conjunto.

Sin embargo, este concepto se promueve a nivel de “cultura organizacional” teniendo el “liderazgo íntegro” como un ideal o su “hombre virtuoso”. Para la RAE, líder significa persona que dirige o conduce un partido político, grupo social u otra colectividad. Así que un líder íntegro será aquel o aquella que ejerza una influencia en los demás, orientándolos a la supremacía de los intereses públicos por sobre los particulares.

Pero, ¿dar prioridad a los intereses públicos por encima de los intereses privados sólo se circunscribe a la lucha contra la corrupción o tiene que ver con una forma de ser?

La globalización y la llegada de la sociedad de la información – sociedad en la que se hace uso intensivo de las tecnologías de la información y comunicación – ha hecho que los debates públicos tengan la potencialidad de globales e incluso condicionen los “intereses públicos”. Este fenómeno puede aplicarse a acontecimientos culturales o económicos, pero también a problemas como el cambio climático o la violencia de género.

Así que bien podríamos decir que, en los tiempos que corren, si uno aspira a ser un líder íntegro, no podrás ni mucho menos vivir al margen de los problemas que atentan la humanidad y comprometen el futuro de las siguientes generaciones. Ya no sólo se trata de mantener un comportamiento transparente, honesto y apegado a las normas, sino que implicará la empatía con el otro y el compromiso con los grandes problemas del mundo.

En esa línea Pillay dice que el deseo de liderar con equidad, justicia e integridad requiere un fuerte compromiso de respetarse a uno mismo y (…) respetarse a uno mismo se traduce trascendentalmente en mostrar respeto hacia y por los demás.

Finalmente, si la integridad tiene que ver con respetar a los demás; ¿este respeto está más relacionado a la tolerancia al otro o a su aceptación?

En las últimas décadas, en España se han promovido distintas campañas por la tolerancia a la diferencia. De hecho, la ONG “Movimiento contra la Intolerancia” fue una de las que lideraba la promoción de las políticas públicas en favor del fin del racismo y discriminación en el estado español. Pero, ¿se trata de tolerar? El rabino Sergio Bergman en la conferencia “Ética y discapacidad” en el marco del 1er. Congreso Iberoamericano sobre Síndrome de Down, en 2007, entre otras cosas, dijo: “Nosotros no queremos tolerancia de la diferencia. La tolerancia se ejerce desde el poder. Se ejerce como una especie de concesión del fuerte sobre el débil (…) donde uno que es generoso va a tolerar al otro que no debió ser, que no debería estar y que de alguna manera es una molestia (…) Nosotros planteamos una mirada superadora que es la aceptación de la diferencia (…). Aceptar la diferencia, no como un accidente, no como un desvío, no como algo de lo cual tenemos que huir o eludir, sino aceptar la diferencia como una expresión de reverencia de la diversidad de lo humano en todas sus manifestaciones.”

En esa dirección, el telecomunicador Francesc Bonada en su artículo ¿Sabes la diferencia entre aceptación y tolerancia?, publicado en 2012, sostiene que “tolerar significa permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente y aceptar se refiere a recibir voluntariamente sin oposición ni resistencia”. Así que aceptar implica “abrazar al otro” lo que postulamos como la más alta expresión de empatía para con el otro.

Para el debate: ¿actuar con ética? una quimera desde el enfoque marxista

De acuerdo a Marx, para explicar al hombre debe partirse de los individuos, sus acciones prácticas y de sus condiciones materiales de existencia. Los seres humanos no son algo aparte de lo que manifiestan, o sea, de su vida real y de su historia. El hombre se definiría esencialmente por la producción.toda teoría moral que ha existido hasta hoy es el producto, en última instancia, de la situación económica de cada sociedad. Y como la sociedad se ha movido hasta ahora en contraposiciones de clase, la moral fue siempre una moral de clase; o bien justificaba el dominio y los intereses de la clase dominante, o bien en cuanto la clase oprimida se hizo lo suficientemente fuerte, representó la irritación de los oprimidos contra aquel dominio y los intereses de dichos oprimidos orientados al futuro.” 

Así que la integridad, para Marx, no sería más que un conjunto de ideas que reflejarían el deber ser de lo grupos más poderosos de la sociedad. Esto es, el concepto de “integridad” no es neutral, por el contrario, es traducción de un deber ser de cierta clase social y busca conseguir unos determinados intereses. Por su parte, la ética sólo estaría concebida como ciencia que estudia la moral más no tendría sentido decir “actuar con ética” porque equivaldría a decir “yo actúo siguiendo mi moral” y eso sería una redundancia. Si el ser humano es definido por lo que hace, su moral también. Por tanto, la ética o “lo correcto” estaría determinado más bien por una psique determinada en lo social.

Marx señala que esta psique viene dada, sobre todo, por lo económico -la clase social-, no obstante, otros autores como Weber, apuntan a que también existen otros factores sociales como la religión, el partido político o el género.

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Andy Philipps Zeballos

Migrante y mestizo ch'ixi . Científico social. Comprometido con la justicia global, así como con nuevas formas de democratizar la democracia, valga la redundancia y la dificultad. Recuerda, piensa global, actúa local. -Contáctame por [email protected]


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